HISTORIA DE ESPAÑA
Segundo de Bachillerato
LOS TEMAS

¿Qué es ser "un español puro"?

Decir Latinoamérica para eliminar a España y la hispanidad

Tema 2.4 La "emancipación" de Hispanoamérica (1810-1825)

La revolución liberal e independentista de Hispanoamérica en el primer cuarto del XIX fue realizada, no por los indios, mestizos, mulatos y negros, sino por los criollos. Aunque algunos de los criollos fueron realistas, como los de España, fieles a la Hispanidad y a la monarquía en conexión con su fe católica.

Proceso doble y simultáneo de

Causas:

NÚCLEOS Y CAUDILLOS

Fases de la independización de Hispanoamérica

  1. Fase inicial: durante la Guerra de la Independencia (1808-1814) en España
  2. Fase decisiva: durante el Trienio Constitucional o Liberal (1820-1823) en España, que impide contrarrestar el independentismo, que culmina en la batalla de Ayacucho (1824).
  1. Fase inicial: durante la Guerra de la Independencia (1808-1814) en España,
  2. Fase decisiva: durante el Trienio Constitucional o Liberal (1820-1823) en España, que impide contrarrestar el independentismo, que culmina en la batalla de Ayacucho (1824). A fines de 1816, por orden del gobierno de Fernando VII, comenzó a acantonarse en torno a la ciudad de Cádiz un ejército expedicionario destinado a sofocar la revolución liberal e independentista en Hispanoamérica, que se reactivaba.
    La logia Lautaro de los revolucionarios criollos americanos independentistas, a través de las logias masónicas de Gibraltar, para entorpecer o impedir el envío de esas tropas españolas a combatirles, traza el plan de instigar amotinamientos en esas tropas utilizando a los oficiales que en ellas eran liberales y masones, según la versión que la propia masonería ha tenido interés en difundir ante la glorificación nacionalista del proceso de independización y de sus promotores.
    Obedeciendo al plan de la masonería, varios oficiales sembraron en las tropas el temor a las bajas que producía la guerra revolucionaria hispanoamericana y no les fue difícil presentar la expedición como odiosa. Finalmente tramaron un plan para una sublevación liberal en España aprovechando el malestar de los soldados.
    El 1 de enero de 1820 se subleva Riego en Cabezas de San Juan (Sevilla), proclamando la Constitución de Cádiz de 1812, y pone en marcha así el proceso que desemboca en la expansión del golpe militar y, al final, en el triunfo de la revolución.
    El teniente coronel Riego sublevó a los soldados de su batallón en Cabezas de San Juan (Sevilla) con la promesa de que la proclamación de la Constitución de Cádiz de 1812, ahora el 1 de enero de 1820, apaciguaría la insurrección de América y haría innecesaria la guerra de la que así se librarían:
    "a vosotros os arrebatan al paterno seno, para que en lejanos y opuestos climas vayáis a sostener una guerra inútil, que podría fácilmente terminarse con sólo reintegrar en sus derechos a la nación española. La Constitución, ¡sí, sólo la Constitución basta para apaciguar a nuestros hermanos de América!”
    (Esto era dejar solos a sus compañeros de armas que combatían en América a los insurrectos respaldados por Inglaterra, porque la revolución que así contribuyó Riego a imponer en España, en realidad estaba destinada a incrementar la insurrección en América, hasta triunfar lógicamente y consolidar allí el poder de la oligarquía criolla mediante el separatismo).
    La revolución de 1820 se desencadenó en España como consecuencia de esos amotinamientos. Y se extendió y triunfó por la complicidad de una parte de los militares y la inacción y permisividad de la mayor parte.
    El triunfo de la revolución de 1820 en España impidió el envío de esas tropas a luchar contra la insurrección en Hispanoamérica, que apoyada por Inglaterra, se extendió e intensificó hasta triunfar, no combatida tampoco muy a fondo por muchos de los militares españoles de América porque eran también liberales y masones.

Quedarán unidas a España hasta 1898 Cuba y Puerto Rico y, en Asia, Filipinas,
y más allá, en Oceanía las Marianas, las Carolinas y las Palaos hasta 1899.

Nueva dependencia

El separatismo proseguirá subdividiendo las tierras iberoamericanas hasta su fragmentación en contraste con la situación de los USA, que no sólo no son subdivididos, sino que se expansionan. Los que dirigen los dos procesos toman decisiones contrarias con el mismo objetivo. Desintegrar la Hispanidad, liquidarla y desmembrarla y extender la revolución liberal por América y su propio poder por medio de los USA, que están ya fuera de la civilización católica a diferencia de Hispanoamérica, que subdividida es más fácil de dominar.

Bolívar quiso federar toda Hispanoamérica para mantenerla unida. En la Entrevista de Guayaquil de 1822, San Martín dejó vía libre a Bolívar para que mantuviese todo unido, pero fracasó la Federación de los Andes y ni siquiera pudo Bolívar evitar la disgregación de la Gran Colombia (Venezuela, Colombia y Ecuador), que sólo existió entre 1821 y 1829, y que aglutinaba los países que él había independizado y que acataban su presidencia.

En 1823, tras la caída de Itúrbide, se separan de México las Provincias Unidas de Centroamérica, que se fueron disgregando desde 1839 en cinco repúblicas, a las que se unió en 1903, Panamá independizado de Colombia con apoyo de los USA para construir allí el Canal (que se abrió en 1914).

La revolución no se estabilizará tampoco nunca hasta nuestros días. Sino que producirá una alternancia continua de épocas caóticas y otras dictatoriales. Se les superpondrán las revoluciones de la segunda parte de la Edad Contemporánea, las de tipo socialista. Y también se les superpondrán el control de Inglaterra en el XIX y el de los USA en el XX y en el XXI. El control de los que mandan en los que figuran al frente de esas potencias.

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Los gachupines

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PÍO MOA: Una historia chocante

“GUERRA DE EXTERMINIO”

Bolívar, por ejemplo, decretó la “guerra a muerte” para “destruir en Venezuela la raza maldita de los españoles (…) Ni uno solo debe quedar vivo”. Trataba de abrir un foso entre éstos y los hispanoamericanos, muy renuentes a seguirle en su lucha independentista. El decreto consiguió su objetivo (aunque de forma parcial: a menudo los bolivarianos obtenían sus “voluntarios” por la pura coerción, encarcelando y llevando atados a los jóvenes. De ahí que emplearan también a mercenarios ingleses, useños y otros). Panegiristas de Bolívar siguen tomando esa guerra de exterminio por “su mayor timbre de gloria”. Pero el coste fue terrible: las matanzas de prisioneros y civiles nacidos en España se multiplicaron, y, con las represalias españolas, dieron a la lucha un carácter terrorista que marcaría la política de aquellos países mucho después de la independencia.

El propio Bolívar, cada vez más adusto y sombrío, escribirá: “No confío en el sentido moral de mis compatriotas”, y confesará a Santander: “Amigo, no es sangre lo que fluye por nuestras venas, sino vicio mezclado con miedo y horror”; si bien la desmoralización ambiente debía mucho a los modos de guerra por él desatada Santander había ordenado, entre otras, la matanza de 36 oficiales españoles prisioneros, previamente perdonados por Bolívar. Un presente que le recordó el indulto fue también fusilado sobre el terreno. “Me complace particularmente matar a todos los godos”, dijo otra vez.

EDUCADOR DE ARGENTINA
Aunque españoles de origen, los independentistas se proclamaron herederos y vindicadores, un tanto increíbles, de la América precolonial, cuya tradición decían defender contra España. Los indios, desde luego, apenas se llamaron a engaño, y en aquellas guerras permanecieron pasivos o respaldaron a Madrid, siendo por ello masacrados en varias ocasiones. Ya independientes, los indios mejicanos fueron despojados de sus tierras, poseídas colectivamente, y peor pasó   en ArgentinaSarmiento, educador de este país según opinión extendida, hablaba con sinceridad cuando trataba a los mapuches de “indios asquerosos, a quienes habríamos hecho colgar y mandaríamos colgar ahora”. Al igual que en Usa, los indios argentinos fueron acosados y exterminados. No era menos claro con los gauchos: “No trate de economizar sangre de gauchos –recomendaba al general Mitre–. Éste es un abono que es preciso hacer útil al país”.

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