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Falta de vocaciones... ¿Y si hiciésemos lo que Jesús dice?

"Rogad al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies" (Mt 9,38).

Es penoso que incluso el día en que se lee en la misa este evangelio se oigan recomendaciones y exhortaciones de ir a atender a las ovejas y hacer de pastores, dado que hay falta de vocaciones, etc. Es decir exhortaciones a hacer una serie de cosas muy buenas en todo menos en que no dan resultado. A participar en planificaciones formidables, pero que fallan estrepitosamente. Siendo así que es el mismo Jesús el que dice lo que hay que hacer ante el hecho que Él plantea de que la mies es mucha y los obreros, pocos.

Esto hace recordar que es totalmente prioritario rezar con insistencia por los sacerdotes y obispos. Están en máximo peligro de ataque de Satanás y sus asechanzas. Todos podemos caer en cualquier tentación. Son conocidos los casos terribles de caídas horrorosas e impensables a todos los niveles. No nos toca habitualmente tener que denunciar a los que corrompen la fe o la moralidad, ni enfrentarnos a ellos. A los que no llegan a tanto, lo que procede no es criticarles, sino ofrecer por ellos nuestras oraciones acompañadas de ayunos y otras mortificaciones, no sea que seamos nosotros los que pequemos de omisión y disociemos el predicar del dar trigo.

Parece claro que en el mandato de Jesús de "rogad al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies" se incluye en primer lugar a los obreros ya enviados. Parece claro que esto significa también que Jesús no quiere que les critiquemos, sino que roguemos por ellos.

Santa Teresa del Niño Jesús dice y enseña como doctora de la Iglesia que es:

"Comprendí que sólo el amor podía hacer actuar a los miembros de la Iglesia; que si el amor llegaba a apagarse, los apóstoles ya no anunciarían el Evangelio y los mártires se negarían a derramar su sangre..." (Historia de un Alma, Manuscrito B, 3vº).

Este amor imprescindible para que los sacerdotes sean buenos sacerdotes incluye la ofrenda del sufrimiento:

"No tengo otra forma de demostrarte mi amor que arrojando flores, es decir, no dejando escapar ningún pequeño sacrificio... Quiero sufrir por amor, y hasta gozar por amor. Así arrojaré flores delante de tu trono... Y además, al arrojar mis flores, cantaré ... , cantaré aun cuando tenga que coger las flores entre las espinas, y tanto más melodioso será mi canto, cuanto más largas y punzantes sean las espinas". (Historia de un Alma, Manuscrito B, 4rº-4vº).

La ofrenda del deseo de todos los sufrimientos:

"Como tú, adorado Esposo mío, quisiera ser flagelada y crucificada... Quisiera morir desollada, como san Bartolomé... Quisiera ser sumergida, como san Juan, en aceite hirviendo... Quisiera sufrir todos los suplicios infligidos a los mártires... Con santa Inés y santa Cecilia, quisiera presentar mi cuello a la espada, y como Juana de Arco, mi hermana querida, quisiera susurrar tu nombre en la hoguera, Jesús... Al pensar en los tormentos que serán el lote de los cristianos en tiempos del anticristo, siento que mi corazón se estremece de alegría y quisiera que esos tormentos estuviesen reservados para mí..." (Historia de un Alma, Manuscrito B, 3vº).

Porque obviamente el amor tiene que ser verdadero, es decir, amor con locura. Como el de Jesús por nosotros.

Es urgentísimo rezar y suplicar constantemente por los sacerdotes y obispos

Dios elimina nuestros pecados y hace que nuestra alma quede y sea como nueva

Señor, perdónanos, que no sabemos lo que hacemos
Esta es la oración apropiada para nosotros. La de Jesús es: "Padre perdónales porque no saben lo que hacen".

Al ver a las muchedumbres, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, como ovejas que no tienen pastor». Entonces dijo a sus discípulos:

«Las mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies» (Mt 9,37-38).

Jesús dice que roguemos, pero ellos dicen que hagamos otra cosa y después se lamentan de que no haya vocaciones.

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Es urgentísimo rezar y suplicar constantemente por los sacerdotes y obispos

Están en el máximo peligro, porque el demonio, aún más constantemente, les acecha y busca hacerles caer.

No hay que criticarles por sus deficiencias. Dios no lo quiere. Son suyos. Del Corazón de su Hijo.

Dios quiere que evitemos caer en esas eventuales deficiencias y errores de los sacerdotes y obispos y que, si es posible, les pongamos en guardia a ellos y a todos, respecto a esas eventuales deficiencias y errores

Y quiere que le pidamos por ellos. Nosotros se lo debemos, no sólo a Él, sino a los propios sacerdotes y obispos. Cuya intención inicial y a la que han sido llamados es a servirnos y darnos a Jesucristo, su vida, su Cuerpo y su perdón.

Tenemos que pedir para que constantemente vuelvan a su vocación. A la alegría de su vocación.

Todo sacerdote ha sido dotado con el poder de hacer el milagro más grande que hizo el propio Jesucristo. Y hace este milagro ante nuestra vista. En cada misa, en la consagración, convierte el pan en el Cuerpo de Cristo entregado por nosotros; y el vino en su Sangre derramada por nosotros.

Y pueden perdonar nuestros pecados. Lo que sólo puede hacer Dios. A los sacerdotes también les da este poder. Se asemejan así a Dios Padre Todopoderoso, que no sólo manifiesta su poder en la creación, sino más aún al perdonarnos nuestros pecados, porque los destruye, hace que no existan, y es como si nos diera un alma nueva de trinca, inocente y pura por la sangre de Cristo. Y esto hacen los sacerdotes al perdonarnos los pecados. Como el Creador Todopoderoso e infinitamente misericordioso con cuyo poder amoroso nos perdonan los pecados y nos dan un alma limpia y nueva.