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A los 5 años de la muerte de Sor Lucía; un artículo de Monseñor Munilla

Alberto Royo ReL 28 enero 2010

Se acerca el quinto aniversario de la muerte de Sor Lucía dos Santos, la vidente de Fátima que desde hace 2 años está en proceso de Canonización, con dispensa de los 5 años que tienen que pasar para comenzar este tipo de procesos. Los Carmelitas pidieron la dispensa y, por la importancia del personaje, les fue concedida, y se comenzaron los pasos para llevar a esta humilde religiosa a la gloria de los altares. Muy pocas veces se conceden este tipo de dispensas, pero en el caso de Sor Lucía la fama de santidad era tan evidente que no había peligro que con el paso de los años se enfriase, por eso no ha habido problema en conseguir dicha dispensa.

Con motivo de la cercanía del aniversario he vuelto a leer un artículo escrito en aquella ocasión por el entonces sacerdote José Ignacio Munilla, hoy como es sabido obispo de San Sebastián, que creo que explica de modo sencillo pero muy profundo el significado de esta figura. No profundiza en sus virtudes, de las que con el tiempo sabremos más, como está ocurriendo con Juan Pablo II, sino que encuadra el fenómeno del que ella fue testigo principal, esto es las apariciones marianas de Fátima, en el contexto de la espiritualidad cristiana. Lo reproduzco para nuestra común edificación y para que, al recordar a Sor Lucía, no dejemos de rezar un avemaría por su pronta beatificación, para bien de la Iglesia.

"Lo acostumbrado suele ser que la muerte de un personaje sea ocasión propicia para ensalzar su obra y mensaje. A muchos católicos nos ha impresionado –aunque a estas alturas, no diremos ya “sorprendido”- el hecho de que algunos teólogos hayan aprovechado el fallecimiento de sor Lucía para denostar públicamente su figura, así como los acontecimientos y el mensaje de Fátima.

Este hecho deja patente el gran desencuentro existente entre el pueblo fiel católico y determinadas corrientes teológicas que han asumido la mentalidad liberal de nuestra cultura, hasta el punto de disolverse en ella.
René Laurentin, destacado mariólogo francés, ha recordado acertadamente un hecho incontestable: mientras que las masas abandonaban la práctica religiosa en la vieja Europa, lo único que estaba en auge eran las peregrinaciones a los santuarios en los que habían tenido lugar apariciones marianas, u otros hechos místicos extraordinarios. Esto pone en cuestión los postulados aprióricos de la teología liberal, según los cuales el hombre moderno necesita una "religiosidad desmitificada" y "depurada de todo aspecto mágico", para poder así hacerse comprensible y creíble a la mentalidad moderna. Sin embargo, los signos de los tiempos han resultado ser bien distintos de los diseñados por determinados modelos académicos. La gran atracción de los santuarios marianos y de los santos místicos, refleja una especie de "rebelión del pueblo fiel” hacia esa parte del mundo eclesiástico que ha caído en la trampa racionalista. Nos explicamos así las ampollas que levanta en muchos ambientes todo lo relacionado con Fátima y sor Lucía; aunque, sinceramente, no deja de impresionar la falta de delicadeza de la que se ha hecho gala en la hora de su muerte. Sin perder un minuto más en este prolegómeno, paso a destacar brevemente algunos aspectos menos conocidos de la figura de sor Lucía:

Un signo muy importante de la autenticidad del testimonio de la que fue vidente de la Virgen, es su talante y estilo de vida. La priora de su comunidad, sor María Celina de Jesús, ha declarado que sor Lucía era «la joya» del Carmelo de Coimbra, subrayando de forma particular su sencillez: “Ni siquiera el «peso» del secreto que la vidente llevó consigo por décadas modificó su humildad”. “Las religiosas no le hicimos jamás preguntas”. La ausencia de protagonismo por parte de la vidente fue tan relevante que, según testimonio de la priora, cuando ella misma ingresó en el Carmelo de Coimbra, estuvo «ocho días sin saber quién era Lucía de Fátima». De la misma forma que el afán de protagonismo es altamente sospechoso, nos sentimos cautivados por el testimonio de esta sencilla mujer que ha escondido su vida en Dios.

Muchos católicos desconocen que las revelaciones privadas que sor Lucía recibió en Fátima, se vieron completadas años después en España. Estando sor Lucía entonces en la congregación de las religiosas Doroteas, antes de ingresar en la clausura carmelitana, recibió diversas revelaciones en Tuy y en Pontevedra. De esta forma, a finales de 1925 y comienzos de 1926, se cumplía el anuncio hecho por la Virgen en su aparición del 13 de Julio de 1917, en la que prometía que volvería de nuevo para pedir la extensión de la devoción al Corazón Inmaculado de María, así como la consagración de Rusia al Corazón de María. Los mariólogos especialistas en Fátima han llegado a afirmar que Pontevedra es el “Pentecostés de Fátima”. De hecho, la Iglesia Católica ha integrado en su liturgia y prácticas marianas diversas aportaciones de las revelaciones privadas de Pontevedra. Por ejemplo, el próximo 22 de Mayo, en el Pilar de Zaragoza, nuestra Conferencia Episcopal en pleno se dispone a renovar la consagración de España al Inmaculado Corazón de María. Mientras que algunos se ríen del valor de las consagraciones, la Iglesia confía en el poder de mediación e intercesión que Cristo ha puesto en manos de su Madre.

Así mismo, muchos desconocen también el hecho de que sor Lucía y la Santa Sede han tenido como adversarios, no sólo a los incrédulos y detractores de las apariciones de Fátima; sino que también han tenido que hacer frente a otros intentos de manipulación, por el extremo contrario. En efecto, grupos católicos integristas, han querido apropiarse en diversas ocasiones del mensaje de Fátima. Especialmente, tras los atentados terroristas del 11 de Septiembre, quisieron involucrar a sor Lucía en episodios de nuevas revelaciones y en reinterpretaciones de corte apocalíptico del mensaje de Fátima. Por ese motivo el Papa envió el 20 de Diciembre de 2001 a Mons Bertone al carmelo de Coimbra,
para despejar cualquier sospecha de que no se hubiese publicado el texto íntegro de la tercera parte del secreto de Fátima, tal y como algunos movimientos "fatimitas" denunciaban. La religiosa portuguesa cortó por lo sano con las falsas noticias que se estaban divulgando: «Se ha publicado todo por parte de la Santa Sede ; no hay más secretos».

Ciertamente, sabemos que el valor de las revelaciones privadas, caso del mensaje de Fátima, no es comparable al de la revelación pública. Esta última nos exige a los católicos nuestro asentimiento de fe; mientras que en el caso de las revelaciones privadas, los fieles están autorizados a dar su adhesión prudente, después de que la Iglesia haya juzgado que el mensaje en cuestión no contiene nada que vaya contra la fe y las costumbres. Las revelaciones privadas son una ayuda para comprender y vivir el Evangelio en el momento presente. Lo propio de éstas, no es la aportación de datos nuevos, sino subrayar y acentuar aspectos del Evangelio que hayan podido caer en el olvido en el momento presente. Por lo tanto, la categoría teológica de las revelaciones privadas es la equiparable al carisma de profecía. Así lo dice la primera carta de San Pablo a los Tesalonicenses: "No apaguéis el Espíritu, no despreciéis las profecías; examinad cada cosa y quedaros con lo que es bueno" (1 Tes 5, 19-21).

A las 17.25 horas del 13 de Febrero, se cerraron los ojos de esa humilde pastorcilla que vio el rostro de la Virgen. Sor Lucía es ahora  de nuevo -y esta vez para siempre-, “vidente”. Confiamos en que, llegado el momento, así será proclamado solemnemente por la Iglesia Católica.
"