HISTORIA DE ESPAÑA

Margarita Uria recuerda para apoyar el aborto que el PNV es un partido aconfesional desde 1977 y que España forma parte de un lobby de salud sexual y reproductiva de la UE

El inicio en España de los nacionalismos antiespañoles

 

Pueblo ilusorio, nación fatua
«Ellos me han dado celos con lo que no es Dios,
me han irritado con sus vanos ídolos;
¡pues yo les daré celos con un pueblo ilusorio,
los irritaré con una nación fatua!»
(Dt 32,21)

El inicio en España de los nacionalismos antiespañoles fue en la época de la Restauración a finales del XIX:
Esos movimientos nacionalistas se basan, como el nacionalismo españolista, como todo nacionalismo, en la misma veneración de la Nación por encima de todo y en la teoría de los hechos diferenciales.
El nacionalismo es muy diferente del amor a la patria, es su distorsión.
La teoría de los hechos diferenciales es el mito de la superioridad, porque nadie dice que es diferente para pregonar una inferioridad, sobre todo si es colectiva, sino para pretender una superioridad y exigir su acatamiento a la que llaman respeto. Es valorar a la patria sólo porque es supuestamente superior a las demás, esto es dulcineísmo y es diferente del amor a la patria y contrario a él. Basar el nacionalismo en la teoría de los hechos diferenciales es insistir más en lo que separa que en lo que une con los otros pueblos, es crear el problema de la convivencia de pueblos diferentes y autónomos en una misma unidad política.
Es ahora el origen del mal llamado "problema vasco" y del mal llamado "problema catalán". El verdadero problema es el nacionalismo catalanista y el nacionalismo vasquista: y en ello el problema no es lo catalán, ni lo vasco, sino el nacionalismo, que es el mismo que el nacionalismo españolista, es proclamar la Nación como lo máximo, lo supremo, ahora aplicado a lo catalán y a lo vasco contra España. Ya era un problema enorme desde la Revolución Liberal de 1810 superpuesta a la Guerra de la Independencia (1808-1814), que se hubiera impuesto la proclamación de España como Nación, con soberanía absoluta ejercida por los que controlaban el parlamento, porque estaba siendo un tóxico para todo lo español, cuando desde finales del XIX tenemos en España a otros que pretenden que su nación sea reconocida como Nación con mayúscula, es decir como entidad absoluta en sí misma, lo cual, lleva consigo el pretender antes o después el soberanismo, además de ser un dulcineísmo. Y lógicamente tantos soberanos absolutos en España son ya demasiados problemas. Después vendrán más. Pero el pueblo español lo ha aguantado todo.

El árbol de Guernica en 1874 es carlista

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Antecedentes:

El inicio del nacionalismo en España: el nacionalismo españolista

La Guerra de la Independencia en España (1808-1814)

  1. Sublevación popular de ideas tradicionales (religiosas, patrióticas y monárquicas).
    La junta de Murcia, por ejemplo, lo expresaba así: "Sepa el mundo que los murcianos conocen sus deberes y obran según ellos hasta derramar su sangre, por la Religión, por su Soberano y sus amados hermanos, todos los españoles".
  2. Ante la ocupación francesa y la imposición de José I como rey, se produce la subdivisión de los antitradicionales (ilustrados y liberales) en:

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En Hispanoamérica el nacionalismo antiespañol durante la Guerra de la Independencia en España (1808-1814)

La insurrección en Hispanoamérica

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El Trienio Constitucional o Liberal (1820-23). La sublevación de los realistas en 1822. La primera guerra civil

Los realistas son de ideas tradicionales:
Las ideas tradicionales parten de que la libertad y de la justicia sólo se pueden conseguir si se basan en la religión, en la Iglesia Católica; mientras que los liberales, aunque son católicos, lo basan todo en el poder del Parlamento en nombre del Pueblo Soberano, de la Nación, como poder supremo.
Los realistas defienden los fueros frente al centralismo de los liberales, que han reducido a Navarra de reino a provincia.
Los liberales les llaman absolutistas, pero los liberales suprimen las Cortes de Navarra y todos sus fueros. También los de las Vascongadas.
Mientras que los realistas proclaman la defensa de los fueros de Navarra, de Vascongadas e incluso los de Cataluña, suprimidos desde los decretos de Nueva Planta del XVIII.

Véase la historia de LA DIVISIÓN EN PROVINCIAS DEL CENTRALISMO LIBERAL pulsando aquí

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1ª Guerra Carlista (1833-1840).

La época de Isabel II (1833-1868). Sus etapas

El sexenio revolucionario (1868-1874)

El sistema de la Restauración de 1875

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El dulcineísmo de Martínez Sistach combinado con el maniqueísmo Madrit-Govern
(La Vanguardia. 1.06.2008)

Paradójicamente, las relaciones del episcopado con el Govern de la Generalitat parecen mejores que con Madrid. Digo paradójicamente, porque la palabra tripartito no es hoy sinónimo de armonía.

Creo que son buenas, fruto de una idiosincrasia catalana tendente al entendimiento y al diálogo. Fue interesante el parlamento del presidente de la Generalitat en un reciente acto de celebración del aniversario de la Facultat de Teologia de Barcelona, en el que reconoció las raíces cristianas de Catalunya y la aportación de la Iglesia en momentos difíciles para el país.

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En realidad en todas las idiosincrasias la personalidad aquiescente es la de más del 50 por ciento de las personas (José Luis Pinillos: La Mente Humana, págs. 100-101. Salvat. 1970).

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El nacionalismo catalanista contra el seny

La embajada de la Generalitat de Cataluña en Madrid en 2012 está en el número 44 de la calle Alcalá de Madrid y es la antigua sede de la Secretaría General del Movimiento

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En noviembre de 2002, la Conferencia Episcopal Española impugna el nacionalismo independentista injusto en la Instrucción pastoral Valoración moral del terrorismo en España, de sus causas y de sus consecuencias (XI-2002); nº 33. En este documento la CEE no condena solamente el terrorismo, sino también el nacionalismo independentista

33. «La pretensión de que a toda nación, por el hecho de serlo, le corresponda el derecho de constituirse en Estado, ignorando las múltiples relaciones históricamente establecidas entre los pueblos y sometiendo los derechos de las personas a proyectos nacionales o estatales impuestos de una u otra manera por la fuerza, dan lugar a un nacionalismo totalitario, que es incompatible con la doctrina católica.
(Valoración moral del terrorismo en España, de sus causas y de sus consecuencias (noviembre de 2002); nº 33).

34. Por ser la nación un hecho, en primer lugar, cultural, el Magisterio de la Iglesia lo ha distinguido cuidadosamente del Estado (Pío XII, Radiomensaje 21-IX-1949; Juan Pablo II, en la UNESCO, 2-VI-1980; en la ONU, 5-X-1995). A diferencia de la nación, el Estado es una realidad primariamente política; pero puede coincidir con una sola nación o bien albergar en su seno varias naciones o entidades nacionales. La configuración propia de cada Estado es normalmente fruto de largos y complejos procesos históricos. Estos procesos no pueden ser ignorados ni, menos aún, distorsionados o falsificados al servicio de intereses particulares.

35. España es fruto de uno de estos complejos procesos históricos. Poner en peligro la convivencia de los españoles, negando unilateralmente la soberanía de España, sin valorar las graves consecuencias que esta negación podría acarrear, no sería prudente ni moralmente aceptable.

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Elcano [Juan Sebastián Elcano (Guetaria 1476-cerca de las islas Molucas 1526)] firmaba “Un castellano de Guipúzcoa”, ésa es la firma de Elcano en todos los documentos».

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José A. Sentís, periodista y profesor en la Universidad Complutense, hace notar en referencia al caso vasco: …«en lugar de reivindicar su paternidad compartida en la fundación de España, que objetivamente les pertenece, los nacionalistas crean un imaginario de sumisión y dominación, como si les avergonzara su pasado glorioso y se enorgullecieran de sus fracasos inexistentes. Digan lo que digan estos intérpretes victimistas de la Historia, ellos no son España porque España les hubiera colonizado o doblegado por las armas, sino porque la compusieron desde el principio. Son más España que otros antiguos reinos de esta península».

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Luis Suárez, en su artículo La nación española (La Gaceta fin de semana, 10/11-I-2004):

«En su origen el término nación carece de las connotaciones políticas que en el siglo XIX se le asignaron. Significa únicamente naturaleza o nacimiento. En los Estudios Generales, origen de nuestras Universidades, se empleó para agrupar a profesores y alumnos de acuerdo con el lugar de procedencia (…) Es preciso llegar al Concilio de Constanza (1412-1414) para que se obtenga una definición más concreta. Se dijo entonces que la Cristiandad, es decir, Europa, estaba ordenada en cinco naciones: Italia, Alemania, Francia, España e Inglaterra. Cada una de ellas contaba con una pluralidad en las estructuras políticas y administrativas, si bien se reconocía que poseían vínculos de unidad (…) Pedro IV el Ceremonioso [Balaguer 1319-Barcelona 1387, Rey de Aragón, decía] desde Barcelona que “Cataluña es la mejor tierra de España”. Y los arzobispos de Braga, Toledo y Tarragona reclamarían para sí el título de primado de España (…)

La Generalidad de Cataluña cuando, en 1463, al rechazar a su rey, Juan II, al que culpa de quebrantar la legitimidad de ejercicio, se dirige a Enrique IV de Castilla le pide que ciña la corona porque él significa la legitimidad de España entera.

Pedro IV pidió a su yerno, Juan I, que admitiese a catalanes y valencianos en los privilegios de Brujas, porque “españoles somos todos”.

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Ángel María Iraburu (La Razón 24-V-2002):

«Jon Juaristi, ex etarra, euskaldún, catedrático: “Hay que hacer saber a los engañados vascos que jamás hubo una patria vasca ocupada y destruida por España”. El nacionalismo vasco “reclama la reparación de unas ofensas que no existen en nombre de una patria vasca que no existió nunca”. José Andrés-Gallego, catedrático de Historia: “Llevamos los vascos en España entre mil y quinientos años de historia común y pacífica”. Juan Pablo Fusi, donostiarra, catedrático de Historia: “Las ficciones nacionales alumbradas por los nacionalismos del XIX no resisten el examen de la Historia”. Fernando G. de Cortázar, jesuita, catedrático de Historia: “La región en que se manipula la Historia de una manera más escandalosa es el País Vasco”. Gabriel Jackson, historiador e hispanista norteamericano: “No sé de ningún otro caso en que unas falsedades, sinceramente creídas, hayan llevado a cientos de seres humanos, por lo demás decentes, a creer que sirven a una buena causa asesinando a ochocientas personas en unas condiciones de libertad política y con un Gobierno representativo (…) Es sólo entendible desde una nefasta y parcial interpretación de la Historia”».

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Francisco Cambó (1876-1947), político catalán, en octubre de 1937 publicó en La Nación un artículo titulado La cruzada española, en el que decía: «No es hoy momento de discutir cómo se regirá la nueva España [cuando termine la guerra civil]. Pero una cosa podemos decir: España (…) fue un más grande valor universal en cuanto fue más española, más íntimamente unida a la solera medieval que la forjó preparando la gran obra de los Reyes Católicos y de los primeros Austrias, mientras que las etapas de su decadencia coinciden con las de su decoloración tradicional» (en R. de la Cierva, Misterios de la historia, Planeta 1990, 144).