....HISTORIA UNIVERSAL....

El fracaso del transbordador espacial de los USA 1972 - 2011

Tras el programa Apolo de Kennedy, que llevó un hombre a la Luna en 1969, se lanza en USA el programa del transbordador espacial (space shuttle), aprobado por el Congreso de USA en marzo de 1972. El primer transbordador el Enterprise, fue lanzado en 1976. El Columbia, en 1981. Se esperaba que abarataría el coste de la exploración espacial, reduciéndolo a 1.000 dólares por kilo enviado al espacio; pero, por el contrario, el transbordador lo multiplicó por 15: cada lanzamiento costaba actualmente 1.500 millones de dólares, 60.000 dólares por kilo. Mientras que con las cápsulas Soyuz rusas lanzadas por sus cohetes Protón, el coste es de 5.000 dólares por kilo.

Los lanzamientos norteamericanos se han ido reduciendo drásticamente por el coste y por las catástrofes del Challenger en enero de 1986 y del Columbia en 2003 en las que perecieron los siete tripulantes cada vez. Los USA decidieron entoncew, en 2003, poner fin al programa del transbordador espacial al finalizar el montaje de la Estación Espacial Internacional, que está concluyendo en 2011.

Pero en 2005, Bush II, dentro de sus concesiones de pedidos a las empresas proveedoras de material al gobierno que llevaron a USA a la guerra de Afganiostán y a la II Guerra de Irak, anunció el nuevo programa espacial Constellation, con una nueva generación de cohetes y un coste de 230.000 millones de dólares.

Pero estalló la crisis iniciada en 2007 y la inyección de dinero público (dinero del contribuyente norteamericano) directamente en las empresas financieras (los bancos) e industriales (la General Motors). Y la continuación de la política ya llevada a cabo frente a la crisis del petróleo de 1973 de desvalorización del dólar.

Obama canceló el programa Constellation en enero de 2010 por el efecto de la crisis y de las medidas aún más traumáticas para hacer frente a la crisis.

Tras la última misión del Atlantis en julio de 2011, se ha terminado el programa de los transbordadores. Los USA desde ahora basan su actividad espacial en utilizar los Soyuz rusos, pagando 60 millones de dólares cada plaza; 420 millones los 7 puestos, que en el Atlantis costaban 1.500 millones.

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¿Por qué fracasó el transbordador espacial?

LD Fernando Díaz Villanueva 27 de junio de 2011

Aunque el espacio exterior se encuentra sólo unos kilómetros por encima de nuestras cabezas, llegar hasta allí y regresar sano y salvo es extremadamente costoso y entraña una extraordinaria dificultad técnica.

Primero hay que escapar de la gravedad de la Tierra, que actúa como un imán y no deja que nada ni nadie se escape de su atracción. Conseguido esto, hay que volver a entrar –a reentrar, tal y como se dice en el argot aeronáutico–, salvando la densa atmósfera terrestre, un impenetrable escudo que hace rebotar los objetos que pretenden atravesarla... o los incinera.

La cuestión de la salida la resolvieron un par de ingenieros de la Guerra Fría: Wernher von Braun por el lado americano y Serguéi Koroliov por el soviético. Ambos diseñaron potentes cohetes de varias fases que alcanzaban la velocidad y la aceleración necesarias para burlar la fuerza gravitatoria de la Tierra. La reentrada era más peliaguda, de ahí que la mejor solución que se encontró fue construir cápsulas acorazadas que, con el ángulo adecuado, cruzasen la atmósfera sin desintegrarse. Todo menos los astronautas y la carga se desechaba o quedaba incinerado en la estratosfera.

Mediante ese sistema se hizo la carrera espacial, se colocó a los primeros hombres en órbita y se llegó a la Luna [programa Apolo]. A mediados de los 60, en el negocio del espacio había mucho dinero y mucho científico eminente, y alguien se puso a pensar en el modo de ir y volver del espacio reutilizando el vehículo. La nave en cuestión despegaría como un cohete pero aterrizaría como un avión. Eso ahorraría costes y haría de los lanzamientos algo casi tan rutinario como los vuelos comerciales.

En marzo de 1972 el Congreso dio vía libre al programa. El prodigioso artefacto se llamaría space shuttle (transbordador espacial) y el programa, Space Transportation System. Alimentado por los cuantiosos fondos que entonces el Gobierno norteamericano destinaba a la NASA, el primer transbordador, el Enterprise, vio la luz en 1976. Tras las pruebas atmosféricas, el Columbia hizo su vuelo inaugural cinco años después, en abril de 1981.

El optimismo reinaba en Washington. El transbordador les acababa de dar una supremacía espacial incontestable. Gracias a él podrían acceder al espacio de un modo rápido, barato y seguro. La idea original era construir varios y poner en órbita uno a la semana. El shuttle era la nave definitiva, el esperado autobús espacial que entregaría en bandeja la órbita terrestre a Estados Unidos.

Transportaba hasta siete tripulantes, que disfrutaban de mucho más espacio y comodidades que en las cápsulas del programa Apolo. Tenía, además, una gran bodega de carga, en la que podía almacenarse casi cualquier cosa, desde satélites a módulos de la estación espacial pasando por el telescopio Hubble, que fue puesto en órbita en una de las misiones. Aunque el coste de desarrollarlo había sido muy elevado, pronto se amortizaría por el uso. La Unión Soviética, además, poco podía hacer para contrarrestar el órdago, pues malvivía sus últimos y miserables años.

Pronto se demostraría que todo era ilusorio. Poner al orbitador en el espacio costaba mucho más de lo previsto. Revisar la nave después de cada lanzamiento llevaba meses de laboriosas comprobaciones. El coste de mantenimiento era prohibitivo. Sólo el escudo térmico, compuesto por 35.000 losetas de cerámica, exigía una inspección exhaustiva que consumía tiempo y dinero. La expectativa de 55 lanzamientos anuales se redujo primero a 24 y luego a 12. Al final ni eso. En 1985, año en el que más lanzamientos se programaron, el shuttle visitó el espacio en sólo 9 ocasiones. El Discovery, el miembro de la flota que más veces fue lanzado, voló sólo en 39 ocasiones a lo largo de sus 27 años de vida.

Lejos de abaratar el acceso al espacio, lo multiplicó por quince. Cada lanzamiento costaba unos 1.500 millones de dólares, o lo que es lo mismo, 60.000 dólares por cada kilo transportado. Los rusos, que no han dejado de utilizar los cohetes Protón y las cápsulas Soyuz de la época soviética, ponen un kilogramo de carga en órbita por alrededor de 5.000 dólares. En 1981, la NASA creía que, gracias al transbordador, subir al espacio costaría algo más de 1.000 dólares, perfectamente amortizables por el transporte de satélites y otros cargamentos.

Para acelerar la entrada en rentabilidad del ingenio espacial, la agencia programó tantos lanzamientos como pudo durante la primera mitad de los ochenta. Había dudas sobre la seguridad y el coste ya se había disparado, pero el transbordador era una cuestión de hegemonía. En plena euforia, a finales de enero de 1986, se produjo la tragedia del Challenger. El anillo aislante de uno de los propulsores se desprendió, provocando una explosión cuando el transbordador volaba a dos veces la velocidad del sonido y a 14 kilómetros de altitud.

Murieron los siete tripulantes, entre los que se encontraba el primer civil que viajaba al espacio, una maestra de New Hampshire que habría de dar una clase desde la órbita para todos los niños del planeta. Esos mismos niños fueron testigos del accidente a través de la CNN, que retransmitía en directo desde Cabo Cañaveral. El sueño del autobús espacial acababa de un modo brusco e inesperado. La NASA abrió una investigación y detuvo el programa durante casi tres años, los suficientes para que la Unión Soviética desapareciese y el espacio pasase a engrosar la lista de asuntos sin importancia dentro de la agenda política norteamericana.

No fue el último accidente. En 2003 el Columbia quedó carbonizado durante la reentrada por un fallo en el escudo térmico. Otros siete astronautas perdieron la vida, apuntándose de este modo el transbordador un nuevo récord: de las 18 personas que han muerto en el espacio –o camino de él–, 14 lo han hecho a bordo del shuttle. El desastre del Columbia llevó a Washington a poner fin al experimento tan pronto como se acabase de ensamblar la Estación Espacial Internacional, para la que el transbordador ha sido de gran utilidad.

En 2005 Bush anunció a bombo y platillo un nuevo programa, el Constellation, que mediante cápsulas y una nueva generación de cohetes devolvería a los americanos a la Luna y les llevaría hasta la superficie de Marte para la década de 2030. El problema era el coste, estimado en 230.000 millones de dólares, demasiado dinero para un país adicto a la deuda y que tiene que recurrir a la devaluación de su moneda para mantenerse a flote.

Obama canceló el programa hace año y medio y hoy, tras la última misión del Atlantis, Estados Unidos se encuentra por primera vez en medio siglo sin programa espacial tripulado. El optimismo de hace tres décadas, cuando el reparto de Star Trek, con Mister Spock a la cabeza, se retrataba junto al flamante Enterprise, se ha diluido, y hoy son los americanos los que tienen que pagar a los rusos elevadas cantidades para alquilar una plaza en las vetustas pero fiables Soyuz [28 millones de dólares, cada plaza; menos de 200 millones los 7 puestos, que en el Atlantis costaban 1.500 millones]. Es el final de una era y la constatación de que hasta las torres más altas terminan cayendo.

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La NASA pagará 60 millones de dólares por cada plaza en la Soyuz

El fin del transbordador obliga a los americanos a alquilar el acceso al espacio a sus antiguos rivales los rusos.

2011-07-28 FERNANDO DÍAZ VILLANUEVA

No es la primera vez que Estados Unidos se queda sin transporte al espacio. En 1975, tras el experimento que unió en órbita los módulos de la Apolo norteamericana y la Soyuz soviética, el Gobierno norteamericano, presidido entonces por Gerald Ford, decidió suspender el programa Apolo para centrarse en el de los transbordadores, que empezaron a volar regularmente hasta la órbita terrestre seis años después.

La situación ahora es muy diferente. Por un lado los astronautas estadounidenses podrán seguir viajando hasta la Estación Espacial Internacional (EEI), aunque a bordo de las naves rusas. Por otro no existe a día de hoy recambio para los transbordadores. Lo primero podrá hacerlo previo pago de una elevada cantidad. Según aterrizó la pasada semana el Atlantis en el Centro Espacial Kennedy la "tarifa" por subir hasta la EEI en una Soyuz ha pasado de 27,7 millones de dólares a 43,4 millones.

Y este es sólo el principio de un incremento que alcanzará dentro de cuatro años los 60 millones de dólares por plaza. Es un precio tres veces superior al de hace sólo tres años, cuando viajar en la Soyuz costaba 21,8 millones de dólares. La agencia espacial rusa Roskosmos, sabiendo que el programa del transbordador tocaba a su fin, se han quedado con el monopolio de los vuelos a la EEI y, como era de esperar, ha afectado de lleno a los precios.

A Estados Unidos no le queda otra que pagar si quiere mantener tripulantes en la Estación Espacial. Ese es, en definitiva el precio en dólares contantes y sonantes de haber abandonado su programa tripulado que encarnó mejor que nadie las 135 misiones del transbordador que acaba de ser retirado.

No hay sustitutos

La principal preocupación en Estados Unidos es la falta de recambio. Tras la cancelación por parte de Obama del Programa Constellation –lanzado por Bush para poner un hombre en Marte hacia 2020– por su elevado coste, la NASA se encuentra ahora con una extraordinaria plantilla de astronautas pero sin vehículo con el que ponerlos en órbita.

Los que todos saben es que no se volverá a transitar por el camino de los transbordadores, muy costosos de operar y no especialmente seguros tras los dos accidentes fatales que costaron la vida a 14 astronautas. Lo próximo serán cápsulas del estilo de las del Programa Apolo que tantas satisfacciones dieron en el pasado a la administración espacial. Hay dos en estudio, la Dragon, fabricada por la compañía SpaceX y la CST-100, que ha sido diseñada por Boeing.

La Dragon está más avanzada, el vuelo de prueba se efectuó en diciembre pasado con éxito y empezará a volar este mismo año en su modalidad de nave carguera para aprovisionar a la EEI. La CST está aún en fase de proyecto aunque ha recibido la aprobación de la NASA para convertirse en vehículo de transporte de astronautas hasta la EEI. En el mejor de los casos ninguna de las dos estará lista para sustituir al transbordador hasta, por lo menos, el año 2017, aunque muchos descuentan que hasta 2020 Estados Unidos no volverá a contar con programa tripulado propio.

Una vez tenga la nave (o naves) elegida, la NASA necesita propulsores que las lleven hasta el espacio. El proyecto estrella es el llamado SLS (Space Launch System), que acaba de recibir el espaldarazo oficial por parte del Gobierno. Se trata de un cohete basado en el que ya utilizaba el transbordador que promete, al menos sobre el papel, poner en órbita hasta 130 toneladas de peso. Perfecto como sustituto pero no estará disponible hasta dentro de cinco o seis años.

Roskosmos, por su parte, ha aumentado de manera exponencial su gasto en el espacio. De los menos de 1.000 millones de dólares que destinaba hace sólo unos años ha pasado a los casi 3.000 millones. Y es sólo el principio. A lo largo de esta década Rusia construirá un nuevo cosmódromo, el de Vostokni en el extremo oriente, los cohetes Angará y Rus-M y la nave PPTS sustituta de las Soyuz. La factura será de unos 6.000 millones de dólares que el Gobierno de Medvedev puede permitirse.

No deja de ser paradójico pero, cuarenta años después de la llegada del hombre a la Luna, que marcó la supremacía norteamericana en este campo, sea Rusia –sucesora de la URSS– la que termine ganando con retraso la carrera espacial.

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Rusia suspende los lanzamientos de los cohetes Soyuz dos días después de que Roscosmos, la agencia espacial rusa, anunciase igual medida respecto de los cohetes portadores Protón y los bloques aceleradores Briz-M

DN EFE.MOSCÚ 25/08/2011

Rusia ha suspendido los lanzamiento de los cohetes Soyuz tras la pérdida del carguero espacial Progress M-12M, informaron hoy fuentes de la industria espacial rusa. El Progress, con cerca de tres toneladas de carga, se estrelló el miércoles en Siberia.

"Se ha tomado la decisión de suspender los lanzamientos de los cohetes portadores Soyuz hasta que se esclarezcan las causa del accidente", dijo un representante de ese sector citado por la agencia Interfax.

Agregó que la suspensión afectará con casi toda seguridad el lanzamiento del satélite de navegación Glonass-M con ayuda de un cohete portador Soyuz-2 previsto para el viernes, 26.08.2011.

"La decisión definitiva se adoptará en las próximas horas", dijo la fuente.

El Progress, con cerca de tres toneladas de carga que tenían como destino la Estación Espacial Internacional, se estrelló el miércoles, 24.08.2011, en la república rusa de Altai, en el sur de Siberia, poco después de su lanzamiento desde el cosmódromo de Baikonur (Kazajistán).

La suspensión de los lanzamientos de los Soyuz se produce dos días después de que Roscosmos, la agencia espacial rusa, anunciase igual medida respecto de los cohetes portadores Protón y los bloques aceleradores Briz-M.

Es decisión fue adoptada tras la fallida puesta en órbita del satélite de telecomunicaciones Express-AM4. El aparato, fruto de la colaboración entre la compañía europea Astrium y el Centro de diseño Jrúnichev ruso, fue lanzado el pasado día 18.08.2011, pero quedó situado fuera de la órbita prevista.