Crónica del siglo XXI
Los crímenes de la ETA y su castigo
La negociación de Zapatero con la ETA de 2005 a 2007

Capturado en 2012 un presunto etarra relacionado con el atentado a la UNAV que causó 28 heridos en marzo de 2008 y con los asesinatos de Isaías Carrasco e Ignacio Uría

El asesinato de Uría bloqueó en 2008 el plan de EA para crear un frente soberanista y fue una advertencia de los «txerokis» a los sectores más pragmáticos de Batasuna y a los «terneras»

ABC J. PAGOLA | MADRID Domingo, 07-12-08

El asesinato a tiros del empresario Ignacio Uría, vinculado al nacionalismo de la Guipúzcoa profunda, tiene los efectos de un torpedo dirigido contra la línea de flotación del frente soberanista propuesto por EA de cara a las próximas elecciones autonómicas vascas. Y, por añadidura, constituye una advertencia a los sectores más pragmáticos de Batasuna para que no caigan en la tentación de involucrarse en movimientos cuya «vanguardia» no sea la propia ETA. Éste es el análisis de expertos antiterroristas en base al perfil de la víctima de la última salvajada de la banda. Uría -«uno de los nuestros», según los nacionalistas- simpatizaba tanto con el PNV como con EA. La decisión de asesinarle no fue tomada arbitrariamente por los integrantes del «comando» entre una lista de objetivos, sino que obedece a una orden expresa dada por alguien con peso en la dirección de ETA, aseguran los mismos medios. El asesinato, en la actual coyuntura, de un guardia civil, un policía, un militar o incluso un ertzaina no hubiera sido interpretado como un intento de ETA de reventar un acuerdo entre los herederos de Arana y sus «hermanos descarriados». Es evidente que con el atentado que ha acabado con la vida del copropietario de Altuna y Uría, la banda pretende atacar las obras del Tren de Alta Velocidad, así como el entorno del PNV, hacia quien había dirigido sus críticas más duras en los dos últimos comunicados tras acusarle de conformarse con un nuevo estatuto de autonomía en detrimento de un futuro estado vasco.

Balas contra los pragmáticos

Pero, cuando eligieron como víctima a Uría, ¿querían los cabecillas, además, reventar cualquier acercamiento de los sectores más posibilistas de la «izquierda abertzale» a otras fuerzas nacionalistas, en una situación de desventaja, que no agrada a la banda, dada la ilegalización de Batasuna, PCTV y ANV? ¿Buscaban sofocar los tímidos movimientos que han emprendido estos mismos sectores para desbloquear la actual situación y desempolvar el discurso del «proceso de paz» en un desesperado intento de recuperar iniciativa? Expertos en la lucha antiterrorista creen que sí. Pero estuvieran o no estos últimos objetivos en la mente criminal de quienes planificaron el asesinato de Ignacio Uría, lo cierto es que los efectos para la constitución de un frente independentista son los mismos: devastadores. Por lo pronto, EA ha retirado su apoyo al alcalde proetarra de Azpeitia, dejándole en minoría. Está por ver si a partir de ahora secundará la moción de censura que promueven otras formaciones.

Y, con las balas que asesinaron a Uría, la organización criminal también ha querido matar toda tentación de los menos duros de «hacer política en tiempos de «guerra»», bien a través de una refundación de los restos de Batasuna, bien incorporándose a otras fuerzas abertzales pero distanciadas del terror, como Aralar, Zutik o Baztarre, o tomándose demasiado en serio iniciativas como la «mesa de Málzaga» que, a título individual, agrupa a políticos de corte nacionalista y abertzale para trabajar por la independencia. Estas iniciativas han suscitado la desconfianza, cuando no el rechazo, de la banda, ya que teme que los sectores menos duros de Batasuna, con «mono de participar en las instituciones», aprovechen cualquier oportunidad para desertar del terror. El caso es que la oferta de EA había sido recibida entre los más pragmáticos de la «izquierda abertzale» con ciertas expectativas. Sin duda, Arnaldo Otegi y Rafael Díaz Usabiaga saben que la posibilidad de que los restos de Batasuna se incorporen a una plataforma liderada por EA con vocación electoral es remota, ya que ETA nunca lo permitiría si no es ella la que controla. Pero la propuesta del partido de Unai Ziarreta había encajado bien en la actual estrategia de los posibilistas, orientada a desbloquear la situación de colapso a la que llevó la banda a la «izquierda abertzale» con la voladura de la «tregua». La falta de un liderazgo claro en ETA no ha hecho sino agudizar la parálisis de lo que queda de Batasuna, que no recibe consignas para reorganizar su mesa nacional en la clandestinidad, ni para su estrategia. Como ya informó ABC, Otegi y Usabiaga vienen criticando en sus entornos más próximos a los herederos de «Thierry» y Garikoitz Aspiazu por considerar que en la deriva de ETA están arrastrando a la «izquierda abertzale». En este contexto se encuadraría la entrevista a Otegi del pasado domingo en «Gara», donde desempolvó el discurso de la necesidad de un nuevo proceso, consciente, eso sí, de que no puede ser inmediato. Las fuentes consultadas creen que si se ha atrevido a realizar estas afirmaciones -anatema a los ojos de los «txerokis»- y si «Gara» se ha prestado a transmitirlo es porque «alguien de arriba» ha dado el visto bueno.

«Ternera» se reactiva

Algunos creen que «Josu Ternera», tras replegarse cuando el «proceso» entró en barrena, permanece ahora a la espera de una nueva oportunidad. Las fuentes consultadas no descartan que ya haya comenzado a mover algunos hilos con los que manejar a Otegi y Usabiaga.

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Ignacio Uría Mendizábal, asesinado por participar en la construcción de la 'Y vasca'

LD 3 de Diciembre de 2011 - 09:10:01 - M.J. Grech

El 3 de diciembre de 2008 la banda terrorista ETA asesinaba a tiros en Azpeitia (Guipúzcoa) al empresario de la construcción IGNACIO URÍA MENDIZÁBAL. La víctima se dirigía a la cafetería donde diariamente jugaba al tute con sus amigos. Nada más aparcar su vehículo en las inmediaciones de la misma, dos terroristas lo acribillaron a balazos.

Los autores del atentado dispararon tres tiros contra Uría, que recibió dos impactos de bala. Al menos uno de los disparos le alcanzó en la cabeza provocándole la muerte en el acto. Pese a ello, los servicios sanitarios que acudieron al lugar de los hechos intentaron reanimar al empresario en la misma Plaza Ignacio de Loyola.

Los dos terroristas habían robado un coche en el alto de Itzíar, reteniendo a su conductor y atándolo a un árbol. Dejaron su vehículo y se dirigieron a Azpeitia con el coche sustraído. Una vez tiroteado Uría, los etarras regresaron al alto de Itzíar, al lugar donde habían dejado el primer vehículo utilizado y donde habían abandonado al conductor del segundo coche, al que prendieron fuego para borrar huellas. Después, emprendieron la huida en el primer vehículo. El conductor del coche sustraído logró quitarse las ataduras y avisar a su madre, la propietaria del coche, que fue quien denunció los hechos a la Ertzaintza.

La víctima no llevaba escolta, pese a que era consejero de la constructora Altuna y Uría, que trabajaba en las obras del trazado ferroviario del Tren de Alta Velocidad (TAV) entre Arrazua y Villareal de Álava, conocido popularmente como la Y vasca. En apenas dos años, las obras habían sufrido más de treinta ataques, además de tres atentados con bomba contra las empresas adjudicatarias de las obras, todos ellos reivindicados por ETA. La empresa de Ignacio Uría había sido saboteada en marzo de 2007, cuando varios vehículos aparecieron con las ruedas pinchadas, pintadas y los tubos de escape taponados.

A principios de enero de 2008, la banda asesina hizo un paralelismo entre el TAV y los proyectos de la central nuclear de Lemóniz –que dejó de construirse– y la autovía de Leizarán –que tuvo que modificar su trazado–. En ambos casos el Estado cedió ante el chantaje y el asesinato de la banda terrorista por lo que ésta no tuvo ninguna duda de que tendría que actuar igual con la construcción del TAV. Pocos meses después, el 18 de agosto, ETA envió un nuevo comunicado en el que amenazaba a las empresas que participaban en las infraestructuras de la línea ferroviaria vasca. En el mismo calificaba al TAV como un proyecto "ajeno a los intereses de Euskal Herria" y asumía la autoría de la colocación de las bombas dirigidas contra constructoras que participaban en las obras. "No ha habido derecho a decidir al respecto", aseguraba la banda terrorista, que acusaba al PNV de querer prorrogar sus ganancias a costa de "enterrar en cemento" el territorio por el que tendría que pasar la infraestructura ferroviaria. A la amenaza de ETA se había sumado, como en anteriores ocasiones, la izquierda proetarra, con constantes movilizaciones contra el proyecto que uniría por tren de alta velocidad las tres capitales vascas. Según fuentes policiales, el empresario asesinado, además, había recibido varias amenazas en los últimos años por no pagar el impuesto revolucionario.

Muchas veces se ha hablado de la indiferencia con la que la sociedad vasca ha tratado a las víctimas de ETA, pero en el caso del asesinato de Ignacio fue algo más que indiferencia. Sólo desde la óptica del miedo, que ha llevado a la anestesia de la sociedad, se puede entender que los amigos de Ignacio no suspendiesen su habitual partida de cartas. En una crónica de Miguel M. Ariztegi para El Mundo, acompañada con la foto del cadáver de Ignacio junto a otra de sus amigos jugando al tute, podíamos leer:

La cuadrilla no perdonó la partida de tute del miércoles. Dos balas impidieron que Ignacio, el más puntual de todos, se acomodara en su silla frente a la ventana y pidiese su café y su Farias. "Nunca traía mechero, así que si querías jugar con él tenías que traer fuego", comenta uno de sus habituales en una pausa. La cafetería Uranga se encuentra a 200 metros del lugar elegido por los asesinos para acabar con la vida de Ignacio, y el miércoles sus parroquianos continuaron con su rutina, con la única diferencia de que otro ocupó el lugar del asesinado (...)

El ambiente de la cafetería oscila entre la resignación y el sordo resentimiento, pero son pocos los que se atreven a significarse, y mucho menos a acompañar su opinión con un nombre que la respalde. "Estas cosas joden porque no sólo destrozan una vida y una familia, sino la convivencia de todo un pueblo, porque aquí nos conocemos todos y no va a haber dios que se fíe de nadie, y menos la familia", comenta un atrevido desde la barra. Nadie le contesta. Ni le dan la razón ni se la quitan (...)

"Hoy hemos empezado a jugar a las cuatro y media; antes hemos estado hablando de todo lo que ha pasado", comenta otro con las cartas en la mano, que previamente señalaba la silla donde se solía sentar el ausente. Será el miedo o será el manto de normalidad que cubre todo lo que termina por convertirse en habitual a fuerza de repetirse, pero ni siquiera sus compañeros de baraja se plantean los últimos porqués de la muerte de su amigo. Le recuerdan como si la muerte le hubiese sobrevenido por una catástrofe natural, o un fatal quiebro del destino (...)

En la televisión de plasma de una esquina -única concesión tecnológica del local-, el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, gesticula con semblante serio. El volumen está al mínimo y nadie le presta atención. Todos saben de sobra lo que ha ocurrido, pero no tienen ninguna intención de hablar de ello (...) (El Mundo, 4/12/2008).

El comité de empresa de Altuna y Uría no logró la condena unánime del asesinato, pues sólo siete de sus diez miembros, los del sindicato nacionalista ELA, rechazaron el crimen. Los tres miembros de LAB no apoyaron la condena. Sin embargo, al día siguiente del atentado cientos de trabajadores de la empresa se congregaron en la sede de Azpeitia bajo una pancarta de ELA que decía en euskera: "Porque somos nacionalistas y trabajadores, no estamos de acuerdo".

Ignacio Uría Mendizábal tenía 71 años, estaba casado con Manoli Aramendi y tenía cinco hijos, dos mujeres (María y Jaione) y tres varones (Íñigo, Iosu e Igor). Todos los que le conocían señalaron que era una persona con la que daba gusto convivir por su contagiosa alegría y buen humor, además de un incansable trabajador. Pese a su edad, seguía parcialmente activo en la empresa y se dedicaba por las mañanas a visitar personalmente las numerosas obras que esta compañía tenía adjudicadas en Guipúzcoa, departía con los jefes de obra y se interesaba y controlaba el estado de los trabajos.

La empresa fue fundada en los primeros años de la década de los 50 por su padre, Alejandro Uría, un albañil que "empezó de cero" y que procedía del caserío Azkune del barrio de Loyola, el mismo en el que se ubica la sede social de la compañía. Como señaló Luis Mendizábal, primo de Ignacio, el padre de la víctima, su tío Alejandro,

Era un hombre duro, enérgico y trabajador. Trabajo y más trabajo, lana eta lana, no había otro destino para aquellas personas que en el siglo pasado fueron capaces de dar un salto cualitativo tan fuerte como era pasar del mundo rural y baserritarra a la nueva sociedad industrial (El Correo, 4/12/2008).

Alejandro legó la empresa a sus tres hijos varones (Imanol, Ignacio y Luis Mari), aunque éstos compartían la propiedad con los tres hijos de Altuna, el socio de su padre. Veinte años antes del asesinato los tres hermanos Uría compraron su parte a los Altuna y se hicieron con el control total de la compañía, aunque no llegaron a cambiar la denominación, que continuó siendo Altuna y Uría. La empresa contaba en el momento del asesinato del empresario con casi cuatrocientos trabajadores en la plantilla.

Semanas después del atentado, en la Nochebuena de ese mismo año, la familia de Ignacio hizo público un comunicado en el que se leía:

Desde que nuestro marido y padre Inaxio no está con nosotros los días se nos hacen largos y las noches aún más. El 3 de diciembre ha quedado marcado con dolor y sufrimiento en el calendario de nuestras vidas. Los primeros días no teníamos fuerzas para decir nada y queremos agradecer a todos los que en aquellos duros días nos ofrecieron su ayuda y consuelo (...) Por ello, a todos, gracias de corazón. Por encima de todo, Inaxio, nuestro marido y padre, era una buena persona. Un hombre normal, humilde y trabajador. Siempre dispuesto a ayudar a quien lo necesitara. Nació y creció en el caserío Azkune donde, como todos los baserritarras, trabajó desde que era un niño junto con sus hermanos y hermanas. Poco a poco, entre todos consiguieron sacar adelante la empresa que fundó su padre y que hoy es reflejo de todos los esfuerzos y difíciles trances que tuvieron que superar (...) Inaxio amaba a Euskal Herria. Él se sentía vasco y nacionalista y así nos lo manifestaba. Pero al parecer, eso no le era suficiente para poder vivir en libertad en su tierra. Los mismos que dicen que están en contra de las imposiciones que sufre Euskal Herria, le han quitado a nuestro marido y padre su derecho a vivir con dos cobardes disparos. ¿Cómo se puede estar en contra de las imposiciones y luego imponer una muerte que no tiene vuelta atrás? ¿No es ésta una clara prueba de hipocresía? ¿Es ésta la Euskal Herria que queremos los vascos? Las preguntas se revuelven en nuestro interior. Preguntas sin respuesta. ETA, ¿por qué, para qué y en nombre de quién habéis asesinado a Inaxio? ¿Es así como vais a liberar a Euskal Herría? ¿Echando piedras contra nuestro propio tejado? La mejor respuesta que nos podéis dar a nosotros y a todos los que aman a Euskal Herria sería acabar con toda esta violencia. Que la muerte de Inaxio sea la última. Que ninguna otra familia tenga que padecer el dolor que sufrimos nosotros (...) También viven entre nosotros otros vascos que no han tenido la valentía de condenar este asesinato. Entre ellos, y sin ir más lejos, se encuentra el alcalde de Azpeitia y sus concejales, del mismo pueblo donde nacimos nosotros e Inaxio. Es muy grave que maten con dos disparos a un hijo de tu pueblo y no seas capaz ni de condenarlo. ¿Qué podemos decirles? Que ha llegado a Euskal Herria la hora de dejar atrás la cobardía; para todos, empezando desde los políticos hasta el ciudadano mas humilde. Poneos todos en nuestro lugar y tratad de encontrarle un sentido a todo esto. No lo vais a encontrar, porque no lo tiene. Ya es hora de que cada uno deje sus intereses particulares a un lado y que nos unamos todos. Ese será el mejor favor que podemos hacer a nuestro país. Ésa es la única manera para que todos podamos vivir en libertad. Aunque lo intentemos, no podemos entender cuál fue para los terroristas el mal que pudo haber hecho nuestro padre. ¿El haber participado en las obras del TAV? ¿El ser empresario? ¿Es ése el pecado que le ha condenado a morir? ¿Quién decide quiénes son los culpables en nuestro país? ¿Quién ha firmado la sentencia antes de celebrar el juicio?: ETA. El pueblo vasco ya ha sufrido con anterioridad la cruel represión fascista y ahora ETA está haciendo lo mismo. Con dos cobardes disparos deciden todo lo que afecta a Euskal Herria. ¿Para conseguir qué? Destrozar a una familia y para hundir más todavía a este pueblo. Nosotros no sabemos hacer política, no somos políticos. Ni somos ideólogos ni filósofos. Nuestras palabras no cambiarán este mundo pero no quisiéramos que la muerte de Inaxio sea un nombre más de una ya larga lista. La gente olvidará todo esto y el mundo seguirá girando, lo sabemos. Pero estamos seguros de que si cada uno hiciera, junto con nosotros, una pequeña reflexión, este pueblo sufriría un poco menos. Por último, nos queda decirles a aquellos que no condenan este asesinato que no sigan tratando de justificar lo injustificable en nombre de la libertad de nuestro pueblo.

Ignacio Uría Mendizábal fue la cuarta y última víctima mortal de la banda terrorista ETA del año 2008, tras el exconcejal socialista Isaías Carrasco, asesinado el 7 de marzo, dos días antes de las elecciones generales; el guardia civil Juan Manuel Piñuel Villalón, asesinado en Villarreal de Álava el 14 de mayo, y el brigada del Ejército de Tierra Luis Conde de la Cruz, asesinado en Santoña (Cantabria) el 22 de septiembre.

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La ETA asesina a Ignacio Uría en Azpeitia el 3.12.2008

Libertad Digital 3.12.2008

La ETA ha asesinado a un empresario en Azpeitia, localidad gipuzcoana gobernada por ANV. Se trata de Ignacio Uría, propietario de la empresa Altuna y Uría, una de las adjudicatarias de la Y vasca. Ha aparecido atado a un árbol el dueño del vehículo utilizado para huir, un Alfa Romeo hallado calcinado.

La banda terrorista ETA ha tiroteado en Azpeitia (Guipúzcoa) al empresario Ignacio Uría Mendizábal, de 71 años de edad, que ha fallecido poco después. Propietario de la empresa Altuna y Uria, estaba casado y tenía cinco hijos, algunos de los cuales se desplazaron al lugar del atentado nada más tener noticia de los disparos. El atentado ha ocurrido a la una y cinco de la tarde. Fue atendido por efectivos sanitarios de las ambulancias medicalizadas de la Ertzaintza por espacio de una hora sin que se le pudiera salvar la vida.

El cadáver va a ser trasladado esta tarde al Instituto de Medicina Legal de San Sebastián, donde se le practicará la autopsia. Según han informado a Efe fuentes de la funeraria encargada de su traslado, a las 15:35 horas se ha procedido a efectuar el levantamiento del cuerpo, que se encontraba desde las 13:00 horas en el aparcamiento de Azpeitia en el que se produjo el atentado. Una vez efectuadas las investigaciones policiales y judiciales, el médico forense ha ordenado levantar el cuerpo, que será conducido ahora hasta San Sebastián.   Ignacio Uría acababa de abandonar su domicilio cinco minutos antes del titoreo. Su esposa fue alertada por conocidos que le comunicaron que "algo" le había sucedido a su marido. No llevaba escolta en el momento de ser asaltado, residía en el municipio y era conocido por todos los vecinos.   Los dos autores del atentado huyeron del lugar en un turismo Alfa Romeo que no figura en las bases de datos policiales como robado, informaron a Europa Press fuentes próximas a la investigación. Uno de los dos terroristas disparó a Uría y el otro aguardó en el coche. Cuando el primero se subió en el asiento del copiloto, huyeron del lugar a la carrera. La Policía ya ha localizado al dueño del vehículo robado por los terroristas, que ha aparecido atado a unos 25 kilómetros de la localidad.Cerca también ha aparecido calcinado el Alfa Romeo robado. Según esto, los terroristas habrían sustraido el vehículo dejando atado a su dueño. Desde el Alto de Itziar se desplazaron a Azpeitia, cometieron el atentado y regresaron al Alto de Itziar, donde antes habían dejado otro vehículo con el que continuaron la huida.   Concretamente, el terrorista ejecutor efectuó al menos dos disparos que han alcanzado al empresario en la frente y en el pecho.   Por su parte, fuentes de la Policía Local del municipio consultadas por Libertad Digital confirman que la zona sigue acordonada y que se están recogiendo detalles del atentado. Los hechos han ocurrido en el aparcamiento de un restaurante cercano a la plaza Ignacio de Loyola de la localidad guipuzcoana.

El Ayuntamiento de Azpeitia está gobernado por Iñaki Errazkin ANV, aunque el PNV fue la fuerza más votada, merced a un pacto de los proterras con EA.   El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, está en contacto permanente con el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, para analizar todos los detalles del atentado de Azpeitia y ha suspendido los actos que tenía previsto participar mañana, jueves, en el País Vasco, entre ellos uno con los agentes sociales.

Fuentes socialistas han informado de la suspensión de los actos previstos, en los que iba a dar su apoyo al candidato socialista a lehendakari, Patxi López.

Zapatero iba a reunirse primero con empresarios y representantes sindicales para, después, desplazarse hasta el polígono industrial de Zamudio y realizar una visita a la empresa Ingeteam, dedicada a las nuevas tecnologías. Más tarde, a puerta cerrada, iba a comer con alcaldes y concejales socialistas del País Vasco.

Las fuentes citadas han remitido al Palacio de la Moncloa ante la posibilidad de que Zapatero pueda desplazarse en cualquier caso mañana al País Vasco con motivo del atentado.   Por su parte, los grupos parlamentarios del Congreso están preparando una reunión, que presumiblemente se celebrará el jueves, para expresar, de forma unitaria, la repulsa de todas las fuerzas políticas al atentado terrorista.   Largo historial de ataques etarras   La empresa Altuna y Uría es una de las más importantes del sector en el País Vasco y sufre un largo historial de ataques etarras contra sus equipos. La banda siempre ha querido boicotear la construcción de la llamada Y vasca que une las tres provincias.   La construcción de la denominada "Y" ferroviaria vasca se ha convertido en los últimos años en uno de los objetivos prioritarios de ETA, que ha atentado en repetidas ocasiones contra empresas adjudicatarias de las obras, entre ellas, la propia Altuna y Uría, de la que era propietario Ignacio Uría.

De hecho, en uno de sus últimos comunicados del pasado 16 de agosto, la banda terrorista calificaba al Tren de Alta Velocidad de un proyecto "ajeno a los intereses de Euskal Herria".

El lehendakari ha mostrado su condena por el asesinato de Uría Mendizábal, del que ha dicho que era un "hijo de este pueblo" y "bueno como un padre". Ibarretxe ha destacado la valentía de los empresarios del País Vasco.

"Uría era un hijo de este pueblo, una persona normal, un trabajador normal, bueno como un padre", dijo Juan José Ibarretxe, que lanzó un paternalista mensaje a ETA: "No se puede matar, no se puede".

El lehendakari envió un mensaje de solidaridad a los empresarios vascos, a los que dijo "os queremos, os necesitamos, vuestro carácter emprendedor, vuestras empresas, y cuando más os necesitamos viene ETA a asesinar a uno de los vuestros, uno de los nuestros".

"Ser empresario en este país es desarrollar una tarea de valientes". Ibarretxe pidió a lso medios de comunicación discreción con el tema de la seguridad. "El tema de la seguridad de los amenazados requiere un cuidado extraordinario y un tratamiento y cooperación extraordinario. Las instituciones vascas nos vamos dejar la piel en la defensa hasta donde podamos de todas personas amenazadas, específicamente de los empresarios", señaló.

Dijo sobre ETA que "esto se va a acabar, se tiene que acabar. ¿Cómo no se va a poder acabar con ello?. Tenemos que construir la paz, perseguir, condenar, detener a los etarras y juzgarles pero además tenemos el compromiso de construir la paz. La paz es la mejor inversión".

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