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En vez de tener preocupaciones, expresarle amor a Jesús

Nuestros problemas y preocupaciones debemos decirle a Jesús que los dejamos en sus manos, y que le queremos y le agradecemos su amor con nuestro amor, en vez de dedicar el tiempo a taladrarnos con esos problemas y preocupaciones. Puesto que, además de ser de justicia corresponderle, Él nos pide y suplica que le demos algún retorno de amor a su amor tan grande y que pagó con toda su sangre, y que aún lo volvería a pagar, eso y más, por ese retorno de amor por nuestra parte.

Jesús a santa Margarita Mª Alacoque le suplicaba que le queramos y le decía que está dispuesto a padecer otra vez todos los enormes sufrimientos de su Pasión con tal de que le queramos un poco:

Le refería el exceso de su amor a los hombres y que a cambio no recibía de ellos más que ingratitudes, «lo que me es mucho más sensible --se lamentaba Jesús-- que todo lo que he sufrido en mi pasión: tanto que si me rindiesen algún retorno de amor, yo estimaría poco todo lo que he hecho por ellos, y querría, si ello se pudiera, hacer aún más; pero no tienen más que frialdades y rechazo hacia todos mis apremios».
(Bougaud: Histoire de la Bienheureuse Marguerite-Marie, pág. 243).

Este lamento de Jesús también está en la Sagrada Escritura, como lo recuerda el papa Pío XI en la Miserentissimus Redemptor, 10:

"El mismo Cristo se queja a sus amigos del desamparo, diciendo por los labios del Salmista: «El oprobio me ha roto el corazón y desfallezco. Espero compasión, y no la hay, consoladores, y no encuentro ninguno». (Sal 69,21, según la referencia actualizada y según la traducción de la Biblia de Jerusalén).

Debemos, pues, dedicar todo el tiempo posible a decirle a Jesús que le queremos, que le estamos agradecidos, que confiamos en su Corazón, en el amor que expresa, el amor con locura que nos tiene; para empezar ya a expresarle nuestro amor sin esperar a ser buenos. Esto es lo más urgente de todo. ..

Y pedirle a Jesús el Espíritu Santo para poderle amar a Él y al prójimo.

Tenemos, sí, que ocuparnos en los trabajos que Dios nos envía y contarle a Jesús nuestros problemas. Ocuparnos en esos asuntos y en el bien del prójimo. Preocuparnos no. Dejar las soluciones en manos de Dios y dedicar el tiempo a quererle.

El caso extremo es el de san Isidro Labrador, que a buen seguro trabajaba según su oficio, pero al que los ángeles acudieron a hacerle la tarea de cultivar sus campos mientras él daba gloria a Dios.

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(537) Ascesis de la memoria. «No os preocupéis» (Mt 6,34) (1), por don José María Iraburu, Infocatólica 16.03.2019

(540) Ascesis de la memoria (2). ¡Levantemos el corazón! , por don José María Iraburu, Infocatólica 8.04.19 

Jesús, el Verbo hecho carne, nos manda:

«No andéis preocupados por vuestra vida»

«no os preocupéis» (cf. Mt 6,25-34

«¿No se venden un par de gorriones por un céntimo? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre… Por eso, no tengáis miedo: valeis más vosotros que muchos gorriones» (Mt 10,29-31).

«Si no os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos» (Mt 18,3).

(Mt 6,25-34; 13,22; Lc 12,22s; Jn 14,1. 27; Flp 4,4-9).

 

«La paz os dejo, mi paz os doy; no como el mundo la da os la doy yo. No se turbe vuestro corazón ni se intimide» (Jn 14,27).

Mateo 6

25 «Por eso os digo: No andéis preocupados por vuestra vida, qué comeréis, ni por vuestro cuerpo, con qué os vestiréis. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? 26 Mirad las aves del cielo: no siembran, ni cosechan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellas?

27 Por lo demás, ¿quién de vosotros puede, por más que se preocupe, añadir un solo codo a la medida de su vida? 28 Y del vestido, ¿por qué preocuparos? Observad los lirios del campo, cómo crecen; no se fatigan, ni hilan. 29 Pero yo os digo que ni Salomón, en toda su gloria, se vistió como uno de ellos. 30 Pues si a la hierba del campo, que hoy es y mañana se echa al horno, Dios así la viste, ¿no lo hará mucho más con vosotros, hombres de poca fe?

31 No andéis, pues, preocupados diciendo: ¿Qué vamos a comer?, ¿qué vamos a beber?, ¿con qué vamos a vestirnos? 32 Que por todas esas cosas se afanan los gentiles; pues ya sabe vuestro Padre celestial que tenéis necesidad de todo eso. 33 Buscad primero su Reino y su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura. 34 Así que no os preocupéis del mañana: el mañana se preocupará de sí mismo. Cada día tiene bastante con su propio afán».

«¿Quién de vosotros con sus preocupaciones podrá añadir una hora al tiempo de su vida?». (Mt 6,27)

 

«Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo»

«Os lo aseguro: el Hijo no puede hacer por su cuenta nada que no vea hacer al Padre. Lo que hace éste, eso mismo hace también el Hijo… Yo no puedo hacer nada por mí mismo; según le oigo, juzgo, y mi juicio es justo porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió» (Jn 5,19.30).

«Obediente hasta la muerte, y muerte de cruz» (Flp 2,8).

«No se haga mi voluntad, sino la tuya» (Lc 22,42).

 

«Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió» (Jn 4,24).

«Marta, Marta, tú te andas inquieta y preocupada por muchas cosas» (Lc 10,41)

La Virgen María:

«He aquí la esclava del Señor. Hágase en mí» según su voluntad (Lc 1,38).

Dice Dios por san Pablo:

«Para que gocemos de libertad, Cristo nos ha hecho libres; mantenéos, pues, firmes y no os dejéis sujetar al yugo de la servidumbre» (Gál 5,1).

«Os digo, hermanos, que el tiempo es corto. Sólo queda que… los que negocian en el mundo, vivan como si no disfrutaran de él; porque la representación de este mundo se termina. Y quiero que os ahorréis preocupaciones» (1Cor 7,29-32)

«para que gocemos de libertad, Cristo nos ha hecho libres» (Gál 5,1).

«con la libertad gloriosa de los hijos de Dios» (Rm 8,21).

Y ya en el Antiguo Testamento:

«Encomienda al Señor tus afanes, que Él te sustentará» (Sal 54,23).

«Cuando se multiplican mis preocupaciones, tus consuelos son mi delicia» (93,19).

«Encomienda tu camino al Señor, confía en Él, y Él actuará. Descansa en el Señor y espera en él» (36,5.7).

«En paz me acuesto y en seguida me duermo, porque tú solo, Señor, me haces vivir tranquilo» (4,9; cf. 3,6).

«El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace recostar;
me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas.
Me guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre.
Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan.
Preparas una mesa ante mí,
enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume,
y mi copa rebosa. 
Tu bondad y tu misericordia me acompañan
todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor
por años sin término».
Salmo 23

Santa Teresa:

«nada te turbe y nada te espante»

 

«No hallo yo cosa con que comparar la gran hermosura de un alma y la gran capacidad… Basta decir Su Majestad que es hecha a su imagen para que apenas podamos entender la gran dignidad y hermosura del ánima» (1Morada 1,1). Sin embargo, «hay muchas almas que están en la ronda del castillo [es decir, fuera de él] –que es donde están los que le guardan– y que no se les da nada entrar dentro, ni saben qué hay en aquel tan precioso lugar, ni quién está dentro, ni aun qué piezas tiene» (1,5). «Decíame poco ha un gran letrado que son las almas que no tienen oración como un cuerpo con parálisis o tullido, que aunque tiene pies y manos, no los puede mandar. Que así son, que hay almas tan enfermas y mostradas a estarse en cosas exteriores, que no hay remedio ni parece que pueden entrar dentro de sí; porque ya la costumbre la tiene tal de haber siempre tratado con las sabandijas y bestias que están en el cerco del castillo, que ya casi está hecha como ellas, y con ser de natural tan rica y poder tener su conversación nada menos que con Dios, no hay remedio» (1,6). Sin embargo, si alguna vida espiritual tienen, «aunque están muy metidas en el mundo, tienen buenos deseos y alguna vez –aunque de tarde en tarde– se encomiendan a nuestro Señor y consideran quiénes son, aunque no muy despacio» (1,8).

 

Nuestro Señor «es muy buen vecino, y es tanta su misericordia y bondad que aun estándonos nosotros en nuestros pasatiempos y negocios y contentos y baraterías del mundo, y aun cayendo y levantando en pecados (porque estas bestias son tan ponzoñosas y peligrosa su compañía y bulliciosas, que por maravilla dejarán de tropezar en ellas para caer); con todo esto, tiene en tanto este Señor nuestro que le queramos y procuremos su compañía, que una vez u otra no nos deja de llamar para que nos acerquemos a Él. Y es esta voz tan dulce que se deshace la pobre alma en no hacer luego lo que le manda» (2,2). En fin, «la puerta para entrar en este castillo es la oración. Pues pensar que hemos de entrar en el cielo y no entrar en nosotros, conociéndonos y considerando nuestra miseria y lo que debemos a Dios, y pidiéndole muchas veces misericordia, es desatino» (2,11).

 

San Juan de la Cruz:

«El Espíritu Santo quiere enseñarnos a «poner las potencias en silencio y callando para que hable Dios» (3 Sub 3,4),

«la memoria quede callada y muda, y sólo el oído del espíritu en silencio a Dios, diciendo Habla, Señor, que tu siervo escucha”» (3,5).

«date al descanso echando de ti cuidados y no se te dando nada de cuanto acaece, y servirás a Dios a su gusto y holgarás en él» (Dichos 69).

«¡Oh almas criadas para estas grandezas y para ellas llamadas!, ¿qué hacéis?, ¿en qué os entretenéis? Vuestras pretensiones son bajezas y vuestras posesiones miserias. ¡Oh miserable ceguera de los ojos de vuestra alma, pues para tanta luz estáis ciegos, y para tan grandes voces sordos, no viendo que, en tanto que buscáis grandezas y gloria [noticias, relaciones, televisión, internet, aparatos, informes, reportajes, entrevistas, imágenes, etc.], os quedáis miserables y bajos, de tantos bienes hechos ignorantes e indignos!» (Cántico espiritual 39,7).

«cuanto más el alma desaposesionare la memoria de formas y cosas memorables que no son Dios, tanto más pondrá la memoria en Dios y más vacía la tendrá para esperar de él el lleno de su memoria» (3Subida 15,1).

«Quedeme y olvídeme, / el rostro incliné sobre el Amado; / cesó todo y déjeme, / dejando mi cuidado / entre las azucenas olvidado» (Canc. introdSubida).

«de todas estas noticias y formas se ha de desnudar y vaciar [la memoria], y procurar perder la aprehensión imaginaria de ellas, de manera que en ella no le dejen impresa noticia ni rastro de cosa, sino que se quede calva y rasa, como si no hubiese pasado por ella, olvidada y suspendida de todo» (3 S 2,4).

«Dios les hace acordarse de lo que se han de acordar y olvidar lo que es de olvidar» (2,9).

«pedir luz para conocer Su voluntad y la fuerza necesaria para cumplirla» (Or. I dom. T.O.)

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