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Hay profetas y hay estudiosos de lo que dicen

Para la fe hace falta la gracia. Una gracia externa:

«La fe proviene del oído, y el oído es informado por la palabra de Dios» (Rm 10, 17)

Y una gracia interna:

«Os ha sido dado (…) el que creáis en Él» (Filip, 1, 29)».

Aclara santo Tomás:

«Dos cosas se requieren para la fe: una de ellas es la inclinación del corazón a lo que se debe creer, y esto no viene del oír sino de un don de la gracia; la otra es la fijación o determinación de lo que se ha de creer, y esto viene del oír».(Santo Tomás de Aquino, Comentario a la epístola a los romanos, c. 10, lec. 2)

Las dos son gracias de Dios. La externa consiste en que Dios en su Providencia hace que se nos dé a conocer el contenido de lo que se ha de creer: "oír".

La "interna" consiste en que Dios nos da la inclinación del corazón a lo que debemos creer.

Aclara santo Tomás que hay un oído interior, que es el don de oír a Dios, el don de profecía:

«Se dice que cree el hombre las cosas que por otros se le dicen y que él mismo no ve (…) Más hay un doble oído: el uno, interior, por el que alguien oye a Dios revelante, tal como se dice en la Escritura: «Escucharé lo que diga en mí el Señor Dios» (Sal 84, 9); y el otro oído es con el que el hombre oye a otro hombre que le habla (…) el primer oído no pertenece comúnmente a todos, sino que pertenece propiamente a la gracia de profecía, que es una gracia gratis data para algunos separadamente».

Además del don de profecía, está lo que "los estudiosos", dice santo Tomás, alcanzan a comprender de algún modo:

"Pues se dice en el Eclesiástico: «¿Quién puede engrandecerle tal como es? Mayores que éstas quedan ocultas muchas cosas, que bien poco de sus obras hemos visto» (Eclo 43,31-32). Y el Señor a sus discípulos: «Muchas cosas tengo para deciros, pero ahora no podéis haceros cargo de ellas» (Jn 16,12).--Es más, estas pocas cosas que nos son reveladas se nos proponen bajo ciertas semejanzas y oscuridades de palabras, a fin de que solo los estudiosos alcancen a comprenderlas de alguna manera".
(Santo Tomás de Aquino, Suma contra los gentiles, IV, c. 1)

Entonces les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras.
(Lc 24,45)

Dios ha dicho por medio de san Pablo que en la Iglesia hay profetas y que otros han recibido otras gracias gratis datae o carismas para ponerlos al servicio de los demás:

"Así como nuestro cuerpo, en su unidad, posee muchos miembros, y no desempeñan todos los miembros la misma función, así también nosotros, siendo muchos, no formamos más que un solo cuerpo en Cristo, siendo cada uno por su parte los unos miembros de los otros. Pero teniendo dones diferentes, según la gracia que nos ha sido dada, si es el don de profecía, ejerzámoslo en la medida de nuestra fe; si es el ministerio, en el ministerio; la enseñanza, enseñando; la exhortación, exhortando. El que da, con sencillez; el que preside, con solicitud; el que ejerce la misericordia, con jovialidad.
(Rom 12,4-8)

"A cada cual se le otorga la manifestación del Espíritu para provecho común. Porque a uno se le da por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia según el mismo Espíritu; a otro, fe, en el mismo Espíritu; a otro, carismas de curaciones, en el único Espíritu; a otro, poder de milagros; a otro, profecía; a otro, discernimiento de espíritus; a otro, diversidad de lenguas; a otro, don de interpretarlas. Pero todas estas cosas las obra un mismo y único Espíritu, distribuyéndolas a cada uno en particular según su voluntad....
Ahora bien, vosotros sois el cuerpo de Cristo, y sus miembros cada uno por su parte.
Y así los puso Dios en la Iglesia, primeramente como apóstoles; en segundo lugar como profetas; en tercer lugar como maestros; luego, los milagros; luego, el don de las curaciones, de asistencia, de gobierno, diversidad de lenguas.
(I Cor 12,7-11;27-28)

Buscad la caridad; pero aspirad también a los dones espirituales, especialmente a la profecía. Pues el que habla en lengua no habla a los hombres sino a Dios. En efecto, nadie le entiende: dice en espíritu cosas misteriosas. Por el contrario, el que profetiza, habla a los hombres para su edificación, exhortación y consolación. El que habla en lengua, se edifica a sí mismo; el que profetiza, edifica a toda la asamblea. Deseo que habléis todos en lenguas; prefiero, sin embargo, que profeticéis. Pues el que profetiza, supera al que habla en lenguas, a no ser que también interprete, para que la asamblea reciba edificación...
Doy gracias a Dios porque hablo en lenguas más que todos vosotros; pero en la asamblea, prefiero decir cinco palabras con mi mente, para instruir a los demás, que 10.000 en lengua...
¿Qué concluir, hermanos? Cuando os reunís, cada cual puede tener un salmo, una instrucción, una revelación, un discurso en lengua, una interpretación; pero que todo sea para edificación.
Si se habla en lengua, que hablen dos, o a lo más, tres, y por turno; y que haya un interprete. Si no hay quien interprete, guárdese silencio en la asamblea; hable cada cual consigo mismo y con Dios.
En cuanto a los profetas, hablen dos o tres, y los demás juzguen. Si algún otro que está sentado tiene una revelación, cállese el primero. Pues podéis profetizar todos por turno para que todos aprendan y sean exhortados.
(I Cor 14,1-5;18-19;26-31)

¿Por qué acusar al que estudia de que se las da de profeta? Si no hace más que obedecer desde pequeño a los que mandan en nombre de Dios estudiar Su palabra y la buena doctrina de los que Él a puesto como pastores.

Y Dios da también como una gracia el don de comprender las Escrituras y la de alcanzar a comprender de alguna manera las cosas reveladas.

Si Dios ha dicho por medio de san Pablo que, además de profetas, hay maestros, etc, alguien tendrá que escucharles activamente, pensando lo que dicen y tratando de entenderlo para vivirlo y propagarlo. ¿Y si alguien estudia lo que enseñan esos maestros, profetas, etc? ¿Y si Dios le abre el entendimiento y alcanza a entender algo? ¿Y si trata de poner a disposición de los demás la gracia recibida? ¿Y si no tiene más remedio que contentarse con la trabajosa expresión escrita?

Fue Amós el que dijo que no era profeta, ni hijo de profeta, sino pastor y cuidador de sicomoros. Hasta que Dios le mandó que diera sus mensajes. Esto es pasar a ser profeta, porque Dios le hizo profeta. ¿Y si uno ha hecho caso de que hay que leer la Sagrada Escritura y la doctrina de la Iglesia y todo lo demás y lo ha hecho desde pequeño en vez de quedarse mirando sicomoros y Dios le ha hecho llegar a entender lo que lee, caer en la cuenta de lo que significa y que debe propagarlo?

La Iglesia en el Concilio Vaticano II decretó:

«Los cristianos seglares obtienen el derecho y la obligación del apostolado por su unión con Cristo Cabeza. Ya que insertos en el bautismo en el Cuerpo Místico de Cristo, robustecidos por la Confirmación en la fortaleza del Espíritu Santo, son destinados al apostolado por el mismo Señor...
»El apostolado se ejerce en la fe, en la esperanza y en la caridad, que derrama el Espíritu Santo en los corazones de todos los miembros de la Iglesia...
»Para ejercer este apostolado, el Espíritu Santo opera la santificación del Pueblo de Dios por el ministerio y los sacramentos, concede también dones peculiares a los fieles (cf. 1 Cor 12,7), "distribuyéndolos a cada uno según quiere" (1Cor 12,11), para que "cada uno, según la gracia recibida poniéndola al servicio de los demás", sean también ellos "administradores de la multiforme gracia de Dios" (1 Pe 4,10), para edificación de todo el cuerpo en la caridad (cf. Ef 4,16)
»De la recepción de estos carismas, incluso de los más sencillos, procede a cada uno de los creyentes el derecho y la obligación de ejercitarlos para bien de los hombres y edificación de la Iglesia, ...en la libertad del Espíritu Santo, que "sopla donde quiere" (Jn, 3,8), ....en unión con los hermanos en Cristo, sobre todo con sus pastores, a quienes pertenece el juzgar su genuina naturaleza y su debida aplicación, no por cierto para que apaguen el Espíritu, sino con el fin de que todo lo prueben y retengan lo que es bueno (Cf. 1 Tes., 5,12; 19,21)».
(Concilio Vaticano II. Apostolicam actuositatem, 3)

Y dispone en el Código de Derecho Canonico CIC

211 Todos los fieles tienen el deber y el derecho de trabajar para que el mensaje divino de salvación alcance más y más a los hombres de todo tiempo y del orbe entero.

229 § 1.    Para que puedan vivir según la doctrina cristiana, proclamarla, defenderla cuando sea necesario y ejercer la parte que les corresponde en el apostolado, los laicos tienen el deber y el derecho de adquirir conocimiento de esa doctrina, de acuerdo con la capacidad y condición de cada uno.

225 § 1.    Puesto que, en virtud del bautismo y de la confirmación, los laicos, como todos los demás fieles, están destinados por Dios al apostolado, tienen la obligación general, y gozan del derecho tanto personal como asociadamente, de trabajar para que el mensaje divino de salvación sea conocido y recibido por todos los hombres en todo el mundo; obligación que les apremia todavía más en aquellas circunstancias en las que sólo a través de ellos pueden los hombres oír el Evangelio y conocer a Jesucristo.

212 § 1.    Los fieles, conscientes de su propia responsabilidad, están obligados a seguir, por obediencia cristiana, todo aquello que los Pastores sagrados, en cuanto representantes de Cristo, declaran como maestros de la fe o establecen como rectores de la Iglesia.

 § 2.    Los fieles tienen derecho a manifestar a los Pastores de la Iglesia sus necesidades, principalmente las espirituales, y sus deseos.

 § 3.    Tienen el derecho, y a veces incluso el deber, en razón de su propio conocimiento, competencia y prestigio, de manifestar a los Pastores sagrados su opinión sobre aquello que pertenece al bien de la Iglesia y de manifestar a los demás fieles, salvando siempre la integridad de la fe y de las costumbres, la reverencia hacia los Pastores y habida cuenta de la utilidad común y de la dignidad de las personas.

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Dios dice:

Hijo, desde tu juventud haz acopio de doctrina, y hasta encanecer encontrarás sabiduría. Como el labrador y el sembrador, trabájala, y cuenta con sus mejores frutos, que un poco te fatigarás en su cultivo, y bien pronto comerás de sus productos.
(Eclo 6,18-19 y siguientes)