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La verdad

1985 -- 3.08.2003 -- 13.08.2014

Santo Tomás de Aquino dice que la verdad es la adaequatio rei et intellectus. Es que se trata de dos adecuaciones: adecuación de las cosas a su idea ejemplar en el entendimiento divino (verdad ontológica o trascendental); y la adecuación del intelecto a la verdad ontológica o realidad de las cosas (verdad lógica o del conocimiento).

Por consiguiente, no estaba mal decir que la verdad es la adecuación del pensamiento a la realidad. Porque la verdad está principalmente en el entendimiento, si se trata del entendimiento del que depende su ser, es la adecuación al entendimiento del que dependen. Las cosas naturales no dependen de nuestro entendimiento, sino que su ser depende del entendimiento divino.

"La verdad consiste en la adecuación del intelecto y la cosa [adaequatio intellectus et rei], como más arriba queda dicho (q 16, a 1: adaequatio rei et intellectus). Ahora bien, el entendimiento que es causa de las cosas, es asimismo su regla y su medida; mas, respecto al entendimiento que toma su ciencia de ellas, sucede todo lo contrario. Por consiguiente, CUANDO LAS COSAS SON REGLA Y MEDIDA DEL ENTENDIMIENTO, LA VERDAD CONSISTE EN QUE EL ENTENDIMIENTO SE ADECUE A LA COSA, Y ESTO ES LO QUE SUCEDE EN NOSOTROS; pues de que la cosa sea o no sea, depende que nuestro pensamiento (opinio) y su expresión sea verdadero o falso. Pero cuando el entendimiento es regla o medida de las cosas, la verdad consiste en que las cosas se adecuen al entendimiento; como se dice que el artífice hace una obra verdadera, cuando concuerda con su idea artística (S. Th. 1, 21, 2 c).

"A la naturaleza del intelecto le compete conformarse con las cosas" (S. Th. 99, 1 c).

¿Se puede condenar que alguien diga que la verdad es la adecuación del pensamiento a la realidad? Y, ¿se puede reiterar la condenación para afirmar que la verdad es la adecuación de las cosas al entendimiento? Santo Tomás lo que dice es que eso depende de quién sea el autor de las cosas. Si se trata de la obra de un creador humano como Gaudí, creador genial de la Sagrada Familia, la verdad o el falseamiento y la adulteración de su obra es la adecuación o no de lo realizado a su pensamiento. Y esto sirve para saber si lo realizado en la fachada de la Pasión adultera y falsea la Sagrada Familia de Gaudí: basta comparar las esculturas que se han colocado en esta fachada de la Pasión con las que se colocaron bajo la dirección personal de Gaudí en la fachada del Nacimiento y con los dibujos de Gaudí que esbozan esas esculturas de la fachada del Nacimiento.

En cuanto a la verdad del pensamiento humano respecto a las cosas de las que tomamos nuestra ciencia o conocimiento, que es a lo que se refiere obviamente el que afirma que la verdad es la adecuación del pensamiento a la realidad, resulta que así es según explica santo Tomás, porque el hombre no es su creador. El que niega la verdad es, más que agnóstico y ateo negativo, panteísta, ateo positivo, suplantador de Dios como creador, y, como decía Aristóteles, materialista por reducir la realidad a las cosas materiales y negar que exista un entendimiento en acto puro, noesis noéseos, noesis noeseos.

Y de esto se trata en toda la historia de la filosofía, de negar o no la posibilidad del conocimiento humano de la verdad, negar la capacidad del entendimiento para conocer o no la realidad de lo que hay en la naturaleza incluido el hombre, negar o no incluso la realidad misma de todo ello, para aceptar o no aceptar la realidad de la existencia del que lo ha creado, conocida por la luz de la razón natural a partir de la realidad de las cosas naturales; y encerrarse en el materialismo y en el aparente y contradictorio escepticismo, estéril y destructor.

En toda la historia de la filosofía se trata de aceptar o no aceptar la realidad y la demostración de la existencia del que ha creado las cosas naturales, conocida por la luz de la razón natural a partir de la realidad de las cosas naturales

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POSICIONES EXTRAÑAS

"Las opiniones de este tipo, que destruyen los principios de alguna parte de la Filosofía, se llaman posiciones extrañas, como la negación del movimiento, que destruye los principios de la Filosofía de la naturaleza. A la afirmación de tales tesis son llevados algunos hombres en parte ciertamente por protervia y en parte por argumentaciones sofísticas, que no son capaces de superar" (Quaestiones disputatae, De malo, q. 6, c).

La negación del movimiento es la alternativa absurdamente suicida de los que niegan esta vía demostrativa de la existencia de Dios. Pero ya Aristóteles les decía a los del sistema del permanente devenir que si un ser deviene "es indispensable que aquello de donde sale y aquello que le hace devenir tengan una existencia, y que esto no continúe así hasta el infinito". [Si no, no hay causa del devenir, y no hay devenir].

Aristóteles constata que los que creen en el perpetuo movimiento, porque lo ven en la naturaleza sensible, "pensaron que no se puede determinar nada verdadero sobre lo que muda sin cesar y en todos los sentidos. De estas consideraciones nacieron otras doctrinas llevadas más lejos aún. Por ejemplo, la de los filósofos que se dicen de la escuela de Heráclito; la de Cratilo, que llegaba hasta creer que no hay que decir nada. Se contentaba con mover un dedo" (ib.). "Pretender que el ser y el no-ser existen simultáneamente es admitir el eterno reposo, más bien que el movimiento eterno. No hay, en efecto, cosa alguna en que puedan transformarse los seres, puesto que todo existe en todo" (ib.).

Los que han impuesto en la modernidad la negación social de la fe en Dios lo que han conseguido es que en la posmodernidad se pierda la fe en la razón. Han destruido los principios no de la Religión, sino de todas las partes de la Filosofía. Unos por protervia y otros por no poder superar los argumentos sofísticos de esa protervia.

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Santo Tomás de Aquino:

"Los antiguos filósofos no decían que las especies de las cosas naturales procedan de algún entendimiento, sino que provienen del azar; y como consideraban que lo verdadero dice relación («lleva consigo la comparación») con el entendimiento, concluían que la verdad de las cosas consiste en su relación con nuestro entendimiento. De lo cual se seguían los inconvenientes que señala el Filósofo en el Libro IV de la Metafísica [Methaphys. 4, c. 5, n.1 (BK 1009a8); c. 6 (BK 1011a3): Sto. Tomás: Lect. 9-15, n. 661-719; item Metaphys. 10, c. 6 (BK 1062b12): Sto. Tomás: Lect. 5, n. 2224]. Pero estos inconvenientes desaparecen si admitimos que la verdad de las cosas consiste en su relación con el entendimiento divino" (S. Th. 1, 16, 1 ad 2).

Esos inconvenientes los indica santo Tomás en el enunciado de la dificultad o videtur quod nº 2:

"Nada sería verdadero más que en cuanto conocido, que es el error de aquellos antiguos filósofos que sostenían que es verdadero todo lo aparente; de donde se sigue que es simultáneamente verdadero lo contradictorio, ya que cosas contradictorias pueden parecer simultáneamente verdaderas a distintos opinantes" (S Th 1, 16, 1 vid. 2).

En S.Th. 1, 85, 2 c:

Hubo quienes opinaron que nuestras facultades cognoscitivas no conocen más que las propias afecciones; que el sentido, por ejemplo, no conoce más que la afección de su órgano. Y, en este supuesto, el entendimiento no entendería más que su propia modificación, es decir, la especie inteligible recibida en él. Y, según esto, son estas especies el objeto de su intelección. Mas esta opinión es evidentemente falsa por dos razones. Primero, porque los objetos que entendemos son los mismos que constituyen las ciencias... Segundo, porque se seguiría el error de los antiguos que decían que "es verdadero todo lo aparente" [cf. ARISTÓTELES, Metaphysica, 4, c. 5, n. 1 (BK 1009a6): Sto. Tomás, lib. 4, lect. 9, n. 6661; PLATÓN, Theaeteto, c. 8 ss.]; de modo que lo contradictorio sería simultáneamente verdadero. Pues, si una potencia no conoce más que su propia afección, solamente de ella juzga. Ahora bien, una cosa parece, según como es afectada la potencia afectiva. Luego el juicio de la potencia cognoscitiva tendría siempre por objeto aquello de que juzga, es decir, su propia afección tal como es; y, en consecuencia, todos sus juicios serían verdaderos. Por ejemplo, si el gusto no siente sino su propia impresión, cuando alguien tiene el gusto sano y juzga que la miel es dulce, formará un juicio verdadero; y de igual modo juzgaría con verdad el que, por tener el gusto estragado, afirmase que la miel es amarga; pues ambos juzgan en conformidad con la afección de su gusto. De donde se deduciría que todas las opiniones son igualmente verdaderas y en general, toda percepción".

Aristóteles nos da la clave cuando genialmente dice que "lo que motiva la opinión de estos filósofos es que, al considerar la verdad en los seres, no han admitido como seres más que las cosas sensibles" (Metaphysica, 4, c. 5).

La definición de la verdad como la adecuación del pensamiento a la realidad presupone la primacía de la realidad de las cosas como lugar, no de la verdad entitativa, sino del ser que tiene verdad, del ser que puede ser dicho, o expresado, o pensado, como lugar del ser que causa la verdad de nuestro conocimiento de las cosas, si nuestro pensamiento (opinio) y su expresión (oratio) manifiestan el ser o no ser de las cosas, porque dice santo Tomás:

"Aunque la verdad de nuestro entendimiento es causada por las cosas, no por esto se encuentra primariamente en ellas la razón de verdad..., el ser de las cosas, y no su verdad, es lo que causa la verdad del entendimiento. De donde dice el Filósofo (en De los Predicamentos, c. 3, nº 22) que el pensamiento (opinio) y su expresión oral (oratio) son verdaderos porque las cosas son, y no porque son verdaderas" (S Th 1, 16, 1 ad 3).

"La verdad de nuestro entendimiento consiste en que se conforme con (a) su principio, a saber, con las cosas, de las cuales recibe el conocimiento. La verdad de las cosas consiste también en su conformidad con su principio, esto es, con el entendimiento divino" (S. Th.1, q 16, a 5 ad 2).

"La verdad está prioritariamente en el entendimiento y secundariamente en las cosas en cuanto se ordenan al entendimiento divino" (S. Th. 1ª, q 16, a 6 resp. y a 1 ad 3).

"Cuando algo se dice unívocamente de muchos, se halla en cada uno de ellos según su razón propia [con propiedad] ..., pero cuando algo se dice analógicamente de muchos, aquello se halla según su razón propia sólo en uno de ellos, del cual los otros toman nombre" (S. Th. 1ª, q 16, a 6 resp).

De donde deduce que la verdad está propiamente en el entendimiento, es propiamente la verdad del entendimiento y secundariamente, analógicamente y por denominación derivada está en la cosa, es la verdad de la cosa; pero es en el entendimiento divino en el que está la verdad propiamente y del que deriva la verdad de las cosas:

"La verdad está propiamente sólo en el entendimiento, las cosas se dicen verdaderas por la verdad que hay en algún entendimiento" (S. Th. 1, q 16, a 8 resp).

"Es por la verdad del entendimiento divino por la que se llaman verdaderas las cosas naturales, aquella es absolutamente inmutable" (ib.)

"La verdad de las proposiciones (los enunciables) no es otra que la verdad del entendimiento, pues la proposición (el enunciable) está en el entendimiento y en las palabras. Según está en el entendimiento, tiene verdad por sí. Pero según está en las palabras, se dice verdadera la proposición (el enunciable) según significa alguna verdad del entendimiento; no porque alguna verdad de la proposición (del enunciable) exista como en sujeto (S. Th. 1, 16, 7 c).

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Y todavía está la verdad en sentido moral o veracidad, que es la adecuación de lo que se dice con lo que se piensa.

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San Juan Pablo II enseña en la encíclica Fides et Ratio que "La verdad es el resultado de la adecuación del intelecto a la realidad objetiva":

"En definitiva, se nota una difundida desconfianza hacia las afirmaciones globales y absolutas, sobre todo por parte de quienes consideran que la verdad es el resultado del consenso y no de la adecuación del intelecto a la realidad objetiva". (Encíclica Fides et Ratio, 14-IX-1998, nº. 56, L' Oss. Rom. en castellano, 16-X-1998)

Y en el nº 82 menciona, entre las exigencias que debe cumplir la filosofía para estar en consonancia con la palabra de Dios, la de

"verificar la capacidad del hombre de llegar al conocimiento de la verdad; un conocimiento, además, que alcance la verdad objetiva, mediante aquella adaequatio rei et intellectus a la que se refieren los Doctores de la Escolástica".

Y en nota (la 99 de la Enc.) añade:

"Cf. por ejemplo santo Tomás de Aquino, Summa Theologiae, I, 16, 1; San Buenaventura, Coll. in Hex., 3, 8, 1".

Éste último dice ahí:

"¿Qué cosa es la verdad según la definición? «Adecuación del entendimiento y la cosa entendida», de aquel entendimiento, digo, que es causa de la cosa, no de mi entendimiento, que no es causa de la cosa.- Esta adecuación es verdadera cuando la cosa es tanta, tal, relacionada, agente, paciente, entonces, dónde, cuando tiene situación, según las diferencias de los predicamentos. Porque entonces son verdaderas las cosas cuando son en la realidad o en el universo, como son en el arte eterno o como son expresadas en él. Y una cosa es verdadera en cuanto que se adecua al entendimiento que la causa" (Obras de san Buenaventura, BAC, III).

"San Buenaventura distingue tres géneros de verdad: la ontológica (veritas rerum), la lógica o formal (adecuada expresión que la inteligencia forma del objeto conocible) y la de signo (perfecta correspondencia de la palabra con los pensamientos o de las realidades que se expresan). Por vía analógica se extiende a Dios y a las criaturas" (Léxicon bonaventuriano, voz verdad, ib.).

"Así pues, nosotros vemos estas cosas que Vos habéis habéis hecho, porque ellas existen; pero en Vos es al contrario; si ellas tienen ser, es porque vos las veis" (San Agustín, Las Confesiones, final, cit. por R Garrigou-Lagrange, O. P., La Naturaleza de Dios, pág. 357. )

Garrigou dice también que para la "miseria intelectual" contemporánea,

"la razón, en vez de ser medida o mensurada por las cosas, se convierte en legisladora de las cosas y absolutamente autónoma" (ib., pág. 343).

También el P. Bover, S.I. usa la misma definición de verdad :

"La verdad, armonía del pensamiento con la realidad". (Nota de J. Mª BOVER, S.I. en Jn 8, 32 en su versión del Nuevo Testamento, Biblia de Bover-Cantera de la BAC).

También Antonio Millán Puelles citando a Maeztu, o Maeztu según Millán Puelles:

"Santo Tomás dice que la verdad es la adecuación del entendimiento a la cosa", dice Ramiro de Maeztu, Obras Completas, pág. 1115; citado por Antonio Millán Puelles en su conferencia "En torno al pensamiento filosófico de Maeztu", de 24-4-1998 en Pamplona, dentro de las XXXVII REUNIONES FILOSÓFICAS.

La definición completa y exacta de santo Tomás proviene de Isaac Isreli (Isaac Isreli Ben Solomon Abu Ya'qub Ishaq ibn Sulayman al-Isra'ili, 855-955), del que la tomó Avicena y de éste santo Tomás:

«Veritas est adaequatio rei et intellectus»
(De definitionibus, cit. por Avicenna, Metaphysica, tr. 1, c. 9; y cit. por Santo Tomás de Aquino, S Th, 1 q. 16, a. 1c y a. 2 arg. 2)

Santo Tomás de Aquino, De Veritate q.1, a.1:

“Et sic dicit Isaac, quod veritas est adaequatio rei et intellectus”.

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LA VERDAD SEGÚN SANTO TOMÁS

“El ser de las cosas, y no su verdad, es lo que causa la verdad en el entendimiento” (esse rei, non veritas eius, causat veritatem intellectus) (S.Th. I, q.16, a.1 ad 3).

S TH 1 q.16 a.1, en el cuerpo (respondeo):

"Puesto que lo verdadero reside en el entendimiento en cuanto este se conforma a la cosa entendida, es necesario que la razón de verdadero se derive del entendimiento al objeto que conoce, para llamar también verdadera la cosa conocida por el orden que dice al entendimiento («según que tenga algún orden al entendimiento»).

"Ahora bien, el orden o relación que las cosas («dicen») tienen a algún entendimiento puede ser esencial («per se») o accidental. Por esencia («per se») dicen orden al entendimiento del que depende su ser, y accidentalmente al entendimiento por el que son cognoscibles".

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"Pero como el juicio sobre una cosa no se basa en lo que tiene de accidental, sino en lo que tiene de esencial, síguese que las cosas se dicen verdaderas en absoluto, según el orden al entendimiento DEL QUE DEPENDEN".

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"Por eso, las cosas naturales se dice que son verdaderas, según la similitud que alcancen con las especies que hay en la mente divina, y así llamamos verdadera piedra a la que tiene la naturaleza propia de la piedra según la preconcibió el entendimiento divino. Por tanto, la verdad está principalmente en el entendimiento y secundariamente en las cosas, en cuanto se comparan con el entendimiento como con un principio".

[Lo mismo que dice san Buenaventura en Coll. in Hex., 3, 8, 1", Obras, BAC, III].

San Agustín dice lo mismo:

"Así pues, nosotros vemos estas cosas que Vos habéis habéis hecho, porque ellas existen; pero en Vos es al contrario; si ellas tienen ser, es porque vos las veis"
(San Agustín, Las Confesiones, final, cit. por R Garrigou-Lagrange, O. P., La Naturaleza de Dios, pág. 357).

Garrigou dice también que

para la "miseria intelectual" contemporánea, "la razón, en vez de ser medida o mensurada por las cosas, se convierte en legisladora de las cosas y absolutamente autónoma" (ib., pág. 343).

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"LA VERDAD SEGÚN QUE ESTÁ EN EL ENTENDIMIENTO":

San Agustín:

"La verdad es lo que manifiesta lo que es" (De vera relig., c.36: ML 34,151).

San Hilario:

"La verdad es lo declarativo o manifestativo del ser" (Ex l.5; De Trin. n.14: ML 10,131).

"LA VERDAD DE LA COSA SEGÚN SU ORDEN AL ENTENDIMIENTO":

San Agustín:

"La verdad es la perfecta similitud al entendimiento sin desemejanza alguna" (ib., l c.: ML 34,152)

San Anselmo:

"La verdad es la rectitud que sólo el entendimiento puede percibir, pues recto es lo que concuerda con su principio" (De verit. c.11: ML 158,480).

Avicena:

"La verdad de cada cosa es la propiedad de su ser tal como le ha sido establecido (Metaphys. tr. 8, c. 6).

"SEGÚN AMBOS ASPECTOS, LA VERDAD ES LA ADECUACIÓN DE LA COSA Y DEL ENTENDIMIENTO"

Isaac Israeli Ben Solomon (Abu Ya'qub Ishaq ibn Sulayman al-Isra'ili, 855-955):

«Veritas est adaequatio rei et intellectus» (De definitionibus, cit. por Avicenna, Metaphysica, tr. 1, c. 9; y cit. por Santo Tomás de Aquino, S Th, 1 q. 16, a. 1c y a. 2 arg. 2)

"La verdad de las cosas consiste en su relación (comparatione) con el entendimiento divino" (no con el nuestro, dice implícitamente antes Santo Tomás de Aquino, 1 q 16 a1 ad 2, al final).

San Agustín, al definir lo verdadero diciendo "verdadero es lo que es",

"se refiere a la verdad de las cosas y excluye del concepto de esta verdad su comparación con nuestro entendimiento, porque lo accidental se excluye de la definición" (ib. ad 1).

VERDADERA PROPOSICIÓN Y PROPOSICIÓN VERDADERA

[Expresar un verdadero pensamiento y además un pensamiento verdadero o no].

"Las proposiciones no sólo tienen verdad como se dice que la tienen las otras cosas en cuanto cumplen lo que sobre ellas está ordenado en el entendimiento divino [como define san Anselmo la verdad como rectitud], sino que tienen además una verdad especial que consiste en significar la verdad del entendimiento. La cual consiste en la conformidad del entendimiento y la cosa" (S. Th. 1, 16, 8 ad 3).

"A la naturaleza del intelecto le compete conformarse con las cosas" (S. Th. 99, 1 c).

"Como queda dicho (a. 1), la verdad se halla en el entendimiento en cuanto conoce la cosa como es, y en la cosa en cuanto tiene ser conformable al intelecto" (S. Th. 1, 16, 5 c).

"Conocemos las realidades incorpóreas, de las cuales no tenemos imágenes, por comparación con los cuerpos sensibles de los cuales tenemos imágenes. Y así comprendemos la verdad reflexionando sobre el objeto cuya verdad investigamos" (S. Th. 1, 84, a 7 ad 3).

Dios conoce las cosas, pero esto no le añade formas ni afecciones, no le causa conocimientos. Conoce las cosas porque es su causa primera:

"El ser de esta causa primera es el propio entender divino; de donde se sigue que cualesquiera efectos que preexistan en Dios como en su causa primera son en Él su mismo acto de entender y se hallan allí de modo inteligible, ya que cuanto está en otro se halla en él según el modo de ser del que lo tiene" (S. Th. 1, 14, 5 c).

"El objeto propio del entendimiento humano, que está unido a un cuerpo, es la esencia o naturaleza existente en la materia corporal, y mediante la naturaleza de las cosas visibles alcanza también algún conocimiento de las invisibles... Para que el entendimiento entienda en acto su objeto propio, es necesario que recurra a las imágenes de la fantasía, a fin de descubrir la naturaleza universal que existe en un objeto particular" (S. Th. 1, 84, a 7 c).

"Lo connatural a nuestro entendimiento, según el estado de la vida presente, es conocer lo material y sensible, según está dicho" (S. Th. 1, 87, a 1 c).

"El entendimiento humano, ni es su entender [como el divino], ni su entender tiene como primer objeto su esencia misma [como el angélico], sino algo extrínseco, a saber, la naturaleza de las cosas materiales" (S. Th. 1, 87, a 3 c).

"La verdad de las proposiciones (los enunciables) no es otra que la verdad del entendimiento, pues la proposición (el enunciable) está en el entendimiento y en las palabras. Según está en el entendimiento, tiene verdad por sí. Pero según está en las palabras, se dice verdadera la proposición (el enunciable) según significa alguna verdad del entendimiento; no porque alguna verdad de la proposición (del enunciable) exista como en sujeto (S. Th. 1, 16, 7 c).

LA MEMORIA

"Las especies conservadas en el entendimiento posible están en él habitualmente cuando no las entiende en acto, como queda dicho (en S. Th. 1, 79, a 6). Por eso, para entender en acto no basta con conservar así las especies, sino que es menester que las utilicemos en conformidad con las realidades que representan, es decir con las naturalezas existentes en los particulares" (S. Th. 1, 84, a 7 ad 1).

CONOCIMIENTO DE DIOS Y DE LOS ÁNGELES

"Conocemos las realidades incorpóreas, de las cuales no tenemos imágenes. Y así comprendemos la verdad reflexionando sobre el objeto cuya verdad investigamos; a Dios lo conocemos, como dice Dionisio (De div. nom., c. 1, 5: MG 3,593), en cuanto causa y por vía de supereminencia (excesum) y de remoción; y en cuanto a las demás substancias incorpóreas no podemos conocerlas en el estado de la presente vida más que por remoción o mediante una cierta comparación con las cosas corporales. Por consiguiente, para conocer algo de estos seres necesitamos, aún cuando de ellos no existan imágenes, recurrir a las imágenes de realidades corpóreas" (S. Th. 1, 84, a 7 ad 3).

LA ADECUACIÓN Y EL MODERNISMO

Las fórmulas dogmáticas expresan la realidad de Dios de forma analógica; y nos dan un conocimiento verdadero y real, aunque sólo analógico de las realidades divinas; no un conocimiento plenamente adecuado de Dios, ni mucho menos. Sólo es un conocimiento, proporcionado a nuestra capacidad, pero es real y verdadero el que nos dan los dogmas. Negarlo es lo que hacían y hacen los modernistas.

Los modernistas afirman que los dogmas no significan nada de lo divino, no nos dan ningún conocimiento de Dios, sólo como máximo, fórmulas para actuar como si significaran algo real.

Es lo que condenó san Pío X en el nº 26 del Decreto Lamentabili contra el modernismo:

«Los dogmas de la fe se han de retener solamente según el sentido práctico, esto es, como norma preceptiva del obrar, pero no como norma del creer». (Decreto Lamentabili de 1907, 26)

Mysteries like the Trinity or the Incarnation are either unthinkable (a modernist Kantian tendency), or are within the reach of the unaided reason [están al alcance de la sola razón] (a modernist Hegelian tendency). "The truth of religion is in him (man) implicitly, as surely as the truth of the whole physical universe, is involved in every part of it. Could he read the needs of his own spirit and conscience, he would need no teacher" (Tyrrell, "Scylla and Charybdis", p. 277).

Truth consists in the conformity of the idea with its object. Now, in the Catholic concept, a dogmatic formula supplies us with at least an analogical knowledge of a given object. For the modernist, the essential nature of dogma consists in its correspondence with and its capacity to satisfy a certain momentary need of the religious feeling. It is an arbitrary symbol that tells nothing of the object it represents. At most, as M. Leroy, one of the least radical of modernists, suggests, it is a positive prescription of a practical order (Leroy, "Dogme et critique", p. 25). Thus the dogma of the Real Presence in the Holy Eucharist means: "Act as if Christ had the local presence, the idea of which is so familiar to you". But, to avoid exaggeration, we add this other statement of the same writer (loc. cit.), "This however does not mean that dogma bears no relation to thought; for (1) there are duties concerning the action of thinking; (2) dogma itself implicitly affirms that reality contains in one form or another the justification of such prescriptions as are either reasonable or salutary".