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Mozárabes y cruzados (en construcción, paciencia)

No a todos y en todas las circunstancias manda Dios aceptar el sometimiento a los enemigos de Dios vencedores, como mandó por medio de Jeremías a los judíos deportados a Babilonia:

«Así dice Yahveh Sebaot, el Dios de Israel, a toda la deportación que deporté de Jerusalén a Babilonia:
Edificad casas y habitadlas; plantad huertos y comed su fruto;
tomad mujeres y engendrad hijos e hijas; casad a vuestros hijos y dad vuestras hijas a maridos para que den a luz hijos e hijas, y medrad allí y no mengüéis;
procurad el bien de la ciudad a donde os he deportado y orad por ella a Yahveh, porque su bien será el vuestro (Jer 29,4-7).

Otras veces lo que está mandado es no someterse a los enemigos de Dios, sino sublevarse y luchar contra ellos, como manda Dios por medio del profeta Joel:

Publicad esto entre las naciones: ¡Proclamad la guerra, incitad a los bravos! ¡Que avancen y suban todos los hombres de guerra!
Forjad espadas de vuestros azadones y lanzas de vuestras podaderas; y diga el débil: «¡Soy un bravo!» (Jl 4,9-10).

Sí, lo contrario de la paz que Dios tiene prometida por medio de Isaías en la plenitud del reino mesiánico en la tierra (Is 2,4).

Hay tiempo de ganar y tiempo de perder; tiempo de someterse y tiempo de luchar y tiempo de disfrutar de la paz que traerá Jesucristo en la plenitud de su reinado en la tierra.

San Agustín, como doctor de la Iglesia que es, explica que los cristianos deben soportar las persecuciones, pero que en ocasiones deben reprimir a los enemigos. Deben hacerlo en las ocasiones en que puedan, esto es cuando tienen una fuerza suficiente para vencer y no provocar males mayores:

"La ciudad celestial, en cambio, conoce a un solo Dios..., no puede tener comunes con la ciudad terrena las leyes religiosas. Y por éstas se ve en la precisión de... ser una carga para los que sienten lo contrario y soportar sus odios y sus violentas persecuciones, a menos de refrenar alguna vez los ánimos de sus enemigos con el terror de su multitud, y siempre con la ayuda de Dios"
(San Agustín, La Ciudad de Dios, XIX; 17).

Aquí, en este texto de san Agustín tenemos el núcleo de la diferencia de situaciones en las que se debe ser mozárabe y en las que se debe ser cruzado. Por voluntad de Dios en todo caso. Y también tenemos el núcleo de la doctrina desarrollada por santo Tomás de Aquino de las condiciones para una justa sublevación y para una guerra justa.

«Hay infieles que nunca han recibido la fe, como los gentiles y los judíos. Estos no deben ser obligados de ninguna forma a creer, porque el acto de creer es propio de la voluntad. Deben ser, sin embargo, forzados por los fieles, si tienen poder para ello, a no impedir la fe con blasfemias, incitaciones torcidas o persecución manifiesta. Por esta razón, los cristianos suscitan con frecuencia la guerra contra los infieles, no para obligarles a aceptar la fe, pues si los vencen y hacen cautivos los dejan en su libertad de creer o no creer, sino para forzarles a no impedir la fe de Cristo»
(Santo Tomás, Suma Teológica, II-II, q. 10, a. 8, in c).

Santo Tomás enseña además que «muy bien puede fundarse una Orden religiosa para la vida militar, no con un fin temporal, sino para la defensa del culto divino, de la salud pública o de los pobres y oprimidos» (STh II-II, 188,3).

Es lo que hizo San Raimundo de Fitero al fundar la Orden Militar de Calatrava y al encabezarla al principio con la regla del Císter

El Estado Islámico amenaza a España, porque "es un estado criminal que usurpa nuestra tierra", desde la acción de "los cruzados" de los reinos cristianos de "Castilla, Navarra, Aragón y Portugal" en la batalla de Las Navas de Tolosa de 1212

El viceprimer ministro turco, Nurettin Canikli, dijo el 25.06.2016 a los periodistas: «Por desgracia, es posible ver todas las reflexiones y las huellas de la mentalidad de los cruzados en las acciones del papado y del Papa».

 

El Estado Islámico advierte en enero de 2016 que busca la recuperación de Al Andalus y amenaza a España y Portugal

El Estado Islámico incluye a España en un nuevo listado de enemigos en febrero de 2016

 

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Las cruzadas medievales no consiguieron su objetivo de liberar Tierra Santa porque no movilizaron el número suficiente de combatientes. Tras sus victorias iniciales, los cruzados eran una pequeña minoría entre los pobladores y tenían muchos menos efectivos militares sobre el terreno que los que pudieron movilizar allí los jefes islámicos. El Islam ya llevaba más de 350 años de expansión y de islamización forzosa de la población cuando empezaron las Cruzadas. Los cruzados sólo hubieran podido equilibrar númericamente la situación, si les hubiera respaldado masiva y decididamente el Imperio Bizantino, o si la Cristiandad europea hubiera desplazado a Tierra Santa y a todo Oriente Medio y el Norte de África una gran flujo masivo y continuado de emigrantes para asentarse allí como colonos. Ninguna de las dos cosas se produjo. Ricardo Corazón de León hubiera podido en su avance victorioso volver a tomar Jerusalén y no lo hizo por razones militares, pues su ejército hubiese resultado muy inferior en número que el que movilizasen los jefes islámicos en el contraataque; y los cruzados hubieran quedado atrapados en Jerusalén de forma indefendible.

En cambio en España, la Reconquista fue posible materialmente por la repoblación, además de por el espíritu cristiano, la heroicidad y la efectividad de los cruzados españoles reconquistadores frente a las divisiones de los musulmanes. Reconquistar fue repoblar. Se produjo un enorme y continuado aumento de población en la Europa ocidental entre los siglos XI y XIII, a causa de la aproximación al óptimo climático, por el calentamiento global de la atmósfera de esa época. Este gran aumento de población fue mucho mayor en las ciudades, donde se sumaron las migraciones del campo al crecimiento vegetativo. Y todo ello fue aún mucho mayor en España por la llegada masiva de inmigrantes franceses atraidos por los enormes privilegios con los que les incentivaron continua y acumulativamente los monarcas, especialmente los de las dinastías navarras de Castilla y Aragón, además de su propio reino del Norte; pero este sobreincremento demográfico y urbano ocurrió también en Portugal y Cataluña. Y los territorios reconquistados consolidaban su liberación con el asentamiento de pobladores que se atreviesen a vivir allí y defender su tierra de la que se les permitía ser propietarios mediante el escalio y la presura. Esto produjo además una fuerte capa social de hombres libres que, aunque no fuesen nobles, eran propietarios en plena propiedad si se asentaban en primera línea y defendían lo suyo y el bien común de la Reconquista.

En el siglo XXI, Occidente no quiere enviar tropas a luchar contra los islamistas que someten grandes áreas de África y Oriente Medio. No quieren sus jefes arrostrar la llegada de ataúdes, tampoco creen que les merece la pena defender a los cristianos perseguidos. Ellos mismos los persiguen también con sus leyes anticristianas.

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San Agustín, como doctor de la Iglesia que es, explica que los cristianos deben soportar las persecuciones, pero que en ocasiones deben reprimir a los enemigos. Deben hacerlo en las ocasiones en que puedan, esto es cuando tienen una fuerza suficiente para vencer y no provocar males mayores:

"La ciudad celestial, en cambio, conoce a un solo Dios..., no puede tener comunes con la ciudad terrena las leyes religiosas. Y por éstas se ve en la precisión de... ser una carga para los que sienten lo contrario y soportar sus odios y sus violentas persecuciones, a menos de refrenar alguna vez los ánimos de sus enemigos con el terror de su multitud, y siempre con la ayuda de Dios"
(San Agustín, La Ciudad de Dios, XIX; 17).

Aquí, en este texto de san Agustín tenemos el núcleo de la diferencia de situaciones en las que se debe ser mozárabe y en las que se debe ser cruzado. Por voluntad de Dios en todo caso. Y también tenemos el núcleo de la doctrina desarrollada por santo Tomás de Aquino de las condiciones para una justa sublevación y para una guerra justa.

«Hay infieles que nunca han recibido la fe, como los gentiles y los judíos. Estos no deben ser obligados de ninguna forma a creer, porque el acto de creer es propio de la voluntad. Deben ser, sin embargo, forzados por los fieles, si tienen poder para ello, a no impedir la fe con blasfemias, incitaciones torcidas o persecución manifiesta. Por esta razón, los cristianos suscitan con frecuencia la guerra contra los infieles, no para obligarles a aceptar la fe, pues si los vencen y hacen cautivos los dejan en su libertad de creer o no creer, sino para forzarles a no impedir la fe de Cristo»
(Santo Tomás, Suma Teológica, II-II, q. 10, a. 8, in c).

Santo Tomás enseña además que «muy bien puede fundarse una Orden religiosa para la vida militar, no con un fin temporal, sino para la defensa del culto divino, de la salud pública o de los pobres y oprimidos» (STh II-II, 188,3).

Es lo que hizo San Raimundo de Fitero al fundar la Orden Militar de Calatrava y al encabezarla al principio con la regla del Císter

Ya en el Antiguo Testamento se ve cómo Dios mandó a Jeremías y a otros que no se enfrentasen a Nabucodonosor y que aceptasen vivir en el cautiverio. Pero manteniendo a toda costa la fe, como en todo sometimiento al mal menor

Es lo que hicieron los mozárabes.

Y lo que hicieron san José, la Virgen María, su esposa, y su hijo Jesús, como todo el pueblo, viviendo bajo la dominación romana de los paganos e idólatras.

No a todos y en todas las circunstancias manda Dios aceptar el sometimiento a los enemigos de Dios vencedores, como mandó por medio de Jeremías a los judíos deportados a Babilonia:

«Así dice Yahveh Sebaot, el Dios de Israel, a toda la deportación que deporté de Jerusalén a Babilonia:
Edificad casas y habitadlas; plantad huertos y comed su fruto;
tomad mujeres y engendrad hijos e hijas; casad a vuestros hijos y dad vuestras hijas a maridos para que den a luz hijos e hijas, y medrad allí y no mengüéis;
procurad el bien de la ciudad a donde os he deportado y orad por ella a Yahveh, porque su bien será el vuestro (Jer 29,4-7).

Otras veces lo que está mandado es no someterse a los enemigos de Dios, sino sublevarse y luchar contra ellos:

Publicad esto entre las naciones: ¡Proclamad la guerra, incitad a los bravos! ¡Que avancen y suban todos los hombres de guerra!
Forjad espadas de vuestros azadones y lanzas de vuestras podaderas; y diga el débil: «¡Soy un bravo!» (Joel 4,9-10).

Sí, lo contrario de la paz que Dios tiene prometida por medio de Isaías en la plenitud del reino mesiánico en la tierra (Is 2,4).

Había mozárabes que contemporizaban y eran semicómplices. Lo de semi es como en el caso de muchos semiarrianos: ellos procuraban no profesar el arrianismo, pero se oponían y combatían a los antiarrianos. Los mozárabes semicómplices no se hicieron musulmanes como los renegados y sus descendientes los muladíes, pero se oponían a los mozárabes fieles y a los cruzados.

Los martirios espontáneos

San Esteban

Jesús en el Sanedrín

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Día del refugiado, 20 de junio de 2016

 

El primer derecho de los refugiados exiliados es poder vivir en paz en su tierra sin ser masacrados por los islamistas genocidas, asesinos y violadores. Es que no se siga consintiendo por los jefes de Occidente, por no enviar tropas para dar ellos imagen de dialogantes, que se les siga obligando a exiliarse y a no poder regresar a su casa por ser cristianos o de otras etnias perseguidas por los islamistas, y a ser convertirse en refugiados a la fuerza.

La complicidad con los islamistas contra los refugiados forzosos no sólo es la de esos jefes de este Occidente indiferente al cristianismo y a la persecución de los cristianos, sino también la de quienes se dicen feministas y, ante la violación de mujeres y niñas y su sometimiento a la esclavitud sexual, no exigen para impedirlo el envío de las tropas que se nos obliga a pagar con los impuestos, ni siquiera como cascos azules de la ONU.

La complicidad es también la de los eclesiásticos que por dar imagen, por postureo, para que no les llamen cruzados o les tilden de islamófobos, han afirmado que el genocidio de los cristianos se arregla con el diálogo, no con la guerra activa, sin pensar en que decir eso es garantizarles la impunidad a los islamistas genocidas, sin querer, sin saber; olvidando lo que se puede eternizar el diálogo y en especial la paciente diplomacia vaticana.

La complicidad de estos eclesiásticos se suma a que no exigen que los refugiados exiliados puedan vivir en su casa en paz, sino que se les acoja en los países occidentales. ¿Les gustaría comprobar lo que es eso? ¿Verse impedidos de residir en sus sedes occidentales y tener que exiliarse y ser acogidos como refugiados a miles de kilómetros sin que nadie haga nada para proteger su derecho en sus sedes, sin las medidas de seguridad de las que ahora gozan en ellas y en sus viajes?

Hoy se les niega a los cristianos perseguidos la protección armada a su derecho de vivir en libertad en su tierra y a no tener que exiliarse y convertirse en refugiados, por los jefes de Occidente que se rodean de fortísimas medidas de seguridad con multitud de combatientes armados con los medios más sofisticados. Todo les parece poco para su seguridad, la de sus conferencias, congresos y viajes

Ellos y sus cómplices aparecen como tan caritativos y exigentes de justicia como aquel personaje que mereció un monumento con un letrero que decía que era porque hizo un hospital para los pobres, y que primero hizo a los pobres.

Claro. Se parece un poquito a las cruzadas el envío de tropas para acabar con la persecución y el genocidio y el exilio y que tenga que haber refugiados.

De ahí las desgraciadas expresiones que hemos tenido que oír de eclesiásticos, incluso uno muy bueno, pero que se pasa de bueno a justificar a los que tiene al lado y por encima:

"No todos los cruzados fueron buenos".

Tampoco todas las actuaciones de los eclesiásticos han sido buenas y no por eso hay que tolerar que acaben con los clérigos ni con su acción. Sino que sean buenos siempre seglares y clérigos, como Dios manda. Y pedir que los cruzados ahora sean buenos, sería lo lógico tras decir que no todos lo fueron.

Y después seguir. Cargarse las cruzadas.

No está mal. Que quiere decir irónicamente que si. Tanto, que hasta ahí llega para no defender el derecho de los que se exilian a que se envíen tropas para que no sigan siendo asesinados y se impida la violación de niñas y mujeres y su esclavitud sexual.

Hay santos canonizados como san Luis Rey que combatieron como cruzados y santos como san Bernardo que predicaron las cruzadas y exhortaron a alistarse como combatientes cruzados. ¿Qué? ¿Hay que descanonizarles? Hay Papas... ¡Los Papas iniciaron las cruzadas!, desde el llamamiento del papa Urbano II en Clermont en 1095, que suscitó la respuesta masiva y perdurable "¡Dios lo quiere!, ¡Deus le volt!" La Reconquista fue una cruzada permanente. Sus operaciones fueron convocadas como cruzada por los Papas muchas veces, algunas ya antes de la primera cruzada de Tierra Santa, como la reconquista de Barbastro. O después, frente a la alarma por la invasión almohade que dio origen a la batalla de Las Navas de Tolosa en 1212. San Fernando reconquistó Jaén, Córdoba y Sevilla. ¿Hay que descanonizarle también? Porque canonizar a un santo no significa simplemente declarar que está en el cielo, sino también significa que la Iglesia nos lo pone como modelo.

Claro que este mismo buen eclesiástico ahora acostumbra a decir que hay que contextualizar para dar por cancelado lo que la Iglesia enseña. Entonces habría que contextualizar lo que él dice para darse cuenta de que sus contextualizaciónes negadoras de la doctrina de la Iglesia quedan reducidas a nada y con mucha más razón, con toda, no hacerle ni caso en esto. Es el argumento clásico porque viene de Aristóteles contra toda negación de la verdad. El que dice que la verdad no existe, o que no la podemos conocer, o que todo es relativo, o que hay que contextualizar/[dar el cambiazo], ya no puede decir nada más sin desmentir su afirmación.

Pero es que además, en este siglo XXI en el que imperan los genocidas anticristianos y todos esos cómplices suyos, siguen en el santoral católico como modelos, además de los cruzados antes mencionados, otros como san Raimundo de Fitero (Navarra).

El 15 de marzo es el día de san Raimundo de Fitero (Navarra) fundador de la Orden Militar de Calatrava

San Raimundo de Fitero fue el abad cisterciense fundador del monasterio de Fitero (Navarra) y fundador de la Orden Militar de Calatrava, la más antigua de las Órdenes Militares de España, fundada en enero de 1158 para conseguir gente que se comprometiera a defender Calatrava, posición avanzada junto al Guadiana, que estaba en peligro ante la invasión almohade, y después de Calatrava toda España y toda la Cristiandad.

El compromiso era para luchar en inferioridad hasta una muerte casi segura. Como tuvieron la gloria de padecer muchos de los primeros caballeros monjes calatravos.

Los almohades constituían un nuevo movimiento de radicalismo islámico invasor procedente del Norte de África, como anteriormente los almorávides, ya debilitados por su fracaso ante posiciones avanzadas de resistencia cristiana como lo venía siendo Calatrava. Había sido reconquistada en 1147 en la época de Alfonso VII el Emperador lo que significaba llegar ya a la línea del Guadiana y tener Toledo protegida con esta posición avanzada. Alfonso VII había concedido la defensa de Calatrava a la Orden del Temple en 1150. Pero el ímpetu almohade desde 1147 precisamente estaba sometiendo en la España islámica a los reinos de las segundas taifas para unificar todos los esfuerzos musulmanes y borrar del mapa a los reinos cristianos.

Los templarios consideraron indefendible Calatrava y renunciaron a seguir guarneciéndola, y así se lo notificaron en 1158 al rey de Castilla Sancho III el Deseado, sucesor de Alfonso VII.

Enterado del gran peligro que corría la plaza casi desguarnecida, y acuciado por el también monje Diego Velásquez, Raimundo se ofreció al rey para defender Calatrava. Llevó de Fitero una tropa formada por monjes de su monasterio junto con campesinos y artesanos y consiguió defender la plaza rechazando a los almohades en ese año 1158. Se trata de Calatrava la Vieja (Carrión de Calatrava, Ciudad Real).

El rey Sancho III le concedió el dominio del lugar y allí Raimundo fundó el mismo año 1158 la Orden de Calatrava que fue aprobada por el papa Alejandro III, por bula de 25 de septiembre de 1164, cuando ya había muerto su fundador.

En 1195 tuvo lugar batalla de Alarcos, lugar próximo a Ciudad Real, en la que los cristianos sufren una terrible derrota a manos de los almohades. Como consecuencia, se perdió Calatrava la Vieja y murieron los caballeros que la defendían.

Pero en 1212, después de la batalla de las Navas de Tolosa en la que realizaron una gran aportación los caballeros de Calatrava, se reconquistó el lugar del antiguo monasterio-fortaleza y se levantó allí una ermita en honor de Nuestra Señora de los Mártires (hoy Carrión de Calatrava, emplazamiento actual de Calatrava la Vieja).

San Raimundo de Fitero estuvo al frente de la Orden de Calatrava como abad durante los cinco primeros años. Murió en 1163 en Ciruelos (Toledo) y allí fue enterrado.

Al principio rigió en la Orden la regla del Císter hasta que se estableció el primer Maestre, al ser confirmada la fundación de la Orden de Calatrava por dicha bula de Alejandro III de 1164.

En 1217 se construyó el Convento de Calatrava la Nueva (hoy Calzada de Calatrava, Ciudad Real), lugar al que se trasladan los archivos de la Orden y las reliquias de los anteriores defensores desde Calatrava la Vieja (Carrión de Calatrava).

Y son del contexto de la Edad Contemporánea santas de espíritu cruzado como santa Bernadette de Lourdes y como santa Teresa de Lisieux.

Es muy sabido que santa Teresa de Lisieux decía que tenía todas las vocaciones y que entre ellas mencionaba la de cruzado. También se hermanaba entrañablemente con santa Juana de Arco a la que tanto admiraba. Y santa Teresa de Lisieux, no sólo se nos propone como modelo al haber sido proclamada santa, sino que ha sido proclamada doctora de la Iglesia en 1997, y por lo tanto se le da autoridad para que nos enseñe y se nos manda por la Iglesia que aprendamos de ella y de sus enseñanzas. Y esto en en 1997, cuando el islamismo llevaba ya años extendiéndose e intensificándose.

Santa Teresa del Niño Jesús tenía vocación de cruzado y se consideraba hermana de santa Juana de Arco. Dentro de su vocación total al amor.

En cuanto a santa Juana de Arco fue en el siglo XX cuando fue canonizada y proclamada patrona de Francia. O sea, también en el contexto de la época actual. Fue beatificada en 1909 por el papa san Pío X, declarada santa en 1920 por el papa Benedicto XV y ese mismo año 1920 fue proclamada patrona de Francia.

Santa Bernadette le escribió al Papa beato Pío IX diciéndole que se consideraba un zuavo pontificio.

Como es sabido, en las canonizaciones entra en juego la infalibilidad pontificia. Un santo canonizado infaliblemente está en el cielo como santo. Al canonizar a un santo, el Papa declara que infaliblemente está en el cielo, con la infalibilidad que tiene la Iglesia en materia de fe y moral.

 

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La Reconquista

La Reconquista es la lucha, con carácter de cruzada, para liberar España de la dominación islámica y recuperar lo perdido ante la invasión musulmana.
Se llama así porque primero hubo una invasión islámica que borró del mapa a España y su civilización europea de la Cristiandad, como la borró en todos los reinos cristianos y romanizados del Norte de África; en ellos no ha quedado nada de la civilización europea en la que estaban más adelantados que los de la orilla norte del Mediterráneo. España es el único caso de liberación de su sometimiento al Islam y salvó a Europa al salvarse. No aún a los pueblos del Norte de África y de Oriente.
"La pérdida de España" fue subsanada tras los ocho siglos de la Reconquista, que también sirvió para que no fuese sometida Europa y mantuviese su libertad.
España casi no participa en las Cruzadas de Tierra Santa, excepto Navarra algo más, pero es que tiene aquí como cruzada permanente durante ocho siglos la Reconquista.
Muchas de las batallas de la Reconquista se convocaron como cruzadas por los papas. Como la reconquista de Barbastro y Huesca, ya antes de la 1ª Cruzada de Tierra Santa. Y como la batalla de
Las Navas de Tolosa.

El reino de Aragón no reconquista Huesca hasta 1096 y Barbastro hasta 1101, (ésta última, aunque recuperada en 1064, se había vuelto a perder).
La línea del Ebro no se alcanza hasta la reconquista de Zaragoza en 1118 y la de Tudela en 1119.

La batalla de las Navas de Tolosa o Al Uqab explicada por Raad Salam Naaman

La Reconquista consolida la unión de los pueblos y reinos de España y "la idea de España", la Hispanidad, que es la Cristiandad combatiente y militante que surge en España en la cruzada de casi ocho siglos para la liberación del sometimiento común. Esta idea de España aún no ha sido olvidada por los islamistas radicales, como el grupo de Al Quaeda que, al secuestrar en 2009 en Mauritania a unos cooperantes catalanes, manifestó que España es su enemigo principal en el Norte de África.

El espíritu de resistencia cristiana es esencial en la Reconquista:

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Mozárabes

Cristianos que viven bajo el poder musulmán que invade España en 711. Desde el s. IX están en minoría. Pueden mantener su religión, pero pagando impuestos adicionales y no pueden tener cargos, ni propagar su religión: tolerancia represiva.
Ven sus principales
iglesias convertidas en mezquitas. En ocasiones, sufren matanzas y martirios. Muchos mozárabes fueron trasladados al Norte como resultado de las incursiones de la Reconquista. El arte mozárabe, derivado del visigodo con formas del arte islámico, se desarrolla en el Norte, en territorios cristianos, en el Sur sólo quedan unos pocos vestigios. ¿Y el idioma mozárabe?

AMPLIACIÓN

La Jornada del Foso en 797, en Toledo, ciudad mozárabe, fue una matanza de los jefes de multitud de familias. De mediados del s IX, son los mártires de Córdoba, como san Eulogio, martirizado en 859. Toledo consigue cierta autonomía en 873. Al ser reconquistada en 1085, vivían todavía mozárabes en Toledo. Aún existe allí el rito mozárabe en algunas misas.

Los musulmanes se hacen ceder iglesias para instalar sus mezquitas; como la Mezquita de Córdoba, construida sobre la catedral de san Vicente de Córdoba: en 748, obligan a los cristianos a cederles la mitad de esa basílica para establecer allí la mezquita mayor de la ciudad, porque aún no tenían capacidad arquitectónica; en 785, Abderramán I, consolidado en el trono de Al Andalus como emir independiente, obliga a los cristianos a entregar la otra mitad de su catedral, donde coexistían ambos cultos por imposición islámica que ahora completan. En 786, derriba la Catedral para construir allí la Mezquita de Córdoba con alarifes (arquitectos) españoles y decoradores bizantinos de mosaicos, después será ampliada varias veces por sus sucesores.

Los mozárabes aportaron a los núcleos cristianos de resistencia del Norte el incremento del sentido cristiano de esa resistencia con su propio espíritu cristiano de resistencia al Islam, esencial en la Reconquista, y aportaron con su emigración, o exilio, o rescate al Norte, el aumento de población esencial para consolidar los territorios liberados y para reconquistar otros. Porque reconquistar era repoblar, tener población dispuesta a vivir en los territorios de primera línea y a defenderlos. La Rioja, por ejemplo, se repobló en parte con población vascona y en parte con población mozárabe.

El arte mozárabe, que es uno de los estilos prerrománicos más destacados, tiene como elemento más característico el arco de herradura procedente del arte visigodo, de donde también lo toma el arte islámico. El hecho de que en la mitad Sur de España queden unos pocos restos es debido a las destrucciones de las épocas de radicalismo islámico.
Estos vestigios que quedan en la mitad Sur de arte mozárabe son la iglesia de Santa María de Melque en Toledo (s IX), y la iglesia parcialmente rupestre de
Bobastro en la Serranía de Ronda, último reducto de la insurrección de Omar Ben Hafsún, lo que demuestra que se acabó convirtiendo al cristianismo, puesto que era muladí cuando se levantó en armas en 884.
Lo principal del arte mozárabe está en los reinos de León y Castilla, ¿qué demuestra esto?

 

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Califa es el "vicario de Mahoma", el jefe de la religión islámica, al que, por serlo le pertenece, según las creencias islámicas, el poder total y universal como emperador.
Emir
es el "comendador de los creyentes"; de todas formas, por ser el que tiene el poder religioso musulmán, le corresponde, según ellos, el poder como monarca hereditario.
Porque, según el Islam, el poder político pertenece a las autoridades religiosas musulmanas.
Es la idea tomada de los judíos que, modificando la religión de Moisés, creían que el enviado de Dios ejercería el liderazgo o caudillaje político, lo cual les impidió aceptar a Cristo.

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En 750, la dinastía de los Omeyas es derrocada del califato de Damasco y casi exterminada en un golpe de Estado encabezado por Abul Abás el Sanguinario, que traslada la capital del califato a Bagdad.
Abd el Rahman ben Humeya (Abderramán I), miembro superviviente de la dinastía de los califas de Damasco, huye a España, donde consigue hacerse con el poder en 756, proclamando el
emirato de Córdoba, independiente del Califato de Bagdad. No se proclama califa, puesto que parecía que el califato debía ser único, porque el califa es el "vicario de Mahoma", (el que hace las veces de Mahoma), es decir el jefe de la religión islámica, al que, por serlo le pertenece, según las creencias islámicas, el poder total y universal como emperador. Se proclama emir que significa "comendador de los creyentes", jefe de los creyentes, que no es lo mismo que jefe de la religión, sucesor de Mahoma; de todas formas, por ser el emir el que tiene el poder religioso musulmán, como jefe de los musulmanes, le corresponde, según ellos, el poder como monarca hereditario. Porque, según el Islam, el poder político pertenece a las autoridades religiosas musulmanas como sucesoras de Mahoma. Inicia la Mezquita de Córdoba.

La rebelión de Omar ben Hafsún, que había empezado en 884, no pudo ser dominada mientras éste vivió. Todavía sus sucesores resistieron hasta diez años después de su muerte. Sólo entonces, en 928, pudieron entrar las tropas de Abderramán en Bobastro. Abderramán III no se proclamó califa hasta el año siguiente. No lo hizo hasta no dominar esta rebelión, tal es su importancia.

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La dictadura de Almanzor (1076-1002) y la crisis final del Califato: la Fitna (1009-1031)

Almanzor, para acallar las críticas por detentar el poder sin ser el califa, lanza terribles ataques año tras año sobre los reinos cristianos del Norte de España, que, derrotados una y otra vez, no son borrados del mapa porque tampoco a los musulmanes del Sur les interesaba ocupar esas frías y pobres tierras instalándose en ellas, cuando podían saquearlas cada año sin dejar de residir en el mucho más desarrollado y confortable Califato de Córdoba y poner, eso sí, considerablemente en retroceso las líneas más avanzadas de la Reconquista. También para intentar demostrar su islamismo, amplió enormente la Mezquita de Córdoba, como ya lo había hecho Al Hakam II por los mismos motivos. Esas y otras ampliaciones anteriores dieron como resultado la inmensidad del bosque de columnas que es una de las características del edificio.
A la muerte de Almanzor en 1002, todavía sus hijos mantiene las riendas durante seis años, pero ya no es lo mismo. Los cristianos del Norte, endurecidos en la resistencia a la adversidad de la superioridad islámica, e
iniciada, como en toda Europa, su revitalización que señala el inicio de la Plena Edad Media, tienen ahora un enemigo menos efectivo e implacable. Además esta prolongación dura poco. En el centro del Califato, en 1009 empieza la lucha por el poder en la que se enfrentan los diversos grupos étnicos y religiosos de Al Andalus. Cada uno de esos bandos o "taifas" trata de controlar el título de Califa, con sucesivos destronamientos y proclamaciones, en medio de continuas luchas internas en las que llegan a hacer intervenir a guerreros de varios reinos cristianos del Norte, traídos como refuerzos por los diversos bandos o "taifas". Hasta que, en 1031, para cortar la situación caótica, los jefes de los diversos clanes aristocráticos de Córdoba deciden suprimir el título de Califa, el Califato.
La Fitna (1009-1031), la revolución que acaba en la disolución del Califato, viene acompañada de su disgregación en varios reinos bajo el control de los diversos bandos o "
Taifas" en lucha, los grupos étnicos y religiosos que se disputaban el poder en Al Andalus, árabes, beréberes, muladíes y otros, sometidos por Abderramán III a base de habilidad política y por Almanzor dictatorialmente, y ahora dueños de diversos tronos, dando origen a los reinos de Taifas.

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Es un tema clásico el de las condiciones para que una guerra sea justa. Hay que tener en cuenta además el deber de la guerra cuando es justa y necesaria, porque el pecado de omisión nunca es admisible. Y es hora ya de honrar y agradecer a todos los que han cumplido con su deber de ir a la guerra y no digamos a los que han muerto o han sufrido heridas, mutilaciones, enfermedades o quiebras económicas por cumplir su obligación, dada por Dios por ley natural de luchar cuando se debe.

«El bien común implica, finalmente, la paz, es decir, la estabilidad y la seguridad de un orden justo. Supone, por tanto, que la autoridad asegura, por medios honestos, la seguridad de la sociedad y la de sus miembros. El bien común fundamenta el derecho a la legítima defensa individual y colectiva» (Catecismo de la Iglesia Católica de 1992, CEC, nº 1909).

«Todo ciudadano y todo gobernante están obligados a empeñarse en evitar las guerras.
Sin embargo, “mientras exista el riesgo de guerra y falte una autoridad internacional competente y provista de la fuerza correspondiente, una vez agotados todos los medios de acuerdo pacífico, no se podrá negar a los gobiernos el derecho a la legítima defensa” (GS 79)» (Cat IC nº 2308).

«Los que, por servir a la patria, forman parte del ejército, piensen que con ello sirven a la seguridad y a la libertad de los pueblos, y que, al cumplir lealmente su deber, cooperan eficazmente al establecimiento de la paz».
(Concilio Vaticano II, Gaudium et Spes, nº 79).

«Los que se dedican al servicio de la patria en la vida militar son servidores de la seguridad y de la libertad de los pueblos. Si realizan correctamente su tarea, colaboran verdaderamente al bien común de la nación y al mantenimiento de la paz» (Cat IC, nº 2310).

«Hay infieles que nunca han recibido la fe, como los gentiles y los judíos. Estos no deben ser obligados de ninguna forma a creer, porque el acto de creer es propio de la voluntad. Deben ser, sin embargo, forzados por los fieles, si tienen poder para ello, a no impedir la fe con blasfemias, incitaciones torcidas o persecución manifiesta. Por esta razón, los cristianos suscitan con frecuencia la guerra contra los infieles, no para obligarles a aceptar la fe, pues si los vencen y hacen cautivos los dejan en su libertad de creer o no creer, sino para forzarles a no impedir la fe de Cristo»
(Santo Tomás, Suma Teológica, II-II, q. 10, a. 8, in c).

«Se han de considerar con rigor las condiciones estrictas de una legítima defensa mediante la fuerza militar. La gravedad de semejante decisión somete a esta a condiciones rigurosas de legitimidad moral. Es preciso a la vez:
— Que el daño causado por el agresor a la nación o a la comunidad de las naciones sea duradero, grave y cierto.
— Que todos los demás medios para poner fin a la agresión hayan resultado impracticables o ineficaces.
— Que se reúnan las condiciones serias de éxito.
— Que el empleo de las armas no entrañe males y desórdenes más graves que el mal que se pretende eliminar. El poder de los medios modernos de destrucción obliga a una prudencia extrema en la apreciación de esta condición.
Estos son los elementos tradicionales enumerados en la doctrina llamada de la “guerra justa”.
La apreciación de estas condiciones de legitimidad moral pertenece al juicio prudente de quienes están a cargo del bien común» (CEC nº 2309).

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No procede interpretar como una prohibición de la guerra justa la orden de Jesús a Cefas, "vuelve la espada a la vaina" (Jn 18,11), ni como una estigmatización de la profesión militar, o como una declaración de los militares como pecadores públicos.

En el Antiguo Testamento, Dios, que es el mismo Dios que el del Nuevo Testamento, ordena en varias ocasiones a los israelitas, no sólo hacer la guerra a los enemigos del pueblo de Dios, sino a veces manda su exterminio. Y castiga duramente el incumplimiento de este mandato:

"Samuel dijo a Saúl: «Yahveh me ha enviado para consagrarte rey sobre su pueblo Israel. Escucha, pues, las palabras de Yahveh: Esto dice Yahveh Sebaot: He decidido castigar lo que Amalec hizo a Israel, cortándole el camino cuando subía de Egipto. Ahora, vete y castiga a Amalec, consagrándolo al anatema con todo lo que posee, no tengas compasión de él, mata hombres y mujeres, niños y lactantes, bueyes y ovejas, camellos y asnos.»
(I Sam 15,1-3)

"Batió Saúl a los amalecitas desde Javilá, en dirección de Sur que está al este de Egipto.
Capturó vivo a Agag, rey de los amalecitas, y pasó a todo el pueblo a filo de espada en cumplimiento del anatema.
Pero Saúl y la tropa perdonaron a Agag y a lo más escogido del ganado mayor y menor, las reses cebadas y los corderos y todo lo bueno. No quisieron consagrarlo al anatema, pero consagraron al anatema toda la hacienda vil y sin valor.
Le fue dirigida la palabra de Dios a Samuel diciendo:
«Me arrepiento de haber dado la realeza a Saúl, porque se ha apartado de mí y no ha ejecutado mis órdenes.»
(I Sam 15,7-11).

"Samuel dijo: ¿Acaso se complace Yahveh en los holocaustos y sacrificios como en la obediencia a la palabra de Yahveh? Mejor es obedecer que sacrificar, mejor la docilidad que la grasa de los carneros.
Como pecado de hechicería es la rebeldía, crimen de terafim la contumacia. Porque has rechazado la palabra de Yahveh, él te rechaza para que no seas rey".
(I Sam 15,22-33).

"Después dijo Samuel: «Traedme a Agag, rey de los amalecitas», y vino Agag hacia él y se resistía diciendo: «En verdad es amarga la muerte.»
Samuel dijo: «Como tu espada ha privado a las mujeres de sus hijos, así entre las mujeres, privada de su hijo será tu madre», y Samuel despedazó a Agag ante Yahveh en Guilgal".
(I Sam 15,31-33).

Fue Samuel, el anciano profeta de Dios, el que dio muerte al rey de los amalecitas, Agag, cumpliendo la orden de Dios.

Es el mismo Dios el del Nuevo Testamento y el del Antiguo Testamento. Fueron los maniqueos los que dijeron blasfemando que el Dios del Antiguo Testamento es el dios malo porque ordena guerras y castigos. Y que el dios bueno, porque repudia las guerras, es el del Nuevo Testamento, que es el Padre de Jesucristo.

Son los maniqueos los que dicen que son malos los castigos, las leyes, los jueces, la guerra y los militares.

Jesucristo manda a san Pedro envainar la espada en aquella ocasión del prendimiento. En otras ocasiones Dios manda hacer la guerra.

San Agustín, como doctor de la Iglesia que es, explica que los cristianos deben soportar las persecuciones, pero que en ocasiones deben reprimir a los enemigos. Deben hacerlo en las ocasiones en que puedan, esto es cuando tienen una fuerza suficiente para vencer y no provocar males mayores:

"La ciudad celestial, en cambio, conoce a un solo Dios..., no puede tener comunes con la ciudad terrena las leyes religiosas. Y por éstas se ve en la precisión de... ser una carga para los que sienten lo contrario y soportar sus odios y sus violentas persecuciones, a menos de refrenar alguna vez los ánimos de sus enemigos con el terror de su multitud, y siempre con la ayuda de Dios"
(San Agustín, La Ciudad de Dios, XIX; 17).

Aquí, en este texto de san Agustín tenemos el núcleo de la diferencia de situaciones en las que se debe ser mozárabe y en las que se debe ser cruzado. Por voluntad de Dios. Y también tenemos el núcleo de la doctrina desarrollada por santo Tomás de Aquino de las condiciones para una justa sublevación y para una guerra justa.

«Hay infieles que nunca han recibido la fe, como los gentiles y los judíos. Estos no deben ser obligados de ninguna forma a creer, porque el acto de creer es propio de la voluntad. Deben ser, sin embargo, forzados por los fieles, si tienen poder para ello, a no impedir la fe con blasfemias, incitaciones torcidas o persecución manifiesta. Por esta razón, los cristianos suscitan con frecuencia la guerra contra los infieles, no para obligarles a aceptar la fe, pues si los vencen y hacen cautivos los dejan en su libertad de creer o no creer, sino para forzarles a no impedir la fe de Cristo»
(Santo Tomás, Suma Teológica, II-II, q. 10, a. 8, in c).

Santo Tomás enseña además que «muy bien puede fundarse una Orden religiosa para la vida militar, no con un fin temporal, sino para la defensa del culto divino, de la salud pública o de los pobres y oprimidos» (STh II-II, 188,3).

Es lo que hizo San Raimundo de Fitero al fundar la Orden Militar de Calatrava y al encabezarla al principio con la regla del Císter

 

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Las desgraciadas expresiones por dar imagen, por postureo:

"No todos los cruzados fueron buenos"

Tampoco todas las actuaciones de los eclesiásticos han sido buenas y no por eso hay que tolerar que acaben con los clérigos ni abolir el sacerdocio y el episcopado

Decir que no se debe actuar contra los islamistas perseguidores y violadores con la guerra, sino con el diálogo es garantizarles la impunidad; sin querer, sin saber.

Si se hubiera dicho de la guerra contra los nazis, aún seguiría el diálogo con ellos por más millones de judíos que hubieran seguido masacrando después de matar a los seis millones. Claro que la Segunda Guerra Mundial la desencadenaron no por la persecución de los judíos, ya iniciada años antes, sino para acabar con el colapso económico que venía del crack del 29.

....La guerra necesaria hoy para detener la persecución religiosa de Oriente medio y de África

.. El ataque islamista....

La Iglesia pide la intervención militar frente al genocidio islamista.

.. La guerra justa como mal menor y la victoria completa...

...........Hispanidad Futura. ....

HISTORIA DE ESPAÑA.......

La Reconquista

Mozárabes y cruzados y su mismo espíritu

 

El cardenal Parolin afirma en la ONU que es lícito y urgente el uso de la fuerza para defender a los inocentes bajo la responsabilidad del Consejo de Seguridad

Es hora ya de honrar y agradecer a todos los que han cumplido con su deber de ir a la guerra

La Orden Militar de Calatrava y San Raimundo de Fitero

San Teodoro es el patrón de los militares y de los ejércitos

San Bernardo y las Cruzadas

Los Papas y las Cruzadas

Deus lo volt

San Luis

La Reconquista, cruzada permanente

San Fernando

Navarra y las Cruzadas

La Hispanidad es la Cristiandad militante y combatiente en defensa de la europeidad de la Cristiandad y su expansión ecuménica por las Indias de las cuatro partes del mundo y su resistencia frente a la revolución liberal y socialista

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Es un tema clásico el de las condiciones para que una guerra sea justa. Hay que tener en cuenta además el deber de la guerra cuando es justa y necesaria, porque el pecado de omisión nunca es admisible. Y es hora ya de honrar y agradecer a todos los que han cumplido con su deber de ir a la guerra y no digamos los a los que han muerto o han sufrido heridas, mutilaciones y enfermedades por cumplir su obligación, dada por Dios por ley natural de luchar cuando se debe.

«Los que se dedican al servicio de la patria en la vida militar son servidores de la seguridad y de la libertad de los pueblos. Si realizan correctamente su tarea, colaboran verdaderamente al bien común de la nación y al mantenimiento de la paz» (Catecismo de la Iglesia Católica de 1992, nº 2310).

«Los que, por servir a la patria, forman parte del ejército, piensen que con ello sirven a la seguridad y a la libertad de los pueblos, y que, al cumplir lealmente su deber, cooperan eficazmente al establecimiento de la paz» (Concilio Vaticano II, Gaudium et Spes, nº 79).

«El bien común implica, finalmente, la paz, es decir, la estabilidad y la seguridad de un orden justo. Supone, por tanto, que la autoridad asegura, por medios honestos, la seguridad de la sociedad y la de sus miembros. El bien común fundamenta el derecho a la legítima defensa individual y colectiva» (CIC nº 1909).

 

La guerra de España fue una Cruzada "por Dios y por España", no sólo para acabar con el terror persecutorio marxista, sino para sanear la sociedad permitiéndola ser cristiana.

La dictadura de Franco se limitó al anticomunismo y desvirtuó la Cruzada, sustituyéndola por un poder personal que se acercó a Occidente, que es la suplantación de la Cristiandad por su versión descristianizada por el liberalismo.
Pero la dictadura de Franco, reducida al anticomunismo, impedía en gran parte que sufriese el terror marxista la población española, en especial los asalariados. Y sin el terror podían trabajar y así hicieron el desarrollo. Y sin el terror el marxismo no pudo hacer nada, porque sin el terror no es nada el marxismo.

Franco se dejaba llamar por sus aduladores "Centinela de Occidente". Hizo en 1962 que su gobierno firmara la solicitud de entrada en la hoy llamada UE, entonces las Comunidades Europeas, en las que la doctrina Birckelbach exigía para ser miembro tener un sistema liberal con partidos políticos. Es la conexión con el europeísmo que marca el inicio de la transición. El europeísmo ha sido el vehículo de la transición. La Europa del europeísmo es contraria a la Europa de la Cristiandad. El núcleo del europeísmo es el liberalismo enemigo de la Cristiandad, porque propugna la separación, no la autonomía de la vida política en lo técnico respecto a la autoridad de la Iglesia, a la que debe estar vinculada como autoridad infalible en la moral, que es obligatoria para todos incluidos los políticos. La Cristiandad es el conjunto de Estados que acataban en la moral la autoridad de la Iglesia en virtud de su fe en la divinidad de Jesucristo, lo cual proclama la Iglesia en el Concilio Vaticano II que se producirá plenamente en el futuro de forma universal: "La Iglesia, juntamente con los profetas y con el mismo Apóstol, espera el día, que sólo Dios conoce, en que todos los pueblos invocarán al Señor con voz unánime y le servirán hombro con hombro" (Nostra aetate, 4).
Lo que es proclamar con toda seguridad la confesionalidad de todos los pueblos y que obrarán en consecuencia en el futuro.

La guerra y la Iglesia

Intentar desmarcarse de la dictadura de Franco los eclesiásticos en los años 70, rechazando su vinculación a la Cruzada, era lo mismo que hacían los gobiernos de Franco. Pero declararse enemigos de la guerra era oponerse a lo que apartó la hegemonía del terror sobre la población, abrirle de nuevo el camino.

Tratan de utilizar lo que dijo el beato Juan XXIII en 1963 en la Pacem in Terris, n 127, y lo que dijo el Concilio repudiando la guerra en las circunstancias presentes de la existencia del armamento nuclear en los nn 80 y 82 de la Gaudium et Spes. Tratan de utilizarlo contra la acción bélica de uno de los bandos aplicándolo a una época en que no había armamento nuclear, olvidando además lo que dice el Concilio en el n 79 de la Gaudium et Spes misma.

San Juan XXIII en 1963 en la Pacem in Terris, n 127

"Por esto, en nuestra época, que se jacta de poseer la energía atómica, resulta un absurdo sostener que la guerra es un medio apto para resarcir el derecho violado".

Éste es el texto de san Juan XXIII que cita el Concilio Vaticano II en la Gaudium et Spes, n 80, al afirmar:

"Todo esto nos obliga a examinar la guerra con mentalidad totalmente nueva".

Y a continuación cita las demás condenaciones de la guerra mundial realizadas por éste y los demás Papas de la época, Pío XII, san Juan XXIII y el beato Pablo VI:

Gaudium et Spes, 80

"Teniendo esto en cuenta, este Concilio, haciendo suyas las condenaciones de la guerra mundial expresadas por los últimos Sumos Pontífices, declara:
Toda acción bélica que tienda indiscriminadamente a la destrucción de ciudades enteras o de extensas regiones junto con sus habitantes, es un crimen contra Dios y la humanidad que hay que condenar con firmeza y sin vacilaciones".

Para concluir que la prohibición absoluta de toda guerra es algo que hay que preparar para el futuro:

Gaudium et Spes, 82

Bien claro queda, por tanto, que debemos procurar con todas nuestras fuerzas preparar un época en que, por acuerdo de las naciones, pueda ser absolutamente prohibida cualquier guerra.

Pero sin negar el derecho a la legítima defensa mientras sigamos en la época en que sigue existiendo el riesgo de guerra:

Gaudium et Spes, 79

Mientras exista el riesgo de guerra y falte una autoridad internacional competente y provista de medios eficaces, una vez agotados todos los recursos pacificos de la diplomacia, no se podra negar el derecho de legitima defensa a los gobiernos.

Y el CIC de 1992:

Catecismo de la Iglesia Católica nº 2309

Se han de considerar con rigor las condiciones estrictas de una legítima defensa mediante la fuerza militar. La gravedad de semejante decisión somete a ésta a condiciones rigurosas de legitimidad moral. Es preciso a la vez:

- Que el daño causado por el agresor a la nación o a la comunidad de las naciones sea duradero, grave y cierto.

- Que todos los demás medios para poner fina la agresión hayan resultado impracticables o ineficaces.

- Que se reúnan las condiciones serias de éxito.

- Que el empleo de las armas no entrañe males y desórdenes más graves que el mal que se pretende eliminar...

Estios son los elementos tradicionales enumerados en la doctrina llamada de la guerra justa.

Pero esos eclesiásticos pretenden que así está condenada la guerra de España de 1936, en lo que tiene de acción defensiva de un bando, ya se entiende. De aquel del que se quieren desmarcar, el que acabó con la persecución religiosa desencadenada en la zona roja durante la guerra y en toda España en la época precedente.

El PNV justifica la guerra si es para proteger a los barcos de los armadores vascos y requiere la protección de las tropas españolas
Las armas de guerra del atunero Artza evitan el abordaje de los piratas

Santa Juana de Arco es un «ejemplo de santidad para los laicos comprometidos en la vida política»
(Benedicto XVI, Audiencia General, miércoles 26 de enero de 2011)

Santa Teresa del Niño Jesús decía que querría ser un guerrero y un cruzado y llamaba a santa Juana de Arco "mi hermana".

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El medievalista Sánchez Saus dice en 2016 que los musulmanes que invadieron la España visigoda implantaron un régimen perverso que humillaba continuamente a los cristianos

 

La Mezquita de Córdoba fue construida sobre la catedral de san Vicente de Córdoba, arrebatada por los musulmanes invasores a los cristianos en el siglo VIII y restituida en 1236 a la Iglesia tras la liberación de Córdoba. La inmatriculación de la Mezquita-Catedral de Córdoba por la Diócesis en 2006 fue simplemente una notificación al Registro de la Propiedad, porque hasta 1998 la Iglesia Católica no tenía reconocido el derecho de tener inscritas sus propiedades en ese Registro. Los tribunales sentencian en 2015 que la Mezquita de Córdoba fue adquirida por la Diócesis mediante donación del rey Fernando III en 1236 y que desde entonces la Iglesia la ha poseido de manera pública pacífica y no interrumpida.