......HISTORIA UNIVERSAL......

El cardenal Policarpo denuncia la influencia directa de la masonería en la política

Giacomo Galeazzi/ Vatican Insider ReL 13.01.2012

Desde el santuario mariano de Fátima, el cardenal arzobispo de Lisboa José da Cruz Policarpo estigmatiza el poder ejercitado por los masones en la política nacional e internacional.

"La masonería –ha dicho- ejercita una influencia directa en los asuntos políticos".

Actividades subversivas e ideas filosóficas y morales opuestas

La denuncia del jefe de la Iglesia portuguesa no es una denuncia aislada.

Bajo el perfil del Magisterio, la fecha símbolo cuando se habla de masonería es el 26 de noviembre de 1983. Ese día, de hecho, la Congregación para la Doctrina de la Fe publicaba una declaración sobre las asociaciones masónicas. Desde cuando la Iglesia inició a pronunciarse sobre la masonería su juicio negativo ha sido inspirado por muchas razones prácticas y doctrinales. La Iglesia no ha juzgado la masonería responsable solamente de actividades subversivas en su contra, sino que desde los primeros documentos pontificios sobre la materia y en particular en la encíclica "Humanun Genus" de León XIII (20 de abril de 1884), el Magisterio de la Iglesia ha denunciado en la Masonería ideas filosóficas y concepciones morales opuestas a la doctrina católica. Para León XIII, estas tienden esencialmente a un naturalismo racionalista, inspirador de sus planes y de sus actividades contra la Iglesia. En su carta al pueblo italiano "Custodi" (8 de diciembre e 1882), León XIII escribía: "Recordemos que el cristianismo y la Masonería son esencialmente inconciliables, tanto que inscribirse en uno significa apartarse del otro". No sorprende, por lo tanto, el "anatema" del guardián de la ortodoxia, Joseph Ratzinger.

Inconciliabilidad de principios
La Iglesia, de hecho, no podía dejar de tomar en consideración la posición de la masonería desde el punto de vista doctrinal, visto que en los años 1970-1980, la Congregación para la Doctrina de la Fe estaba, en correspondencia con algunas conferencias episcopales nacionales, particularmente interesadas en este problema a causa del diálogo iniciado por algunas personalidades católicas con representantes de algunas logias que se declaraban no hostiles a la Iglesia. 1983 era el momento ideal para un pronunciamiento orgánico. El estudio más profundo, de hecho, había llevado al ex Santo Oficio a confirmar su convicción de la inconciliabilidad de fondo entre los principios de la masonería y los de la fe cristiana. Prescindiendo por lo tanto de la consideración de la actitud práctica de diversas logias, de hostilidad o no hacia la Iglesia, la Congregación para la Doctrina de la Fe, con su declaración del 26 de noviembre de 1983, quiso colocarse al nivel más profundo y por otra parte esencial del problema: es decir, en el plano de la inconciliabilidad de los principios, lo cual significa sobre el plano de la fe y de sus exigencias morales. Partiendo de este punto de vista doctrinal, en continuidad con la posición tradicional de la Iglesia (en primer lugar los documentos de condena emanados por León XIII) derivan luego las necesarias consecuencias prácticas, que son válidas para todos esos fieles que inscritos a la masonería en su caso.

La comunidad de los "constructores libres" y sus obligaciones morales, de hecho, se presenta como un sistema progresivo de símbolos con un carácter extremadamente comprometedor. La rígida disciplina del arcano que la domina refuerza todavía más el peso de la interacción de señales y de ideas. Este clima de secretismo conlleva, sobre todo, para los inscritos el riesgo de convertirse en un instrumento de estrategias que ellos mismos pueden ignorar. Un cuadro bastante ilustrativo de la "cuestión masónica" y de la controvertida relación entre la túnica y el compás, es el presentado el 28 de agosto de 2011 por el historiador de la Universidad de Turín, Angelo d´ Orsi, en un artículo publicado el "Il Fatto Quotidiano". El punto de partida es la salida del director de Avvenire, el diario de los obispos, que dando la culpa de una campaña contra la Iglesia a la masonería, habla de una película ya vista". ¿Pero de qué película estamos hablando?

Antonio Gramsci habló una sola vez en el aula del Congreso de los Diputados, el 16 de mayo de 1925: se estaba discutiendo el diseño de ley Rocco-Mussolini, que prohibía las "asociaciones secretas". Se dijo que era contra la Masonería: Gramsci entendió que se trataba de un instrumento para poner al margen de la ley a todas las organizaciones del movimiento obrero, como hizo notar en ese discurso que suscitó violentas interrupciones por parte del mismo Duce y de algunos de sus discípulos. "La masonería es la pequeña bandera que sirve para hacer pasar mercancía reaccionaria antiproletaria", exclamó ese orador de voz apagada pero de fuerte temperamento; y añade: "Con los masones el fascismo llegará fácilmente a un compromiso". Y sucedió, aunque formalmente las logias fueran disueltas por el régimen, que la masonería italiana no murió; además los financiamientos de sus miembros al movimiento "mussoliniano" habían sido importantes, y habían favorecido su subida al poder. "Cierto –evidencia el profesor d´Orsi- emergieron dos tendencias, una democrática, antifascista, la otra, filofascista; también en el pasado habían existido dos claras tendencias, llegando en 1908 (la candente cuestión de la laicidad de la escuela) a una escisión que nunca se sanó.

De nuevo en 1983, una declaración (firmada nada menos que por Joseph Ratzinger, entonces potente Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe y futuro Papa Benedicto XVI) confirmaba la incompatibilidad de los principios masónicos con la doctrina de la Iglesia y que los fieles miembros de asociaciones masónicas no podían acceder a la Santa Comunión. La oposición estuvo siempre motivada no solo por el carácter secreto de la organización, sino también por el laicismo, racionalismo y "relativismo" de las doctrinas masónicas, y por la reiterada implicación de los "hermanos" en acciones dirigidas contra la Iglesia misma y contra los "legítimos" poderes civiles.

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Gilberto Pérez/ReL 28.01.2011

Un documental de la emisora televisiva Canal + y un dossier del semanario Le Point, el cual anuncia sus descubrimientos sobre “Los Masones: la mano invisible”, “han hecho temblar la política francesa”, señala el representante de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) para la lucha contra el racismo, la xenofobia y la discriminación, Massimo Introvigne. Según relata Introvigne en un artículo, el documental y el dossier hacen una lista de masones en el actual Gobierno de Francia en la que figuran el ministro del Interior, el de Economía, los de Asuntos Sociales, de Cooperación con el Parlamento, de Cooperación Internacional y “el verdadero puntal de referencia de la masonería francesa”, el ex Gran Maestro del Gran Oriente Alain Bauer, consejero para la Seguridad Nacional del Presidente Sarkozy.

También en la Magistratura

Además, continúa Introvigne basándose en la información de los medios, en la Magistratura, “los masones están tan omnipresentes que los especialistas reconocen también la polémica interna entre los jueces como enfrentamientos entre el Gran Oriente y la Gran Logia. Y también algún ‘bunga bunga’ que ha involucrado a magistrados masones”.

Las maniobras de los masones y la legalización de la eutanasia

Esta numerosa y activa presencia de masones en la actual casta política francesa sirve a Introvigne de introducción para señalar que, y siempre basándose en las fuentes mencionadas, detrás del nuevo y “audaz” intento por legalizar la eutanasia hubo fuertes presiones y luchas de poder entre los miembros de las logias. “La madre de todas las batallas políticas de la masonería en Francia”, explica, “habría sido el intento de hacer caer al primer ministro no masón François Fillon, sustituyéndolo por el más que masón Jean Louis Borloo, un fanático anticlerical, con vistas al debate parlamentario sobre la eutanasia. Batalla perdida. Sarkozy ha mantenido a Fillon, el cual rápidamente se ha manifestado contra la eutanasia”.

La Iglesia y la masonería

El semanario no católico Le Point, destaca el hombre de la lucha contra la cristianofobia en Europa, reconstruye además, “de un modo casi exacto”, la doctrina de la Iglesia católica sobre la masonería. La Iglesia, recuerda Le Point, con la “Declaración sobre la masonería” de 1983, firmada por el entonces cardenal Ratzinger como prefecto para la Congregación de la Doctrina de la Fe y refrendada por Juan Pablo II, ha confirmado la prohibición absoluta para los católicos de adherirse a cualquier masonería, sin posibilidad de derogación por parte de los sacerdotes, obispos o conferencias episcopales, afirmando que los masones siempre han de ser considerados “en estado de pecado grave y no pueden acercarse a la Santa Comunión”. “Naturalmente nunca falta algún fraile galo que contesta al Magisterio y se muestra tolerante con quienes no obedecen, pero, al menos, lo que el Papa enseña sobre la masonería ha sido ofrecido por una vez correctamente”, comenta el sociólogo italiano.

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Francia, el bunga bunga de la masonería

ReL 28.01.2011

País al que vas, escándalo que te encuentras. Un documental de una hora de la emisora televisiva Canal + y un dossier de 18 páginas del semanario Le Point, el cual anuncia en portada sus descubrimientos sobre “Los Masones: la mano invisible”, hacen temblar la política francesa.

Antes de nada, una palabra de cautela. Le Point es muy leído, pero no es un semanario católico, y en el pasado ha buscado escándalos –con cierta exageración– también en ambientes más bien lejanos de la masonería. En segundo lugar, la masonería francesa –sea del Gran Oriente, sea de la Gran Logia, las dos principales “obediencias” transalpinas– es considerada “irregular” por la casa madre británica desde finales del siglo XIX, porque admite a los ateos y permite las discusiones de práctica política y electoral en las logias, cosas ambas prohibidas por los estatutos originarios ingleses.

La Gran Logia, desde hace años, y el Gran Oriente, que es mayoritario, desde 2010 han decidido también admitir con pleno derecho a las mujeres, las cuales siguen a su vez excluidas por las logias “regulares” reconocidas por Londres. La masonería francesa tiene, por tanto, sus especificidades. Una de estas es estar obligada a mantener una hegemonía política y parlamentaria que, en otros lugares, Italia incluida, existía ciertamente hace cien años, pero que hoy no existe o se tambalea.

Le Point relata que los diputados recientemente elegidos para el Parlamento se ven interrogados por los veteranos de la vida parlamentaria “y tú, ¿dónde estás?”, y algunas veces llegan a comprender un tanto que el “dónde” se refiere a la obediencia masónica donde todo hombre político –y mujer– que se precie, se supone que frecuenta su logia. Otro caso concierne al único dirigente no masón de una gran multinacional francesa que, finalmente, se decidió a confesar a sus Jefes que no ha sido iniciado en ninguna masonería. “Han sido muy comprensivos –refiere-, pero me han aconsejado afiliarme rápidamente para instaurar un verdadero clima de confianza con los grandes clientes y con los colegas”.

El documental y el dossier hacen la lista de masones conocidospero están también los que tratan de esconderse– en el actual Gobierno de Francia: el ministro del Interior, el de Economía, los de Asuntos Sociales, de Cooperación con el Parlamento, de Cooperación Internacional …

Y el verdadero puntal de referencia de la masonería francesa, el ex Gran Maestro del Gran Oriente Alain Bauer, ocupa el delicadísimo cargo de Consejero para la Seguridad Nacional del Presidente Nicolás Sarkozy, además de presidir un número importante de entidades y comités.

Por no hablar de la Magistratura, donde los masones están tan omnipresentes que los especialistas reconocen también la polémica interna entre los jueces como enfrentamientos entre el Gran Oriente y la Gran Logia. Y también algún “bunga bunga” que ha involucrado a magistrados masones –siempre creyendo a las malas lenguas– habría estado encallado gracias a la protección de las logias. Mucho espacio ha sido justamente dedicado al Ministerio de Educación, feudo masónico desde finales del siglo XVII, cogestionado siempre con los grandes sindicatos de Profesores que se consideran depositarios de la sagrada antorcha del laicismo y del deber de arrancar a los jóvenes desde la más tierna edad al “poder clerical”.

Un ministro no masón, llegado allí como por casualidad, ha debido rápidamente retirar el estorbo.

El dossier reconstruye de un modo casi exacto la posición de la Iglesia Católica, la cual con la “Declaración sobre la masonería” de 1983, firmada por el entonces cardenal Ratzinger como prefecto para la Congregación de la Doctrina de la Fe y refrendada por el Venerable Juan Pablo II (1920-2005), ha confirmado la prohibición absoluta para los católicos de adherirse a cualquier masonería, sin posibilidad de derogación por parte de los sacerdotes, obispos o conferencias episcopales, afirmando que los masones siempre han de ser considerados “en estado de pecado grave y no pueden acercarse a la Santa Comunión”. Naturalmente nunca falta algún fraile galo que contesta al Magisterio y se muestra tolerante con quienes no obedecen, pero, al menos, lo que el Papa enseña sobre la masonería ha sido ofrecido por una vez correctamente. Los masones además no vencen siempre. Ni tampoco en Francia. La madre de todas las batallas políticas de la masonería en Francia, si creemos a estas fuentes, habría sido el intento de hacer caer al primer ministro no masón François Fillon, sustituyéndolo por el más que masón Jean Louis Borloo, un fanático anticlerical, con vistas al debate parlamentario sobre la eutanasia. Batalla perdida. Sarkozy ha mantenido a Fillon, el cual rápidamente se ha manifestado contra la eutanasia.

Traducido por José Martín.
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