HISTORIA DE ESPAÑA
Explicaciones y desarrollos

Moa se sigue equivocando respecto al liberalismo especialmente en España

Y en la interpretación que hace de la doctrina de la Iglesia. La Iglesia ha condenado el liberalismo, como recoge el Syllabus promulgado en 1864 por el papa Pío IX recientemente beatificado. En el Syllabus se recopilan las reiteradas condenas anteriores del liberalismo por parte de la Iglesia. León XIII las amplifica posteriormente en sus encíclicas que son citadas en los textos del Concilio Vaticano II.

En el número 80 del Syllabus se condena como errónea la afirmación: "El Romano Pontífice puede y debe reconciliarse y transigir con el progreso, con el liberalismo y con la moderna civilización". (Syllabus complectens praecipuos nostrae aetatis errores o Índice de los principales errores de nuestro siglo). Proposición ya condenada en la Alocución Jamdudum del 18 marzo 1861.

En cambio, la situación de tesis católica se producirá y llegará con total certeza como enseña el Concilio Vaticano II:

"La Iglesia, juntamente con los profetas y con el mismo Apóstol, espera el día, que sólo Dios conoce, en que todos los pueblos invocarán al Señor con voz unánime y le servirán hombro con hombro" (Nostra aetate, 4).

Lo que es proclamar con toda seguridad la confesionalidad de todos los pueblos y que obrarán en consecuencia en el futuro.

Dice Moa: "Mucha gente identificó el liberalismo con la invasión napoleónica y la Revolución francesa, identificación errónea en general, pero apropiada en el caso de la fracción de los liberales llamados exaltados, luego progresistas y republicanos". Pero es errónea también esta exculpación del liberalismo de sus conexiones con la invasión napoleónica y la Revolución francesa y de sus conexiones con la ideología de la persecución religiosa en España.

Los afrancesados derivaron en su inmensa mayoría en la formación de uno de los núcleos del partido liberal moderado. Los afrancesados fueron los que aceptaron el gobierno de José Bonaparte, que la inmensa mayoría de los españoles denominaron invasión napoleónica.

La combatió tenazmente y con enorme sacrificio la España tradicional. Los liberales patriotas, aunque eran una pequeña minoría en España, eran mayoritarios junto con los ilustrados en las clases altas y por eso se convirtieron en los dirigentes políticos de la España tradicional sublevada; constituyeron el grupo mayoritario en las Cortes de Cádiz y allí impusieron sus ideas en la Constitución de 1812, que es muy similar a la primera constitución que impuso la Revolución Francesa, la de 1791.

El liberalismo que viene ideológicamente de la Ilustración a través de la Revolución liberal, se subdivide en España políticamente en dos grupos, durante el Trienio Constitucional o Liberal (1820-1823), que es la siguiente época en la que los liberales se hacen con el poder militarmente. (Todas las veces que han conseguido el poder los liberales ha sido militarmente, menos una, que fue la de Aznar). Esos dos grupos, que después se organizarán como partidos, en los que se subdividen los liberales durante el Trienio Constitucional (1820-1823) son los liberales exaltados y los liberales moderados. Los moderados se denominan también doceañistas, porque son principalmente los artífices de la Constitución de Cádiz de 1812, ésa tan similar a la primera constitución de la Revolución Francesa, la de 1791. Se han ido volviendo moderados tal vez por la experiencia de los años y el temor a perder otra vez el poder ante la falta de apoyo popular que conocían. Los exaltados son básicamente las nuevas generaciones de liberales, hijos ideológicamente de los artífices de las primeras revoluciones y los que lo tenían todo por ganar, y también los que sacan más consecuencias de los planteamientos iniciales. El punto de ruptura fue, como en Francia durante la Legislativa, cuando había que aplicar la doctrina de la separación de poderes establecida en la constitución de 1791, ahora en España en 1820, al proclamar la implantación de la Constitución de 1812, la actitud de una parte de los liberales de no permitir que el rey ejerciera el poder ejecutivo y formara gobierno sin el consentimiento del parlamento como establecían ambas constituciones. En Francia fueron los girondinos, por cierto, y no los jacobinos. Estos serán a su vez los que los devorarán por la izquierda. La consigna liberal de pas d'enemies à gauche, tout d'abord; ante todo, no enemigos a la izquierda, nada de enemigos a la izquierda. Es lo que siempre a hecho avanzar y radicalizar la revolución y causado las primeras víctimas en esos sectores inequívocamente y confesamente derechistas, puesto que reconocen que hay otros a su izquierda con los que hay que congraciarse. Sin conseguirlo nunca.

Los moderados se nutrieron de los doceañistas y de los afrancesados repescados, rehabilitados, al final de la época de Fernando VII, como Javier de Burgos, o antes.

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Contrariamente a lo que dice errónemanete Moa, los liberales suplantaron y traicionaron al pueblo español, que se sublevó en 1808 en defensa de España por sus ideas tradicionales religiosas, patrióticas y monárquicas. El constante rechazo popular al liberalismo no fue motivado como dice Moa erróneamente por haber venido con la invasión napoleónica. El pueblo español luchó contra los liberales en 1823 sin desdeñar la ayuda de las tropas francesas de los Cien Mil Hijos de San Luis, como luchó contra los franceses revolucionarios en 1793 cuando aún no habían venido como invasores, en una guerra que fue inmensamente popular, como lo demuestran multitud de hechos como la declaración de guerra del valle de Roncal y la entrega de alhajas familiares por parte de los que no eran fronterizos y no podían luchar personalmente. Entregar dinero al gobierno es mucho, y más para una guerra.

Tampoco fue motivado el constante rechazo popular al liberalismo principalmente por las atrocidades de la Revolución Francesa como dice Moa erróneamente. El constante rechazo popular al liberalismo fue motivado principalmente por la negación del liberalismo al acatamiento de la autoridad de Dios contenida en la doctrina de la soberanía nacional; concretada esa negación en el rechazo por el liberalismo de la autoridad de la Iglesia sobre la moralidad de las leyes y demás decisiones y actos de los políticos, puesto que la proclamación del pueblo como soberano se concreta en la proclamación de los parlamentarios representantes del pueblo como dueños de esa soberanía, que es absoluta, porque no acata ninguna autoridad sobre la de ellos en materia de moralidad de sus decisiones. El parlamentarismo liberal es así mucho más absolutista que el del despotismo ilustrado, que era la máxima expresión de la desvirtuación de la monarquía tradicional por el absolutismo monárquico.

La confesionalidad católica que se incluyó en la Constitución de Cádiz de 1812 de una forma además reiterada exageradamente quedaba inoperante e inconsecuente por la doctrina de la soberanía nacional y su aplicación práctica del parlamentarismo, como después han sido incosecuentes todas las formas de Estado confesional posteriores. Confesionalidad católica desactivada, inconsecuente e inoperante en la España del XIX y del XX

Los liberales pactaron con el gobierno absolutista de Fernando VII y apoyaron la imposición más absolutista del rey más absolutista, que fue la proclamación como sucesora de su propia hija, pretendiendo cambiar la Ley de Sucesión sin la aprobación de las Cortes, sin convocarlas siquiera, y dejando a España ante más de cien años de guerras civiles y de algo peor aún, como ha sido el liberalismo y sus regímenes y los que los han sucedido, y todo ello en beneficio de su propia familia.

La implantación del liberalismo ha sido a base de guerras civiles, pronunciamientos golpistas, falseamiento de las elecciones, imposición y eliminación de constituciones monopolizadoras y excluyentes, todo ello en nombre del pueblo, eso sí, al que se proclama como Pueblo Soberano con mayúscula para poder detentar los que se dicen representantes del pueblo un poder mucho más absoluto, suplantando al pueblo, haciéndole morir y haciéndole matar para triunfar ellos y quedarse con todo el poder excluyendo al pueblo mediante la miseria política del sufragio censitario y del falseamiento de las elecciones, ampliado en la época de la Restauración, que careció de legitimidad de origen y de ejercicio, contrariamente a lo que dice Moa erróneamente también. Además, el liberalismo dejó en la miseria material al pueblo con el jornalerismo masivo de las desamortizaciones, de la apropiación de las tierras de los señoríos y de la incapacidad e ineptitud de los gobiernos liberales para llevar a España a la industrialización. Los campesinos, asentados antes como aparceros en las tierras de la Iglesia desamortizadas, y que además utilizaban las tierras comunales, habían sido desalojados y convertidos masivamente en jornaleros o braceros (campesinos sin tierras). Fue una antirreforma agraria, en la que los liberales quitaron la tierra a los que la trabajaban para dársela a los que se enriquecieron con la revolución liberal. En 1860 hay 2'35 millones de jornaleros, que es casi la mitad de la población activa (4'8 millones de personas). Tienen cada día el problema del hambre de sus familias, sin solucionarlo todos los días. Además de las consecuencias humanas, las consecuencias económicas son catastróficas para España, porque la población, si tiene un mínimo de recursos, es el primer factor de desarrollo económico, tanto por la producción como por el consumo, pero, durante 100 años, más de un tercio de la población en España no tendrá recursos.
Cuando la gente ha tenido ese mínimo, ha sido creativa de riqueza para sí y para el conjunto de la sociedad española (en la segunda mitad del siglo XX).

Y los dueños del poder, los liberales dejaron en la miseria cultural del analfabetismo al pueblo. El analfabetismo es masivo después de décadas de revolución liberal hecha en nombre del progeso del Pueblo Soberano y después de un siglo de la Ilustración impuesta en nombre de la cultura, diciendo que era para sacar al pueblo de la superstición. En la época de dominio liberal, en cada estadística hay más de 11 millones de analfabetos. En 1877, son más del 72 por ciento los analfabetos; en 1900, todavía son más del 63 por ciento los analfabetos.

Aún hay casi dos millones de jornaleros en 1931, que, junto con los familiares a su cargo, son casi la tercera parte de la población.
Luego, están los recién escapados del hambre del jornalerismo al peonaje industrial sin cualificación con la emigración, a costa del desarraigo y de ser víctimas de las lacras sociales urbanas y de ser descristianizados y utilizados como carne de cañón por los demagogos y los revolucionarios. Miseria económica (jornalerismo, hambre). El hambre del jornalerismo creado por la desamortización de la revolución liberal, alabada porque fue contra la Iglesia, pero utilizado ahora el malestar desesperado del hambre de los jornaleros para hacer la nueva revolución contra los liberales. Miseria cultural (analfabetismo). Miseria social: el desarraigo del medio urbano, mucho más descristianizado por el liberalismo, que a los que, con la emigración a la ciudad, escapaban del hambre los ponía en peligro de la miseria moral con las nuevas lacras: el alcoholismo, la prostitución y la manipulación por los demagogos. Miseria política: la utilización de los problemas de la gente por la demagogia de los republicanos, de los dirigentes socialistas y de los dirigentes anarquistas para triunfar ellos. La utilización del pueblo como carne de cañón, haciéndole morir y haciéndole matar para triunfar ellos y para llevar a la gente a la miseria religiosa y humana del ateísmo.

Las guerras carlistas son la resistencia popular a la imposición del liberalismo. Contrariamente a lo que dice errónemanete Moa, el centralismo impuesto por los liberales y combatido por los carlistas no refuerza a España, sino que fue el caldo de cultivo de los nacionalismos antiespañoles y separatistas, originados por la aplicación de la doctrina de la Soberanía Nacional sembrada por los liberales a otros pueblos que proclamaban como Nación. No fueron esos nacionalismos antiespañoles y separatistas creados por el carlismo, sino por los que los liberales conseguían que dejaran de ser carlistas.

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Pío Moa acierta en la explicación de algunas de las cosas fundamentales de la historia de la II República y de la Guerra de España de 1936, pero no en todas. Sin mencionar algunos pequeños errores de detalle, que no desmerecen sus aciertos.

Los monárquicos alfonsinos con Alfonso XIII al frente accedieron en 1931 a la toma del poder por el comité revolucionario republicano que se autonombró como gobierno, pero este consentimiento no les convierte en autores del golpe de estado, contra lo que dice equivocadamente Moa, ni excluye de la autoría del golpe de estado a los republicanos, también contra lo que dice equivocadamente Moa. Esa complicidad de los monárquicos alfonsinos es la continuación y consecuencia de los pactos iniciados en 1832 entre los monárquicos fernandinos y los liberales que hablaban en nombre del Pueblo con mayúscula desde las Cortes de Cádiz, el pacto entre el Trono y la Revolución contra el pueblo con minúscula fiel al Altar y a la Patria.

Es el golpe de Estado de los republicanos en 1931 al destronar a Alfonso XIII y derribar la monarquía lo que suprime la constitución de 1876.
Esa constitución estaba ya siendo violada desde el sistema (de la Restauración) por los que falseaban las elecciones, los políticos de la "vieja política". No es que sea violada sólo porque no haya elecciones desde 1923 y porque el parlamento sea cerrado entonces. Y los antisistema de la conjunción republicano-socialista y del anarquismo también venían intentando mediante la insurrección armada, no sanear el sistema, sino acabar con el sistema, con la constitución de 1876 y con la monarquía. Por eso sus lamentos de que la constitución fue violada en 1923, no son simplemente lágrimas de cocodrilo, sino ataques victimistas con la complicidad ingenua de una gran parte de los intelectuales para derribar a Alfonso XIII y la monarquía también y no para reponer la constitución de 1876.

Más grave es el error de don Pío Moa al decir que "la república nació así con legitimidad suficiente". El golpe del 14 de abril de 1931 incluye que Maciá, caudillo de la Esquerra Republicana triunfante en Cataluña, proclamó en Barcelona el mismo 14.04.1931, antes de la proclamación de la república en Madrid, la "República Catalana como Estado integrante de la Federación Ibérica" (TECLEAR AQUÍ PARA OÍR Y LEER SUS PALABRAS"). No legitimaba esa toma del poder por la república que naciera "como un proyecto de democracia liberal", como dice Moa. Su deslegitimación quedó confirmada en realidad al no reprimir la violencia contra la Iglesia iniciada el 11 de mayo de 1931 con la quema de conventos, iglesias, obras de arte y de cultura religiosas. Así se hacía cómplice de la persecución a la Iglesia, agravada por las medidas legales y constitucionales implantadas por los gobiernos y los parlamentarios republicanos. La persecución a la Iglesia adquiría así la dimensión de ser realizada desde las instituciones y el aparato del Estado republicano. La Iglesia estaba constituida en España por la inmensa mayoría de la sociedad. La sociedad era intensamente confesional y se le superponía un Estado aconfesional y anticonfesional. esto no era democracia, pero sí era la genuina expresión de lo que se llama la democracia liberal. El pretexto era desde el XIX proclamarse anticlericales los liberales, con lo que acusaban de clericalismo a los católicos consecuentes. Y hoy es denominar teocracia o clericocracia al Estado confesional, como hace el propio Moa. Éste es enemigo del anticonfesionalismo y los liberales moderados del final del XIX y del primer proyecto constitucional de la II República permitían que los católicos lo fuesen siempre que no se comportasen como tales en la política. Moa acusa a los católicos consecuentes de creer "que el catolicismo es una ideología política, interpretable según sus intereses partidistas". Moa confunde la democracia con el liberalismo, él cree que la democracia sólo es posible siendo liberal, contra toda la evidencia histórica de todas las etapas del liberalismo en España desde las Cortes de Cádiz, que han sido la negación de la democracia. (Y en el extranjero desde las revoluciones del XVIII).

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Los liberales moderados querían sólo separar la Iglesia del Estado, pero reconociendo la existencia sociológica de hecho de la Iglesia y estableciendo cauces de colaboración entre la Iglesia y el Estado. Este "modelo" aparecía en el proyecto de constitución de la II República presentado por la comisión redactora y apoyado por la Agrupación al Servicio de la República y por la Institución Libre de enseñanza. Permitía la existencia de los católicos siempre que no se comportasen coherentemente como tales en política. Es el ideal liberal de que los católicos no actúen de acuerdo con su fe en que la Iglesia tiene una autoridad infalible en materia de ética o moral y no sólo de fe. Y que la actuación en política no debe estar al margen de las normas objetivas de ética o moral, ni por parte de los políticos, ni del pueblo a la hora de elegirlos democráticamente. Y si no, no es democracia, no hay democracia, sino democracia liberal. Y sin moral o ética desemboca en la tiranía. Lo es. (Véase Política y ética).

Las normas de ética o moral son cognoscibles con la luz natural de la razón, pero no infaliblemente, como lo evidencian las polémicas sobre asuntos de pura decencia. Y son cumplibles, factibles, pero aún mucho menos indefectiblemente, como sabemos todos y cada uno por nuestra triste experiencia cotidiana. Y además el que no obra como piensa, acaba pensando tan mal como obra.

La Iglesia tiene los medios para que sea posible ese comportamiento conforme a las normas objetivas de moral o ética: la autoridad divina para enseñar con certeza infalible las normas de ética o moral y la gracia para que sea posible cumplir esas normas. (Véase tecleando aquí Lo que aporta la Iglesia)

El que no puede creer en Dios ni en que la Iglesia tiene una autoridad divina para enseñar con certeza infalible las normas de ética o moral no puede pretender que los que sí tenemos esa fe actuemos como si no. Y si no podemos, que lo propugnemos. Ni puede pretender que por llamarnos partidarios de la teocracia o de la clerocracia nos va a callar, o nos va a poner a la defensiva y a renunciar a nuestra fe consecuente para congraciarnos con él. Como los que nos insultan de fascistas.

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Contrariamente a lo que dice Moa, fue la II República, concebida inicialmente como democracia liberal, y no sólo los partidos izquierdistas la que persiguió y no sólo injurió a la Iglesia. (LEER MÁS)

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En 1936 los requetés carlistas combatieron a los separatistas con la misma eficacia ideológica y militar que al Frente Popular. Fueron el núcleo más eficaz de los nacionales en ambos aspectos. Le dieron carácter de cruzada por Dios y por España a la guerra de 1936 a la que los militares, incluido Franco, querían limitar a una operación para encauzar traumáticamente la república mediante una dictadura.

La característica ideológica general de los nacionales es el carácter de cruzada "por Dios y por España" de su lucha, porque
esta aportación del carácter de cruzada que le dan los requetés a la guerra va siendo secundada por los combatientes y partidarios de la zona nacional y
es asumida y encabezada por el propio general Franco, aunque en su manifiesto de sublevación había proclamado que él lo hacía para realizar "por primera vez y en este orden la trilogía libertad, fraternidad e iguladad".
Y el general Mola, liberal como era, tenía como objetivo inicial de su plan, secundado por los militares comprometidos en el alzamiento, restablecer el orden en la República, implantando una dictadura republicana.
En su acuerdo con los carlistas, Sanjurjo impone a Mola que acepte que los requetés carlistas luchen utilizando la bandera de España, que la II República - a diferencia de la I República- había declarado que era monárquica, regalándoles así la bandera de España a los monárquicos.
Esta bandera bicolor, rojigualda, la enarbolan de hecho los requetés como bandera de España, lo mismo que hacen resonar la marcha real como himno de España despertando una gran emoción en todos los que lo escuchan. Ambos símbolos de la patria van siendo utilizados también por los demás combatientes sucesiva y generalizadamente y acabarán por ser también reestablecidos oficialmente como bandera de España e himno de España, cuando los mandos militares de los nacionales así lo asumen: el 15.08.1936 oficialmente por el general Queipo de Llano en Sevilla, la capital de su zona, y por decreto de la Junta de Defensa Nacional del 29.08.1936, que aparece con la firma del general Cabanellas en el Boletín Oficial de dicha junta del 30.08.1936. Ambos generales habían sido declaradamente republicanos.

De forma inmediata al final de la guerra se produce una revitalización religiosa promovida desde la sociedad por iniciativas personales, no por el Estado.
El propio Azaña se convirtió al final de su vida refugiado en Francia y recibió los sacramentos de la Confesión y de la Extremaunción, administrados por el obispo de Montauban, poco antes de morir el 3 de noviembre de 1940, como publicó en México su cuñado Rivas Chérif.
La reanudación del proceso de descristianización vendría después, al configurarse el régimen de Franco como entrocado, no con la Cristiandad sino con "Occidente", con la "civilización occidental" basada en el liberalismo. "Occidente" es la suplantación de la Cristiandad descristianizada progresivamente por la implantación en ella del liberalismo. Franco se dejará llamar por sus aduladores "Centinela de Occidente". Los príncipes carlistas serán más fieles al vaticanismo que a la tradición católica española del carlismo. En el clero predominará la democracia cristiana, después derivará en taranconismo que negará y renegará de su apoyo a los nacionales durante la guerra de 1936. Mucho antes, los tecnócratas, Fraga y el propio Franco dejan de conectar con la guerra como cruzada con lo cual los franquistas suplantan a los nacionales. La proclamación de los XXV años de Paz, reemplaza a la conmemoración de la Victoria. ¿Por qué Zp va a dejar de utilizar la paz para renunciar a la victoria sobre la ETA?

Faltan eslabones en la transición. Los franquistas hacen la transición desde la dictadura de Franco a la democracia liberal (1962-1982). Pero antes fue la suplantación de los nacionales por los franquistas (1937-1962). Franco ni siquiera estaba al mando cuando los nacionales llevaban meses sublevados y luchando. Mucho menos fue el jefe, ni el organizador de la sublevación de los nacionales. La renuncia a la Victoria es algo más que simbólico vistas hoy las consecuencias. Por algo los militares dicen que nada reemplaza a la victoria. Hoy se pueden ver esas consecuencias, cuando, después de la primera transición a la democracia liberal, vino la segunda transición mirando a 1931 y ahora ya llevamos desde el Pacto del Tinell (2003) en la transición hacia el Frente Popular de 1936. Ese Pacto suscrito por los socialistas incluye el compromiso de excluir al PP de todo acuerdo en toda España, preludio de la vuelta al Frente Popular de 1936 , convirtiendo el "antifascismo" de entonces en sinónimo ahora de anti PP como aglutinante del Frente progrepijorrojo del antinacional-laicismo actual.

"La victoria es fecunda, cuando al hacer la guerra se sabía con precisión lo que se buscaba y ganada la victoria militar no se olvida el objetivo fundamental y primordial. Si hay de hecho muchas guerras victoriosas infecundas, es porque se hicieron sin el debido conocimiento de los fines, sin el debido ideal, y ello suele demostrar que la guerra fue injusta. Si fuese verdad que no se ha logrado todo lo que debía lograrse, sería en gran parte gracias a un boicoteo tenaz de la victoria, y al olvido consciente y calculado de los fines de ella, y a la tolerancia para sembrar las ideas de sus enemigos. La victoria no puede hacer interiormente religioso al que no quiera serlo. Si es victoria católica, ni siquiera se puede presionar o violentar a nadie para que sea católico, ya que la fe la quiere Dios como obsequio libre. Pero la victoria católica puede y debe crear un ambiente favorable al catolicismo" (P. Pacios contra L. Aranguren en Punta Europa, 1955).

Franco no es el salvador de la religión católica ni de España, sino el que se hizo con el poder en la guerra, lo retuvo e hizo involucionar a España desde el Alzamiento nacional y la Cruzada de los nacionales al Movimiento de los franquistas y luego a su lugar en Occidente y en la Europa del europeísmo, todo ello bajo su dictadura.

Los eslabones de la transición son como mínimo:

La suplantación de los nacionales por los franquistas (1937-1962): se inicia con el Decreto de Unificación de 1937 que impone la FET (después el Movimiento) bajo la jefatura impuesta del propio Franco y culmina con la solicitud de entrada en la CEE, la futura UE, la Europa del europeísmo, enemiga y suplantadora de la Europa de la Cristiandad. El europeísmo se basa en el liberalismo. Y en cambio la Europa de la Cristiandad, a la que pertenece España desde su génesis, se basa en la cristianización de la civilización clásica grecolatina y la entrada de nuevos pueblos en esta civilización cristianizada. Si se habla de entrar en Europa es porque España a lo que no pertenece es a la Europa del europeísmo. Mientras que la Hispanidad es la europeidad de la Cristiandad triplemente intensificada como militante y combatiente en Las Navas (1212), en Muhlberg (1563) y en Lepanto (1571) y expansiva por las Indias de Oriente y Occidente.

El europeísmo será desde 1962 la herramienta de la transición hacia el liberalismo desde el franquismo.

Etapas del franquismo:

(1962-1982) La transición a la democracia liberal bajo los franquistas. Los franquistas hacen la transición desde la dictadura de Franco a la democracia liberal: con Suárez y el nuevo "decreto" de unificación de la UCD hasta 1981-1982(23F).

La transición hacia la democracia liberal y a su versión socialista se hizo a base de exigencias demagógicas por parte de los sucesores del Frente Popular y concesiones aún más demagógicas sin contrapartida y sin límite por parte de los franquistas que querían hacer olvidar su pasado franquista. Cuando ya no les quedan más concesiones se plantea la segunda transición, 25 años después, para eliminarles a ellos y volver al Frente Popular de 1936. Todo ello a costa del pueblo.

1982-2004 La transición hacia 1931: tanto Aznar como Rajoy, se "definen" como admiradores de Azaña; uno detrás del otro. Es un indicador de la marcha hacia la República de 1931 que se proclamen azañistas los jefes de la derecha, que por otra parte se dicen centristas, señal inequívoca de su derechismo, porque los izquierdistas no se denominan centristas.

2004 Se inicia la transición hacia 1936, hacia el Frente Popular, con la llegada al poder de Zp apoyado en toda la coalición anti PP formada con el pacto del Tinell del 14 de diciembre de 2003, como el antifascismo fue el aglutinante del Frente Popular. En 2005 Zp se proclama rojo, con lo que convalida esta denominación para una de las dos zonas de la Guerra de España de 1936, la zona del Frente Popular, como Zona Roja y deja para los insumisos al zapaterismo la denominación de los nacionales, aunque no existe territorialmente zona nacional, sólo hay Zona Roja.

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Estado confesional católico consecuente

Sólo un Estado confesional católico consecuente acatará lo que proclama el Concilio Vaticano II en su breve decreto de libertad religiosa:
El poder civil debe asumir con eficacia, mediante leyes justas y otros procedimientos adecuados, la tutela de la libertad religiosa de todos los ciudadanos y crear condiciones propicias para fomentar la vida religiosa, para que los ciudadanos puedan realmente ejercer los derechos y cumplir las obligaciones de su religión y la sociedad goce de los bienes de justicia y de paz que dimanan de la fidelidad de los hombres a Dios y a su santa voluntad” (n.6).

Sólo en un Estado confesional católico que actúe en consecuencia pueden ejercer plenamente su derecho a la libertad religiosa los ciudadanos de todas las confesiones religiosas. La tolerancia es una virtud y las virtudes sólo con la gracia, de la que es dispensadora la Iglesia, es posible que arraiguen y se desarrollen socialmente de forma permanente.

Esto no es liberalismo, sino democracia, que no es lo mismo que la democracia liberal, sino lo contrario, y menos aún es democracia la versión socialista de la democracia liberal.

La democracia liberal es contraria a la tradición cristiana y a la libertad. El liberalismo ha descristianizado progresivamente a las naciones de occidente. Occidente es la versión desconfesionalizada y progresivamente descristianizada de la Cristiandad. La transición hacia la democracia liberal, hacia la antidemocracia, empieza en el régimen de Franco, que se dejaba proclamar por sus aduladores Centinela de Occidente. La democracia liberal no sólo corta la conexión con las raíces católicas de España y de Europa, sino que excluye hasta la mención de esas raíces cristianas.

El Estado no se define como aconfesional para poder garantizar la libertad de todos los ciudadanos. Y menos en una sociedad católica como España. La libertad de todos los ciudadanos sólo se puede garantizar en un Estado católico. No en un Estado aconfesional, digan lo que digan sus leyes.

Lo que dice el Concilio Vaticano II de la laicidad sólo lo acatará un estado confesional católico. "Con frecuencia se invoca el principio de laicidad, en sí legítimo si se concibe como distinción entre la comunidad política y las religiones" (Gaudium et spes, 36). En lo técnico de cada asunto, los técnicos son los competentes, incluidos los políticos. En lo moral, la autoridad infalible es la de la Iglesia. Las leyes y los políticos deben atenerse a la moral.

El problema es que no se concibe la laicidad "como distinción entre la comunidad política y las religiones" (Gaudium et spes, 36), sino que los eclesiásticos desconfesionalizadores de España en los años 70 conciben la laicidad como separación entre la comunidad política y la autoridad de la iglesia en lo moral, no como distinción, que es lo que enseña el Concilio Vaticano II.

Varios dirigentes de la izquierda nos hacen el honor a los católicos de considerarnos sospechosos de no ser de su misma ideología, porque no nos ven aplaudir su política.

Podemos confirmarles sus sospechas algunos. En vez de caer en la tentación de intentar convencerles de que nosotros también. Eso es el pecado de demostrar que se tiene en común con esos dirigentes de la izquierda nada menos que la democracia.

Nosotros también, no. Nosotros sí y ellos no. La democracia liberal no es democracia y la versión socialista menos todavía.

Nosotros somos demócratas, porque no somos liberales, ni demócratacristianos, ni mucho menos socialistas.

Y que no les dé pena que no les llamen progresistas esos dirigentes de la izquierda. Que el progresismo es regresivo. Deberían recordar que ellos retroceden cuando creen avanzar. Porque ya lo decía León XIII, claro que lo decía de los liberales. Y ahora se nos predica el liberalismo. No son un peligro para el liberalismo.

En 1975, varios dirigentes de la izquierda dijeron: "no nos vamos a pasar otros cuarenta años hablando de los cuarenta años de franquismo". Han pasado treinta y cinco años más y ahora nos hablan más que nunca de los cuarenta años de "franquismo" los de izquierda y los que demuestran ser de derechas al decir que son de centro. Los que son derechistas al modo liberal, demócratas como esos dirigentes de la izquierda.

No han superado todavía los traumas de la guerra civil. Toda la historia empieza y termina en la guerra civil. En reescribirla.

Hoy ya no tienen nada que ceder para hacer concesiones. Hoy ellos propugnan la sana laicidad. Lógicamente, el PSOE de Zapatero propugna el laicismo persecutorio, porque no se puede pretender que coincida con los obispos que propugnan la sana laicidad. A los obispos además sólo les harían caso los gobernantes de un Estado confesional.

Eso, los eclesiásticos de la sana laicidad.

Y el Partido Popular que es conservador y derechista como lo demuestra que se proclama de centro y los izquierdistas no se proclaman centristas, se declara laico y teniendo la mayoría absoluta entre el 2000 y el 2004 no deroga la ley que despenaliza la matanza de niños en el vientre de sus propias madres.

Y como los dos últimos dirigentes del PP, Aznar y Rajoy se declaran admiradores de Azaña uno detrás del otro, al pobre Zapatero, para ubicarse a su izquierda, no le dejan otra opción que declararse rojo y laicista.

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Don Juan de Borbón, cuando pretendía ocupar el trono de España contra Franco, le escribió el 9 de julio de 1947 una carta al papa Pío XII en la que le daba cuenta de que él no quería la separación entre la Iglesia y el Estado como los políticos laicos, y que en la monarquía por el propugnada tenía el propósito de mantener "la confesionalidad del Estado con todas sus consecuencias".

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La Constitución de Cádiz de 1812, tan admirada por los liberales de hoy, proclamaba la confesionalidad del Estado; y lo hacía de una forma triplemente intensificada, sospechosamente chillona, reduciendo lo confesional a lo inquisitorial, como para ponerlo en el disparadero:

"La religión de la Nación española es y será perpetuamente la católica, apostólica, romana, única verdadera. La Nación la protege por leyes sabias y justas y prohíbe el ejercicio de cualquiera otra" (a. 12).

Era una confesionalidad inconsecuente. La última palabra incluso en materia moral la dejaba en el parlamento. Como ahora. Se proclamaba legítima toda disposición que fuese aprobada legalmente por el parlamento en nombre del Pueblo al que se llamaba soberano, aunque también se había proclamado la confesionalidad del Estado. Ahora ya no.

Las víctimas de la transición a la democracia absoluta

La despenalización del aborto fue establecida en 1983 y aceptada por el Tribunal Constitucional en 1985 pese a que la Constitución dice que "todos tienen derecho a la vida", invalidando así este derecho base de todos los demás. El parlamento legalizó la matanza de inocentes, el holocausto de cientos de miles de niños en el vientre de sus madres. Más víctimas cada mes que las del terrorismo en 50 años. Más víctimas que la guerra de 1936. Los dirigentes de la izquierda lo establecieron y los de la derecha lo mantuvieron cuando tenían mayoría absoluta en el parlamento entre los años 2000 y 2004. Esto es la democracia liberal y socialista, la antidemocracia, que ha causado así más víctimas que la guerra de 1936.

Firmado: José Manuel Zubicoa Bayón

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El origen de Europa se produce por la cristianización de la civilización clásica grecolatina y la entrada de los pueblos bárbaros en esta civilización. Esta es la originaria y genuina Europa, los reinos de la Cristiandad. Y la civilización de la europeidad de la Cristiandad está arraigada constitutivamente en los pueblos de España (Hispania) con mucha mayor intensidad y extensión por la militancia y combatividad de España en su defensa en la Reconquista, en la resistencia frente al Imperio Islámico turco y frente a la revolución protestante, mientras la extendía por las Indias de América, Asia, África y Oceanía.
El europeísmo, en cambio, es contrario a la Europa de la Cristiandad por estar cimentado en el laicismo liberal y socialista. "Occidente" es la suplantación de la Cristiandad por la implantación en ella del liberalismo. A este europeísmo sí que somos los últimos en llegar, en la Europa del europeísmo sí que somos unos advenedizos. En esto sí que hay que hacerlo todo por puntillo, por aparentar que somos más europeos europeístas que nadie. Al europeísmo contrario a la Europa de la Cristiandad sí que hemos llegado tarde, mal y nunca; España más que nadie en Europa.
El contraste más que paradójico entre el afán por demostrar que se es europeo y la pertenencia de España a Europa desde sus orígenes en la cristianización de los pueblos romanizados, se resuelve en el hecho histórico de que la Europa a la que pertenece España desde su origen es la Europa de la Cristiandad, y no la Europa del europeísmo.
La Hispanidad es la extensión por España (Hispania) y las Indias de esta europeidad de la Cristiandad, que en España es mucho más intensa por su militancia y combatividad. Triplemente potenciada en intensidad la pertenencia de España a la Europa de la Cristiandad en las Navas, en Mühlberg y en Lepanto, y exponencialmente aumentada al extenderla ecuménicamente por las Indias de Oriente y de Occidente. Y prolongada a ultranza en las guerras antiliberales del XIX y en la Cruzada de 1936. Y la que triunfará en el futuro.
Tras la ruina del europeísmo y de todo laicismo radical y moderado vendrá la Cristiandad futura y la Hispanidad futura.

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Confesionalidad católica desactivada, inconsecuente e inoperante en la España del XIX y del XX

La proclamación de la confesionalidad católica del Estado en constituciones liberales, como la Constitución de Cádiz de 1812 y como la que se establece en 1876, quedaba desactivada, inconsecuente e inoperante, porque es dentro del parlamentarismo, que proclama al Parlamento como la autoridad suprema y última y no reconoce la autoridad de la Iglesia sobre la moralidad de las leyes. Esto es lo que diferencia a los carlistas y a los liberales, siendo confesionales y monárquicos. Si no, no se entiende la diferencia entre ellos. Siendo así que liberales y carlistas consideraban mutuamente diametral esa diferencia hasta enfrentarse en la guerra que por tercera vez les había opuesto. Y estas diferencias explican los planteamientos críticos acerca de esta Constitución de 1876 por parte de Vázquez de Mella, el principal formulador del carlismo. Vázquez de Mella es precisamente el que especifica que en la Costitución de 1876, la supremacía de las Cortes hacía estéril la confesionalidad que exhibía.

Los políticos de la Restauración establecían la confesionalidad no por el deber y la necesidad de los pueblos y Estados de honrar y obedecer a Dios y a su Iglesia, sino por imponer a los súbditos la obligación de respetar la "religión del Estado", como dice esa Constitución de 1876 en el artículo 11.

Confesionalidad desactivada, inconsecuente e inoperante: la religión católica era proclamada como religión oficial del Estado, según la letra de la Costitución de 1876, pero las leyes y la política, es decir la vida pública, no recibían su forma ética del espíritu católico. Así lo expresaron los arzobispos españoles en una carta dirigida al Papa Pío XI en 1931 tras la caída del régimen de la Restauración, basado en esta Constitución de 1876:

«El oficialismo de la religión durante el pasado régimen, favorecía ciertamente la apariencia externa de la España católica; pero, a través del estado legal, se notaba generalmente menos...El espíritu católico no informaba de verdad y con constancia la vida pública»
(Carta de 4 de diciembre de 1931dirigida por los arzobispos metropolitanos de España a Pío XI
en Arxiu Vidal y Barraquer, ed. Batllori-Arbeloa, Montserrat, 1971, vol II/1, p.207).

Análoga inconsecuencia e inoperancia desactivó la confesionalidad exhibida en el régimen del general Franco.

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No es lo mismo la "actual democracia" que la democracia, (España sin democracia es el título del libro de Jesús Neira de 2010).

La transición hacia la democracia liberal y a su versión socialista se hizo a base de exigencias demagógicas por parte de los sucesores del Frente Popular y concesiones aún más demagógicas sin contrapartida y sin límite por parte de los franquistas que querían hacer olvidar su pasado franquista. Cuando ya no les quedan más concesiones se plantea la segunda transición, 25 años después, para eliminarles a ellos y volver al Frente Popular de 1936. Todo ello a costa del pueblo.

La guerra de España fue una Cruzada "por Dios y por España", no sólo para acabar con el terror persecutorio marxista, sino para sanear la sociedad permitiéndola ser cristiana.

La dictadura de Franco se limitó al anticomunismo y desvirtuó la Cruzada, sustituyéndola por un poder personal que se acercó a Occidente, que es la suplantación de la Cristiandad por su versión descristianizada por el liberalismo.

Franco se dejaba llamar por sus aduladores "Centinela de Occidente". Hizo en 1962 que su gobierno firmara la solicitud de entrada en la hoy llamada UE, entonces las Comunidades Europeas, en las que la doctrina Birckelbach exigía para ser miembro tener un sistema liberal. Es la conexión con el europeísmo que marca el inicio de la transición. El europeísmo ha sido el vehículo de la transición. La Europa del europeísmo es contraria a la Europa de la Cristiandad. El núcleo del europeísmo es el liberalismo enemigo de la Cristiandad, porque propugna la separación, no la autonomía de la vida política en lo técnico respecto a la autoridad de la Iglesia, a la que debe estar vinculada como autoridad infalible en la moral, que es obligatoria para todos incluidos los políticos. La Cristiandad es el conjunto de Estados que acataban en la moral la autoridad de la Iglesia en virtud de su fe en la divinidad de Jesucristo, lo cual proclama la Iglesia en el Concilio Vaticano II que se producirá plenamente en el futuro de forma universal: "La Iglesia, juntamente con los profetas y con el mismo Apóstol, espera el día, que sólo Dios conoce, en que todos los pueblos invocarán al Señor con voz unánime y le servirán hombro con hombro" (Nostra aetate, 4).
Lo que es proclamar con toda seguridad la confesionalidad de todos los pueblos y que obrarán en consecuencia en el futuro.

Pero la dictadura de Franco, aunque reducida al anticomunismo, impedía en gran parte que sufriese el terror marxista la población española, en especial los asalariados. Y sin el terror podían trabajar y así hicieron el desarrollo. Y sin el terror el marxismo no pudo hacer nada, porque sin el terror no es nada el marxismo.

Intentar desmarcarse de la dictadura de Franco los eclesiásticos en los años 70, rechazando su vinculación a la Cruzada, era lo mismo que hacían los gobiernos de Franco. Pero declararse enemigos de la guerra era oponerse a lo que apartó la hegemonía del terror sobre la población, abrirle de nuevo el camino.

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No cambie

Rajoy, jefe del PP, a sus militantes de Vascongadas, al desviarse él de María San Gil: No cambiéis. Os necesitamos así. (21.06.2008).

Franco a Utrera Molina, al que había cesado en el cargo de ministro Secretario General del Movimiento: Hágame un favor, no cambie nunca (abril de 1975).

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