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El voto femenino en España

El voto femenino ya había empezado a ser reconocido como derecho en la dictadura de Primo de Rivera:
  • en 1926 cuando fueron convocadas todas las mujeres mayores de 18 años, igual que los varones, al plebiscito que se realizó los días 11,12 y 13 de septiembre de 1926, mediante recogida de firmas para comprobar el apoyo que tenía el dictador Primo de Rivera en el electorado. En el censo electoral de ese plebiscito, las mujeres eran el 52%, y de éstas firmaron un 40%, porcentaje similar al delos varones; en total firmaron 6.694.164 electores.
  • En 1927, en la convocatoria de la Asamblea Nacional Consultiva de la Dictadura de Primo de Rivera se establece que pueden formar parte de ella «varones y hembras, solteras, viudas o casadas, éstas debidamente autorizadas por sus maridos». En esa asamblea, abierta el 11 de octubre de 1927, participaron 13 mujeres, de ellas, Concepción Loring fue la primera mujer en la historia en hablar en una asamblea parlamentaria española.
  • Y ya en en 1924 cuando se reconocía a las mujeres cabezas de familia como electoras y elegibles, en el Estatuto Municipal, del 8 de marzo de 1924, (Decreto-Ley sobre Organización y Administración Municipal, Arts. 51.° y 84.°, Gaceta de Madrid, 8 de marzo de 1924) y se incluía a este electorado femenino en el censo electoral (Real-Decreto para la depuración del Censo Electoral, Gaceta de Madrid del 12 de abril de 1924), con el resultado de que en el nuevo censo electoral de 6.783.629 votantes había 1.729.793 mujeres (Archivo del Congreso de los Diputados, Sección de Varios, Serie de la Junta Central del Censo o Junta Electoral Central, Legajo 69/2. Octubre de 1924). Al año siguiente, en el Estatuto provincial se reconocía también el derecho electoral a las mujeres en las mismas condiciones (Real Decreto-Ley sobre Organización y Administración Provincial de 20 de marzo de 1925, Gaceta de Madrid de 21 de marzo de 1925).
  • En el Anteproyecto de Constitución de la Monarquía española de 1929, elaborado por la Asamblea Nacional Consultiva de la Dictadura de Primo de Rivera que para las elecciones para diputados a Cortes, el voto femenino ya se reconocía como derecho en igualdad con el masculino dentro del sufragio universal, al establecer en su artículo 58: "Serán electores de sufragio directo todos los españoles de ambos sexos... Serán electores en los colegios especiales los españoles de ambos sexos".

Ante las elecciones municipales del 12 de abril de 1931, había aumentado considerablemente el número de mujeres electoras desde el censo de 1924, que incluyó por primera vez electorado femenino; sobre todo en las capitales de provincia, en todas las cuales suponía más del 30%. En Madrid el electorado femenino era el 40'95%; y en Pamplona con un 40,98%, era donde más mujeres tenían derecho a voto. Sin embargo el gobierno de la monarquía de Alfonso XIII decidió eliminar a las mujeres del censo electoral, pese a que el Estatuto Municipal de 1924 estaba en vigor y las mujeres incluidas en el censo electoral tenían derecho a votar, pero las izquierdas en su inmensa mayoría siempre se habían opuesto a que votasen las mujeres por suponer que la mayoría de ellas votaría a los derechistas. En una concesión más, se excluyó ilegalmente a las mujeres de su derecho a votar en esas elecciones municipales del 12 de abril de 1931, que se utilizaron para proclamar la república y que aún se utilizan en el siglo XXI para decir que la II República vino de unas elecciones democráticas.

En las elecciones de junio de 1931, las mujeres y los sacerdotes fueron excluidos del derecho a votar por decreto del autonombrado Gobierno Provisional de la II República, aunque se les permitió ser elegibles. La II República fue pues, al principio, un retroceso en el derecho de voto de la mujer. Hubo algunas mujeres diputadas en las Cortes constituyentes de 1931; una de ellas, Clara Campoamor, promovió la inclusión del derecho a voto de la mujer que aparece en el artículo 36 de la Constitución de 1931. La aplicación de esta disposición constitucional a la ley electoral tropezará con una durísima oposición de amplios sectores de los partidos de izquierda que alegaban que el voto femenino era derechista mayoritariamente. La diputada del centrista Partido Radical Clara Campoamor defendió intensamente el sufragio femenino, en contra de la opinión predominante en su partido; pero las otras dos diputadas en esas Cortes Constituyentes, las izquierdistas Victoria Kent, del Partido Radical Socialista, y Margarita Nelken, del PSOE, se opusieron. En la sesión del 1 de octubre de 1931, Clara Campoamor defendió el derecho al voto de las mujeres contra quienes argumentaban que no se debía aprobar el voto femenino indefinidamente o "hasta que transcurran unos años y vea la mujer los frutos de la República y la educación" (Victoria Kent).
Hubo otro intento posterior de que no se incluyese en la ley electoral el sufragio femenino,
pero Clara Campoamor consiguió que se aplicase lo ya aprobado e incluido en el artículo 36 de la Constitución de 1931, porque algunos de los izquierdistas, como Azaña, se dieron cuenta de que era impresentable votar en contra y se abstuvieron, así pudo derrotar a los socialistas de Prieto y a los republicanos izquierdistas, gracias al apoyo o la abstención de algunos otros socialistas y republicanos izquierdistas y a los votos de algunos republicanos derechistas.
Y por fin, y muy a pesar de los izquierdistas, a la mujer se le concederá el derecho a votar en las elecciones de 1933, como establecía la Constitución de 1931. En esas elecciones de 1933, el voto femenino será mayoritariamente derechista, en efecto, y contribuyó a la estrepitosa derrota de los izquierdistas.
Estos culpabilizaron en masa de su derrota a Clara Campoamor y jamás la perdonaron. Cuando en 1934, tras darse de baja en el Partido Radical, pidió el ingreso en el partido de Azaña, llamado ahora Izquierda Republicana, le fue denegada la admisión en una votación con bolas negras, por eso no fue tampoco admitida en la candidatura izquierdista del Frente Popular para las elecciones de 1936. Publicó en junio de 1936, Mi pecado mortal. El voto femenino y yo. Y cuando estalló la guerra se exilió para no ser asesinada por los izquierdistas. En la reedición de 1981 de El voto femenino y yo, se cita una carta de Clara Campoamor en 1959 a Martín Telo: «Creo que lo único que ha quedado de la República fue lo que hice yo: el voto femenino».

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El voto femenino en igualdad de condiciones que el masculino fue concedido en Uruguay, Irlanda y Polonia en 1918; en Alemania en 1919; en Hungría y Austria en 1920; en Inglaterra en 1928 (en 1918 a las mayores de 30 años). En USA en el XIX, pero a las mujeres negras no hasta 1965.
En 1919 el papa Benedicto XV aprueba la reivindicación del voto femenino.


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El papel de los católicos a favor del sufragio femenino

Javier Lozano / ReL ReL 8.03.2017 http://www.religionenlibertad.com/estos-son-algunos-pioneros-catolicos-del-voto-femenino-silenciados-por-las-55337.htm

Hasta Simone de Beauvoir, atea y feminista, reconoció el papel de los católicos a favor del sufragio femenino. Decía en su conocida obra, El segundo sexo: “Al feminismo revolucionario (…) se ha añadido un feminismo cristiano: Benedicto XV, en 1919, se pronunció a favor del voto a las mujeres; monseñor Baudrillart y el padre Sertillanges hacen una fervorosa campaña en este sentido (…). En el Senado, numerosos católicos, el grupo de la Unión Republicana y, por otra parte, los partidos de extrema izquierda, están a favor del voto a las mujeres: pero la mayoría de la asamblea es contraria”.

Los importantes gestos de la Santa Sede
Simone de Beauvoir se refiere a la audiencia y posterior discurso que Benedicto XV pronunció el 22 de octubre de 1919 a la Unión de Mujeres Católicas Italianas en las que las habló de su importante apostolado en la vida social “fuera de casa”. Y aunque no citó directamente el voto femenino todos los comentaristas dieron por hecho el apoyo a través de la política de gestos al sufragio femenino, puesto que era además un tema de debate en Italia.

Sobre esto mismo, la profesora de la Universidad del País Vasco y experta en feminismo, Nerea Aresti, escribe en su libro Los argumentos de la exclusión. Mujeres y liberalismo en la España contemporánea que “la llamada de Benedicto XV, en 1919, a la participación política activa de los católicos, también de las mujeres, animó a la organización de asociaciones feministas católicas y legitimó el recurso al voto femenino por parte de estos sectores”.


De Dorothy Day a Hildegard Burjan
Por poner otros dos ejemplos. Cabe destacar que la que fuera feminista estadounidense Dorothy Day fue encarcelada en 1917 por protestar junto a otras mujeres frente a la Casa Blanca a raíz de la exclusión de las mujeres del voto. Pues bien, esta mujer fue declarada, evidentemente por otros motivos, sierva de Dios por el ahora santo Juan Pablo II. El cardenal de Nueva York, Timothy Dolan, sigue llevando hacia delante su causa de beatificación.

El segundo ejemplo se produjo en Austria. La primera mujer que formó parte del Concejo municipal de Viena en 1919 y un año después también la primera en ser diputada nacional de Austria justo tras conseguir el sufragio universal es la ahora beata Hildegard Burjan, beatificada por el cardenal Amato en 2012.

También en España hubo católicos que fueron precursores del voto femenino. Se trata de un hombre y de una mujer cuyos nombres no son reconocidos en esta causa pero que abrieron camino, no sin dificultades.

El ministro católico español que presentó el proyecto de ley
Uno de los más activos fue Manuel de Burgos y Mazo, político y escritor que fue ministro de varias carteras durante el reinado de Alfonso XIII. Este católico convencido quería implantar en España una democracia cristiana y su obra más ambiciosa fue El problema social y la democracia cristiana en la que consideraba que sólo la doctrina social católica podía resolver los problemas sociales y la crisis de España.

En noviembre de 1919, siendo ministro de Gobernación, Manuel de Burgos presentó un proyecto de ley electoral que pretendía extender el derecho de voto a las mujeres mayores de edad. En el preámbulo se hacía eco de las conquistas que poco a poco se estaban produciendo en otros países puesto que, explicaba, se había demostrado que las mujeres tenía igual aptitud que los hombres en muchos aspectos de la vida pública.
El diario ABC, en su edición del 21 de septiembre de 1919 aplaudía el proyecto de Manuel de Burgos.

La prensa conservadora apoyaba el sufragio femenino
Su propuesta finalmente no pudo aprobarse porque se produjo un cambio de gobierno. Sin embargo, el proyecto encontró un fuerte apoyo por parte de la prensa conservadora. De hecho, la edición del ABC del 21 de septiembre de 1919 afirmaba que lo expuesto por Manuel de Burgos “merece un entusiasta aplauso” y el periódico añadía que “en los tiempos modernos, en los que la mujer desempeña una misión tan importante en la vida social y política, es justo que no sólo tenga deberes, sino también derechos”. Y la noticia dejaba una nota destacada: “la reforma será seguramente combatida desde el partido socialista que quiere que la mujer no salga de la situación en que hoy se encuentra; hasta el punto de que en los reglamentos de muchas corporaciones obreras se las niega toda beligerancia”.

María de Echarri
Sin duda, una de las grandes precursoras de la igualdad es la para muchos desconocida, María de Echarri. Esta católica española nacida en 1878 vio reconocida su incansable labor social desde la perspectiva católica con diversas condecoraciones como la Cruz de Leopoldo II de Bélgica, la Arcade por el Papa Pio X o la medalla Pro Ecclesia et Pontifice.

María Echarri consiguió que se aprobaran leyes que ayudaban a las mujeres


El logro de la ley de la silla
Activista, política y periodista defendió a la clase humilde y a las mujeres desde un feminismo católico. Fue secretaria general del Sindicato Católico Femenino, que tuvo miles de afiliadas. En 1918 escribía que “el feminismo posible, razonable en España, debe ser netamente católico”.

Desde sus artículos periodísticos y desde la política intentó conseguir el sufragio femenino. Echarri fue una de las primeras concejales del Ayuntamiento de Madrid y diputada en la Asamblea Nacional bajo el gobierno de Primo de Rivera.

Como curiosidad, uno de sus grandes logros fue la aprobación de la conocida como ley de la silla, aprobada en febrero de 1912 y que supuso toda una revolución en la legislación laboral. Esta normativa protegía a las mujeres que tenían que trabajar de pie y que podían padecer problemas en los ovarios y la matriz, abortos y partos prematuros. Para ello, los dueños de las empresas o tiendas debían proporcionar una silla a las mujeres para que pudieran descansar.

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