. ..... ... . . . ............Santa Teresa del Niño Jesús y el misterio del Corazón de Cristo, por Jesús Solano, S.I....HISTORIA DE UN ALMA...Textos ....INDEX.

«No seáis niños en juicio. Sed niños en malicia, pero hombres maduros en juicio».
(I Corintios 14,20)

Textos de santa Teresa de Lisieux

“Pide mucho al Sagrado Corazón. Tú sabes que yo no veo el Sagrado Corazón como todo el mundo. Pienso que el Corazón de mi Esposo es para mí sola, como el mío es para Él solo, y le hablo entonces en la soledad de este delicioso corazón a corazón esperando contemplarlo un día cara a cara” (Carta 122 a Celina, con ocasión del viaje de ésta a Paray-le-Manial, 14 octubre 1890).

“Quiero trabajar por vuestro solo Amor, con el único objeto de agradaros, de consolar a vuestro Sagrado Corazón y de salvar las almas que os amarán eternamente” (Acto de ofrenda al amor misericordioso).

"Desde hacía mucho tiempo, Jesús y la pobre Teresita se habían mirado y se habían comprendido... Aquel día no fue ya una mirada, sino una fusión. Ya no eran dos: Teresa había desaparecido como la gota de agua que se pierde en medio del océano. Sólo quedaba Jesús, él era el dueño, el rey. ¿No le había pedido Teresa que le quitara su libertad, pues su libertad le daba miedo? ¡Se sentía tan débil, tan frágil, que quería unirse para siempre a la Fuerza divina...!" (El día de su Primera Comunión. En Historia de un Alma, Manuscrito A, 35 r).

"Todo está ordenado al bien de cada alma" (Historia de un Alma, Manuscrito A, 3r).

"La santidad consiste en la disposición del corazón” (Santa Teresa de Lisieux)

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Yo no pensaba entonces [a los nueve años] que para llegar a la santidad había que sufrir mucho. Dios no tardó en mostrármelo, enviándome las pruebas que he contado
(Historia de un Alma, Manuscrito A, 32r).

Sentí nacer en mi corazón un gran deseo de sufrir, y, al mismo tiempo, la íntima convicción que Jesús me tenía reservado un gran número de cruces...
Hasta entonces, había sufrido sin amar el sufrimiento; a partir de ese día, sentí por él un verdadero amor (Historia de un Alma, Manuscrito A, 36r-36v).

Aquel día recibí la fortaleza para sufrir, ya que pronto iba a comenzar el martirio de mi alma... (El día de su Confirmación. En Historia de un Alma, Manuscrito A, 36v).

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Las profundas palabras de Nuestro Señor a Simón resuenan con gran dulzura en mi alma... Lo sé muy bien: «Al que poco se le perdona, poco ama». Pero sé también que a mí Jesús me ha perdonado mucho más que a santa María Magdalena, pues me ha perdonado por adelantado, impidiéndome caer (Historia de un Alma, Manuscrito A, 37v).

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Veo que todo es vanidad y aflicción de espíritu bajo el sol..., y que el único bien que vale la pena es amar a Dios con todo el corazón y ser pobres de espíritu aquí en la tierra... (Historia de un Alma, Manuscrito A, 32r).

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Yo lo escojo todo

«Cuando se ofreció ante mis ojos el horizonte de la perfección, comprendí que para ser santa había que sufrir mucho, buscar siempre lo más perfecto y olvidarse de sí misma. Comprendí que en la perfección había muchos grados, y que cada alma era libre de responder a las invitaciones del Señor y de hacer poco o mucho por él, en una palabra, de escoger entre los sacrificios que él nos pide. Entonces, como en los días de mi niñez, exclamé: «Dios mío, yo lo escojo todo. No quiero ser santa a medias, no me asusta sufrir por ti, sólo me asusta una cosa: conservar mi voluntad. Tómala, ¡pues "yo escojo todo" lo que tú quieres...!» (Historia de un Alma, Manuscrito A, 10r, 10v).

 

 

Sobre todo y por encima de todo, amado Salvador mío, quisiera derramar por ti hasta la última gota de mi sangre...
¡El martirio! ¡El sueño de mi juventud! Un sueño que ha ido creciendo conmigo en los claustros del Carmelo... Pero siento que también este sueño mío es una locura, pues no puedo limitarme a desear una sola clase de martirio... Para quedar satisfecha, tendría que sufrirlos todos...
Como tú, adorado Esposo mío, quisiera ser flagelada y crucificada... Quisiera morir desollada, como san Bartolomé... Quisiera ser sumergida, como san Juan, en aceite hirviendo... Quisiera sufrir todos los suplicios infligidos a los mártires... Con santa Inés y santa Cecilia, quisiera presentar mi cuello a la espada, y como Juana de Arco, mi hermana querida, quisiera susurrar tu nombre en la hoguera, Jesús... Al pensar en los tormentos que serán el lote de los cristianos en tiempos del anticristo, siento que mi corazón se estremece de alegría y quisiera que esos tormentos estuviesen reservados para mí... Jesús, Jesús, si quisiera poner por escrito todos mis deseos, necesitaría que me prestaras tu libro de la vida, donde están consignadas las hazañas de todos los santos, y todas esas hazañas quisiera realizarlas yo por ti (Historia de un Alma, Manuscrito B, 30r).

 

"La oración y el sacrificio son mis armas invencibles; constituyen todas mis fuerzas, y sé por experiencia que conmueven los corazones más que las palabras".
(
Santa Teresa de Lisieux)

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Para llegar a la santidad había que sufrir mucho. Dios no tardó en mostrármelo (Historia de un Alma, Manuscrito A, 32rº).

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He sufrido mucho desde que estoy en la tierra. Pero si en mi niñez sufría con tristeza, ahora ya no sufro así: lo hago con alegría y con paz, soy realmente feliz de sufrir (Historia de un Alma, Manuscrito C, 4vº).

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¡Qué bueno es el Señor...! El acompasa siempre sus pruebas a las fuerzas que nos da (Historia de un Alma, Manuscrito A, 21rº)

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La enfermedad que me aquejó provenía, ciertamente, del demonio. Furioso por tu entrada en el Carmelo, quiso vengarse en mí del daño que nuestra familia iba a causarle en el futuro. (Historia de un Alma, Manuscrito A, 27r).

No sé cómo describir una enfermedad tan extraña. Hoy estoy convencidade que fue obra del demonio (Historia de un Alma, Manuscrito A, 28v).

Parecía estar en un continuo delirio, diciendo palabras que no tenían sentido, y sin embargo estoy segura de que no perdí ni un solo instante el uso de la razón... (Historia de un Alma, Manuscrito A, 28v).

Pienso que el demonio había recibido un poder exterior sobre mí, pero [29rº] que no podía acercarse a mi alma ni a mi espíritu, a no ser para inspirarme grandísimos terrores a ciertas cosas, por ejemplo a las medicinas sencillísimas que intentaban en vano hacerme tomar... Dios permitía al demonio acercarse a mí (Historia de un Alma, Manuscrito A, 29r).

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He observado que Jesús no quiere probar a sus hijas en el día de sus esponsales, esta fiesta debe ser una fiesta sin nubes, un anticipo de las alegrías del paraíso. (Historia de un Alma, Manuscrito A, 27v).

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Fue el 25 de diciembre de 1886 cuando... sentí la necesidad de olvidarme de mí misma para dar gusto a los demás, ¡y desde entonces fui feliz...! (Historia de un Alma, Manuscrito A, 45v)

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Gracias a Dios, tendré el cielo para resarcirme. Mi Esposo es enormemente rico, y yo meteré la mano en sus tesoros de amor para poder devolveros centuplicado todo lo que sufristeis por causa mía... (Historia de un Alma, Manuscrito A, 29r).

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Sentía que vale más hablar con Dios que hablar de Dios (Historia de un Alma, Manuscrito A, 41rº).

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¡Pobres mujeres! ¡Qué despreciadas son...! Sin embargo, ellas aman a Dios en número mucho mayor que los hombres, y durante la pasión de Nuestro Señor las mujeres tuvieron más valor que los apóstoles, pues desafiaron los insultos de los soldados y se atrevieron en enjugar la Faz adorable de Jesús... Seguramente por eso él permite que el desprecio sea su lote en la tierra, ya que lo escogió también para sí mismo... En el cielo demostrará claramente que sus pensamientos no son los de los hombres, pues entonces los últimos serán los primeros... (Historia de un Alma, Manuscrito A, 66vº)

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Lo entiendo, Señor. Cuando un alma se ha dejado fascinar por el perfume embriagador de tus perfumes, ya no puede correr sola, todas las almas que ama se ven arrastradas tras de ella [Ms C, folio 34rº]. [Como en el Evangelio: "Creyó él y toda su casa" (Jn 4,53)]. [Sta Teresita cita libremente Jn 17, 4 y sig; y concluye con estas palabras de Jesús: "Padre, los que tú me has dado, quiero que donde yo esté estén también conmigo" (Jn 17,24)]. Sí, Señor, esto es lo que yo quisiera repetir contigo antes de volar a tus brazos. ¿Es tal vez una temeridad? No, no. Hace ya mucho tiempo que tú me has permitido ser audaz contigo. Como el padre del hijo pródigo cuando hablaba con su hijo mayor, tú me dijiste: «Todo lo mío es tuyo». Por tanto, tus palabras son mías, y yo puedo servirme de ellas para atraer sobre las almas que están unidas a mí las gracias del Padre celestial... Quiero simplemente pedir que un día nos veamos todos reunidos en tu hermoso cielo [Historia de un Alma, Manuscrito C, folio 34vº].

«Nadie puede venir a mí, dice Jesús, si no lo trae mi Padre que me ha enviado» [Jn 6,44]. Y a continuación, con parábolas sublimes -y muchas veces incluso sin servirse de este medio, tan familiar para el pueblo-, Él nos enseña que basta llamar para que nos abran, buscar para encontrar, y tender humildemente la mano para recibir lo que pedimos... Dice también que todo lo que pidamos al Padre en su nombre nos lo concederá [Mt 7,8] [Historia de un Alma, Manuscrito C, folio 35vº].

He aquí mi oración, yo pido a Jesús que me atraiga a las llamas de su amor, que me una tan íntimamente a Él que sea Él quien viva y quien actúe en mí. Siento que cuanto más abrase mi corazón el fuego del amor, con mayor fuerza diré «Atráeme»; y que cuanto más se acerquen las almas a mí (pobre pequeño despojo de hierro inútil, si me alejase de la hoguera divina), más ligeras correrán tras los perfumes de su Amado [Historia de un Alma, Manuscrito C, folio 36rº].

De izquierda a derecha, Celine, Marie, Pauline y Léonie, las cuatro hermanas de Santa Teresita, reunidas en 1915 para testificar en el proceso sobre su hermana

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Debería entristecerme por dormirme (¡después de siete años!) en la oración y durante la acción de gracias. Pues bien, no me entristezco... Pienso que los niños agradan tanto a sus padres mientras duermen como cuando están despiertos; pienso que los médicos, para hacer las operaciones, (Historia de un Alma, Manuscrito A, 76rº) duermen a los enfermos. En una palabra, pienso que «el Señor conoce nuestra masa, se acuerda de que no somos más que polvo».

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Todo esto no impide que las distracciones y el sueño vengan a visitarme. Pero al terminar la acción de gracias y ver que la he hecho tan mal, tomo la resolución de vivir todo el día en una continua acción de gracias... Dios está muy lejos de llevarme por el camino del temor. Sé encontrar siempre la forma de ser feliz y de aprovecharme de mis miserias... Y estoy segura de que eso no le disgusta a Jesús, pues él mismo parece animarme a seguir por ese camino... (Historia de un Alma, Manuscrito A, 80rº)

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La verdadera sabiduría consiste en «querer ser ignorada y tenida en nada», en «cifrar la propia alegría en el desprecio de sí mismo» (Historia de un Alma, Manuscrito A, 71rº).

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Él me ha amado a mí, con un amor de admirable prevención, para que ahora yo le ame a él ¡con locura...! (Historia de un Alma, Manuscrito A, 39rº).

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Ahora no tengo ya ningún deseo, a no ser el de amar a Jesús con locura... (Historia de un Alma, Manuscrito A, 83vº).

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Me parece que si todas las criaturas gozasen de las mismas gracias que yo, nadie le tendría miedo a Dios sino que todos le amarían con locura. (Historia de un Alma, Manuscrito A, 83vº).

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Jesús, déjame que te diga, en el exceso de mi gratitud, déjame, sí, que te diga que tu amor llega hasta la locura... ¿Cómo quieres que, ante esa locura, mi corazón no se lance hacia ti? ¿Cómo va a conocer límites mi confianza...? (Historia de un Alma, Manuscrito B, 5vº)

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Siento la vocación de guerrero ...Siento en mi alma el valor de un cruzado, de un zuavo pontificio. Quisiera morir por la defensa de la Iglesia en un campo de batalla... (Historia de un Alma, Manuscrito B, 2vº)

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Como Juana de Arco, mi hermana querida, quisiera susurrar tu nombre en la hoguera (Historia de un Alma, Manuscrito B, 3rº)

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Sigues viviendo en este valle de lágrimas, escondido bajo las apariencias de una blanca hostia... (Historia de un Alma, Manuscrito B, 5vº)

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Quiero buscar la forma de ir al cielo por un caminito muy recto y muy corto, por un caminito totalmente nuevo (Historia de un Alma, Manuscrito C, 2vº).

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El que sea pequeñito, que venga a mí.

Y entonces fui (Historia de un Alma, Manuscrito C, 3rº).

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Os llevaré en mis brazos y sobre mis rodillas os meceré... ¡El ascensor que ha de elevarme hasta el cielo son tus brazos, Jesús! (Historia de un Alma, Manuscrito C, 3rº).

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Tú, Dios mío, has rebasado mi esperanza, y yo quiero cantar tus misericordias: «Me instruiste desde mi juventud, y hasta hoy relato tus maravillas, y las seguiré publicando hasta mi edad más avanzada».
Sal. LXX. (Historia de un Alma, Manuscrito C, 3rº).

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«Os voy a mostrar un camino inigualable». Y el apóstol va explicando cómo los mejores carismas nada son sin el amor... Y que la caridad es ese camino inigualable que conduce a Dios con total seguridad.
(Historia de un Alma, Manuscrito B, 3vº)

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He encontrado mi puesto en la Iglesia, y ese puesto, Dios mío, eres tú quien me lo ha dado... En el corazón de la Iglesia, mi Madre, yo seré el amor... Así lo seré todo... (Historia de un Alma, Manuscrito B, 3vº)

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el amor me ha escogido a mí, débil e imperfecta criatura, como holocausto... (Historia de un Alma, Manuscrito B, 3vº)

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Comprendí que sólo el amor podía hacer actuar a los miembros de la Iglesia; que si el amor llegaba a apagarse, los apóstoles ya no anunciarían el Evangelio y los mártires se negarían a derramar su sangre... (Historia de un Alma, Manuscrito B, 3vº)

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Pero, sobre todo y por encima de todo, amado Salvador mío, quisiera derramar por ti hasta la última gota de mi sangre...

¡El martirio! ¡El sueño de mi juventud! Un sueño que ha ido creciendo conmigo en los claustros del Carmelo... Pero siento que también este sueño mío es una locura, pues no puedo limitarme a desear una sola clase de martirio... Para quedar satisfecha, tendría que sufrirlos todos...

Como tú, adorado Esposo mío, quisiera ser flagelada y crucificada... Quisiera morir desollada, como san Bartolomé... Quisiera ser sumergida, como san Juan, en aceite hirviendo... Quisiera sufrir todos los suplicios infligidos a los mártires... Con santa Inés y santa Cecilia, quisiera presentar mi cuello a la espada, y como Juana de Arco, mi hermana querida, quisiera susurrar tu nombre en la hoguera, Jesús... Al pensar en los tormentos que serán el lote de los cristianos en tiempos del anticristo, siento que mi corazón se estremece de alegría y quisiera que esos tormentos estuviesen reservados para mí... (Historia de un Alma, Manuscrito B, 3vº)

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La caridad me dio la clave de mi vocación. Comprendí que si la Iglesia tenía un cuerpo, compuesto de diferentes miembros, no podía faltarle el más necesario, el más noble de todos ellos. Comprendí que la Iglesia tenía un corazón, y que ese corazón estaba ARDIENDO de AMOR.

Comprendí que sólo el amor podía hacer actuar a los miembros de la Iglesia; que si el amor llegaba a apagarse, los apóstoles ya no anunciarían el Evangelio y los mártires se negarían a derramar su sangre..

Comprendí que ¡el AMOR ENCERRABA EN SÍ TODAS LAS VOCACIONES, QUE EL AMOR LO ERA TODO, QUE EL AMOR ABARCABA TODOS LOS TIEMPOS Y LUGARES... EN UNA PALABRA, QUE ES ETERNO!...

Entonces, al borde de mi alegría delirante, exclamé: ¡Jesús, amor mío..., al fin he encontrado mi vocación! ¡MI VOCACIÓN ES EL AMOR!...

Sí, he encontrado mi puesto en la Iglesia, y ese puesto, Dios mío, eres tú quien me lo ha dado... En el corazón de la Iglesia, mi Madre, yo seré el amor... Así lo seré todo... ¡¡¡Así mi sueño se verá hecho realidad!!!...

¿Por qué hablar de alegría delirante? No, no es ésta la expresión justa. Es, más bien, la paz tranquila y serena del navegante al divisar el faro que ha de conducirle al puerto... ¡Oh, faro luminoso del amor, yo sé cómo llegar hasta ti! He encontrado el secreto para apropiarme tu llama. (Historia de un Alma, Manuscrito B, 3vº) [p 226].

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La Iglesia es Reina, pues es tu Esposa, oh, divino Rey de reyes... (Historia de un Alma, Manuscrito B, 4rº)

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Sí, Amado mío, así es como se consumirá mi vida... No tengo otra forma de demostrarte mi amor que arrojando flores, es decir, no dejando escapar ningún pequeño sacrificio, ni una sola mirada, [4vº] ni una sola palabra, aprovechando hasta las más pequeñas cosas y haciéndolas por amor...

Quiero sufrir por amor, y hasta gozar por amor. Así arrojaré flores delante de tu trono. No encontraré ni una sola en mi camino que no deshoje para ti. Y además, al arrojar mis flores, cantaré (¿puede alguien llorar mientras realiza una acción tan alegre?), cantaré aun cuando tenga que coger las flores entre las espinas, y tanto más melodioso será mi canto, cuanto más largas y punzantes sean las espinas. (Historia de un Alma, Manuscrito B, 4rº-4vº)

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Yo no soy un águila, sólo tengo de águila los ojos y el corazón, pues, a pesar de mi extrema pequeñez, me atrevo a mirar fijamente al Sol divino, al Sol del Amor, y mi corazón siente en sí todas las [5rº] aspiraciones del águila...

(Historia de un Alma, Manuscrito B, 4vº-5rº)

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Y si oscuras nubes llegaran a ocultarle el Astro del amor, el pajarito no cambiará de lugar: sabe que más allá de las nubes su Sol sigue brillando y que su resplandor no puede eclipsarse ni un instante.

Es cierto que, a veces, el corazón del pajarito se ve embestido por la tormenta, y no le parece que pueda existir otra cosa que las nubes que lo rodean. Esa es la hora de la alegría perfecta para ese pobre y débil ser. ¡Qué dicha para él seguir allí, a pesar de todo, mirando fijamente a la luz invisible que se oculta a su fe!... (Historia de un Alma, Manuscrito B, 5rº)

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Jesús, déjame que te diga, en el exceso de mi gratitud, déjame, sí, que te diga que tu amor llega hasta la locura... ¿Cómo quieres que, ante esa locura, mi corazón no se lance hacia ti? ¿Cómo va a conocer límites mi confianza?...

(Historia de un Alma, Manuscrito B, 5vº)

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Te suplico que hagas descender tu mirada divina sobre un gran número de almas pequeñas... ¡Te suplico que escojas una legión de pequeñas víctimas dignas de tu AMOR!... (Historia de un Alma, Manuscrito B, 5vº)

La insignificante sor Teresa del Niño Jesús de la Sta. Faz, rel. carm. ind.

Fin del Manuscrito B

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Hasta tanto que su pequeño cáliz no estuvo lo suficientemente lleno del rocío de la humillación, se vio privada del agua de las alabanzas. Ahora ya no existe ese peligro; al contrario, a la florecita le parece tan delicioso el rocío que la llena, que no lo cambiaría por el agua insípida de los halagos. (Historia de un Alma, Manuscrito C, 2rº)

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Dios no puede inspirar deseos irrealizables, por lo tanto, a pesar de mi pequeñez, puedo aspirar a la santidad. Agrandarme es imposible; tendré que soportarme tal cual soy, con todas mis imperfecciones. Pero quiero buscar la forma de ir al cielo por un caminito muy recto y muy corto, por un caminito totalmente nuevo. Estamos en un siglo de inventos. Ahora no hay que tomarse ya el trabajo de subir los peldaños de una escalera: en las casas de los ricos, un ascensor la suple ventajosamente. Yo quisiera también encontrar un ascensor para elevarme hasta Jesús, pues soy demasiado pequeña para subir la dura escalera de la perfección. Entonces busqué en los Libros Sagrados algún indicio del ascensor, objeto de mi deseo, y leí estas palabras salidas de la boca de la Sabiduría eterna: El que sea PEQUEÑITO, que venga a mí [Prov 9,4]. Y entonces fui, adivinando que había encontrado lo que buscaba. Y queriendo saber, Dios mío, lo que harías con el pequeñito que responda a tu llamada, continué mi búsqueda, y he aquí lo que encontré: Como una madre acaricia a su hijo, así os consolaré yo; os llevaré en mis brazos y sobre mis rodillas os meceré [Is 66,13,12]. Nunca palabras más tiernas ni más melodiosas alegraron mi alma ¡El ascensor que ha de elevarme hasta el cielo son tus brazos, Jesús! Y para eso, no necesito crecer; al contrario, tengo que seguir siendo pequeña, tengo que empequeñecerme más y más. Tú, Dios mío, has rebasado mi esperanza, y yo quiero cantar tus misericordias: «Me instruiste desde mi juventud, y hasta hoy relato tus maravillas, y las seguiré publicando hasta mi edad más avanzada». Sal LXX [17-18]
(Historia de un Alma, Manuscrito C, 2vº-3rº)

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Ésta es la vocación del Carmelo... el único fin de nuestras oraciones y de nuestros sacrificios es ser apóstoles de apóstoles, rezando por ellos mientras ellos evangelizan a las almas (Historia de un Alma, Manuscrito A, 56rº)

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«He venido para salvar almas, y, sobre todo, para orar por los sacerdotes» (Historia de un Alma, Manuscrito A, 69vº).

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¡Pobres mujeres! ¡Qué despreciadas son...! Sin embargo, ellas aman a Dios en número mucho mayor que los hombres, y durante la pasión de Nuestro Señor las mujeres tuvieron más valor que los apóstoles, pues desafiaron los insultos de los soldados y se atrevieron en enjugar la Faz adorable de Jesús... Seguramente por eso él permite que el desprecio sea su lote en la tierra, ya que lo escogió también para sí mismo... En el cielo demostrará claramente que sus pensamientos no son los de los hombres, pues entonces los últimos serán los primeros... (Historia de un Alma, Manuscrito A, 66rº).

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Yo no podía darle ya [57rº] otro nombre que el de «mamá», que me parecía mucho más tierno que el de Madre... (Historia de un Alma, Manuscrito A)

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El esplendor de la rosa y la blancura del lirio no le quitan a la humilde violeta su perfume ni a la margarita su encantadora sencillez... Comprendí que si todas las flores quisieran ser rosas, la naturaleza perdería su gala primaveral y los campos ya no se verían esmaltados de florecillas... Eso mismo sucede en el mundo de las almas, que es el jardín de Jesús. El ha querido crear grandes santos, que pueden compararse a los lirios y a las rosas; pero ha creado también otros más pequeños, y éstos han de conformarse con ser margaritas o violetas destinadas a recrear los ojos de Dios cuando mira a sus pies. La perfección consiste en hacer su voluntad, en ser lo que él quiere que seamos... (Historia de un Alma, Manuscrito A, )

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“Te pido, Dios mío, que Tú mismo seas mi santidad” (Historia de un Alma, Manuscrito A, )

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Pensaba en las almas que se ofrecen como víctimas de la justicia de Dios a fin de desviar y atraer sobre sí los castigos reservados a los culpables. Esta ofrenda me parecía grande y  generosa, pero yo estaba lejos de sentirme atraída de hacerla.  “Dios mío – exclamé en lo íntimo de mi corazón-  ¿sólo tu justicia recibirá almas que se inmolan como víctimas?  ¿Tu Amor Misericordioso no las necesita también?.... En todas partes lo desconocen y lo rechazan. …. Dios mío, ¿tendrá que permanecer encerrado dentro de Tu corazón tu amor despreciado? Me parece que si  encontraras almas que se ofrecieran como  víctimas de holocausto a Tu Amor, las consumirías rápidamente;  me parece que serías feliz de no reprimir las oleadas de  infinita ternura que hay en ti. (Historia de un Alma, Manuscrito A, )

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“Ofrenda de mí misma como víctima de Holocausto al Amor Misericordioso de Dios.”

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Poema 23, “Al Sagrado Corazón de Jesús,” escrito en 1895 para su hermana, María del Sagrado Corazón,

 «Yo quiero un corazón ardiente de ternura
Que me sirva de apoyo sin jamás vacilar,
que todo lo ame  en mí, incluso mi pobreza…,
que nunca me abandone, ni me olvide jamás ».

Cómo me has comprendido, único Amigo que amo,
Mi corazón robaste, haciéndote mortal
Y vertiendo tu sangre, ¡ oh supremo misterio…!
Y aún vives desvelado por mí sobre el altar.

Si no escucho tu voz,  que desborda dulzura,
Ni veo el resplandor de tu adorable Faz,
¡muy bien puedo,  Dios mío, bienvivir de tu gracia
Y en tu Corazón Sacro el mío reposar!

Corazón de Jesús, tesoro de ternura,
tú sólo eres mi dicha y mi única esperanza
Pues supiste hechizar mi tierna juventud,
que nuestra unión acabe con mi postrer jornada.

 ¡Corazón de Jesús,  yo me quiero perder
En tu dulce bondad, por siempre ilimitada!

Sé que nuestras justicias y todos nuestros méritos
carecen de valor a tus divinos ojos.
Para hacer meritorios mis pobres sacrificios,
sobre tu Corazón divino los arrojo.

Ni a tus ángeles puros encontraste sin mancha.
Destellando relámpagos nos diste tu ley de oro…
Tu Corazón sagrado, Jesús, es mi escondite,
¡no tiemblo ya, tú eres mi virtud y mi Todo…!

Para poder un día contemplarte en tu gloria,
lo sé, debo  aceptar el fuego del dolor;

por eso he escogido para mi purgatorio
tu amor consumidor, ¡ Corazón de mi Dios!
Mi desterrada alma, al dejar esta vida,
quisiera hace un acto del más sincero amor;
y enseguida, volando a tu Patria del cielo,
tomar como morada tu Sacro Corazón.

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Poema 24, “!Jesús, Amado mío, Acuérdate!” 21 de octubre de 1895

Recuerda compasivo que en la tierra deseo
reparar el olvido da tantos pecadores.
Amor único mío,  escucha mi plegaria,
para amarte,  Jesús, ¡ dame mil corazones!
Pero no basta aún, ¡oh belleza suprema!,
préstame para amarte tu Corazón.

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 Querida hermana,  yo te amo mil veces con más ternura  de lo que se aman las hermanas ordinarias,  ya que yo te puedo amar con el Corazón de nuestro Esposo celestial. Carta 186, a su hermana Leonia, monja salesa de la Visitación, 11 de abril de 1896

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Poema 36, “Sólo Jesús,”  15 de agosto de 1896.

 Tú supiste crear el corazón de madre,
¡entre todos los padres yo encuentro en ti al más tierno!,
y me es tu corazón aún más que maternal,

Tu corazón que cuida y salva la inocencia,
¡no podría frustrar mi filial confianza!

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Poema 13, “La Reina del Cielo a su Hija Querida María de la Santa Faz,”  25 de diciembre de 1894

Si alguna vez Jesús duerme,
cerca de él reposarás.
Su corazón siempre en vela
de apoyo te servirá.

Pues el niñito…y sigue durmiendo sobre el corazón del Gran General...

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Junto a ese corazón se aprende a ser valientes, y sobre todo a confiar. (Carta 200, a Sor María de San José).

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Cuando veo a Magdalena adelantarse, en presencia de los numerosos invitados, y regar con sus lágrimas los pies de su Maestro adorado, a quien toca por primera vez, siento que su corazón ha comprendido los abismos de amor y de misericordia del corazón de Jesús y que, por más pecadora que sea, ese corazón de amor está dispuesto, no sólo a perdonarla, sino incluso a prodigarle los favores de su intimidad divina y a elevarla hasta las cumbres más altas de la contemplación.  Querido hermanito, desde que se me ha concedido a mí también comprender el amor del corazón de Jesús, le confieso que él ha desterrado todo temor de mi corazón. El recuerdo de mis faltas me humilla y me lleva a no apoyarme nunca en mi propia fuerza, que no es más que debilidad; pero sobre todo, ese recuerdo me habla de misericordia y de amor.
(Carta 247, de Teresa a Maurice Bellière, el seminarista que era su hermano espiritual, 21 de junio de 1897.)

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Quieres que en el cielo ruegue por ti al Sagrado Corazón. Puedes estar segura de que no me olvidaré de darle tus encargos y de pedirle encarecidamente todo lo que necesites para llegar a ser una gran santa. (Carta 257, de Teresa a Leonia,  17 de julio de 1897).

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¡Cómo me gustaría hacerle comprender la ternura del Corazón de Jesús y lo que él espera de usted! (Carta 258, de Teresa a Maurice Bellière, el seminarista que era su hermano espiritual, 18 de julio de 1897)

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“Quisiera intentar haceros comprender por medio de una comparación muy sencilla cuánto ama Jesús a las almas, aun imperfectas, que se confían a Él. Supongo que un padre tiene dos hijos traviesos y desobedientes, y que, al ir a castigarlos, ve que uno tiembla y se aleja de él con terror, teniendo, sin embargo, en el fondo del corazón el sentimiento de que merece ser castigado; su hermano, al contrario, se arroja en los brazos del padre, diciendo que siente haberlo disgustado, que lo ama y que, para probarlo, de ahora en adelante se portará bien. Después, si este hijo pide a su padre que lo “castigue” con un “beso”, no creo que el corazón del padre dichoso pueda resistir a la confianza filial de su hijo, cuya sinceridad y amor le son conocidos. No desconoce, sin embargo, que más de una vez su hijo caerá en las mismas faltas, pero está dispuesto a perdonarlo siempre, si siempre su hijo “lo toma” por “el corazón”...” (Carta de 18 julio 1897).

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- “Soy un alma muy pequeña, que sólo puede ofrecer cosas muy pequeñas a Nuestro Señor, pero quiero buscar un camino nuevo hacia el cielo, muy corto, muy recto, un pequeño sendero. Me gustaría encontrar un elevador para ascender hasta Jesús, pues soy demasiado pequeña para subir los empinados escalones de la perfección…”.   - “Lo que agrada a Dios de mi pequeña alma, es que ame, mi pequeñez y mi pobreza”. 

- "Para mí, la oración es un impulso del corazón, una simple mirada dirigida al cielo, un grito de agradecimiento y de amor, tanto en medio del sufrimiento como en medio de la alegría. En una palabra es algo grande, algo sobrenatural que me dilata el alma y me une a Jesús”.  

- “He ahí el misterio de mi vocación, de mi vida entera, y sobre todo el misterio de los privilegios que Jesús ha querido dispensar a mi alma… El no llamó a los que son dignos, sino a los que el quiere como dice San Pablo: "Tendré misericordia de quien quiera y me apiadaré de quien me plazca. No es pues del que quiere o se afana sino de Dios que es misericordioso". 

 - “El amor todo lo puede: las cosas más imposibles no le parecen difíciles. Jesús no mira tanto la grandeza de las obras, ni siquiera su dificultad, cuanto el amor con que tales obras se hacen...”. 

- "No poseo el valor para buscar plegarias hermosas en los libros; al no saber cuáles escoger, reacciono como los niños; le digo sencillamente al buen Dios lo que necesito, y Él siempre me comprende”. 

- "Mi caminito es el camino de una infancia espiritual, el camino de la confianza y de la entrega absoluta”. 

 - "En lugar de desanimarme, me he dicho a mí misma: Dios no puede inspirar deseos irrealizables; por lo tanto, a pesar de mi pequeñez, puedo aspirar a la santidad”. 

- “¿Qué ocurriría si un jardinero no conociese bien la naturaleza de los árboles y se empeñase en hacer brotar rosas de un melocotonero...? Haría morir al árbol, que, sin embargo, era bueno y capaz de producir frutos. De la misma manera hay que saber reconocer desde la infancia lo que Dios pide a las almas y secundar la acción de su gracia, sin acelerarla ni frenarla nunca”.

 - “Mi alegría es cumplir siempre la santa voluntad de mi Jesús, mi único y solo amor. Así, vivo sin miedo, amo el día y la noche por igual”. 

- "Yo nunca aconsejo nada a nadie sin haberme encomendado a la Virgen Santísima. Ella es la que hace que las palabras que digo tengan eficacia en los que las escuchan”. 

- "¡Qué grande es el poder de la oración! Se diría que es una reina que en todo momento tiene acceso directo al rey y puede conseguir todo lo que le pide”.  

- "La Santísima Virgen me demuestra que nunca deja de protegerme. Enseguida que la invoco, tanto si me sobreviene una inquietud cualquiera, un apuro, inmediatamente recurro a ella, y siempre se hace cargo de mis intereses como la más tierna de las Madres”. 

 - "En el lavadero mi compañera de trabajo sacudía la ropa con tal fuerza que me salpicaba de jabón la cara. Esto me hacía sufrir, pero jamás le dije nada al respecto, y así ofrecía este pequeño sacrificio por los pecadores”.  

- "Lo que me impulsa a ir al Cielo es el pensamiento de poder encender en amor de Dios una multitud de almas que le alabarán eternamente”. 

- "La vida es un instante entre dos eternidades”. 

 - "Se sabe muy bien que la Santísima Virgen es la Reina del Cielo y de la Tierra, pero es más Madre que Reina”.  

- "Voy a pasar mi cielo haciendo el bien en la tierra”.

  - “Lo acepto todo por amor de Dios, aún toda esa clase de pensamientos extravagantes que me asaltan”.

 - “Santo ángel de mi guarda, cúbreme siempre con tus alas, para que nunca tenga la desgracia de ofender a Jesús”.

 - “Jesús, no quiero probar ninguna alegría fuera de ti”. 

- “Mi alegría es ser pequeña, permanecer pequeña, así, si alguna vez en el camino caigo, me levanto enseguida, y mi Jesús me coge de la mano”. 

- “Jesús, enséñame a renunciar siempre a mí misma para agradar a mis hermanas”.

 - "La santidad consiste en la disposición del corazón”.

 - “¿Qué me importa mi vida? ¿Qué me importa la muerte? ¡Amarte, ése es mi gozo! ¡Mi única dicha, amarte...!”.

 - “Vivir de amor no es en la cima del Tabor su tienda plantar el peregrino de la vida. Es subir al Calvario a zaga de las huellas de Jesús, y valorar la cruz como un tesoro

 - “Vivir de amor es disipar el miedo, aventar el recuerdo de pasadas caídas. De aquellos mis pecados no veo ya la huella, junto al fuego divino se han quemado”.

 - “Vivir de amor es navegar sin tregua en las almas sembrando paz y gozo. ¡Oh mi Piloto amado!, la caridad me urge, pues te veo en las almas, mis hermanos. La caridad me guía, ella es mi estrella, remo siempre a su luz. En mi vela yo llevo grabada mi divisa: ¡Vivir de amor!”.

 - “Vivir de amor es mientras Jesús duerme permanecer en calma en medio de la mar aborrascada. No temas, ¡oh Señor!, que te despierte, espero en paz la orilla de los cielos...”.

 - “Vivir de amor es imitar, Jesús, la hazaña de María cuando bañó de lágrimas y perfumes preciosos tus fatigados y divinos pies y los besó arrobada, enjugándolos luego con sus largos cabellos... Y alzándose del suelo, rompió el frasco y tu cabeza María perfumó”.

 - “Morir de amor, es ésta mi esperanza, cuando vea romperse mis cadenas. Mi Dios será mi recompensa grande, otros bienes no quiero poseer. Quiero ser abrasada por su amor, quiero verle y unirme a él para siempre. Este será mi cielo y mi destino: ¡¡¡Vivir de amor...!!!”. 

- “Yo quisiera ser el cáliz en el que adoro la sangre de mi Dios y Salvador. Mas puedo en la santa Misa recogerla cada día”.

 - “¡Morir de amor, dulcísimo martirio, y es el martirio que sufrir quisiera! Llama de amor, consúmeme sin tregua. ¡Oh vida de un momento, muy pesada tu carga se me hace! ¡Oh divino Jesús!, haz realidad mi sueño: ¡morir de amor!”. 

- “El altar es un Calvario donde por mí y para mí se derrama gota a gota toda Su sangre divina”.

 - “¡Oh qué suerte para mí! Fui contada entre los granos de maduro y puro trigo destinados a perder por Jesús su ser y vida. Oh exquisito arrobamiento! Tu esposa querida soy, ven, mi Amado, vive en mí. Ven, tu belleza me encanta, ven a transformarme en ti!”.

 - “Tu amor es mi martirio, mi único martirio. Cuanto más él se enciende en mis entrañas, tanto más mis entrañas te desean... ¡¡¡Jesús, haz que yo muera de amor por ti...!!!

 - “¡Qué lástima me dan las almas que se pierden...! Es tan fácil extraviarse por los senderos floridos del mundo...”.

 - “¡Cuántas almas llegarían a la santidad si fuesen bien dirigidas...! Sé muy bien que Dios no tiene necesidad de nadie para realizar su obra. Pero así como permite a un hábil jardinero cultivar plantas delicadas y le da para ello los conocimientos necesarios, reservándose para sí la misión de fecundarlas, de la misma manera quiere Jesús ser ayudado en su divino cultivo de las almas”.