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El Sanctus de la misa y su patética suplantación

Por desgracia en el Sanctus se nos sigue dando cambiazo, erre que erre, en nombre de la creatividad del celebrante, a la que es sometido el pueblo.

 

El Sanctus de la misa

Los cuatro serafines que rodean el trono de Dios en el cielo, que es un gran templo, proclaman continuamente en un gigantesco estruendo:

Santo, Santo, Santo

"Los cuatro seres vivientes, cada uno con seis alas, estaban cubiertos de ojos por fuera y por dentro. Día y noche cantan sin pausa: Santo, Santo, Santo es el Señor Dios todopoderoso, el que era, el que es y el que viene" (Ap 4, 8).

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"El año de la muerte del rey Ozías vi al Señor sentado en un trono excelso y elevado, y sus haldas llenaban el templo.
Unos serafines se mantenían erguidos por encima de él; y se gritaban el uno al otro:

«Santo, santo, santo, Yahveh Sebaot: llena está toda la tierra de su gloria».

»Se conmovieron los quicios y los dinteles a la voz de los que clamaban, y la Casa se llenó de humo. Y dije: «¡Ay de mí, que estoy perdido, pues soy un hombre de labios impuros, y entre un pueblo de labios impuros habito: que al rey Yahveh Sebaot han visto mis ojos!». Entonces voló hacia mí uno de los serafines con una brasa en la mano, que con las tenazas había tomado de sobre el altar, y tocó mi boca y dijo:

«He aquí que esto ha tocado tus labios: se ha retirado tu culpa, tu pecado está expiado.»

Y percibí la voz del Señor que decía:

«¿A quién enviaré? ¿y quién irá de parte nuestra»?

Dije:

«Heme aquí: envíame.»

(Isaías 6,1-2a-3-8, lectura primera de la misa del domingo 7.02.2010)

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"Santo, Santo, Santo es el Señor, / Dios del universo. / Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria" (Liturgia de la Misa).

Santo, Santo, Santo es el Señor Dios, el todopoderoso (Salmo responsorial de la misa del 16.11.2016).

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“Si tan sólo llegáramos al cielo, qué cosa más dulce y sencilla que estar allí para siempre diciendo con los ángeles y los santos, Sanctus, sanctus, sanctus” (San Felipe Neri).

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Salió otro ángel del santuario... Otro ángel salió del santuario del cielo... (Ap 14,15; 14,17).

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La gloria de Yahveh salió de sobre el umbral de la Casa y se posó sobre los querubines. Los querubines desplegaron sus alas y se elevaron del suelo ante mis ojos, al salir... Y se detuvieron a la entrada del pórtico oriental de la Casa de Yahveh; la gloria del Dios de Israel estaba encima de ellos. Era el ser que yo había visto debajo del Dios de Israel... y supe que eran querubines. (Ez 10,18-20)

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Catequesis del papa san Juan Pablo II, 11.12.1985: https://w2.vatican.va/content/john-paul-ii/es/audiences/1985/documents/hf_jp-ii_aud_19851211.html

Dios tres veces santo

1 "Santo, Santo, Santo es el Señor, / Dios del universo. / Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria" (Liturgia de la Misa).

Cada día la Iglesia confiesa la santidad de Dios. Lo hace especialmente en la liturgia de la Misa, después del prefacio, cuando comienza la plegaria eucarística. Repitiendo tres veces la palabra "santo", el Pueblo de Dios dirige su alabanza al Dios uno y trino, cuya suprema transcendencia e inasequible perfección confiesa.

Las palabras de la liturgia eucarística provienen del libro de Isaías, donde se describe la teofanía, en la que el Profeta fue admitido a contemplar la majestad de la gloria de Dios, para anunciarla al pueblo:

"...Vi al Señor sentado sobre su trono alto y sublime... Había ante Él Serafines... / Los unos a los otros se gritaban y respondían: / Santo, Santo, Santo es el Señor de los ejércitos. / Está llena la tierra de su gloria" (Is 6, 1-3).

La santidad de Dios connota también su gloria (kabod Jahveh) que habita el misterio íntimo de su divinidad y, al mismo tiempo, se irradia sobre toda la creación.

2. El Apocalipsis, el último libro del Nuevo Testamento, que recoge muchos elementos del Antiguo, propone de nuevo el "Trisagio" de Isaías, completado con los elementos de otra teofanía, tomados del Profeta Ezequiel (Ez 1, 26). En este contexto, pues, oímos proclamar de nuevo:

"Santo, Santo, Santo es el Señor Dios todopoderoso, el que era, el que es y el que viene" (Ap 4, 8).

3. En el Antiguo Testamento a la expresión "santo" corresponde la palabra hebrea "gados", en cuya etimología se contiene, por un lado, la idea de "separación" y, por otro, la idea de "luz": "estar encendido, ser luminoso". Por esto, las teofanías del Antiguo Testamento llevan consigo el elemento del fuego, como la teofanía de Moisés (Ex 3, 2), y la del Sinaí (Dt 4, 12), y también del resplandor, como la visión de Ezequiel (Ez 1, 27-28), la citada visión de Isaías (Is 6, 1-3) y la de Habacuc (Hab 3, 4). En los libros griegos del Nuevo Testamento a la expresión "santo" corresponde la palabra "hagios".

A la luz de la etimología veterotestamentaria se hace clara la siguiente frase de la Carta a los Hebreos: "...nuestro Dios es un fuego devorador" (Heb 12, 29. Cf. Dt 4, 24), así como la palabra de San Juan en el Jordán, respecto al Mesías: "...Él os bautizará en el Espíritu Santo y en el fuego" (Mt 3, 11). Se sabe también que en la venida del Espíritu Santo sobre los Apóstoles, que tuvo lugar en el Cenáculo de Jerusalén, aparecieron "lenguas como de fuego" (Act 2, 3).

4. Si los cultivadores modernos de la filosofía de la religión (por ejemplo Rudolph Otto) ven en la experiencia que el hombre tiene de la santidad de Dios los componentes del "fascinosum" y del "tremendum", esto encuentra comprobación tanto en la etimología, que acabamos de recordar, del término veterotestamentario, como en las teofanías bíblicas, en las cuales aparece el elemento del fuego. El fuego simboliza, por un lado, el esplendor, la irradiación de la gloria de Dios (fascinosum), por otro, el calor que abrasa y aleja, en cierto sentido, el terror que suscita su santidad (tremendum). El "gados" del Antiguo Testamento incluye tanto el "fascinosum" que atrae, como el "tremendum" que rechaza, indicando "la separación" y, por lo mismo, la inaccesibilidad.

5. Ya otras veces, en las catequesis anteriores de este ciclo, hemos hecho referencia a la teofanía del libro del Éxodo. Moisés en el desierto, a los pies del Monte Horeb, vio una "zarza que ardía sin consumirse" (Cf. Ex 3, 2), y cuando se acerca a esa zarza, oye la voz: "No te acerques. Quita las sandalias de tus pies, que el lugar en que estás es tierra santa" (Ex 3, 5). Estas palabras ponen de relieve la santidad de Dios, que desde la zarza ardiente revela a Moisés su Nombre ("Yo soy el que soy"), y con este Nombre lo envía a liberar a Israel de la tierra egipcia. Hay en esta manifestación el elemento del "tremendum": la santidad de Dios permanece inaccesible para el hombre ("no te acerques"). Características semejantes tiene también toda la descripción de la Alianza hecha en el monte Sinaí (Ex 19-20).

6. Luego, sobre todo en la enseñanza de los Profetas, este rasgo de la santidad de Dios, inaccesible para el hombre, cede en favor de su cercanía, de su accesibilidad, de su condescendencia.

Leemos en Isaías:

"Porque así dice el Altísimo, / cuya morada y cuyo nombre es santo: / Yo habito en un lugar elevado y santo, / pero también con el contrito y humillado, / para hacer revivir el espíritu de los humillados / y reanimar los corazones contritos" (Is 57, 15).

De modo parecido en Oseas:

"...soy Dios y no hombre, / soy santo en medio de ti / y no llevaré a efecto el ardor de mi cólera." (Os 11, 9).

7. El testimonio máximo de su cercanía, Dios lo ha dado, enviando a la tierra a su Verbo, la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, el cual tomó un cuerpo como el nuestro y vino a habitar entre nosotros.

Agradecidos por esta condescendencia de Dios, que ha querido acercarse a nosotros, no limitándose a hablarnos por medio de los Profetas, sino dirigiéndose a nosotros en la persona misma de su Hijo unigénito, repitamos con fe humilde y gozosa: "Tu solus Sanctus...". "Sólo Tú eres Santo, sólo Tú Señor, sólo Tú Altísimo, Jesucristo, con el Espíritu Santo en la gloria de Dios Padre. Amén".

© Copyright 1985 - Libreria Editrice Vaticana

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El Trisagio

Los cuatro seres vivientes, cada uno con seis alas, estaban cubiertos de ojos por fuera y por dentro. Día y noche cantan sin pausa: «Santo, Santo, Santo es el Señor, soberano de todo: el que era y es y viene» (Ap 4).

El Trisagio que Isaías
Escribió con tanto celo,
Lo cantan siempre en el cielo
Angélicas jerarquías;
Tan piadosas melodías
Son de las almas encanto.

Con ferviente anhelo por dar al infierno espanto,
Angeles y Serafines dicen: Santo, Santo, Santo.

Dios Uno y Trino, a quien tanto
Arcángeles. Querubines,
Angeles y Serafines
Dicen: Santo, Santo, Santo.
(Gozos del beato Fray DIEGO JOSÉ DE CÁDIZ)

Santo Dios, Santo fuerte, Santo inmortal, tened misericordia de nosotros

El Concilio General de Calcedonia prescribió el Trisagio a todos los fieles, para invocar a la Santísima Trinidad en tiempos funestos y de calamidades

San Antonio María Claret, después de una locución que tuvo en la Granja (Segovia), el día 27 de agosto de 1851, en la Iglesia del Rosario, dijo que “la salvación de España se cifraba en tres devociones: el Trisagio, el Santísimo Sacramento y el Rosario”.