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La tristeza y la alegría según Dios

«Buscad sobre todo el reino de Dios y su justicia; y todo esto se os dará por añadidura. Por tanto, no os agobiéis por el mañana, porque el mañana traerá su propio agobio. A cada día le basta su desgracia». (Mt 6,33-34).

Lectura del evangelio de la misa del 19.06.2021 en la traducción oficial de la Biblia de la CEE. En la de la Biblia de Jerusalén dice: "Cada día tiene bastante con su propio mal". Bover traduce: "Bástale a cada día su propia malicia". La Biblia de Navarra de EUNSA traduce: "No os preocupéis por el mañana, porque el mañana traerá su propia preocupación. A cada día le basta su contrariedad". La King James traduce: "Take therefore no thought for the morrow: for the morrow shall take thought for the things of itself. Sufficient unto the day is the evil thereof". La Vulgata: "Nolite ergo esse solliciti in crastinum, crastinus enim dies sollicitus erit sibi ipse; sufficit diei malitia sua". Etc.

Y es que estar alegres no depende de que no nos vengan esaborisiones, que Dios envía como la poda que anunció Jesús, el Verbo hecho carne, (Jn 15,1-2). Él no dijo que nos predicaran un cristianismo dulcito y blandito de transitar por este valle de risas y no de lágrimas, por un camino de rosas frescas (sin espinas), sin mortificación y sin cruz, y que prolongaran así la creencia judaizante de que, si nos portamos bien y cumplimos, nos va a ir todo bien individual y colectivamente; sin flagelación, sin corona de espinas, sin cargar con la cruz por el camino del Calvario, ni ser vencidos a cada paso por su peso y mucho menos crucificados y muertos por disnea, en el abandono y el rechazo, con la noche negra en el alma.

Como siguen con la matraca de que lo que pasa es que es un llorón el que se lamenta de malas acciones, situaciones y desgracias, hacen llegar a sus discípulos que eso de llorar es malo y que no ocurre nada malo, sino que el que lo dice es un llorón; pero, como esos discípulos ven que Jesús, el Verbo hecho carne, dijo: "bienaventurados los que lloran" (Mt 5,5), tratan de arreglarlo improvisando doctrinas.

Pero encuentran que Jesús lloró. Así su llanto sobre Jerusalén, al prever la ruina de su patria.

"Al acercarse y ver la ciudad, lloró por ella" (Lc 19,41)

Así sus lágrimas ante el fallecimiento de su amigo Lázaro.

"Jesús se echó a llorar" (Jn 11,35)

Y su tristeza en Getsemaní:

"Comenzó a sentir tristeza y angustia. Entonces les dice: «Mi alma está triste hasta el punto de morir»" (Mt 26,37-38).

«Mi alma está triste hasta el punto de morir»" (Mc 14,34-38).

Etc

Lamentar malas acciones, situaciones y desgracias no quita la alegría, si obramos movidos por la gracia que Dios otorga de alegrarnos de tener algo para ofrecerle a Él, en vez de resistirnos a esa gracia.

Bien, si es por desacreditar a un posible competidor, no hay problema. No tiene subjecto para competir; se ha quitado y se quita de en medio. Y da gratis lo que recibe gratis, con "las armas de la justicia: las de la derecha y las de la izquierda; en gloria e ignominia, en calumnia y en buena fama" (2 Cor 6,7-8).

Por de pronto, la distinción fundamental y básica de siempre, porque tenemos que vivir según Dios y no según nosotros; no vivir como si Dios no existiera, como quiere Satanás, ni en la alegría, ni en la tristeza:

"La tristeza según Dios produce firme arrepentimiento para la salvación; mas la tristeza del mundo produce la muerte" (2 Cor 7,10).

Y ante las esaborisiones de la poda:

"Los que lloran [vivan] como si no llorasen" (1 Cor 7,30).

Es más, debemos estar felices de padecer, porque así nos parecemos un poquito al que tanto padeció por nosotros y por tener algo que ofrecer, según enseña santa Teresa del Niño Jesús:

"Como tristes, pero siempre alegres" (2 Cor 6,10).

Dado que gozamos de la misericordia divina expresada y emanada del Corazón de Jesús, sólo nos puede suceder una cosa buena u otra mejor respecto a las esaborisiones; la buena es que Él nos preserva continuamente de muchas de ellas; la mejor es que a veces no nos preserva de alguna que otra, porque así tenemos algo que ofrecerle al que padeció tanto por nosotros; y debemos alegrarnos de ello.

Además de la la poda que anunció en el Evangelio Jesús, el Verbo hecho carne, (Jn 15,1-2), Dios nos envía correctivos para que nos corrijamos y para que nos apeguemos más a Él. Y estas limitadas desgracias son signo de predilección y sus correctivos, manifestación de su paternidad:

"Yo a los que amo, los reprendo y corrijo" (Ap 3,19).

"A quien ama el Señor, le corrige" (Hbr 12,6).

"Al ser castigados, somos corregidos por el Señor, para que no seamos condenados con el mundo" (1Cor 11,32).

"Dichoso el hombre a quien corriges tú, Yahveh, a quien instruyes por tu ley" (Sal 94,12).

"Hijo mío, no menosprecies la corrección del Señor; ni te desanimes al ser reprendido por Él" (Hbr 12,5)

"Sufrís para corrección vuestra. Como a hijos os trata Dios, y ¿qué hijo hay a quien su padre no corrige? (Hbr 12,7)

"No desdeñes, hijo mío, la instrucción de Yahveh, no te dé fastidio su reprensión, porque Yahveh reprende a aquel que ama, como un padre al hijo querido".
(Pr 3,11-12).

"¡Oh sí, feliz el hombre a quien corrige Dios!" (Jb 5,17).

Son correctivos limitados. La justicia de Dios constata lo que nos merecemos, como los súbditos que en la parábola de Jesús rechazaban a su rey y éste cuando consigue afianzarse en el trono ordena que les corten la cabeza:

«"Pero a aquellos enemigos míos, los que no quisieron que yo reinara sobre ellos, traedlos aquí y matadlos delante de mí"»
(Lc 19,27).

Esto en la parábola, porque en la realidad verdadera prevalece la misericordia de Dios y así no nos da nuestro merecido:

«Yo había pecado y torcido el derecho, mas Dios no me ha dado el merecido» (Jb 33,27)

Hablando desde la fe, el papa Benedicto XVI fundamentaba así la esperanza segura de la situación de tesis católica en el reino de Cristo en plenitud, implantado por Él mismo:

"No obstante las oscuridades, al final vencerá Él, como luminosamente muestra el Apocalipsis mediante sus imágenes sobrecogedoras". (Benedicto XVI, Encíclica Deus Caritas est, 39).

Por consiguiente, parece ser que vamos de derrota en derrota*, hasta la victoria final**
*nuestra **de Jesús, el Verbo hecho carne

Los dos extremos, sí. Confianza total en Dios y desconfianza total en uno mismo

O dicho de otra manera:

Suceda lo que suceda, el Corazón de Jesús triunfará
Beata Mercedes Prat monja de la Compañía de Santa Teresa de Jesús de las teresianas. Mártir. Beatificada el 29.04.1990

Y Dios dice por lo que hay que lamentarse y llorar "como se llora", por la gracia:

«Aquel día ... derramaré sobre la casa de David y sobre los habitantes de Jerusalén un espíritu de gracia y de oración; y mirarán hacia mí. En cuanto a aquél a quien traspasaron, harán lamentación por Él como lamentación por hijo único, y le llorarán amargamente como se llora amargamente a un primogénito». (Za 12, 9-10).

Jesús, el Verbo hecho carne, lo que dijo es que nos dieran y que diéramos la Buena Noticia.

Y somos muy felices y estamos muy contentos porque está anunciada, como una profecía incondicionada y absoluta, la implantación universal en todas las almas y en todas las naciones del Reinado del Sagrado Corazón de Jesús, el Verbo hecho carne, y la previa destrucción del catastrófico sistema anticristiano actual, tras su próxima dominación total.

Los padecimientos de Jesús, el Vebo hecho carne, por nosotros

Sufrimientos espirituales de Jesús, el Verbo hecho carne

No hay que culpabilizar a los que sufren desgracias y a quienes tienen hijos que han obrado mal

Aún no se ha cumplido la Buena Noticia, pero se cumplirá