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HISTORIA UNIVERSAL

El Gobierno español protesta ante Estados Unidos por la firma el 31 de marzo de 2009 de un acuerdo con Gibraltar
Un texto de intercambio fiscal con Caruana se rubricó sólo ante las banderas estadounidense y de Gibraltar

ABC. Lunes, 04-05-09 LUIS AYLLÓN | MADRID

Todos estos hechos tuvieron lugar en torno a la fecha del pasado 5 de abril, en que el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, y el presidente estadounidense, Barack Obama, se entrevistaron en Praga.

El Gobierno español presentó hace unas semanas una protesta formal ante Estados Unidos por la firma el 31 de marzo en Londres de un acuerdo con Gibraltar para intercambiar información en materia fiscal, según reconoció un portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores. La protesta española se hizo no por el acuerdo en sí, que se considera positivo, sino por la escenificación con que se realizó: ante dos únicas banderas -la estadounidense y la gibraltareña-, sin presencia de la enseña británica, un hecho que afecta a las histórica reclamación de España sobre la soberanía del Peñón, al que se presenta como si fuera un ente independiente. Las autoridades españolas se han visto en muchas ocasiones obligadas a actuar en foros internacionales o en organismos deportivos multilaterales para evitar que se conceda a la colonia tratamiento propio de Estado soberano. Malestar en varios frentes Aunque el portavoz sólo indicó que la protesta fue llevada a cabo en nombre del Gobierno por el director general para Europa y América del Norte, Luis Felipe Fernández de la Peña, sin precisar en qué términos, ABC pudo saber que el encargado de Negocios de la Embajada estadounidense, Arnold Chacón, fue convocado al Ministerio de Exteriores. Asimismo, Fernández de la Peña convocó a la embajadora del Reino Unido, Denise Holt, para transmitirle igualmente el malestar español. Londres argumenta que la firma se hizo por delegación del Reino Unido y Washington y que siguió el protocolo establecido por los británicos. España, además de la protesta, está estudiando la validez jurídica de la delegación a la que se refieren las autoridades del Reino Unido. Después de Kosovo La protesta de España a Washington se produjo sólo unas fechas después de que el anuncio de la retirada de las tropas españolas de Kosovo provocará el enfado de la Casa Blanca, y casi simultáneamente con otro incidente que ha causado un profundo malestar en Estados Unidos: la tramitación en el Juzgado central de Instrucción número 5 de la Audiencia Nacional, el de Baltasar Garzón, de una querella presentada por varios abogados contra el equipo de asesores del ex presidente Bush que «ideó» y «dio cobertura» al «andamiaje jurídico» de la base militar de Guantánamo. Todos estos hechos tuvieron lugar en torno a la fecha del pasado 5 de abril, en que el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, y el presidente estadounidense, Barack Obama, se entrevistaron en Praga. Pese a todo, la reunión se celebró en un ambiente de entendimiento, muy alejado de la frialdad con que se mantenían las relaciones del Ejecutivo español con la Administración Bush

El acuerdo entre Estados Unidos y Gibraltar fue firmado por el secretario del Tesoro estadounidense, Tim Geithner, y por Peter Caruana, el ministro principal de la colonia británica, desde la que se ha dado una gran profusión al hecho. Se trata del primero de los llamados TIEA (Tax Information Exchange Agreements) que suscribe Gibraltar, en su plan para cumplir las condiciones de la OCDE que le permita salir de la lista de paraísos fiscales. Justo antes del G-20 El texto fue suscrito el día anterior al comienzo de la cumbre del G-20 en la que se adoptaron medidas para poner fin a la impunidad con que se produce la evasión de impuestos en algunos países o jurisdicciones. El 3 de abril, nada más concluir el G-20, la OCDE hizo pública su lista de paraísos fiscales. Gibraltar, donde con 30.000 habitantes hay registradas más de 60.000 empresas, quedó incluida en una «lista gris» de 38 Estados o territorios que se han comprometido a respetar las reglas, pero no las han aplicado «sustancialmente». Esta presión está llevando a muchos de los países o jurisdiciones bajo sospecha a intentar suscribir una docena de acuerdos TIEA para que la OCDE los saque de sus listas de paraísos fiscales. El acuerdo entre Estados Unidos y la colonia británica permitirá a los norteamericanos acceder a la información «necesaria para reforzar la legislación fiscal estadounidense, incluida la relativa a cuentas bancarias en Gibraltar». En este proceso, el Gobierno de Gibraltar, que según algunas fuentes quiere dejar de ser paraíso fiscal en 2010, dice que ha ofrecido a España un acuerdo de «intercambio, transparencia y cooperación» en aspectos como el blanqueo de dinero.

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La bandera de Gibraltar

ABC. Lunes, 04-05-09 AFORTUNADAMENTE, la diplomacia española ha sabido reaccionar y ha hecho oír su voz ante el despropósito de conceder a Gibraltar el estatuto de país independiente. Ni Estados Unidos, ni mucho menos Gran Bretaña, ignoran que esa es una posibilidad que está jurídicamente excluida de acuerdo con el Tratado de Utrecht y que una actitud como la que se ha constatado con la firma de un convenio con el Departamento norteamericano del Tesoro no es en modo alguno tolerable para España. Es difícil identificar si detrás de este gesto, aparentemente banal, se esconde una intencionalidad más sofisticada para mostrar el descontento ante algunas de las decisiones que ha tomado recientemente el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, como la abrupta retirada de Kosovo; pero en cierto modo queda claro que este hecho constituye una vuelta a la rutina histórica imperante en este conflicto: Gran Bretaña actúa de vez en cuando para medir el grado de vigilancia de la diplomacia española y los responsables gibraltareños siguen dispuestos a aprovechar cualquier resquicio para tratar de avanzar un paso hacia sus permanentes quimeras de independencia. Ni la apertura del Instituto Cervantes en la Roca ni los vuelos de Iberia han tenido el menor efecto. El Gobierno querría hacer creer que la elección de Barack Obama como presidente norteamericano había cambiado el mundo y que ello demostraría que la orientación de su política exterior ha sido la adecuada, cuando la realidad se encarga constantemente de confirmar que lo que han fallado han sido los fundamentos esenciales de cada uno de sus proyectos en el campo de la diplomacia, desde el Magreb hasta el Caribe. El de Gibraltar es, entre otros, uno de los más evidentes, puesto que de las arriesgadas concesiones unilaterales que ha hecho el Ejecutivo socialista lo único que ha obtenido es una situación en la que cualquier desenlace amenaza con complicar nuestras posiciones. Ahora solo faltaría que en este ambiente de justa persecución de la piratería financiera, las autoridades de un lugar tan turbio en este aspecto como Gibraltar aparecieran en el papel de probos cooperadores con las autoridades de control internacional, y España pudiera ser tenida por un obstáculo. Lo más grave no ha sido la firma de este convenio, lo peor puede venir después, a la hora de impedir que las autoridades del Peñón recojan un premio político por una respetabilidad que no merecen en absoluto.

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