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Tema 6.1 La II República (1931-1936)

6.1.2. El bienio radical-cedista (1933-1935)

Las elecciones de noviembre de 1933 tras el fracaso de Azaña
habían sido ganadas por la derecha y el centro por una gran mayoría (más de cinco millones de votos contra tres millones de las izquierdas. (
Véase gráfica referente a Navarra).

A la mujer se le concede el derecho a votar en las elecciones de 1933, como establecía la Constitución de 1931. Aunque la aplicación de la disposición constitucional a la ley electoral tropezó con una durísima oposición de amplios sectores de los partidos de izquierda que alegaban que el voto femenino era derechista mayoritariamente. Se pudo aprobar en las Cortes porque algunos de los izquierdistas, como Azaña, se dieron cuenta de que era impresentable votar en contra y se abstuvieron.
En esas elecciones de 1933, el voto femenino será mayoritariamente derechista, en efecto, y contribuyó a la estrepitosa derrota de los socialistas y de Azaña y de los demás izquierdistas.

El sistema electoral de la Segunda República

En las Cortes que surgen de esas elecciones de 1933 aparece en primer lugar la CEDA, como vencedora, con 115 diputados;
seguida del Partido Radical de Lerroux con 102, que se puede considerar también casi de derechas porque su centrismo de entonces era contrario al izquierdismo sectario de Azaña.
Son los dos únicos partidos grandes. No hay ningún otro cercano a los 100 diputados.
Incluso el PSOE, que aparece con 58, perdiendo la mitad de los que tenía, pasa a ser casi uno de los grupos pequeños.
Y los demás izquierdistas aún quedan mucho más reducidos:
Azaña casi se queda fuera del Parlamento, no se atrevió a presentarse en la candidatura de su partido por Madrid por miedo a quedarse sin escaño y se presentó en la candidatura de los socialistas de Bilbao de su amigo Prieto, que le garantizaba al menos un puesto de diputado.
El partido Acción Republicana de Azaña tiene 5 diputados, menos aún que
su homóloga circunscrita a Galicia la ORGA de Casares Quiroga, que tiene 6;
el partido Radical-Socialista, moderado de izquierdas, conserva sólo 18;
Esquerra Republicana con 19 se mantiene bastante mejor, aunque había sido sobrepasada por la Lliga.
Los grupos menores de la derecha aparecían muy incrementados:
los Agrarios tenían 36;
la Lliga, 24;
el PNV, que, aún siendo de derechas, seguía su acercamiento a la izquierda, tenía 12;
TYRE tenía 37, sus siglas significaban Tradicionalismo y Renovación Española (los monárquicos alfonsinos), y la alianza de los carlistas y "los monárquicos" (los alfonsinos);
también la Falange obtenía representación y José Antonio Primo de Rivera era diputado en esta legislatura.

España ha estado a la cabeza de todos los demás países y ha sido campeona del progreso y de la libertad, dijo Chesterton ante el resultado de las elecciones de 1933

El gobierno del bienio radical-cedista
La izquierda derrotada en las urnas no admite que gobierne la derecha. En virtud del planteamiento de Azaña de que "por encima de la democracia está la República", y que ésta ha de ser gobernada sólo por los republicanos, entendiendo por tales a los de izquierda. El problema es que el pueblo no les ha votado.
Largo Caballero dice que esto es una traición. Pero nunca ha importado el pueblo, lo importante siempre ha sido lo que dicen las izquierdas.

También en 1933 la derecha acepta lo que le impone la izquierda y la CEDA de Gil Robles consiente en no gobernar, acepta que el gobierno sea del Partido Radical apoyado desde fuera por la CEDA. Por eso se llama al período bienio radical-cedista. Sus adversarios lo denominan el bienio negro.

El golpismo desde la izquierda
Los izquierdistas preparan la insurrección armada contra el gobierno de la República surgido de las elecciones de 1933. De los varios proyectos insurreccionales prevaleció el del PSOE, que pretendía dirigir el golpe para hacerse contra el poder, pero Azaña estuvo en primera línea. En el diario El Sol de 17.04.1934, se publicaban sus palabras del día anterior en una reunión con sus seguidores republicanos izquierdistas:
"Por encima de la Constitución está la República y, aún más alta, se alza la Revolución".
Azaña intentó en julio de 1934 imponer su propio proyecto golpista al PSOE y a los catalanistas de la Esquerra, pero los socialistas no quisieron someterse y aquel golpe fracasó.
Azaña para justificar su golpismo decía en julio de 1934:
“Antes que ver la República convertida en sayones del fascismo o del monarquismo preferimos cualquier catástrofe”.
Pero cuando la guerra de 1936 declaraba su consternación.

Largo Caballero ya en noviembre de 1933 en la localidad pacense de Don Benito propugnaba el "como sea" y la bandera roja contra la república:
«Tenemos que luchar, como sea, hasta que en las torres y en los edificios oficiales ondee no una bandera tricolor de una Republica burguesa, sino la bandera roja de la Revolución socialista» (El Socialista, 9-noviembre-1933).

Prosiguen los preparativos golpistas revolucionarios con la bandera del antifascismo: proclamarse "antifascistas" es situar a todos los que no entran en su alianza como fascistas y, como tales, condenarlos a la aniquilación política, después de aniquilarlos moralmente con esa etiqueta de fascistas y antes de eliminarlos físicamente.

Es emplear la palabra fascista en sentido dialéctico y no en sentido histórico. Fascismo en sentido histórico es lo referente al partido de Mussolini. Fascista dialécticamente es lo que llaman los izquierdistas a los que no se les someten y son críticos con ellos. "La dialéctica es el álgebra de la revolución", según Engels que es, junto con Marx, el coautor del materialismo dialéctico o marxismo.

Fascismo dialéctico y fascismo histórico

La Alianza Obrera Antifascista había surgido en Barcelona en 1933 y se extiende en 1934 por toda España con la colaboración del PSOE y de la UGT.

El PSOE prepara su golpe armado contra los ganadores de las elecciones:

"Sin embargo, yo creo que hay que organizar estas milicias. Hay que crear un ejército revolucionario que poder enfrentar con nuestros enemigos. Y es preciso organizarlo militarmente ... Es precisa esa militarización para defendernos, primero, y luego para conquistar el Poder." (Francisco Largo Caballero, 20 de abril de 1934).

Largo Caballero ya en noviembre de 1933 en la localidad pacense de Don Benito propugnaba el como sea y la bandera roja contra la república:
«Tenemos que luchar, como sea, hasta que en las torres y en los edificios oficiales ondee no una bandera tricolor de una Republica burguesa, sino la bandera roja de la Revolución socialista» (El Socialista, 9-noviembre-1933).

También el Partido Comunista utilizaba la bandera y el pretexto aglutinante del antifascismo: en 1933 organiza su organización armada con el nombre de MAOC, Milicia Antifascista de Obreros y Campesinos.

Los izquierdistas, derrotados en las urnas, aumentaron cada vez más sus exigencias, impidieron todo acuerdo y, ante la debilidad del gobierno patentizada en sus concesiones, lo atacaron cada vez más llamándole fascista, tanto más, cuantas más concesiones hacía.

Los que gobiernan del Partido Radical van manteniendo la República, y se limitan a ralentizar las medidas más virulentas y anticlericales del bienio anterior o a no aplicarlas.

LA REVOLUCIÓN DE 1934 (golpe armado de la izquierda a la república con especial importancia en Asturias y en Barcelona)
El anuncio de que va a haber tres ministros de la CEDA en el gobierno es utilizado por la izquierda, la conjunción republicano-socialista, para lanzarse a la insurrección armada. La realizan en nombre del antifascismo en la acepción dialéctica de esta palabra, la que utiliza la Komintern para aniquilar a los que no se someten al marxismo.

El Socialista llegó a publicar que «transigir con la Ceda es conformarse buenamente con la restauración borbónica ... ¿Se avienen a eso los republicanos? Nosotros, no».
Citado por el socialista Juan-Simeón Vidarte en El bienio Negro y la insurrección de Asturias, Ediciones Grijalbo, Barcelona-Buenos Aires-México D.F. 1978, pág. 239.

El Gobierno formado el 4 de octubre de 1934, fue el siguiente: Presidencia, Alejandro Lerroux (radical); Estado, Ricardo Samper (radical); Guerra, Diego Hidalgo (radical); Justicia, Rafael Aizpún (CEDA); Marina, Juan José Rocha (radical); Hacienda, Manuel Marraco (radical); Gobernación, Eloy Vaquero (radical); Instrucción, Filiberto Villalobos (liberal demócrata); Trabajo, José Oriol Anguera de Sojo (CEDA); Obras Públicas, José María Cid (agrario); Comunicaciones, César Jalón (radical); Agricultura, Manuel Jiménez Fernández (CEDA), Industria y Comercio, Andrés Orozco (radical) y ministros sin Cartera, José Martínez de Velasco (agrario) y Leandro Pita Romero (independiente).
Y Alejandro Lerroux, manifestaba que la política a seguir por el Gobierno iba a ser el «olvido de los agravios, cordialidad republicana, respeto a la Constitución y mantenimiento de la ley para consolidar la República; autoridad máxima para bien del orden público y defensa de los obreros, siempre que estos se muevan dentro de la legalidad». Diario La Voz de Asturias, 5 octubre 1934, 1ª página.
[El Catoblepasnúmero 32 • octubre 2004; http://nodulo.org/ec/2004/n032p10.htm#kn04].

Estalla en octubre de 1934 la insurrección planificada como guerra civil, y protagonizada por el PSOE, la Esquerra, los comunistas y parte de los anarquistas.
El PNV pareció a punto de participar también, pero esperó un par de días a ver quiénes ganaban, y al ver que no eran los golpistas, se abstuvo.
Más imprudentes resultaron los republicanos, que se precipitaron a anunciar su apoyo político a la rebelión, para luego hacerse los olvidadizos.

Preparada en toda España, la falta de entendimiento en muchos sitios con la CNT y la carencia de apoyos populares masivos hizo que, excepto en dos lugares, sólo se manifestase en que los insurrectos fueron al choque con las fuerzas del orden y en que cometieron múltiples asesinatos.

Pero en Asturias fue una cruenta revolución, la más virulenta y catastrófica de Europa Occidental hasta esa fecha, y el gobierno tuvo que afrontar una verdadera guerra para controlar la situación. Funcionó en Asturias el acuerdo entre la UGT socialista y la CNT anarquista; el PSOE introdujo armas y los mineros manejados por esas centrales sindicales se adueñaron de la situación; se apoderaron de los explosivos de las minas y de las fábricas de armas y de explosivos. Forman el Ejército Rojo Asturiano con unos 30.000 sindicalistas. Cometieron asesinatos en especial de eclesiásticos. El gobierno puso el mando central del ejército de la República en manos del general Franco, el cual tuvo que enviar unidades militares con el general López Ochoa al frente, las cuales consiguieron finalmente dominar la zona. Hubo unos 1.000 muertos; de ellos, alrededor de 800 en acción de guerra, 256 gubernamentales y más de 500 revolucionarios; y unos 100 asesinados por los insurrectos y otros 80 por algunos de los agentes de la represión.
Quedaron 15.000 prisioneros entre los mineros de la UGT y de la CNT insurrectos vencidos.

En Barcelona, fue el propio presidente de la Generalidad, Companys, sucesor de Maciá, quien el 6.10.1934, proclamó el Estat Catalá, rompiendo así el Estatuto de Autonomía de Cataluña, además de la Constitución de la República, como una manera de situarse en rebeldía frente al gobierno general de España, esperando derribarlo así:

"Catalanes: Las fuerzas monarquizantes y fascistas que de un tiempo a esta parte pretenden traicionar a la República han logrado su objetivo y han asaltado el poder. Los partidos y los hombres que han hecho públicas manifestaciones contra las menguadas libertades de nuestra tierra, los núcleos políticos que predican constantemente el odio y la guerra a Cataluña, constituyen hoy el soporte de las actuales instituciones (...).
En esta hora solemne, en nombre del pueblo y del parlamento, el gobierno que presido asume todas las facultades del poder en Cataluña, proclama el Estado Catalán de la República Federal Española, y al establecer y fortificar la relación con los dirigentes de la protesta general contra el fascismo, les invita a establecer en Cataluña el gobierno provisional de la República, que hallará en nuestro pueblo catalán el más generoso impulso de fraternidad en el común anhelo de edificar una República Federal libre y magnífica".

Pero no se le unieron ni el ejército, aunque estaba en Cataluña al mando del general Batet, republicano izquierdista, ni los anarquistas de la CNT.
A los anarquistas y a Batet, el Estat Catalá les sonaba como algo ajeno.
Los golpistas de la Generalidad con Companys a la cabeza fueron rápidamente derrotados y encarcelados. Y suspendido el Estatuto de autonomía de Cataluña.
Hubo 46 muertos en Barcelona y algunos más en otras localidades catalanas y fueron incendiadas toda una serie de iglesias.
La misma noche del 6 de octubre de 1934 asesinaron a Mosén Josep Morta, párroco de Navàs, incendiaron el templo parroquial, al igual que profanaron y quemaron los templos de Villafranca del Panedés, Villanueva y Geltrú, Morell, Castellvell de la Marca y Sant Jaume dels Domenys.

El seis de octubre de 1934 tiene un amplio significado en la historia de la rauxa desconectada de la sensatez. En esa fecha Companys, presidente del gobierno autónomo de la Generalidad de Cataluña tiró por tierra la autonomía de Cataluña y su propia jefatura del gobierno de la Generalidad, yendo a parar a la cárcel, al sublevarse, aliado con los golpistas del PSOE, contra el gobierno de la II República española, porque no admitía que gobernasen en España las derechas vencedoras en las elecciones del año anterior. El 6.10.1934, Companys proclamó el Estat Catalá de la República Federal Española, rompiendo así el Estatuto de Autonomía de Cataluña, además de la Constitución de la República, como una manera de situarse en rebeldía frente al gobierno general de España, esperando así derribarlo.
Esa sublevación del 6 de octubre de 1934 ocasionó la suspensión del Estatuto de Autonomía que tenía en aquel entonces Cataluña y el encarcelamiento de todo el gobierno de la Generalidad con Companys a la cabeza.
Un seis de octubre significa tirar por tierra los propios catalanistas a Cataluña, su autonomía, su libertad. Un 6 de octubre en Barcelona significa tirarlo todo por tierra.

La rauxa se suele presentar, en una contraposición maniquea, como contraria
a la sensatez, a la mesura, a la cordura, a la ponderación, al tiento, al tacto, a la serenidad, a la ecuanimidad, a la cautela, a la discreción, al juicio, al buen sentido, al sentido común, al aplomo, a la precaución, a la circunspección, a la seriedad, a la madurez, a la formalidad, etc., etc.,
en una palabra, al seny.

En realidad, la rauxa sí que tiene traducción, es el entusiasmo, que no es malo, sino bueno, si no se separa y contrapone a la mesura, porque lo humano es llevar unidos la cordura y el entusiasmo, el seny y la rauxa juntos.
Lo malo es la rauxa sin el seny, el entusismo alocado, la impulsividad irreflexiva.
También el seny sin la rauxa queda falseado, desvirtuado, sin fuerza. Es mentira que se tenga una idea seria, si no entusiasma. Si no entusiasma una idea justa, pensada con madurez, es que no se cree en la justicia de la idea.
Contraponer o simplemente separar dos dimensiones de la realidad es maniqueísmo, gnosticismo.
Pregonar que se tiene el seny en exclusiva es una agresión enrauxada, insensata; decir que no tiene traducción es racismo. Ocultar las veces en que se han dejado arrastrar los que lo pregonan por el entusiasmo sin cordura es ignorar que los demás estamos enterados también de eso.
Todo ello es fruto menguado del complejo de superioridad, tan empequeñecedor y canijo. Es un complejo de origen nacionalista, pero del que se contagian otros insensiblemente.

CONSECUENCIAS DE LA REVOLUCIÓN DE 1934

La izquierda proporciona una victoria total a la derecha.
La derecha no establece el fascismo, ni la dictadura, ni la monarquía, sino que mantiene la Constitución de 1931.
La izquierda ha roto la Constitución de 1931.
La Esquerra Republicana ha roto además el Estatut y ha provocado la pérdida de la autonomía de Cataluña, al quedar en suspenso dicho Estatuto.
La derecha mantiene y consolida la República frente al intento de la izquierda de conseguir el poder, aunque fuese derribando la República.

La CEDA sigue sin atreverse a gobernar como le exigía el ser el grupo mayor en las Cortes.
Alcalá Zamora, que rivaliza con ellos en conseguir el apoyo del electorado derechista y quiere seguir ligado a los izquierdistas, se lo impide sin muchas dificultades.
Todo lo más a lo que se atreve la CEDA es a aumentar la presencia de sus miembros en el gobierno: en mayo de 1935, entraban 5 ministros de la CEDA en el Gobierno, entre ellos Gil Robles, pero sin asumir la presidencia que seguía en el partido de Lerroux.
La derecha no establece una legislación "reaccionaria", ni antisocial. Pero no se entera de que en los objetivos insurreccionales no se trataba de eso, de preocuparse por los desfavorecidos, sino de utilizarlos para hacer la revolución.
Las organizaciones que han protagonizado la acción armada, como son de izquierda, no son ilegalizadas. Y aún siguen hablando dogmáticamente de la democracia como si fueran sus propietarios y diciendo y decidiendo quién es demócrata y quién no.
Los radicales son impulsados por su cabecilla Lerroux a ser "los defensores y rehabilitadores del socialismo derrotado". No se daba cuenta Lerroux de que los directivos del PSOE, como siempre, iban a buscar el poder por encima de todo y, de momento, pasando por encima del cadáver político del propio Lerroux.
La izquierda prepara la revancha y de ahí se desembocará en la guerra de 1936 y, superpuesta a ella, en otra revolución inmensamente más cruenta aún, con su correspondiente represión muchísimo más sangrienta también.

Hubo unos 1.400 muertos en 26 provincias incluyendo los 1.000 de Asturias, ocasionados por la insurrección.
En Vizcaya y Guipúzcoa hubo más de 40 muertos, entre ellos algunos dirigentes locales carlistas de Eibar y Mondragón asesinados por los izquierdistas y el diputado tradicionalista Marcelino Oreja Elósegui, que fue conducido a la Casa del Pueblo de Mondragón donde fue asesinado.

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Alcalá Zamora impone el indulto de los jefes militares de la insurrección de la Generalidad de Cataluña. Y de esa forma el gobierno tampoco impulsa ya ningún otro castigo de personajes políticos. Hay al final 4 ejecutados de último rango entre los insurrectos de Asturias, como el sargento Diego Vázquez, que desertó con las armas en la mano para pasarse a los revolucionarios, y el minero Jesús Argüelles «El Pichilatu», que mandó el pelotón que fusiló a ocho guardias civiles. Ambos fueron condenados a muerte en Consejo de Guerra y fusilados el 2 de febrero de 1935.
La impunidad fue el primer paso para el viraje hacia la revancha de la derrota de esa insurrección y guerra de 1934.
Para esa revancha, las izquierdas utilizaron el victimismo, proclamando engañosamente que había miles y miles de víctimas de la represión,
y que los 15.000 prisioneros debían ser liberados.

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Cuando la revolución de 1934 en Asturias:

El poeta comunista Rafael Alberti le dedicó un poema que terminaba de esta manera:

«Mi mano y mi corazón, / ¡contigo!, que Asturias grita, / como ayer: ¡Viva el Nalón / y viva la dinamita».

Dinamitaron los revolucionarios la Cámara Santa de la catedral de Oviedo, construida en el siglo IX por Alfonso II el Casto, para guardar en ella el arca de madera de cedro, cubierta con placas de plata sobredorada, de 0,70 metros de alta, 1,19 de larga y 0,93 de ancha, que contenía las reliquias que los cristianos habían traído de Jerusalén cuando los musulmanes invadieron Palestina y que al llegar a Asturias, primero estuvo resguardada y escondida en una cueva del monte denominado Monsacro, en el concejo de Morcín, inmediato a Oviedo, para ser traída, según las antiguas crónicas, por el citado rey Alfonso II a la catedral que levantaba en la capital de su reino. También se guardaba en la Cámara Santa la Cruz de los Ángeles, símbolo de la ciudad de Oviedo. Arqueólogos alemanes e ingleses hacían patente su enorme preocupación y disgusto por lo ocurrido en la Cámara Santa y que calificaban de monstruosidad. Dictaminaron: «Ha sido una de las pérdidas más considerables que pudo acontecer en el mundo, porque España guarda un tesoro artístico romano-bizantino, que tenía su mejor representación en la Cámara Santa de Oviedo».

La Universidad de Oviedo fundada en el siglo XVI fue incendiada quedando sólo en pie los muros gruesos y la arquería del lado norte del patio. El incendio trajo consigo la destrucción de su biblioteca con la quema de unos 55.000 libros, 250 manuscritos, 66 incunables, valiosas obras impresas en el siglo XVI y muchos miles de libros de los siglos XVII y XVIII. Esto en la biblioteca general. Además destruyeron la biblioteca de la Facultad de Derecho, independiente de la general, que tenía unos 14.000 ejemplares. Destruyeron además cuadros de Zurbarán, de Ribera y de pintores del XVIII y XIX y muebles y tapices del siglo XVII.

Incendiaron también la biblioteca del Seminario que tenía 22.000 volúmenes entre los que se encontraban la colección completa de la Patrología de Migne, en griego y latín, una colección completa de todos los Santos Padres y los escolásticos, los comentarios del escriturista Juan Maldonado, todo el Cursus de la Universidad de Lovaina; ediciones magníficas de la Biblia, etc. También la biblioteca de los Dominicos que tenía unos 15.000 ejemplares.

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Prieto confesó su responsabilidad en los hechos de la revolución de 1934 como culpabilidad. Dijo en el Círculo Cultural Pablo Iglesias, de México, el 1º de mayo de 1942:

«Me declaro culpable ante mi conciencia, ante el Partido Socialista y ante España entera, de mi participación en aquel movimiento revolucionario. Lo declaro, como culpa, como pecado, no como gloria. Estoy exento de responsabilidad en la génesis de aquel movimiento, pero la tengo plena en su preparación y desarrollo. Por mandato de la minoría socialista, hube yo de anunciarlo sin rebozo desde mi escaño del Parlamento. Por indicaciones, hube de trazar en el Teatro Pardiñas, el 3 de febrero de 1934, en una conferencia que organizó la Juventud Socialista, lo que creí que debía ser el programa del movimiento. Y yo –algunos que me están escuchando desde muy cerca, saben a qué me refiero– acepté misiones que rehuyeron otros, porque tras ellas asomaba, no sólo el riesgo de perder la libertad, sino el más doloroso de perder la honra. Sin embargo las asumí».
Indalecio Prieto, Discursos en América. Confesiones y rectificaciones, Fundación Privada Indalecio Prieto, 1991. Editorial Planeta, Barcelona 1991, págs. 112 y 113.

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El republicano antifranquista Salvador de Madariaga escribió que «con la rebelión de 1934, la izquierda española perdió hasta la sombra de autoridad moral para condenar la rebelión de 1936». (Salvador de Madariaga, España, Espasa-Calpe, Madrid 1979.14ª edic., pág. 363. ).

El también republicano antifranquista Claudio Sánchez-Albornoz dictaminó: «la revolución de Asturias y el movimiento de Barcelona dieron una estocada a la República que acabó a la postre con ella». (Prólogo del libro de José Tarín-Iglesias, La rebelión de la Generalidad, Plaza & Janés Editores, Barcelona 1988, pág. 12.), y lo reiteró: «La revolución de octubre, lo he dicho y lo he escrito muchas veces, acabó con la República». (Claudio Sánchez-Albornoz, Mi testamento histórico-político, Editorial Planeta, Barcelona 1975, pág. 44).

Y Julián Marías: «La República murió entonces. Fue la negación de la democracia, el no aceptar el resultado de unas elecciones limpísimas». (Diario La Nueva España, 6 junio 1996, pág. 54).

Marañón dejó escrito: «La sublevación de Asturias en octubre de 1934 fue un intento en regla de ejecución del plan comunista de conquistar España». (Gregorio Marañón, Obras completas, tomo IV, Espasa Calpe, Madrid 1968, pág. 378).

José Maldonado, que fue presidente de la República en el exilio, dijo que «si en España había una democracia no era legítimo que se preparara una subversión y es un error frente a una República democrática preparar una revolución social, que desde el principio está condenada al fracaso». (Diario La Voz de Asturias, 5 octubre 1984, pág. 30).

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Una accción quirúrgica del Gobierno republicano de derechas en 1934 habría evitado la guerra civil de 1936, según Payne

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FINAL DEL BIENIO RADICAL-CEDISTA
El escándalo del estraperlo consistente en la denuncia de que dos aventureros internacionales, Strauss y Perl, habían hecho unos regalos como soborno a algunos miembros del Partido Radical para conseguir la autorización para introducir sus máquinas de juego en España. (Prevaricación mediante cohecho).
La utilización del escándalo del estraperlo para hundir a Lerroux, se produjo a iniciativa de Prieto y Azaña secundada por el Presidente de la República, Alcalá Zamora que le dio estado oficial.
Tras la dimisión de Lerroux. Alcalá Zamora aprovechó la crisis para nombrar,
en diciembre de 1935, a Portela Valladares presidente del Gobierno, y para disolver las Cortes convocando nuevas elecciones para febrero de 1936.
Alcalá Zamora pretendía ocupar el espacio de centro por medio de Portela Valladares, captando los votos que antes iban al Partido Radical, que para eso había sido hundido.
Niceto Alcalá-Zamora durante el bienio social-azañista no se había atrevido a entrometerse en las labores gubernamentales de Azaña, pero se creía con derecho a inmiscuirse en las del gobierno de centro derecha. Su ambición, desde el principio mismo de la república, había sido mandar en España con el régimen republicano dirigido por él mediante una gran fuerza conservadora. Esa aspiración se había hundido por su inacción ante la oleada de incendios de iglesias, conventos, bibliotecas y escuelas en mayo de 1931. Entonces había perdido su prestigio ante la opinión de derechas. Sin embargo, él persistía en la vieja intención tuteladora, que le impulsaría a decisiones catastróficas. Tenía además otra debilidad, muy similar a la de Romanones, a cuyo lado había crecido políticamente: el miedo a ser tildado de “reaccionario” por las izquierdas, lo cual le llevaba a graves claudicaciones. Funciona en don Niceto Alcalá Zamora el polinomio miedo+simpatía+ambición+resentimiento

El chantaje también tiene un gran papel en la política contemporánea. Cuando aparecen publicadas "revelaciones" contra un político es señal de que a algo que se le exige se está negando y que puede ser que en su pasado algo malo demuestren las "revelaciones", pero que son un indicador de que a algo peor se resiste en el presente.

Strauss y Perl intentaron chantajear a Lerroux con la amenaza de revelar a Prieto y Azaña los regalos (sobornos, cohecho) realizados a ciertos personajes del Partido Radical.
Así lo hicieron, señal de que Lerroux no accedió a lo que le exigían Strauss y Perl.
Entre Azaña, Prieto y Alcalá Zamora destruyeron el Partido Radical, pero así eliminaban una de las pocas fuerzas republicanas. Los otros escasos puntales republicanos, que eran ellos mismos, quedarían inutilizados poco después.
No es extraño que la II República durase tan escaso tiempo y terminase en tragedia.
Lerroux republicano y masón acabó por recoger en sus escritos un dicho de la Restauración: “No todos los republicanos son canallas, pero casi todos los canallas son republicanos”.

La palabra estraperlo quedó después en castellano con el significado de mercado negro, no con el inicial de prevaricación (ilegalidad intencionada) mediante cohecho (soborno).
Comprar de estraperlo, vender de estraperlo, significaba comprar o vender en el mercado negro en la década de escasez de los años 40 en la postguerra.

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