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El malentendido sobre la visibilidad de Nuestro Señor Jesucristo en su segunda venida gloriosa

Una cosa es la inadmisible afirmación de la presencia visible de Cristo en su reino en la tierra y otra cosa muy distinta es la venida visible de Cristo para reinar no visiblemente en su reinado en la tierra en plenitud consumada, porque Él quiere que su venida gloriosa para iniciar ese reinado sea visible, como ha querido anunciarlo en el Evangelio y en otros muchos lugares de la Sagrada Escritura. Y como está en la oración litúrgica de la Iglesia.

La visibilidad de Nuestro Señor Jesucristo en su segunda venida gloriosa no es milenarismo, sino el Evangelio y toda la Sagrada Escritura; y la oración litúrgica de la Iglesia, de nuestra Santa Madre Iglesia Jerárquica.

La Parusía es la segunda venida gloriosa y visible de Jesucristo, su manifestación gloriosa, como cuerpo glorioso, no visible más que cuando Él quiere, (como después de su Resurrección y hasta su Ascensión).

En su segunda venida o Parusía para reinar no visiblemente en la tierra, Jesús, el Verbo hecho carne, vendrá visiblemente, como ha anunciado. La segunda venida a la tierra de Jesús, el Verbo hecho carne, tampoco es visible de suyo para los humanos, es como cuerpo glorioso, no visible más que cuando Él quiere. La Parusía de Jesucristo será visible porque Él quiere, como lo ha hecho saber de antemano.

Jesús, el Verbo hecho carne, como lo ha anunciado, vendrá visiblemente en su segunda venida gloriosa con su cuerpo glorioso, a reinar en la tierra no visiblemente, como en los días posteriores a su gloriosa Resurrección hasta su admirable Ascensión, en los que no era no visible ordinariamente para los humanos viadores y sólo cuando Él quería se hacía ver.

En el Reino de Jesucristo en la tierra, Él no reinará visiblemente, como si fuera un Califa. Jesús, el Verbo hecho carne, vendrá visiblemente en su Parusía, en su segunda venida gloriosa con su cuerpo glorioso, no visible ordinariamente para los humanos viadores, es decir, los que estén "en su vía", en su peregrinar en la tierra. No estará en las facultades de los humanos que vivan entonces en la tierra, los viadores cuando la Parusía, verle a Jesús más que cuando Él quiera manifestarse o hacerse visible en algún momento a alguien en particular, o a muchos. O a todos, como ocurrirá en el momento de su Parusía. Cosa muy diferente de la visión beatífica de los bienaventurados en el cielo. Su presencia en la tierra será una presencia moral, "presencia de gobierno, presencia de providencia amorosa, presencia de cabeza mística que influye en sus miembros, en los que acatan y aman su soberanía, su vida, su verdad, su amor".

«La Santa Cruz es ensalzada como trofeo pascual de la victoria de Cristo y signo que aparecerá en el cielo anunciando a todos su segunda venida».
(Martirologio Romano, 14 de septiembre, fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz).

«Entonces aparecerá en el cielo la señal del Hijo del hombre; y entonces se golpearán el pecho todas las razas de la tierra y verán al Hijo del hombre venir sobre las nubes del cielo con gran poder y gloria».
(Mt 24,11-12;30).

«Contemplen... a Cristo presente en su Iglesia no con la presencia corporal y visible que soñaron los milenarios».
(
«R. Orlandis S. I.: «Sobre la actualidad de la idea de Cristo Rey». CRISTIANDAD, núm. 39 (1-11-1945), págs. 465-468).

A la Parusía, la venida gloriosa de Cristo haciéndose ver, se la llama en la Sagrada Escritura la manifestación de nuestro Señor Jesucristo, su revelación:

"Ya no os falta ningún don de gracia a los que esperáis la revelación de nuestro Señor Jesucristo. El os fortalecerá hasta el fin para que seáis irreprensibles en el día de nuestro Señor Jesucristo" (1Cor 1,8-9).

Te recomiendo en la presencia de Dios que da vida a todas las cosas, y de Jesucristo, que ante Poncio Pilato rindió tan solemne testimonio, que conserves el mandato sin tacha ni culpa hasta la manifestación de nuestro Señor Jesucristo, manifestación que a su debido tiempo hará ostensible el Bienaventurado y único Soberano, el Rey de los reyes y el Señor de los señores, el único que posee Inmortalidad, que habita en una luz inaccesible, a quien no ha visto ningún ser humano ni le puede ver. A él el honor y el poder por siempre. Amén (I Tim 6,13-16)

Te conjuro en presencia de Dios y de Cristo Jesús que ha de venir a juzgar a vivos y muertos, por su manifestación y por su reino:
Proclama la Palabra, insiste a tiempo y a destiempo, reprende, amenaza, exhorta con toda paciencia y doctrina (II Tim 4,1-2).
[Nota de la Biblia de Jerusalén de 1973, ed. española de 1984, "Cristo será el juez de todos los hombres, de los que estén vivos en su venida y de los que resuciten, cf Mt 25,21+; Jn 5 26-29; 1TS 4,15-17. Esta afirmación pertenece sin duda al «kerygma» primitivo, Hch 10,42; 1P 4,5 y ha sido incluida en el símbolo"].

"Desde ahora me aguarda la corona de la justicia que aquel día me entregará el Señor, el justo Juez; y no solamente a mí, sino también a todos los que hayan esperado con amor su manifestación" (II Tim 4,8).

Al hacerse visible Jesucristo, el Verbo hecho carne, en la manifestación de su segunda venida gloriosa o Parusía evidenciará la falsedad del ateísmo y del agnosticismo y eliminará así el poder anticristiano:

"Se manifestará el Impío, a quien el Señor destruirá con el soplo de su boca, y aniquilará con la Manifestación de su Venida" (2Tes 2,8).

San Pedro nos exhorta también a alegrarnos de participar en los sufrimientos de Cristo, no sólo porque es una dicha ser injuriados por llevar el nombre de Cristo, [ser cristianos], sino para que disfrutemos de la revelación de su gloria:

Alegraos en la medida en que participáis en los sufrimientos de Cristo, para que también os alegréis alborozados en la revelación de su gloria.
Dichosos de vosotros, si sois injuriados por el nombre de Cristo, pues el Espíritu de gloria, que es el "Espíritu de Dios, reposa sobre vosotros".
(I P 4,13-14).

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Que Jesús, el Verbo hecho carne, ha de venir visiblemente en su segunda venida gloriosa es la Sagrada Escritura y no milenarismo.

Cuando Jesús visualizó en la Ascensión ante sus discípulos su retorno al cielo:

Los que estaban reunidos le preguntaron:
«Señor, ¿es en este momento cuando vas a restablecer el Reino de Israel?»
El les contestó:
«A vosotros no os toca conocer el tiempo y el momento que ha fijado el Padre con su autoridad,
sino que recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que vendrá sobre vosotros, y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra».
Y dicho esto, fue levantado en presencia de ellos, y una nube le ocultó a sus ojos.
Y mientras estaban con los ojos clavados en el cielo mirando cómo se iba, de pronto se les presentaron dos varones con vestiduras blancas que les dijeron:
«Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando fijamente al cielo? Este que os ha sido llevado, este mismo Jesús, vendrá así tal como le habéis visto subir al cielo».
Entonces se volvieron a Jerusalén desde el monte llamado de los Olivos, que dista poco de Jerusalén, el espacio de un camino sabático.
(Hch 1,6-12).

Esto no es milenarismo. Es la Sagrada Escritura. Es el Nuevo Testamento.

Jesús se hizo ver en la Ascensión como prueba de Su presencia real en el pan consagrado

«Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le voy a dar, es mi carne por la vida del mundo».
Discutían entre sí los judíos y decían: «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?»
Jesús les dijo: «En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros».
Esto lo dijo enseñando en la sinagoga, en Cafarnaúm.
Muchos de sus discípulos, al oírle, dijeron: «Es duro este lenguaje. ¿Quién puede escucharlo?»
Pero sabiendo Jesús en su interior que sus discípulos murmuraban por esto, les dijo: «¿Esto os escandaliza?
¿Y cuando veáis al Hijo del hombre subir adonde estaba antes?...»
(Jn 6,51-53;59-62)

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La visibilidad de su Parusía es la declaración solemne de Jesús, el Verbo hecho carne, asistido con toda la fuerza imparable del Espíritu Santo, ante el máximo tribunal de Israel, que por eso lo envió a la muerte.

"Jesús seguía callado. El Sumo Sacerdote le dijo: «Yo te conjuro por Dios vivo que nos digas si tú eres el Cristo, el Hijo de Dios».
Dícele Jesús: «Sí, tú lo has dicho. Y yo os declaro que a partir de ahora veréis al hijo del hombre sentado a la diestra del Poder y venir sobre las nubes del cielo (Dn 7,13)»".
(Mt 26,63-64).

Es el Evangelio. La buena noticia.

Esto tampoco es milenarismo, es el Evangelio:

«Entonces aparecerá en el cielo la señal del Hijo del hombre; y entonces se golpearán el pecho todas las razas de la tierra y verán al Hijo del hombre venir sobre las nubes del cielo con gran poder y gloria».
(Mt 24,30).

«Entonces verán al Hijo del hombre que viene entre nubes con gran poder y gloria».
(Mc 13,26)

«Entonces verán venir al Hijo del Hombre en una nube con gran poder y gloria».
(Lc 21,27)

Se os dirá: “Está aquí” o “Está allí”; no vayáis ni corráis detrás, pues como el fulgor del relámpago brilla de un extremo al otro del cielo, así será el Hijo del hombre en su día.
Pero primero es necesario que padezca mucho y sea reprobado por esta generación».
(Lc 17,23-25. Versión de la CEE 2011).

"Preguntado por los fariseos: ¿Cuándo viene el reino de Dios?, les respondió y dijo:
«No viene el reino de Dios con aparato, ni dirán: "Aquí está", o "Allí"; mirad que el reino de Dios está dentro de vosotros».
Y dijo a los discípulos:
«Vendrán días en que desearéis ver uno de los días del Hijo del hombre, y no lo veréis. Y os dirán: "Aquí está", o "Allí está"; no vayáis ni andéis tras ello. Porque como el relámpago, al relampaguear, recorre con su brillo todo el cielo de un extremo al otro, así será el Hijo del hombre en su día. Pero antes es menester que padezca mucho y sea reprobado por esta generación...»".
(Lc 17,20-25. Versión de Bover).

«Como el relámpago sale por oriente y brilla hasta occidente, así será la venida del Hijo del hombre».
(Mt 24,27).

Como relámpago fulgurante que brilla de un extremo a otro del cielo, así será el Hijo del hombre en su Día.
(Lc 17,24)

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«La Santa Cruz es ensalzada como trofeo pascual de la victoria de Cristo y signo que aparecerá en el cielo anunciando a todos su segunda venida».
(Martirologio Romano, 14 de septiembre, fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz).

«Entonces aparecerá en el cielo la señal del Hijo del hombre; y entonces se golpearán el pecho todas las razas de la tierra y verán al Hijo del hombre venir sobre las nubes del cielo con gran poder y gloria».
(Mt 24,11-12;30).

Lo ha dicho Jesús, el Verbo hecho carne. Es la buena noticia. Es el evangelio. No, no es milenarismo. Pero no nos dan nunca la buena noticia. Suplico que nos den siempre la buena noticia. Constantemente.

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Escribe esto: Antes de venir como el Juez Justo, vengo como el Rey de Misericordia. Antes de que llegue el día de la justicia, les será dado a los hombre este signo en el cielo.
Se apagará toda luz en el cielo y habrá una gran oscuridad en toda la tierra. Entonces, en el cielo aparecerá el
signo de la cruz y de los orificios donde fueron clavadas las manos y los pies del salvador, saldrán grandes luces que durante algún tiempo iluminarán la tierra. Eso sucederá poco tiempo antes del ultimo día (Diario de santa Faustina Kowalska, 83).

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Esto tampoco es milenarismo, sino la palabra de Dios en el Antiguo Testamento referente a la segunda venida de Cristo, la venida en gloria:

"Se revelará la gloria del Señor, y la verán todos juntos - ha hablado la boca del Señor". (Isaías 40, 5. Biblia de la CEE, 2016)
"Se revelará la gloria de Yahveh, y toda criatura a una la verá. Pues la boca de Yahveh ha hablado". (Is 40, 5. Biblia de Jerusalén, 1973).

Esto es la oración litúrgica de la Iglesia, el Prefacio III de Adviento que tiene en vigor nuestra Santa Madre Iglesia Católica Jerárquica; no es milenarismo proscrito por la Iglesia:

En verdad es justo darte gracias,
es nuestro deber cantar en tu honor himnos de bendición y de alabanza, Padre todopoderoso, principio y fin de todo lo creado.
Tú nos has ocultado el día y la hora
en que Cristo, tu Hijo, Señor y Juez de la historia,
aparecerá, revestido de poder y de gloria,
sobre las nubes del cielo.
En aquel día terrible y glorioso pasará la figura de este mundo y nacerán los cielos nuevos y la tierra nueva.
El mismo Señor que se nos mostrará entonces lleno de gloria,
viene ahora a nuestro encuentro
en cada hombre y en cada acontecimiento,
para que lo recibamos en la fe
y por el amor demos testimonio de la espera dichosa de su reino.

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Muéstranos a Jesús,
fruto bendito de tu vientre.
¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce siempre virgen María!

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La constatación de que en la Sagrada Escritura se expone que su segunda venida gloriosa la quiere realizar Jesús, el Verbo hecho carne, de manera visible, no tiene nada que ver con el milenarismo, ni siquiera con el milenarismo mitigado, que la Iglesia dice que no puede enseñarse con seguridad.

El Padre Ramón Orlandis manifestó:

¿Podríase admitir como probable  la presencia visible de Cristo Rey en la tierra, como defienden los milenaristas? En modo alguno...
(Ramón Orlandis, S. I.:
¿Somos pesimistas? CRISTIANDAD Barcelona, Año IV, nº 73, 1 de abril de 1947, página 148).

Dice Canals (en La teología de la historia del Padre Orlandis, S. I. y el problema del milenarismo):

El Padre Orlandis rechazó expresamente, al hablar de la presencia de Cristo viviente en su Iglesia, «la presencia corporal y visible que soñaron los milenarios»:
«Contemplen a Cristo presente en su Iglesia, no con aquella presencia corporal y visible que soñaron los milenarios, pero si con la presencia de gobierno, con la presencia de providencia amorosa, con la presencia de cabeza mística que influye en sus miembros, en los que acatan y aman su soberanía, su vida, su verdad, su amor».
(R. Orlandis: «
Sobre la actualidad de la fiesta de Cristo Rey». Cristiandad, num. 39, l-XI-1945, pág. 467).

El Padre Ramière claramente manifestó:

"Algunos nos han encontrado demasiado favorable al milenarismo. Y sin embargo nosotros hemos protestado y protestamos de nuevo que no admitimos de ninguna manera los dos puntos que constituyen este error: a saber, la resurrección corporal de los santos, mil años antes del último día, y el reinado visible de Jesucristo en la tierra, durante esos mil años". (Henri Ramière S. I.: Les Espérances de l'Église. 1ª ed. 1861. Introduction, pág XXVI).

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Una cosa es decir que Jesucristo, en su Segunda Venida, vendrá visiblemente a reinar no visiblemente, aunque con una presencia eficaz, como correctamente debe afirmarse, y otra cosa muy distinta e incorrecta e ilícita es decir que Jesucristo, en su Segunda Venida, vendrá a reinar visiblemente, con una presencia visible, afirmación rechazada por la Iglesia en el Decreto del Santo Oficio, de 21 de julio de 1944, publicado en AAS 36 (1944) 212, y afirmación rechazada también en el nº 676 de Catecismo de la Iglesia católica de 1992.

Porque en el Reino de Jesucristo, Él no reinará visiblemente, como si fuera un Califa. Jesús, el Verbo hecho carne, vendrá en su Parusía, en su segunda venida gloriosa con su cuerpo glorioso, no visible ordinariamente para los humanos viadores. No estará en las facultades de los humanos que vivan entonces, los viadores cuando la Parusía, verle a Jesús más que cuando Él quiera manifestarse o hacerse visible en algún momento a alguien en particular o a muchos; cosa muy diferente de la visión beatífica de los bienaventurados en el cielo.

Jesús, el Verbo hecho carne, vendrá en su segunda venida gloriosa con su cuerpo glorioso, como en los días posteriores a su gloriosa Resurrección hasta su admirable Ascensión, en los que no era visible ordinariamente para los humanos viadores y sólo cuando Él quería se hacía ver.

El Decreto publicado en AAS [Acta Apostolicae Sedis] está en latín. No se ha publicado en AAS ninguna traducción. Tampoco la versión del Decreto que traen las traducciones del Denzinger es lo publicado en AAS.

Texto original del decreto en latín publicado en AAS [http://www.vatican.va/archive/aas/documents/AAS-36-1944-ocr.pdf, pág. 212]:

ACTA SS. CONGREGATIONUM
SUPREMA SACRA CONGREGATIO S. OFFICII DECRETUM
Postremis hisce temporibus non semel ab hac Suprema S. Congregatione S. Officii quaesitum est, quid sentiendum de systemate Millenarismi mitigati, docentis scilicet Christum Dominum ante finale iudicium, sive praevia sive non praevia plurium iustorum resurrectione, visibiliter in hanc terram regnandi causa esse venturum. Re igitur examini subiecta in conventu plenario feriae IV, diei 19 Iulii 1944, Emi ac Revmi Domini Cardinales, rebus fidei et morum tutandis praepositi, praehabito RR. Consultorum voto, respondendum decreverunt, systema Millenarismi mitigati tuto doceri non posse.
Et sequenti feria V, die 20 eiusdem mensis et anni, Ssñius D. N, Pius divina Providentia Papa XII, in solita audientia Excmo. ac Revmo. D. Adsessori S. Officii impertita, hanc Emorum Patrum responsionem approbavit, confirmavit ac publici iuris fieri iussit.
Datum Romae, ex Aedibus S. Officii, die 21 Iulii 1944.
I. Pepe, Supremae S. Congr. S. Officii Notarius.
[AAS 36 (1944) 212. DS 3839 en latín].
[Texto publicado en AAS
http://www.vatican.va/archive/aas/documents/AAS-36-1944-ocr.pdf, pág. 212]:

Una traducción literal no publicada en AAS [Acta Apostolicae Sedis], que respeta lo que dice la Sagrada Escritura, y la oración litúrgica de la santa Madre Iglesia Católica Jerárquica:

DECRETO DE LA SAGRADA CONGREGACIÓN SUPREMA DEL SANTO OFICIO
En estos últimos tiempos se ha preguntado más de una vez a esta Suprema Sagrada Congregación del Santo Oficio qué hay que sentir del sistema del milenarismo mitigado, es decir, del que enseña que Cristo Señor, antes del juicio final, previa o no la resurrección de muchos justos, ha de venir para reinar visiblemente en esta tierra.
Examinado el asunto en cuestión en la reunión plenaria de la feria IV, día 19 de julio de 1944, los Eminentísimos y Reverendísimos Señores Cardenales, encargados del cuidado de las materias de fe y de moral, previo voto de los Reverendos Consultores, decretaron respondiendo, el sistema del Milenarismo mitigado no puede enseñarse con seguridad.
Y en la siguiente feria V, del dia 20 del mismo mes y año, Su Santidad N. S., por la divina Providencia, el Papa Pío XII, aprobó esta respuesta de los Eminentísimos Padres en audiencia ordinaria concedida al Reverendísimo Señor asesor del Santo Oficio, la confirmó y la mandó publicar conforme a derecho.
Dado en Roma en la Sede del Santo Oficio, el día 21 de julio de 1944.
I. Pepe, Notario de la Sagrada Congrgación Suprema del santo Oficio.
[Decreto del Santo Oficio, de 21 de julio de 1944. AAS 36 (1944) 212. DS 3839 en latín].

Fue el texto en latín de este decreto lo que se publicó en Acta Apostolici Sedis, no las traducciones a otros idiomas. No las que se suelen publicar, que atribuyen al verbo venir el adverbio "visiblemente" [visibiliter] en vez de atribuirlo al otro verbo, "reinar". Atribuyen visibiliter a esse venturus en vez de atribuirlo a regnandi. Pero no están publicadas en AAS estas traducciones. Lo que está vedado es atribuir el adverbio visiblemente a reinar y no a venir. Decir que está proscrito atribuir visiblemente a venir, no es compatible con la Sagrada Escritura, ni con la oración litúrgica de la Iglesia, donde se afirma que Nuestro Señor Jesucristo ha de venir visiblemente en su segunda venida o Parusía

Y no fue publicado en Acta Apostolici Sedis otro decreto del Santo Oficio de 11 de julio de 1941 que le fue remitido por carta al arzobispo de Santiago de Chile, Mons. Don José M. Caro Rodríguez como respuesta a una consulta suya. En este decreto de 1941, en el que también dice que el milenarismo mitigado no puede ser enseñado con seguridad ("tuto doceri non posse”), se describe el sistema del milenarismo mitigado diciendo que afirma que Jesucristo vendrá a reinar corporalmente (corporaliter in hanc terram regnandi causa case venturum).
Este Decreto de 1941 no fue publicado en Acta Apostolicae Sedis, posiblemete porque corporalmente, sí que se sabe con toda seguridad que está Cristo en la Eucaristía, y así lo enseña la Iglesia con plena seguridad, y así debe enseñarse con total seguridad.

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Está recogido el texto de 1944 en el Denzinger en latín con el nº 3839 en la ed. 33 de 1965, a cargo de Schönmetzer (de ahí la S de la referencia, DS, de esta edición del Denzinger y posteriores del mismo editor).
Y con el nº 2296 en las ediciones anteriores del Denzinger, en latín o traducidas:

Decr. S. officii, sous Pie XII, 19. (21.) juillet 1944
Denzinger 3839 2296 Qu.: Quid sentiendum de systemate Millenarismi mitigati, docentis scilicet Christum Dominum ante finale iudicium sive praevia sive non praevia plurium iustorum resurrectione, visibiliter in hanc terram regnandi causa esse venturum. Resp. (cfirm. a S. P'ce 20. Iul.): Systema Millenarismi mitigati tuto doceri non posse.
http://www.clerus.org/bibliaclerusonline/it/fpd.htm

He aquí una traducción literal, no publicada en AAS, que respeta lo que dice la Sagrada Escritura y la oración litúrgica de la Iglesia:

Decreto del Santo Oficio, bajo Pío XII, 19. (21.) de julio de 1944
Denzinger 3839 2296
Pregunta: ¿Qué hay que sentir del sistema del Milenarismo mitigado, es decir, del que enseña que Cristo Señor, antes del juicio final, previa o no la resurrección de muchos justos, ha de venir para reinar visiblemente en esta tierra.
Respuesta (confirmada por el Sumo Pontífice el 20 de julio): el sistema del Milenarismo mitigado no puede enseñarse con seguridad".
Decreto del Santo Oficio, de 21 de julio de 1944. Cf: AAS 36 (1944) 212. DS 3839 en latín].

Traducciones no publicadas en AAS y que no son compatibles con lo que dicen los Evangelios, ni las otras Sagradas Escrituras, ni la oración de la Iglesia:

DS 3839 Dz 2269 «En estos últimos tiempos se ha preguntado más de una vez a esta Suprema Sagrada Congregación del Santo Oficio qué haya de sentirse acerca del sistema del milenarismo mitigado, a saber, del que enseña que Cristo Señor, antes del juicio fmal - previa o no previa una resurrección de muchos justos- ha de venir visiblemente a la tierra para reinar».
«Respuesta: El sistema del milenarismo, aún mitigado, no puede ser enseñado guardando la seguridad de la doctrina».

DS3839 Dz 2296 In recent times on several occasions this Supreme Sacred Congregation of the Holy Office has been asked what must be thought of the system of mitigated Millenarianism, which teaches, for example, that Christ the Lord before the final judgment, whether or not preceded by the resurrection of the many just, will come visibly to rule over this world.
The answer is: The system of mitigated Millenarianism cannot be taught safely.

DS 3839
Question: Que faut-il penser du système du millénarisme mitigé qui enseigne qu'avant le jugement dernier, précédé ou non de la résurrection de plusieurs justes, le Christ notre Seigneur viendra visiblement sur notre terre pour y régner?
Réponse (confirmée par le souverain pontife le 20 juillet): Le système du millénarisme mitigé ne peut pas être enseigné de façon sûre.

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Jesús, el Verbo hecho carne, haciéndose ver en el esplendor de su advenimiento, como cuerpo glorioso, no visible más que cuando Él quiere, eliminará el reino del Anticristo:

Se manifestará el Impío, a quien el Señor destruirá con el soplo de su boca, y aniquilará con la Manifestación de su Venida.
(2Tes 2,8).

Se revelará la gloria de Yahveh, y toda criatura a una la verá. Pues la boca de Yahveh ha hablado. (Is 40,5)

La manifestación gloriosa de Jesucristo en su Parusía quitará por su base el poder anticristiano al evidenciar que no ha lugar al ateísmo, que es la base del poder anticristiano, que impone vivir como si Dios no existiera. Y quedará así arruinado el reinado del colectivo anticristiano por la manifestación de la segunda venida de Jesucristo.

Jesús, el Verbo hecho carne, vendrá en su segunda venida gloriosa con su cuerpo glorioso, como en los días posteriores a su gloriosa Resurrección hasta su admirable Ascensión, en los que no era visible ordinariamente para los humanos viadores y sólo cuando Él quería se hacía ver.

«Contemplen... a Cristo presente en su Iglesia no con la presencia corporal y visible que soñaron los milenarios».
(
«R. Orlandis S. I.: «Sobre la actualidad de la idea de Cristo Rey». CRISTIANDAD, núm. 39 (1-11-1945), págs. 465-468).

Una cosa es que el reinado social de Jesús, el Verbo hecho carne, no es visible y otra cosa es que su venida gloriosa para iniciar ese reinado Él quiere que sea visible, como ha querido anunciarlo en el evangelio y en otros muchos lugares de la Sagrada Escritura.

La segunda venida de Jesús, el Verbo hecho carne, tampoco es visible para los humanos de suyo, es como cuerpo glorioso, no visible más que cuando Él quiera, (como después de su Resurrección y hasta su Ascensión). Será visible porque Él quiere y porque así lo ha hecho saber de antemano.

Tampoco vendrá Jesucristo a reinar antes del juicio, sino que vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos, como dice el Credo. Su segunda venida inicia el juicio o reinado, porque reinar es juzgar: la potestad de juzgar es potestad regia.

Y es lo que el mismo Jesús, el Verbo hecho carne, nos enseñó a pedir en el padrenuestro, no en vano:

«Venga a nosotros tu reino». [Lema del Apostolado de la Oración: «Adveniat Regnum Tuum»]
«Hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo».
(Mateo 6, 10)

[Algunos lamentablemente omiten esto, «Hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo», como si fuese milenarismo, y "proclaman" venerar el reino de Dios en el cielo, con lo que su padrenuestro dice hágase tu voluntad en el cielo como en el cielo. ¿Y en la tierra qué?, ¿que manden los que quieren vivir según el hombre y que todo el mundo viva así, como quiere Satanás?, ¿vivir como si Dios no existiera, esclavizados por este sistema políticamente correcto iniciado por el liberalismo e intensificado con lo que ha venido después? ¿Vivir sin remisión sometidos así al imperio de Satanás?].

No es lo mismo que lo que aparece rechazado en el Catecismo de la Iglesia Católica de 1992, nº 676, sino muy diferente:

Esta impostura del Anticristo aparece esbozada ya en el mundo cada vez que se pretende llevar a cabo la esperanza mesiánica en la historia, lo cual no puede alcanzarse sino más allá del tiempo histórico a través del juicio escatológico: incluso en su forma mitigada, la Iglesia ha rechazado esta falsificación del Reino futuro con el nombre de milenarismo (cf. DS 3839), sobre todo bajo la forma política de un mesianismo secularizado, "intrínsecamente perverso" (cf. Pío XI, "Divini Redemptoris" que condena el "falso misticismo" de esta "falsificación de la redención de los humildes"; GS 20-21).

Este nº 676 trae dos notas a pie de página: en una pone la referencia del Decreto del Santo Oficio sobre el milenarismo reproducido y traducido más arriba:
[
http://www.vatican.va/archive/aas/documents/AAS-36-1944-ocr.pdf, pág. 212]

En la otra nota dice:

"Cf. Pío XI, Carta Enc. Divini Redemptoris (19 de marzo de 1937): AAS 29 (1937) 65 - 106 «condenando los errores presentados bajo un falso sentido místico» «de esta especie de falseada redención de los más humildes» (p.69); Concilio Vaticano II, Const. past. Gaudium et spes, 20-21: AAS 58 (1966) 1040-1042. (Catecismo de la Iglesia Católica. Nueva edición conforme al texto latino oficial. Edición española de la Asociación de editores del Catecismo. 1999).

Lo decretado y publicado en AAS está en latín como se copia arriba. La traducción en la versión española del Denzinger, DS, que no es lo decretado ni lo publicado, proscribe que se diga venir visiblemente en vez de reinar visiblemete; y eso es fruto del malentendido. Que Jesús, el Verbo hecho carne, ha anuncido que en su segunda venida gloriosa "lo verán" es la Sagrada Escritura y no milenarismo.

"Jesús seguía callado. El Sumo Sacerdote le dijo: «Yo te conjuro por Dios vivo que nos digas si tú eres el Cristo, el Hijo de Dios».
Dícele Jesús: «Sí, tú lo has dicho. Y yo os declaro que a partir de ahora veréis al hijo del hombre sentado a la diestra del Poder y venir sobre las nubes del cielo (Dn 7,13)»".
(Mt 26,63-64).

«La Santa Cruz es ensalzada como trofeo pascual de la victoria de Cristo y signo que aparecerá en el cielo anunciando a todos su segunda venida».
(Martirologio Romano, 14 de septiembre, fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz).

«Entonces aparecerá en el cielo la señal del Hijo del hombre; y entonces se golpearán el pecho todas las razas de la tierra y verán al Hijo del hombre venir sobre las nubes del cielo con gran poder y gloria».
(Mt 24,11-12;30).

Mirad, viene acompañado de nubes: todo ojo le verá, hasta los que le traspasaron, y por Él harán duelo todas las razas de la tierra. Sí. Amén (Apoc 1,7).

Se os dirá: “Está aquí” o “Está allí”; no vayáis ni corráis detrás, pues como el fulgor del relámpago brilla de un extremo al otro del cielo, así será el Hijo del hombre en su día.
Pero primero es necesario que padezca mucho y sea reprobado por esta generación».
(Lc 17,23-25. Versión de la CEE 2011).

"Preguntado por los fariseos: ¿Cuándo viene el reino de Dios?, les respondió y dijo:
«No viene el reino de Dios con aparato, ni dirán: "Aquí está", o "Allí"; mirad que el reino de Dios está dentro de vosotros».
Y dijo a los discípulos:
«Vendrán días en que desearéis ver uno de los días del Hijo del hombre, y no lo veréis. Y os dirán: "Aquí está", o "Allí está"; no vayáis ni andéis tras ello. Porque como el relámpago, al relampaguear, recorre con su brillo todo el cielo de un extremo al otro, así será el Hijo del hombre en su día. Pero antes es menester que padezca mucho y sea reprobado por esta generación...»".
(Lc 17,20-25. Versión de Bover).

«Como el relámpago sale por oriente y brilla hasta occidente, así será la venida del Hijo del hombre».
(Mt 24,27).

Lo condenado por Pío XI en la encíclica Divini Redemptoris, nº 60 como "intrínsecamente perverso" es el comunismo, llamado aquí, en el nº 676 del Catecismo de la Iglesia Católica de 1992, "mesianismo secularizado" y rechazado por la Iglesia como principal falsificación del Reino futuro y condenado aquí en este Catecismo y en el Concilio Vaticano II (GS 20-21) como "falso misticismo" y "falsificación de la redención de los humildes".

Lo cual es todo lo contrario, como secularizado, del sobrenaturalizado reino de Dios en la tierra como en el cielo, el reino anunciado por Jesús, el Verbo hecho carne, en el Evangelio y mandado anunciar por Él; anunciado por los apóstoles y por sus sucesores en la Iglesia; prometido por Dios en la profecías del Antiguo Testamento y del Nuevo, recordadas y reafirmadas por el Concilio Vaticano II (Nostra Aetae, 4).

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Jesús, el Verbo hecho carne, destruirá el imperio de Satanás, liberará a la entera familia humana y la llevará a su consumación, como declaró el Concilio Vaticano II:

«Tiene pues, ante sí la Iglesia al mundo, esto es, la entera familia humana con el conjunto universal de las realidades entre las que ésta vive; el mundo, teatro de la historia humana, con sus afanes, fracasos y victorias; el mundo, que los cristianos creen fundado y conservado por el amor del Creador, esclavizado bajo la servidumbre del pecado, pero liberado por Cristo, crucificado y resucitado, roto el poder del demonio, para que el mundo se transforme según el propósito divino y llegue a su consumación».
(Conc. Vat. II, Gaudium et Spes, 2).

Y se edificará así la civilización del amor, como proclamaron los papas san Juan Pablo II, Benedicto XVI y san Pablo VI, que fue el primero que proclamó, ya en 1970, esta civilización:

"Sobre las ruinas acumuladas por el odio y la violencia, podrá levantarse la civilización del Amor, el Reino del Corazón de Cristo"
(San Juan Pablo II, 5.10.1986. Carta al General de la Compañía de Jesús. Insegnamenti, vol. IX/2, 1986, p. 843)

"Sobre las ruinas acumuladas por el odio y la violencia podrá edificarse la civilización del Corazón de Cristo"
(Benedicto XVI, 15.05.2006, Carta sobre el culto al Corazón de Jesús, repitiendo las palabras de san Juan Pablo II de 5.10.1986, Insegnamenti, vol. IX/2, 1986, p. 843).

"La civilización del amor debe ser el verdadero punto de llegada de la historia humana"
(San Juan Pablo II, 3.11.1991. Homilía en la Parroquia de San Romualdo de Roma. L'Oss. 21.11.91).

El reinado del laicismo, impuesto por el liberalismo y radicalizado por lo que ha venido después, se terminará cuando, arruinado ese reinado anticristiano por la Parusía, la segunda venida gloriosa de Jesucristo; y, mediante la extraordinaria efusión de gracia que Jesús, el Verbo hecho carne, iniciará con Su Parusía, generalizada la devoción a su Sagrado Corazón, todos crean que Jesucristo es Dios y obren en consecuencia, también en la vida política, lo cual se producirá con toda seguridad, como fue anunciado por el Concilio Vaticano II:

"La Iglesia, juntamente con los profetas y con el mismo Apóstol, espera el día, que sólo Dios conoce, en que todos los pueblos invocarán al Señor con voz unánime y le servirán hombro con hombro" (Nostra aetate, 4).

Lo que es proclamar la esperanza cierta y segura de la futura confesionalidad consecuente de todos los pueblos, con los judíos a la cabeza de los creyentes en Jesucristo; la Cristiandad futura; la futura unidad católica mundial, no por exclusión legal de la libertad religiosa, sino cimentada en la aceptación voluntaria del reinado del Sagrado Corazón de Jesús en todos los corazones movidos por Su gracia divina, la extraordinaria efusión de gracia que Jesús, el Verbo hecho carne, iniciará con Su Parusía, Su segunda venida gloriosa con la que, al evidenciar Su existencia, eliminará el poder anticristiano que, cada vez más, impone vivir como si Dios no existiera.

Bien entendido que es Dios el que concede a todos invocarle y servirle:

«Volveré puro el labio de los pueblos, para que invoquen todos el nombre de Yahveh, y le sirvan bajo un mismo yugo».
(So 3,9).

Esta confesionalidad de todos los pueblos y de su organización política regional, nacional y mundial será posible con los medios que aporta la Iglesia, y la aceptación de estos medios, en particular la autoridad de la Iglesia en materias morales como infalible, que es lo que define a los Estados confesionales.

El Concilio Vaticano II enseña que forma parte de la misión de la Iglesia "declarar y confirmar con su autoridad los principios de orden moral que fluyen de la misma naturaleza humana" (Dignitatis humanae, 14).

De lo que se trata es de "la coherencia entre fe y vida, entre evangelio y cultura, recordada por el Concilio Vaticano II". Ser católicos y obrar en consecuencia, en la esfera privada y en la pública, individual y colectivamente, cada persona y la sociedad.

Jesucristo anunció el reino de Dios y efectivamente vino el reino de Dios que es su Iglesia, nuestra Santa Madre Iglesia Católica Jerárquica, como la denominaba san Ignacio de Loyola, y la Iglesia del siglo XXI celebra la fiesta solemne de Cristo Rey (leer más)

.La Parusía de Jesús, el Verbo hecho carne, Su segunda venida gloriosa,
con la que haciéndose ver en su esplendor como cuerpo glorioso,
no visible más que cuando Él quiere, al evidenciar Su existencia,
eliminará el poder anticristiano, que impone vivir como si Dios no existiera

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Juan Rovira Orlandis, sobrino del padre Ramón Orlandis, y él mismo sacerdote jesuita, nacido en Palma de Mallorca en 1937, asesinado por odio a la fe el 3 de noviembre de 1936, durante la persecución religiosa en la zona roja durante la Guerra de España de 1936
En proceso de canonización: http://newsaints.faithweb.com/martyrs/MSPC01.htm
Autor del estudio El Reino de Cristo consumado en la tierra

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. ......Textos del padre Orlandis......Textos de Canals ...Textos de Canals en la revista Cristiandad de Barcelona.E.artículos de Cristiandad de Barcelona....Artículos...Textos....INDEX.

...La Ascensión y la Parusía visible y gloriosa de Jesús, el Verbo hecho carneu..San Pablo habla de la parusía, la segunda venida gloriosa de Jesús, el Verbo hecho carne

.....El malentendido sobre el milenarismo aclarado por Canals.. .El malentendido sobre el fin del mundo......El malentendido sobre el cielo en la tierra tras la Parusía....Malentendidos sobre la Parusía

La mayor promesa del Sagrado Corazón de Jesús es la de su reinado.....t.El Reinado de Jesucristo consumado en cada alma y en el mundo por la acción misericordiosa de su Sagrado Corazónt.