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Pere Tarrés i Claret  (1905-1950)

San Juan Pablo II beatificó a Pere Tarrés en Loreto, el domingo 5 de septiembre de 2004

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Pere Tarrés: la Iglesia al servicio de los enfermos pobres

GERARDO MANRESA PRESAS CRISTIANDAD. Barcelona. Ago-septbre 2004

 

«¡Tú, Tarrés, veías al Señor que te invitaba a subir a la barca! Nosotros le oíamos,
y a tu lado pescábamos y nos confirmabas en la fe, la caridad y la paz,
virtudes fundamentales para acercar a Dios al prójimo, que eran el ideal de tu corazón»
(Gerardo Manresa Formosa).

Algunos domingos por la mañana, después de asistir a misa y desayunar en familia, pues entonces para recibir la comunión era necesario el ayuno desde la media noche del día anterior, mi padre iba al sanatorio de la Merced a visitar a los enfermos que por su situación médica lo requerían. Los hijos más revoltosos le acompañábamos y nos quedábamos jugando en el jardín del Sanatorio mientras nuestro padre realizaba su labor médica. Allí conocí a mosén Pere Tarrés. Mosén Tarrés en su vida sacerdotal vivió en la Casa Sacerdotal de la Balmesiana hasta que por su grave enfermedad tuvo que trasladarse al Sanatorio de Nuestra Señora de la Merced, en febrero del año 1950. Lo recuerdo los últimos meses de su vida ya muy enfermo, reposando en una silla en el jardín y con mis hermanos a su alrededor oyendo sus explicaciones. El que había sido el fundador y alma del sanatorio de la Merced, también entregó su vida al Señor en él.

Muchos son los recuerdos que mi padre nos transmitió del mosén Tarrés, pero para ser más fiel a su palabra tomaré alguno de sus escritos.

Los recuerdos de mi padre

A solicitud del cardenal Jubany, mi padre escribió una «como historia de la vida del Sanatorio de la Merced», en donde se refleja la profunda amistad humana y espiritual que tenía con mosén Tarrés y el espíritu de profunda caridad con que fundaron este sanatorio. Este escrito no se ha publicado, pero tanto la OBA (Obra Benéfica Antituberculosa, entonces, hoy Asistencial), como sus hijos lo guardamos con gran cariño y como ejemplo de actividad cristiana.

Las virtudes de mosén Tarrés

Conocí a Pere Tarrés i Claret el año 1928, cuando él cursaba el sexto curso de medicina. Me lo presentó Joan Parellada i Feliu, que era amigo suyo, diciéndome: «Te presentaré a una persona que te gustará conocer». Para encontrarnos; quedamos a las ocho menos cuarto de la mañana delante del aula de Higiene, de la facultad de Medicina, que era la clase a la que tenían que asistir los dos amigos. Ellos acababan la licenciatura a final de curso y yo justo empezaba la carrera. En aquellos momentos ambos escondían las vocaciones definitivas a la que el Señor les llamaría años más tarde. Efectivamente, Juan Parellada vestiría el hábito de san Benito en Montserrat, antes de 1936. Pere Tarrés tardaría más tiempo en cambiar la bata por la sotana de presbítero, con gran alegría el año 1941, aunque por pocos años, pues el Señor se lo llevó pronto para premiar su caridad, su pureza y su fe por la que era capaz de mover montañas.

Las virtudes características de Pere fueron la fe, una caridad comprometida que consistía no sólo en dar sino en darse y la pureza de la que era un verdadero apóstol. Recuerdo que cuando dedicaba las mañanas de los domingos a ir por los pueblos del Maresme a hacer proselitismo para la FJC (Federació de Joves Cristians), desde los años 1925 hasta 1936, reunía a jóvenes, en número mayor de cincuenta, y la temática más frecuente era hablarles de la pureza, que hacía generosa a la juventud. Alguna vez lo había oído y siempre me sorprendía el respeto con que le escuchaban.

Mi encuentro (aquel día en la facultad), fue muy corto, pero hubo suficiente para generar una gran amistad que fue creciendo hasta la muerte.

Pere Tarrés acabó la licenciatura en junio de 1928, cuando yo cursaba el primer curso de carrera. Tarrés se incorporó al Servicio de Medicina Interna del Hospital de San Pablo. (...)

Mi amistad con Tarrés se cultivó una vez acabé yo la carrera en el año 1932. Desde entonces nos vimos muy a menudo. Él vivía en la calle Salmerón, hoy Mayor de Gracia, y yo fui a vivir a la Rambla del Prat, número 8. Los dos íbamos a misa diariamente a los Filipenses de Gracia. Más tarde, cuando se organizó la parroquia de santa Teresita, en la calle Mercader, los dos optamos por ir a la parroquia a la misma hora.

La guerra civil comenzó en julio de 1936. Fue un verdadero torbellino que nos proyectó a todos a los lugares menos pensados. Cambiamos las personas conocidas y las amistades. A Tarrés, después de iniciada la guerra, no lo volví a ver.

Pere Tarrés, seminarista. Nacimiento de una profunda amistad

Lo volví a encontrar el año 1941, en el Seminario Diocesano de Barcelona llevando una sotana como seminarista. Había cambiado la bata blanca por la modesta sotana, que entonces era el hábito del sacerdote.

El reencuentro tuvo lugar en el despacho del rector del Seminario, doctor Lorés, Operario Parroquial, que fue el rector mientras Tarrés estuvo en el Seminario. Fui al Seminario a visitar a un seminarista enfermo y Pere asistió a la entrevista porque él ya lo había visitado. Para mí fue una gran satisfacción poder dar un abrazo al amigo que hacía cuatro o cinco años que no había visto, aparte de la sorpresa de encontrarlo seminarista, que en verdad lo fue solo a medias, porque en una ocasión Tarrés me había dicho: «solamente dejaría de ser médico para ser sacerdote».

El hecho de ser el médico de los seminaristas enfermos de tuberculosis (enfermedad muy contagiosa en vidas comunitarias), fue el motivo de que nos viésemos de nuevo y volviéramos a retomar nuestra amistad, que fue ascendente y profunda hasta su muerte en 1950. ¡Quién podía prever que aquella reencontrada amistad sería la definitiva hasta la eternidad ocho años después!

Las cualidades humanas y espirituales de Tarrés eran extraordinarias. Hacían de él una persona humilde y sencilla, de excepcional transferencia positiva, sin ser una persona extrovertida. El don característico de su personalidad era amar, de una manera esencial, es decir, que le hacía sentir a su interlocutor que su interés por él era auténtico. Igualmente al despedirse de cualquiera le decía: «¡Adiós, querido amigo...!» y el aludido lo sentía así y lo creía, porque era cierto.

Tenía una gran capacidad de la comprensión humana. Era la fuerza creadora de su excepcional transferencia, especialmente hacia la juventud. De esta capacidad tenía plena conciencia.(...) Era notable su habitual alegría natural, siempre estaba comunicativo, sin que quiera decir que no tuviera también sus preocupaciones.

Su capacidad de relación y su alegría eran la manifestación de su paz interior que casi la comunicaba espontáneamente.

Su espíritu estaba lleno de fe, paz y amor. Por esto siempre tuve la convicción de que poseía las cualidades para llevar almas a Dios. Cuando estas virtudes llenan el alma y la vida de una criatura humana, aman y hacen amar.

Fundación del sanatorio de la Merced (año 1946)

A su vuelta de Salamanca, donde se licenció en teología en la Universidad Pontificia, el doctor Pere Tarrés, pbro. fue nombrado secretario de Beneficencia de la diócesis por el Sr. Obispo de Barcelona, Dr. Gregorio Modrego. Este cargo le hizo vivir cada día la concurrencia de personas que la necesidad llevaba al despacho de Tarrés para pedir ayuda. Uno de los problemas más frecuentes era el que se refería al comienzo de la tuberculosis en una familia necesitada y sin recursos. Tarrés, sacerdote y médico sufría y se avergonzaba de ver que lo único que podía ofrecer era una limosna, totalmente ineficiente. Como médico sabía de la inexistencia de camas para la tuberculosis, como sacerdote sabía que se cerraba un centro de 200 camas, el hospital del Espíritu Santo, sin ningún sentido.

En estas circunstancias el Dr. Tarrés y su amigo Ignacio Vidal i Gironella coincidieron como albaceas de una testamentaria que destinaba 100.000 pesetas para una obra benéfica. Era poco dinero para poder pensar en la creación de un centro, pero la caridad y el entusiasmo de Tarrés los multiplicaron hasta hacer posible ofrecer una cama, un tratamiento a muchos enfermos y una curación, en vez de una limosna. Tanto interés, tanta necesidad, tanta caridad, tanta fe, tanta confianza y espíritu de oración.... y tan poco dinero... suavemente hicieron la mezcla realizadora que cada día vivía la prueba de que la ayuda de Dios estaba de su parte.

Tarrés dio el primer paso. Una tarde que yo no tenía consulta vino a mi despacho y no me encontró. Fue recibido por la secretaria y le dejó una tarjeta escrita de su mano que decía: «Manresa, nos hemos de ver. Te espera tu amigo Pere Tarrés».

Al día siguiente yo fui al secretariado del obispado. Cuando me recibió, procurando hablar con cierta intimidad, buscando un rincón del despacho, me dijo: «Te he hecho venir para decirte que tenemos que construir un sanatorio. Piensa cómo lo hemos de hacer y la orientación que se le ha de dar para que dé el máximo rendimiento. Yo ya tengo un sitio adecuado. Ven mañana a las 10 de la mañana e iremos a verlo». Así sencillamente comenzó la gesta que me propongo recordar en estas líneas que son parte fundamental de mi vida como médico y como cristiano. (...)

Desde el primer momento Tarrés quiso poner el centro bajo la advocación de Nuestra Señora de la Merced, que es la patrona de Barcelona. También el nombre de un santo del país a cada una de las cuatro salas, san José Oriol, san Paciano, santa Eulalia y santa María de Cervelló (...)

Cuando Tarrés emprendió las obras de la OBA era secretario de Beneficencia de la diócesis de Barcelona y por consiguiente disponía de unos medios económicos que no le permitían ninguna disponibilidad. No obstante se hizo lo que era necesario durante el primer año y los gastos de las obras superaron en mucho los dos millones de pesetas pagados. (...).

La inauguración se celebró con el ingreso del primer paciente que había ocupado su cama la tarde anterior. Cuando los asistentes hubieron visitado las diferentes salas del Sanatorio, saludaron al primer enfermo. Como director del nuevo Sanatorio–clínica de la Merced– di públicamente las gracias a los presentes y a los colaboradores ausentes que habían hecho posible la realidad que estaban celebrando. También previne a los asistentes que pronto nos faltarían camas para los enfermos que esperarían su ingreso pero que confiábamos en la Providencia que tanto nos había ayudado y continuaría haciéndolo ampliando nuestras posibilidades y dándonos el pan de cada día. Acabé recordando el programa del Dr. Tarrés para el Sanatorio:

«Tratar al enfermo con pericia y técnica rigurosa, actuales y eficientes. Y siempre con el mismo amor que nos gustaría que nos trataran a nosotros. Todo por amor al prójimo y a la Iglesia»

(...) Me parece llegado el momento de recordar a los primeros gestores, los cinco primeros miembros de la primera Junta. El primero Mn. Pere Tarrés i Claret, sr. J. M.ª N. F., sr. I. V. G., sr. J. A. y el Dr. Gerardo Manresa Formosa, el único superviviente de aquella gesta inolvidable y testigo de la presencia de un sexto miembro invisible: ¡Dios! (...)

Todos estos elementos unidos, amigos comprometidos y fortificados por la fe y motivados por el mismo propósito nos reuníamos en el secretariado de Beneficencia de la diócesis. Tarrés, sin proponérselo, nos llenaba de esperanza y de ilusión.

Muchos días Pere y yo nos quedábamos un rato más para decidir algunas cosas y porque acostumbraba a acompañarlo a hacer alguna gestión en el viejo coche que entonces yo tenía.

A menudo teníamos nuestros diálogos, a veces optimistas, a veces al contrario, pesimistas. En estos casos Pere me decía: «Manresa, ten confianza que de todo saldremos. Piensa que cuando se pide con fe y confianza a Jesús al pie del Sagrario, por los pobres, el Señor siempre escucha». Creo que una experiencia de 34 años, en que funcionó el Sanatorio, es suficiente para confirmar este hecho, que siempre se cumplió en los momentos más precarios.

El Sanatorio se construyó con «seny» y amor. Se creó en 14 meses. Su motivación fue la caridad de Tarrés delante de las necesidades de los tuberculosos pulmonares pobres, secundado por nosotros. Durante los 32 años de existencia, en todo momento se correspondió con el espíritu de su fundador:

«Tratar al enfermo con pericia y técnica rigurosa, actuales y eficientes. Y siempre con el mismo amor que nos gustaría que nos trataran a nosotros. Todo por amor al prójimo y a la Iglesia»

(...) Cuando las Hermanas de San Vicente de Paúl (que desde el inicio se hicieron cargo del hospital) abandonaron el Sanatorio (en el año 1976), nos tuvimos que acoplar a un horario sistemático de enfermeras y ¡tuvimos conciencia de lo que representa la disponibilidad que genera la caridad... y que no tiene horario!

La marcha de las Hermanas constituyó un gran disgusto. Después de la Misa de aquel día sumimos el Santísimo, quedando el Sanatorio huérfano de Sagrario,¡sin el Amo presente!

Los últimos meses de mosén Pere Tarrés

Una de las virtudes que tenía también mosén Tarrés, era el sentido sapiencial del dolor. Como médico había visitado a muchos enfermos y vio muy de cerca el dolor de muchas almas y familias. La tuberculosis, era una enfermedad muy contagiosa, que dejaba, no sólo al enfermo aislado dentro de la familia, pues necesitaba hacerlo todo aparte, comer con cubiertos lavados aparte, lavar su ropa por separado, dormir en habitación separada, etc., sino que toda la vecindad rehuía el contacto con aquella familia, por miedo al contagio. Todo esto había hecho ver a Mn. Tarrés el dolor de la enfermedad y, con su sentido vital cristiano, sabía cómo sacarle provecho para el bien de las almas.

En febrero del año 1950 se le detectó la grave enfermedad que debería causarle la muerte, un linfosarcoma.

Tarrés y yo habíamos contraído el compromiso de que cuando él o yo padeciéramos la enfermedad definitiva, es decir la de nuestro traspaso, nos lo diríamos para preparar una muerte muy consciente y cristiana.

Su primera voluntad fue unir sus fuertes dolores a los dolores del sacrificio salvífico de Cristo en la cruz y así transcurrieron sus últimos meses.

¿Qué fuerza elevadora puede encontrarse mejor que el dolor y el sacrificio? El dolor es la realización del dogma de la Comunión de los Santos». «Yo he de sufrir, ahora es la hora; he predicado mucho la grandeza del dolor y como es necesario sufrir, por mi enfermedad, he de practicarlo; yo no he engañado nunca a las almas. (...)

Un día, al atardecer fui a verle y estuvimos un buen rato solos. Lo encontré como triste y un poco deprimido porque había perdido las fuerzas y el ánimo y se lamentaba de que no podía celebrar la Misa. Para animarlo le dije: «¡Pere, si estás celebrando la misa más solemne de tu vida! Tu sacrificio, en el que te identificas con la Víctima Eucarística, tu querido Jesús!». Esto se lo dije porque muchas veces nos había dicho: «La mesa de operaciones es un altar que sostiene una víctima: el paciente. El operador es realmente un sacerdote, si piensa que el paciente lleva un sufrimiento que unido al de Cristo es un dolor y un sacrificio colaborador». Estas sutilezas espirituales las manifestaba frecuentemente Tarrés.

(... ) En un coloquio de los muchos que tuve con él, mi oído al borde de sus labios secos, pero que aún se movían, como siempre para el bien, me decía: «No lo habría creído nunca, pero te aseguro, Manresa, que soy completamente feliz, no me cambiaría por nadie».

Uno de los últimos días de su vida al anochecer, en su cama del Sanatorio, le dije: «Pere, ahora cómo lo haremos sin ti». Él con el rostro lleno de paz y serenidad me respondió: «Desde el cielo os ayudaré mucho más que hasta ahora...».

Así sucedió. ¡Cuántas veces lo habíamos constatado y comentado con Mn. Narcís Prat (sacerdote que dirigió el Sanatorio tras la muerte del P. Tarrés) las repetidas veces que salíamos de un atolladero e intuíamos la intercesión de nuestro amigo desde el cielo! Pere Tarrés i Claret, médico y sacerdote, entregó su alma a Dios el treinta de agosto de 1950. Lo hizo como su Maestro Jesús diciendo: «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu» y expiró delante de todos nosotros que llorábamos dulcemente.

* * *

A través de Tarrés me hablaba Jesús

El colofón que mi padre puso, como resumen de esta pequeña historia dice:

«Un día estaba Jesús de pie, cerca del lago de Genesaret.... y vio dos barcas en la playa. Los pescadores ya habían salido de las barcas y estaban arreglando las redes... El Señor subió a la más próxima donde estaba Pere. Al acabar la predicación el Señor dijo a Pere: «Navega mar adentro y echad las redes para pescar...» Y Simón respondió, al mismo tiempo que obedecía, «hemos bregado toda la noche sin pescar nada».

«Tanto pescaron que las redes se rompían y las barcas se hundían».

Invitado por Pere Tarrés subí a la barca donde él ya estaba... Me dijo, «¡ven conmigo que iremos a pescar...!». Yo veía a Pere... «¡a Jesús solo le oía!».

«Obedeciendo la voz de Tarrés le seguí y en dos años de navegar juntos curamos a muchos enfermos y construimos un sanatorio para continuar la labor que juntos emprendimos.»

«Él subió al cielo dejando un resplandor de santidad... Yo he quedado para dar fe de que en la historia del sanatorio de la Merced se advierten un sin fin de hechos humanos magníficos y sorprendentes, siempre amparados por la existencia de un testigo y artífice invisible, que es Dios».

«¡Tú, Tarrés, veías al Señor que te invitaba a subir a la barca! ¡Nosotros le oíamos, y a tu lado pescábamos y alcanzábamos la fe, la caridad y la paz, que son las virtudes fundamentales para servir y ganar para Dios al prójimo que eran el ideal de tu corazón!»

* * *

Siempre creyó mi padre en la santidad de mosén Tarrés, de tal forma que nos repetía insistentemente, «Pere Tarrés nació ya santo». Decía esto porque le daba la sensación que le era muy fácil practicar la caridad con todos, desde que lo conoció en 1928 hasta la hora de su muerte en 1950.

Cuando alguna persona próxima a nosotros entraba en el seminario, mi padre siempre se acordaba de Mn. Tarrés y su labor apostólica y lo ponía bajo su protección: «Para que lo haga un sacerdote santo, como él».

Ambos ya en el cielo podrán seguir disfrutando y gozándose en esta amistad tan profunda que tuvieron en vida, donde ya el Señor estaba presente, pero ahora la visión directa de Dios les habrá unido mucho más en el mismo Corazón.

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Pere Tarrés y la virtud de la pureza

G.M.P

En el marco de una familia muy cristiana Pere Tarrés adquirió la devoción a la Virgen María en su infancia. El Rosario de cada día llenaba las noches de aquella casa.

Desde muy joven habla con cariño de ella ofreciéndole sacrificios, en especial los sábados, como les decía a sus hermanas: «Mirad, hoy es sábado», recordándoles que era el día dedicado a la Virgen María.

No era una devoción superficial, con la Mare de Déu tenía verdaderos coloquios. Él mismo explica que tenía por costumbre explicarle todo lo que hacía: «Cuando salgo de casa le digo donde voy y cuando vuelvo le explico lo que he hecho». Fruto de esta devoción floreció en él la virtud de la pureza y, sin lugar a dudas puede decirse de Pere Tarrés que fue un apóstol de la pureza; este apostolado no lo desarrolló solamente en su época de sacerdote, sino ya desde muy joven.

El voto de castidad a los 22 años

En 1927, estando en Monistrol de Calders, explica él mismo que «la noche de Navidad sentí una fuerte emoción y un intenso impulso sobrenatural. El Señor me pedía que hiciese voto perpetuo de castidad». Él por primera respuesta contestó interiormente: «Señor, si depende de mí, es cosa hecha». El sí condicional era debido a que quería consultar este impulso con su director espiritual, el padre Joaquín Serra. Obtenida la aprobación del director, Pere Tarrés a los 22 años hace voto de castidad. Era aún estudiante de medicina. Desde siempre deseaba inculcar en los jóvenes el amor a esta virtud tan poco estimada. Tanto cuando era miembro de la FJC (Federación de Jóvenes Cristianos), como siendo sacerdote, reunía a jóvenes para entusiasmarlos en el amor de la pureza. Compuso una oración a la Virgen para alcanzarla.

En su Diari íntim, escribe:

22 de mayo de 1937: «Por más que griten las pasiones, Madre, tendré siempre los ojos fijos en Vos. ¡Hacedme puro como los ángeles! Oh, Madre mía, que ame más la pureza que la vida»

8 de diciembre de 1937: «He puesto en manos de María mi virginidad».

25 de diciembre de 1937, día de Navidad: «Esta noche ha hecho 10 años desde que, por primera vez, con permiso de mi director, hice el voto de castidad. Lo he renovado con todo el fervor».

Después de la guerra, ya en el seminario, continua en su Diari íntim:

20 de diciembre de 1941: ordenado subdiácono: «y os pido, Señor, que antes de consentir la más pequeña infidelidad contra este voto dulcísimo, prefiero mil veces la muerte».

«Guardadme puro, para que pueda serviros en vuestro altar... hago con todo el entusiasmo de mi corazón, con toda la plenitud de mi mente, y la más absoluta libertad de mi alma, voto de castidad perpetua y perfecta».

Apostolado por la pureza

En el II Congreso de la FJC, hacia el año 1929, trató extensamente el tema de la pureza y después de sus encendidas palabras invitando a los diez mil jóvenes a ser puros en sus vidas, éstos se pusieron en pie y aclamaron a Mi senyora Puresa (Mi señora Pureza).

Durante la guerra, que vivió como médico en el ejército republicano, explica él mismo en su Diari de guerra que aprovechaba tiempos libres del atardecer en que no había actividad para hablar de la pureza a los soldados.

Siendo consiliario de la Acción Católica femenina de Sarriá, entre otras, fomentó la campaña Creuada per la puresa (Cruzada por la pureza). En una de las sesiones de dicha campaña, agarrado fuertemente a la mesita les dijo: «Si alguna de vosotras, se encontrara algún día en un peligro de estos, yo daría mi vida por defenderla». A las jóvenes les decía: «amad vuestra pureza, sed dignas, cueste lo que cueste».

En el año 1949, estando con un grupo de estas jóvenes obreras de vacaciones en Nuria les propuso hacer una Hora Santa a las doce de la noche en el «Camarín de la Virgen», precisamente para expiar los pecados de impureza, «ya que nosotros estamos en la casa de la Madre, bajo este cielo tan limpio y despejado». Al día siguiente de esta Hora Santa nocturna les explicó a las jóvenes el siguiente hecho:

«Conocía a un joven muy vicioso sobre esta materia, pero era muy noble y bueno y quería corregirse. Yo le animaba y le ayudaba tanto como podía. Quedamos que me lo explicaría todo, siempre, y me venía a ver muy a menudo. Una de las veces me dijo que no podía corregirse y se fue a satisfacer su vicio. Yo, sacerdote, no podía acompañarle; le despedí a la puerta de la calle y al volver al piso (vivía en la Casa Sacerdotal de la Balmesiana) le dije a la Virgen que había en el recibidor: «Ve tú con él, ya veis que yo no puedo».

Al cabo de poco rato volvió el joven completamente transportado. Efectivamente: se fue hacia una casa de perdición, pero le había pasado una cosa muy extraña. Una voz de mujer le había llamado diciéndole. «No, hijo, no entres aquí».

Y, turbado, como impelido por una fuerza que sentía pero que no veía, había vuelto atrás para venir a contármelo».

¡Pere Tarrés, haznos amar la pureza como tú la amabas!

A la Verge

Mare meva, si vos plau,

us ofereixo el meu cor,

llibertat, glòria i honor,

preneu-me pel darrer esclau.

 

Us ofereixo la vida

per proclamar a tot arreu

que Vos, Reina beneïda

sou Verge i Mare de Déu.

 

I a canvi us faig sols un prec:

acosteu-me a vostre Fill

i traieu de tot perill

aquest pobre cor tan cec.

 

Marona, feu-me ben pur.

lligueu-me a Vos amb forts llaços

i quan l’enemic impur

estaloni els meus passos,

no em deixeu dels vostres braços.

Doneu-me ànima d’infant,

Mare meva, feu-me sant.

PERE TARRÉS

A la Virgen

Madre mía, si os place

os ofrezco mi corazón,

libertad, gloria y honor,

tomadme por el último esclavo.

 

Os ofrezco la vida

para proclamar por doquier

que Vos, Reina bendita,

sois Virgen y Madre de Dios.

 

Y a cambio os hago sólo un ruego:

acercadme a vuestro hijo

y librad de todo peligro

este pobre corazón tan ciego.

 

Madrecita, hacedme muy puro,

unidme a vos con fuertes lazos

y cuando el enemigo impuro

pise mis pasos

que vuestros brazos

no me abandonen.

Dadme alma de niño,

Madre mía, hacedme santo.

 

 

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San Juan Pablo II beatificó a Pere Tarrés en Loreto, el domingo 5 de septiembre de 2004

https://www.vatican.va/news_services/liturgy/saints/ns_lit_doc_20040905_tarres_sp.html

Pere Tarrés i Claret nace el 30 de mayo de 1905 en Manresa, provincia de Barcelona, Cataluña (España). Sus padres Francesc Tarrés Puigdellívol y Carme Claret Masats eran creyentes y ejemplares; tienen otras dos hijas, Francisca y María. Pere es bautizado el 4 de junio en la parroquia de la Virgen del Carmen.

La familia realiza frecuentes traslados (Badalona, Mataró, Barcelona) a causa del trabajo del padre (mecánico); en Badalona Pere es confirmado el 31 de mayo de 1910. Alumno de los Padres escolapios, recibe la primera comunión el 1 de mayo de 1913. En 1914 la familia retorna a Manresa y Pere estudia en el colegio municipal, que se denomina San Ignacio, aunque no es de los Jesuitas, sino del Ayuntamiento.

Adolescente de carácter alegre y abierto, cariñoso con sus padres y hermanas, amante de la naturaleza, contemplativo, místico con alma de poeta. Habitualmente ayuda en la farmacia del Sr. Josep Balaguer, quien lo encamina hacia la continuación de los estudios.

Obtiene una beca de estudios que le permite concluir el bachiller en el colegio de San Ignacio. Con otra beca de estudios, obtenida con la ayuda de algunos médicos que lo estimaban, puede acceder a la Facultad de Medicina de la Universidad de Barcelona. Desde 1921 vive en el barrio popular de Gracia, donde participa del Oratorio de San Felipe Neri y allí, desde 1922 a 1936, es hijo espiritual del P. Jaume Serra.

Es miembro de la Federaciò Jovens Cristians con ardiente celo apostólico. La Federaciò es Acción Católica (A.C.) como el Papa Pío XI la proponía entonces: oración, estudio y acción, bajo la dirección de la jerarquía local. Pere cubre encargos en la Federaciò y en la A. C. contemporáneamente. Para Pere el secreto de la vida espiritual de los militantes está en la devoción eucarística y el amor filial a la Madre de Dios.

En julio de 1925 muere su padre y poco tiempo después su madre sufre un accidente que la deja inválida.

En la Navidad de 1927, estando en Monistrol de Calders, hace voto de castidad con la aprobación de su director espiritual.

En 1928, después de haber concluido la carrera de Medicina (con premio extraordinario), se establece definitivamente en Barcelona.

Durante este período sus hermanas ingresan en el convento de las Concepcionistas.

Junto con su amigo y colega el Dr. Gerardo Manresa, funda el sanatorio de Nuestra Señora de la Merced de Barcelona.

Durante el ejercicio de su profesión de médico es ejemplar en la caridad y en la vida de piedad; jamás pierde aquella alegría contagiosa que le permite tratar con respetuosa familiaridad a los enfermos.

Tarrés el 8 de julio de 1936 se traslada al Monasterio de Monserrat para realizar los ejercicios espirituales, que son interrumpidos el día 21 por el Alzamiento nacional; Pere se traslada a la Generalitat y logra obtener la tutela de la policía para preservar la integridad del Monasterio de la barbarie de los anárquicos. Refugiado en Barcelona lleva, a escondidas, la comunión a los perseguidos por los milicianos rojos y logra escapar a una pesquisa realizada en su casa.

En julio de 1938 debe enrolarse en el ejército republicano como médico. Gracias a su coraje y dedicación los mismos soldados piden su promoción a capitán del ejército. Dedicaba parte de su tiempo al estudio del latín y de la filosofía, en preparación a sus futuros estudios sacerdotales y no pierde ocasión de manifestar su fe. 

En enero de 1939 retorna a su casa del frente de guerra. El 26 de enero de 1939 se produce la liberación de Barcelona por los nacionales. Integrado en la vida normal continua su actividad de médico, cubre algunos encargos en la A.C. y se prepara para ingresar en el Seminario de Barcelona evento que tendrá lugar el 29 de septiembre de 1939.

En 1941 año en el cual muere su madre recibe las Órdenes menores y el subdiaconado (20 de diciembre) y al año siguiente el diaconado (22 de marzo de 1942). Ordenado presbítero el 30 de mayo de 1942 el obispo lo designa coadjutor (vicario) de la parroquia de San Esteban de Sesrovires el 3 de junio. En 1943, por deseo del Obispo, va a estudiar a la Universidad Pontificia de Salamanca donde obtiene la Licencia en Teología el 13 de noviembre de 1944.

A su retorno a Barcelona recibe los siguientes nombramientos pastorales: viceasistente diocesano de los jóvenes de la A.C., asistente del centro parroquial de las mujeres y de las jóvenes de A.C. de la parroquia de San Vicente de Sarriá (1944), capellán de la comunidad y del colegio de las Hermanas Franciscanas de la Inmaculada Concepción (1945).

 En las distintas obras apostólicas que le encargan no le faltan dificultades que lo hacen sufrir pero él sabe responder con actitudes evangélicas de caridad, prudencia y fortaleza sembrando desde la cruz la tierra de su apostolado. El 17 de noviembre de 1945 escribe en su Diario que se siente sumergido en el océano del apostolado, como había soñado por tanto tiempo, con el mismo fuego y entusiasmo que, desde laico, sintió por la Federaciò. Antes de morir expresará su alegría por el apostolado en la A.C. femenina de Sarriá, afirmando: “Yo soy hijo de obreros. En el cielo trabajaré mucho por todas Uds.”.

Durante las vacaciones en el santuario de la Virgen de Nuria, en el Pirineo de la provincia de Gerona, a 2.000m, recibe numerosos grupos de jóvenes de A.C.

También cubre los siguientes encargos: consejero y asesor de los Oblatos laicos benedictinos y de la Unions de scolans de Monserrat –antiguos miembros cantores del coro del monasterio- (1946), director de la Obra de la Visitación de Nuestra Señora, actividad destinada a procurar ayuda material y espiritual a los enfermos pobres (1947); beneficiado de la parroquia de Santa Ana (1949); consejero de la Escuela Católica de enseñanza social de Barcelona (1949); confesor ordinario del Seminario (1949); delegado diocesano de la Protección de la Mujer (1949); director espiritual del Hospital de Las Magdalenas, donde se acogen mujeres en fase terminal, por la prostitución o la extrema miseria moral. Pere Tarrés dejó una huella perenne y benéfica en todos los que lo trataron por actividades apostólicas.

El 17 de mayo de 1950 le realizaron una biopsia cuyo diagnóstico fue linfosarcoma linfoblástico. Tarrés vivió su enfermedad con una actitud de total abandono en Dios y ofreciendo su vida por la santificación de los sacerdotes. El 31 de agosto de 1950, a 45 años, moría en la Clínica que había fundado. Fue sepultado en el cementerio de Montjuic. El 6 de noviembre de 1975 sus restos mortales fueron trasladados a la iglesia parroquial de San Vicente de Sarriá, donde aún reposan.

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Beato Pere Tarrés Claret. Manresa (Barcelona), 30.V.1905 Barcelona, 31.VII.1950. Médico [ y sacerdote]

https://dbe.rah.es/biografias/37370/beato-pedro-tarres-claret

Oriundo de una familia muy humilde, cursó con varias ayudas la carrera de Medicina en la Universidad de Barcelona, que [había] acabando cuando estalló la Guerra Civil. En 1927 hizo voto de castidad perfecta y como congregante de los Luises de Manresa, participó activamente en las asambleas marianas comarcales.

En 1931 ingresó en la Federación de Jóvenes Cristianos de Cataluña, llegando a ser vicepresidente del consejo federal. Esta asociación fue perseguida por los republicanos, que asesinaron a muchos de sus miembros. Durante el segundo año de la Guerra Civil, después de haber sido perseguido por su conocida militancia católica, fue movilizado el 27 de mayo de 1938 y sirvió como médico de sanidad en el Ejército republicano de Cataluña, establecido en la zona del Ebro, hasta la entrada de las tropas nacionales en Barcelona. Estuvo en el Frente del Pirineo desde el 1 de junio de 1938; al sur de Lérida, cabeza de puente de Serós en el río Segre, desde el 2 de septiembre al 28 de noviembre; en el frente del Ebro, desde el 29 de noviembre de 1938 hasta el 10 de enero de 1939, y en la retirada del Ejército republicano hasta Barcelona, desde el 10 al 24 de enero del mismo año. Estuvo siempre en unidades situadas en primera línea o camino de ella, aunque por su condición de sanitario permaneció en segundo escalón respecto al combate de la infantería. Todos los días, desde el 27 de mayo de 1938 hasta el 26 de enero de 1939, escribió El meu diari de guerra, en cinco libretas, que fue expidiendo, para su custodia, a casa de amigos o de su familia. El hecho de disponer del puesto de socorro, en su condición de médico, le permitía escribir el diario con suficiente aislamiento, sin que se enterasen sus compañeros del mando de batallón, con quienes convivía.

Al terminar el conflicto ingresó en el Seminario de Barcelona, siendo ordenado sacerdote en 1942. Posteriormente se licenció en Teología en la Universidad Pontificia de Salamanca. Quienes le trataron íntimamente aseguran haber encontrado en su persona algo extraordinario.

Su juventud, según sus compañeros de la Facultad de Medicina de Barcelona, era un ejemplo y un estímulo para todos y una llamada exigente para aquellos estudiantes que andaban más descuidados. Los médicos que le conocieron son testigos fehacientes de su innegable competencia científica, unida a su sentido de responsabilidad profesional; los enfermos que él asistió, en su mayoría pobres, conocieron y admiraron su ardiente caridad, su delicadeza en el trato y su total dedicación.

Fue coadjutor de Sant Esteve de Sesroviras, viceconsiliario de los Jóvenes de Acción Católica, consiliario de los centros de Acción Católica Femenina de Sarriá, secretario de la Beneficencia diocesana, consiliario del Organismo Benéfico Asistencial (OBA), confesor del seminario, director espiritual de la obra de la Visitación, consiliario de la Escuela Católica de Enseñanza Social, consiliario capellán del Colegio de Religiosas Franciscanas, consiliario de la Protección de la Mujer y director espiritual del Hospital de la Magdalena. Víctima de una grave enfermedad, desde su lecho, en el Sanatorio de Nuestra Señora de la Merced que él mismo fundó [en 1928, junto con su compañero el Dr Gerardo Manresa] para tuberculosos pobres y, durante cuatro meses, dio una lección de fortaleza, de amor al dolor, de desprendimiento de las cosas caducas, de anhelo por las realidades eternas y de ansia por la salvación de los hombres, especialmente por la santificación de los sacerdotes. Vivió y murió con fama de santidad.

Fue beatificado por Juan Pablo II en Loreto el 5 de septiembre de 2004.

Obras: Mi diario de guerra: 1938-1939, Barcelona, Casals, 1987; Diaris íntims, Barcelona, Esin, 2000.

Bibl.: Romuald Díaz i Carbonell, Pere Tarrés. Testimoni d'una època, Montserrat, Publicacions de l'Abadia de Montserrat, 1973; Pere Tarrés, testimonio de fe. El cristiano laico, el médico y el sacerdote, Barcelona, Santandreu Editor, 1994; P. Montagut, El secret de Mn. Pere Tarrès: la caritat espiritual, Barcelona, Claret, 1994; J. Peraire Ferrer, En carne viva. Heroico testimonio del Dr. Tarrés, Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 1997.

Vicente Cárcel Ortí

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Pere Tarrés: El Meu diari de guerra, 1938-1939

En 1973, Fray Romuald García publicó como anexo a su biografía de Pere Tarrés una versión del Diari amputando las páginas finales posteriores a la correspondiente al 24.01.1936, omitiendo por consiguiente lo referente a la liberación de Barcelona el 26.01.1936

La Ed. Casals publicó tres ediciones del original en catalán y después otra de la traducción al castellano:

Pere Tarrés: Mi diario de guerra, 1938-1939. Editorial Casals. 1987. Traducción al castellano de Jordi Piquer, Pbro. y José Casán Herrera. Prólogo del Cardenal Narcis Jubany, arzobispo de Barcelona. Este prólogo, fue escrito por el Arzobispo de Barcelona, cardenal Narcís Jubany, el 24 de septiembre de 1987. Durante varios años, el Cardenal y el Beato, fueron compañeros en la residencia sacerdotal de Balmesiana.

 

Pere Tarrés: El Meu diari de guerra, 1938-1939. Barcelona: L'Abadia de Montserrat, 2004, p. 344. ISBN 988484156697

https://www.iberlibro.com/servlet/BookDetailsPL?bi=22472250302&cm_sp=rec-_-o_3_ii-_-bdp&reftag=o_3_ii

Pere Tarrés: El Meu diari de guerra, 1938-1939. Barcelona: Editorial:  Publicacions de l'Abadia de Montserrat, 1987

331 pg.

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Pere Tarrés: Mi diario de guerra, 1938-1939. Editorial Casals. 1987. Traducción al castellano de Jordi Piquer, Pbro. y José Casán Herrera. Prólogo del Cardenal Narciso Jubany. 361 Págs.

Glosses del Dr. Tarrés (Editorial Claret, 1988)

El vessant poètic del Dr. Pere Tarrés (Esinsa - Claret, 1992)

Diaris íntims: Diari de temps de persecució, diari de Seminari, diari de malaltia (Esinsa - Casals, 2000)

El meu diari de guerra (Publicacions de l'Abadia de Montserrat, 2004)

Altres autors Romuald Díaz, Pere Tarrés. Testimoni de fe (Publicacions de l'Abadia de Montserrat, 1989)

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Beato Pere Tarrés

https://ca.wikipedia.org/wiki/Pere_Tarr%C3%A9s_i_Claret

Nascut a Manresa en 1905, l'octubre de 1921 es traslladà a Barcelona instal·lant-se a casa d'un matrimoni manresà sense fills que vivien al carrer Vallfogona de Gràcia.

El 12 de març de 1925 va pronunciar la seva primera conferència de caràcter mèdic a la seu del Centre Moral i Instructiu de Gràcia, entitat a la qual es va vincular, així com a l'Oratori de Sant Felip Neri on va tenir en el pare Joaquim Serra un orientador espiritual.

El 1928 va acabar la carrera de medicina. Quan a començaments de la dècada dels anys trenta s'organitzà el moviment de la Federació de Joves Cristians de Catalunya (FEJOC), Tarrés s'hi integrà i, amb el temps, es convertiria en un dels seus més destacats líders, ocupant importants responsabilitats a nivell nacional. A Gràcia va promoure el Grup Número 1 de la FEJOC, el Torras i Bages, en el si de Sant Felip Neri. Ja després de la guerra civil espanyola, durant la qual fou mobilitzat amb l'Exèrcit popular, Tarrés s'ordenà sacerdot el 30 de maig de 1942.

Tarrés va desenvolupar la seva professió mèdica durant onze anys al barri de Gràcia; al de les Corts va bastir la Clínica Sanatori "Mare de Déu de la Mercè" per a atendre malalts, principalment els més necessitats, afectats de tuberculosi, malaltia molt difosa en els anys posteriors a la guerra civil.

Va morir el 31 d'agost de 1950.

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Homilía de san Juan Pablo II en la beatificación de Pere Tarrès

http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/homilies/2004/documents/hf_jp-ii_hom_20040905_loreto_sp.html

 Loreto. Explanada de Montorso. Domingo 5 de septiembre de 2004

1. "¿Qué hombre conoce el designio de Dios?" (Sb 9, 13). Esta pregunta, formulada por el libro de la Sabiduría, tiene una respuesta:  sólo el Hijo de Dios, que se hizo hombre por nuestra salvación en el seno virginal de María, puede revelarnos el designio de Dios. Sólo Jesucristo sabe cuál es el camino para "adquirir un corazón sensato" (Salmo responsorial) y obtener paz y salvación.

Y ¿cuál es este camino? Nos lo ha dicho él en el evangelio de hoy:  es el camino de la cruz. Sus palabras son claras:  "Quien no lleva su cruz detrás de mí, no puede ser discípulo mío" (Lc 14, 27).

"Llevar la cruz detrás de Jesús" significa estar dispuestos a cualquier sacrificio por amor a él.

Significa no poner nada ni a nadie antes que él, ni siquiera a las personas más queridas, ni siquiera la propia vida.

2. Amadísimos hermanos y hermanas, que os habéis dado cita en esta "espléndida explanada de Montorso", como la ha llamado el arzobispo monseñor Comastri, al que agradezco de corazón las cordiales palabras que me ha dirigido. Saludo, asimismo, a los cardenales, a los arzobispos y a los obispos presentes; saludo a los sacerdotes, a los religiosos, a las religiosas y a las personas consagradas; y, sobre todo, os saludo a vosotros, jóvenes miembros de la Acción católica, que, guiados por el consiliario general, monseñor Francesco Lambiasi, y por la presidenta nacional, doctora Paola Bignardi, a la que agradezco su afectuoso saludo, habéis querido reuniros aquí, bajo la mirada de la Virgen de Loreto, para renovar vuestro compromiso de adhesión fiel a Jesucristo.

Vosotros sabéis que adherirse a Cristo es una opción exigente. Jesús no habla de "cruz" por casualidad. Sin embargo, precisa inmediatamente: "detrás de mí". Esta es la gran verdad:  no estamos solos al llevar la cruz. Delante de nosotros camina él, abriéndonos paso con la luz de su ejemplo y con la fuerza de su amor.

3. La cruz aceptada por amor genera libertad. Lo experimentó el apóstol san Pablo,"anciano y prisionero por Cristo Jesús", como se define a sí mismo en la carta a Filemón, pero en su interior plenamente libre. Esta es precisamente la impresión que produce la página recién proclamada:  san Pablo se encuentra encadenado, pero su corazón está libre, porque habita en él el amor de Cristo. Por eso, desde la oscuridad de la prisión en la que sufre por su Señor puede hablar de libertad a un amigo que está fuera de la cárcel. Filemón es un cristiano de Colosas:  a él se dirige san Pablo para pedirle que libere a Onésimo, todavía esclavo según el derecho de la época, pero ya hermano por el bautismo. Al renunciar al otro como su posesión, Filemón recibirá como don un hermano.

La lección que se desprende de toda esta historia es clara:  no existe amor más grande que el de la cruz; no hay libertad más verdadera que la del amor; no existe fraternidad más plena que la que nace de la cruz de Jesús.

4. De la cruz de Jesús fueron humildes discípulos y testigos heroicos los tres beatos recién proclamados.

Pedro Tarrés i Claret, primero médico y después sacerdote, se dedicó al apostolado laical entre los jóvenes de la Acción católica de Barcelona, de los cuales, después, fue consiliario. En el ejercicio de la profesión médica se entregó con especial solicitud a los enfermos más pobres, convencido de que "el enfermo es símbolo de Cristo sufriente".

Ordenado sacerdote, se consagró con generosa intrepidez a las tareas del ministerio, permaneciendo fiel al compromiso asumido en vísperas de la ordenación:  "Un solo propósito, Señor:  sacerdote santo, cueste lo que cueste". Aceptó con fe y heroica paciencia una grave enfermedad, que lo llevó a la muerte con sólo 45 años. A pesar del sufrimiento repetía frecuentemente:  "¡Cuán bueno es el Señor conmigo! Y yo soy verdaderamente feliz".

5. Alberto Marvelli, joven fuerte y libre, hijo generoso de la Iglesia de Rímini y de la Acción católica, concibió toda su breve vida de sólo 28 años como un don de amor a Jesús por el bien de sus hermanos. "Jesús me ha envuelto con su gracia", escribió en su diario; "sólo lo veo a él, sólo pienso en él". Alberto había hecho de la Eucaristía diaria el centro de su vida. En la oración buscaba inspiración también para el compromiso político, convencido de la necesidad de vivir plenamente como hijos de Dios en la historia, para transformarla en historia de salvación.
En el difícil período de la segunda guerra mundial, que sembraba muerte y producía violencias y sufrimientos atroces, el beato Alberto alimentó una intensa vida espiritual, de la que brotaba el amor a Jesús que lo llevaba a olvidarse constantemente de sí mismo para cargar con la cruz de los pobres.

6. También la beata Pina Suriano -natural de Partinico, en la diócesis de Monreale- amó a Jesús con un amor ardiente y fiel, hasta el punto de que escribió con toda sinceridad:  "No hago otra cosa que vivir de Jesús". A Jesús le hablaba con corazón de esposa:  "Jesús, hazme cada vez más tuya. Jesús, quiero vivir y morir contigo y por ti".

Se adhirió desde su adolescencia a la Juventud femenina de la Acción católica, de la que después fue dirigente parroquial, encontrando en la Asociación importantes estímulos de crecimiento humano y cultural en un clima de intensa amistad fraterna. Maduró gradualmente una sencilla y firme voluntad de entregar a Dios como ofrenda de amor su joven vida, en particular para la santificación y la perseverancia de los sacerdotes.

7. Queridos hermanos y hermanas, amigos de la Acción católica, que habéis venido a Loreto de Italia, de España y de tantas partes del mundo, hoy el Señor, a través del acontecimiento de la beatificación de estos tres siervos de Dios, os dice:  el mayor don que podéis hacer a la Iglesia y al mundo es la santidad.

Preocupaos por lo que interesa a la Iglesia:  que muchos hombres y mujeres de nuestro tiempo sean conquistados por la fascinación de Cristo; que su Evangelio vuelva a brillar como luz de esperanza  para los pobres, los enfermos y los que tienen hambre de justicia; que las comunidades cristianas sean cada vez más vivas, abiertas y atractivas; que nuestras ciudades sean acogedoras y habitables  para todos; que la humanidad siga a Cristo por los caminos de la paz y la fraternidad.

8. A los laicos os corresponde testimoniar la fe mediante las virtudes que son específicas de vosotros:  la fidelidad y la ternura en la familia, la competencia en el trabajo, la tenacidad al servir al bien común, la solidaridad en las relaciones sociales, la creatividad al emprender obras útiles para la evangelización y la promoción humana. A vosotros os corresponde también mostrar -en íntima comunión con los pastores- que el Evangelio es actual, y que la fe no aleja al creyente de la historia, sino que lo sumerge más a fondo en ella.

¡Ánimo, Acción católica! Que el Señor guíe tu camino de renovación.

La Inmaculada Virgen de Loreto te acompaña con tierna solicitud; la Iglesia te mira con confianza; el Papa te saluda, te sostiene y te bendice de corazón.

Acción católica italiana, ¡gracias!

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El final del Diario de guerra del Beato Pere Tarrés

Enrolado forzoso como médico en el ejército rojo durante ocho meses, el beato Pere Tarrés, cuando la desbandada encabezada por los jefes en Cataluña, se fue con un permiso a Barcelona el 24.01.1939, "decidido a no volver".

Terminada la guerra, ingresó en el Seminario a sus 34 años y fue sacerdote desde 1942 hasta su fallecimiento en 1950, culminando una vida de gran santidad. Su Diario de guerra no lo dio por terminado hasta después de lo que entonces se llamó la liberación de Barcelona; aunque alguna edición, como la de fray Romuald Díaz en 1973 amputa las últimas páginas y no contribuye así a la buena memoria histórica, sino a la mala memoria histórica y a que intenten utilizar a Pere Tarrés los malos políticos.

25 de enero de 1939

«Vivimos horas de emoción. Se acerca la hora de la redención para Cataluña». Pendientes de la radio. Noticias del avance de los «facciosos». Los centros oficiales abandonan Barcelona. «Todo el mundo desea que llegue pronto la hora de la liberación».

Se refugia en casa de un amigo. Vida espiritual.

«Virgen María, pronto resonarán las salves en tu honor por todas las calles y plazas; muy pronto serán rehechos tus templos y capillas y ermitas. Madre mía, que te alaben todos los pueblos, todos los hombres y sobre todo España, y de España, Cataluña. Que pronto regresen a Montserrat tus monjes». «Ha podido escapar también del infierno rojo mi amigo Montfort, por quien estaba preocupado».

26 de enero de 1939.

Noticias. Ruido de combate.

«La misma expectación de ayer, pero todavía más fuerte. Casi temblaba de emoción. ¡Dios mío, salva a la Patria! Cuando pienso que todo este ruido es el mismo que oía antes de ocupar los pueblos de Cataluña en los que hacíamos resistencia, y que ahora lo oigo a las puertas de Barcelona, no sé qué me ocurre de tanta alegría» «El ruido se acerca ¡Se acerca la primavera y con ella la tan suspirada paz y el restablecimiento del Reino de Cristo!»

Los partidos comunista, socialista, CNT, invitan al pueblo a la resistencia.

«Palabras que caían en el vacío. Casi daba risa. ¡Quién quiere que se levanten, si toda la juventud ha sido asesinada o ha muerto en la guerra! ¿Quién puede levantarse para defender un terrible régimen de tiranía y de terror bajo la estrella roja y la bandera roja y negra o encarnada, del odio a muerte y la lucha de clases?»

«Estoy convencido de que se acercan para España horas de gloria y de luz y de reconciliación, de fuerza creadora». 

«Estoy convencido de que renacerá la llama viva del cristianismo, más viva que nunca».

«Son las cuatro de la tarde. Vivimos momentos únicos. Momentos de emoción sublime. Saltaría de gozo. Lloraría de alegria. Radio Zaragoza ha dado ahora mismo la noticia de que Barcelona ha sido totalmente rodeada y que ya han comenzado a entrar. Discursos. Gritos de "Barcelona" y "Cataluña". España y el mundo entero están pendientes de las noticias que se van dando, Barcelona reconquistada para España y para Cristo. Barcelona liberada del infierno rojo. El marxismo, bajo todos los aspectos, ha sufrido el golpe más decisivo. Cataluña. Cataluña está ya salvada. Horas históricas. Estamos conmovidos. Aquí, con la familia Casanelles y con los amigos Pallarols y el padre Evangelista, estamos emocionados junto a la radio. Las ametralladoras todavía suenan. Algún cañonazo retumba en nuestro cielo. Radio Asociación da música. La aviación sobrevuela la ciudad, a baja altura.

»Dios mio, ¿es posible que llegue la hora de la liberación? ¡Benedícite omnia opera Domini Domino! Cuando todo parecía hundido, Tú has resurgido lleno de gloria. ¡Señor, es tu gloria lo único que me interesa, la única cosa por la cual late mi corazón! ¡Dios mío, Dios mío, gracias por haberme permitido presenciar tanto gozo, la alegría de un pueblo que resucita! ¡Dios mio, Dios mío! ¡Laudate Dominum!

»A las cinco de la tarde, en medio de una emoción indescriptible, Radio Asociación de Cataluña ha señalado la entrada del Ejército Nacional liberador de España en las Ramblas. Ha sido grandioso. A los gritos de "Arriba Espafia" y "Viva Franco", con la voz fatigada, casi sin aliento, han anunciado a los cuatro vientos la conquista de Barcelona. Las lágrimas casi han asomado a los ojos. La emoción y el entusiasmo populares que se han lanzado a la calle han sido formidables. No he podido resistir la alegría; me he puesto el traje de paisano y hemos salido a la calle con los amigos Casanelles y Pedrerol. La gente aclamaba por la calle a las tropas y las columnnas motorizadas que iban llegando; aclamando a Franco y a la España única, libre y grande. Nos abrazábamos en plena calle. La gente te paraba en medio de felicitaciones y gritos de alegría. Abrazos, besos, lágrimas. ¡Dios mío, qué admirable! ¡Ha sufrido tanto Cataluña! ¡Ha llegado la hora de su liberación! He ido a casa y hemos rezado una estación al Santísimo. Hemos ido a casa de Pere Llumà, mossèn Pere Llumà, y de allí con Rof y Bassols a casa del padre Torrents, que nos ha recibido lleno de alegría.

»¡Viva Cristo Rey! ¡Viva Cristo, Dios de amor! ¡Viva la Virgen de Montserrat! ¡Viva la Purísima e Inmaculada Concepción, patrona de España! "Me he sentido profundamente español y nunca como hoy me sale del corazón un grito bien alto de: ¡Viva España! ¡Viva Cataluña española!

»España está destinada a ser una gran fuerza: Ella será el nuevo hogar del cristianismo. Dios mío, ilumina a Franco y a los otros dirigentes, para que todos sus actos estén informados por las doctrinas de amor y de paz cristianos, como hasta ahora.

»¡Dios mío, salva a la Patria! Te ofrezco todos los sufrimientos y angustias padecidos hasta ahora. Por nada del mundo querría cambiar esta satisfacción de haber sufrido por amor a Ti. Que estos años de sufrimientos sirvan para tu gloria y para la santificación de mi alma.

»Los generales del Ejército han pronunciado ahora una alocución formidable, que ha encendido nuestro corazón, hablando de amor, de paz y de justicia.

»Virgen María, Madre mía, contempla la gloria de tu Hijo. Reina de España, continúa velando por nuestra Patria. Reina nuestra, que pronto los templos canten tus glorias. ¡Aumenta mi vocación, auméntala mucho, mucho! Hazme un gran apóstol de tu Hijo y de tus grandezas. ¡Dios te salve, María! Madrecita mía, consuela a las familias a las que les faltarán tantos seres queridos que contemplan nuestra alegria desde el cielo. Que ellos continúen velando por la salvación de la Patria. Madre mía, consuela a tantas madres desoladas, tantas hermanas, tantas esposas viudas, tantos· huérfanos...

»Jesús mío, te ofrezco a Ti todo este sufrimiento, este sufrimiento colectivo, toda la sangre derramada, todo el dolor de tus hijos; y la vida de tantos inocentes y de tantos amigos ...

»Los desgraciados de la CNT-FAI están resistiendo todavía. Es cosa de pocas horas. Que Dios se apiade de ellos.

»¡Viva Cristo Rey! ¡Viva España cristiana! ¡Viva Cataluña española!

»Y pongo fin a mi Diario de guerra».

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