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Los padecimientos de Jesús, el Vebo hecho carne, por nosotros

La muerte. No nos suele preocupar la muerte, pero es por nuestra inconsciencia. Es una desgracia horrible. Es la mutilación de todos los miembros, es la amputación masiva. El hombre más consciente al asumirla sudó sangre. Jesús, Dios y hombre verdadero, tuvo que pensar en asumir además la tortura extrema y la humillación total. Era Dios, el Verbo hecho carne, el Hijo de Dios hecho hombre; y tuvo que pensar en sufrir además el abandono por parte de Dios Padre a la muerte y el abandono a la noche oscura del alma en grado máximo, el verse rechazado; y quizá en el momentáneo eclipse o cuasi escisión de la unión hipostática con su muerte humana.

Ser entregado

Sufrir en su persona la muerte entre atroces padecimientos físicos, morales y espirituales.

físicos: unos 5.480 golpes y heridas; la flagelación, la coronación de espinas, el abrumador peso de la cruz, las caídas, la herida en el hombro, la crucifixxión, el desangramiento, la sed, la disnea, la agonía, la lanzada, la muerte

morales: la desnudez, el verse abandonado por todos, el miedo, la angustia, la cárcel inmunda, el prendimiento, los golpes, las burlas, los escupitajos, los gritos, las acusaciones, el proceso inicuo, la bofetada con guante de hierro, la flagelación, la coronación de espinas, el sufrimiento de su madre, la crucifixión, la muerte.

y espirituales: el abandono por Su Padre a la noche oscura del alma, quizá el eclipse o cuasi escisión de su unión hipostática, la angustiosa asfixia de la disnea, la agonía y la muerte en el abandono y el rechazo

Sufrimientos espirituales de Jesús, el Verbo hecho carne

El peor sufrimiento de Jesús en su Pasión fue el abandono, la desolación, la noche oscura del alma. Él en la cruz dio a conocer su abandono para que lo supiésemos.

Ya durante la oración en el huerto de Getsemaní, Jesús sufrió un miedo indecible ante lo que se le avecinaba. Este miedo, que Él quiso que supiésemos que padeció, signfica que ya no disponía del don de fortaleza; lo que parece indicar que le habían sido eclipsados o retirados los dones del Espíritu Santo.

En el huerto llegó a pedirle al Padre que, si podía ser, pasase de Él aquel cáliz. Se lo pidió con la oración perfecta, que es añadir: "hágase Tú voluntad y no la mía". No podía ser, porque Jesús ya había instituido la Eucaristía. Había dado a comer el pan consagrado diciendo no sólo "esto es mi cuerpo", sino "esto es mi cuerpo, que será entregado por vosotros". Y diciendo no sólo "este es el cáliz de mi sangre", sino "que será derramada por vosotros y por muchos para el perdón de los pecados". Y ahora tenía que entregar su cuerpo y derramar su sangre.

Jesús hizo y sufrió todo esto tan atroz, incluyendo el abandono, la desolación, la noche oscura del alma, por amor al Padre con obediencia total hasta la muerte y por amor misericordioso a cada uno de nosotros, para que pudiésemos tener su reino salvador en nuestra alma, para que le pudiésemos tener como rey salvador de cada uno personalmente y de todos colectivamente. Para que pudiésemos hacer la voluntad de Dios, también en la tierra.

Esta fue Su fuerza, el amor más fuerte que la muerte.

Publicado con mi nombre en InfoCatólica, 1/04/2018 12:24 PM http://www.infocatolica.com/?t=noticia&cod=31933

Y reinará Jesús, el Verbo hecho carne, en todos los hombres (varones y mujeres) y en todas las naciones, como tiene anunciado, prometido y profetizado.

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Padecimientos espirituales de Jesús, el Verbo hecho carne, en su dolorosa Pasión y muerte por nosotros

La noche oscura del alma. La desolación total. El abandono

Padecimientos espirituales de santa Faustina Kowalska

(Diario de santa Faustina Kowalska, 68-82///96-103)

De repente el alma pierde la presencia de Dios. En el lugar de la anterior presencia de Dios ha entrado la aspereza y la sequía espiritual, no encuentra satisfacción en los ejercicios espirituales, no puede rezar, ni como antes, ni como oraba ahora. Lucha por todas partes y no encuentra satisfacción. Dios se le ha escondido y ella no encuentra satisfacción en las criaturas, y ninguna criatura sabe consolarla. El alma desea a Dios apasionadamente, pero empieza a sentir la justicia de Dios. Ve como si hubiera perdido todos los dones de Dios, su mente está como nublada, la oscuridad envuelve toda su alma, empieza un tormento inconcebible. Satanás comienza su obra.

La fe queda expuesta al fuego. El alma es tentada de incredulidad. La lucha es dura, el alma hace esfuerzos, persevera junto a Dios con un acto de voluntad. Con el permiso de Dios, Satanás sigue más adelante, la esperanza y el amor están puestos a prueba. Estas tentaciones son terribles, Dios sostiene al alma ocultamente. En sus oídos suenan palabras de las cuales ella queda aterrorizada y le parece que las pronuncia contra Dios. Ve lo que no le gustaría ver. Oye lo que no quiere oír. Está al borde del abismo. Todas estas pruebas son duras y difíciles, pero éste no es todavía el fin de la prueba. Existe todavía la prueba de las pruebas, esto es sentir el rechazo total por parte de Dios.

La prueba de las pruebas, el abandono absoluto

Ahora una terrible oscuridad envuelve al alma. Se ve completamente abandonada de Dios, siente como si fuera objeto de su odio y se encuentra al borde de la desesperación. Se defiende como puede, intenta despertar la confianza, pero la oración es para ella un tormento todavía mayor, le parece que empuja a Dios a una ira mayor. Está colocada en un altísimo pico que se encuentra sobre un precipicio.

El alma anhela fervientemente a Dios, pero se siente rechazada. Todos los tormentos y suplicios del mundo son nada en comparación con la sensación en la que se encuentra sumergida, es decir, el rechazo por parte de Dios. Nadie la puede aliviar. Ve que se encuentra sola, no tiene a nadie en su defensa. Levanta los ojos al cielo, pero siente que no es para ella, todo lo ve perdido para ella. De una gran oscuridad cae en una oscuridad aun mayor, le parece que ha perdido a Dios para siempre, a ese Dios que tanto amaba. Este pensamiento le produce un tormento indescriptible. Sin embargo no se conforma con eso, intenta mirar al cielo, pero en vano; eso le causa un tormento todavía mayor.

Nadie puede iluminar tal alma si Dios quiere mantenerla en las tinieblas. Este rechazo por parte de Dios ella lo siente muy vivamente, de modo terrorífico. De su corazón brotan gemidos dolorosos, tan dolorosos que nadie los puede comprender si no lo ha pasado él mismo. En esto el alma padece todavía sufrimientos por parte del espíritu maligno. Satanás se burla de ella: "Ves, ¿seguirás siendo fiel? He aquí la recompensa, estás en nuestro poder. ¿Y qué has ganado por haberte mortificado? ¿Y qué has conseguido siendo fiel? ¿A qué todos estos esfuerzos? Estás rechazado por Dios". La palabra "rechazado" se convierte en fuego que penetra cada nervio hasta la médula de los huesos. Traspasa todo el ser por completo. Viene el momento supremo de la prueba. El alma pierde de vista todo y es como si aceptara este tormento de rechazo. Es un momento indefinible. Es la agonía del alma. Es experimentar en el alma tormentos del infierno. Se empieza a sentir la falta de fuerzas fisicas. Pero Satanás tiene tanto poder sobre el alma cuanto Dios permite.

Sólo Dios sabe cómo el alma gime en estos tormentos, sumergida en la oscuridad, y con todo eso tiene hambre y sed de Dios, como los labios quemados tienen sed de agua. Muere y aridece; muere de una muerte sin morir, es decir, no puede morir. Sus esfuerzos son nada; está bajo una mano todopoderosa. El alma queda bajo el poder del Justo, está recogida bajo el poder del justo y tres veces santo Dios. Cesan todas las tentaciones externas, calla todo lo que la rodea, como un moribundo, pierde la percepción de lo que tiene alrededor, toda su alma se ve rechazada por la eternidad. Este es el momento supremo. Cuando el alma se ve penetrada totalmente por este fuego infernal y comienza a hundirse en la desesperación, siente que está llegando a su agonia, que su cuerpo va a separarse del alma, y pronuncia sus últimas palabras, "hágase tu voluntad y no la mía", y le parece que impulsa a Dios a una ira aún mayor, y solamente de vez en cuando de su alma irrumpe un gemido doloroso y sin consuelo. El alma en la agonia. Cada recuerdo de Dios es un mar indescriptible de tormentos, y sin embargo hay algo en el alma que anhela fervientemente a Dios, pero a ella le parece que es solamente para que sufra más. El recuerdo del amor con el que Dios la rodeaba antes, es para ella un tormento nuevo. Su mirada la traspasa por completo y todo ha sido quemado por ella en su alma.

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