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Lutero

"Peca fuertemente y cree más fuertemente y te salvarás".
"Sé pecador y peca fuerte, pero confía y alégrate más fuertemente aún en Cristo, vencedor del pecado, de la muerte y del mundo. Hay que pecar mientras vivamos aquí. Esta vida no es la morada de la justicia, sino que, como dice Pedro, estamos a la espera de cielos nuevos, de una tierra nueva en la que habite la justicia"
(Carta de Lutero a Melanchton, de 1 de agosto de 1521. Lutero. Obras. Edición de Teófanes Egido, Salamanca, 1977, p. 387).

"El libre albedrío, después de la caída, no es más que un simple nombre, y peca mortalmente en tanto en cuanto hace lo que de él depende"
(Tesis 13 de las resis de Lutero para la controversia de Heidelberg de 1518.
Lutero. Obras. Edición de Teófanes Egido, Salamanca, 1977, p. 80).

"No es más que error y ceguedad lo que los escolásticos han enseñado acerca de este artículo. Es decir:
1. Que después de la caída de Adán las facultades naturales del hombre quedaron íntegras e incorruptas, y que el hombre, por naturaleza, goza de recta razón y de una voluntad buena, como enseñan los filósofos.
2. ítem: que el hombre goza de libre albedrío para hacer el bien y abstenerse de hacer el mal y, viceversa, para abstenerse del bien y obrar el mal"
(Artículos de Schmalkalda, de Lutero para los teólogos protestantes que iban a ir al concilio de Trento, aunque no fueron. Lutero. Obras Edición preparada por T. Egido, Salamanca 1977, p. 345).

"Si aceptamos que Dios lo sabe y lo ordena todo de antemano, y que su saber y sus decisiones no pueden errar ni ser impedidas; si aceptamos además que no ocurre nada, sino porque Dios lo quiere, (cosa que la misma razón nos obliga a reconocer), entonces la misma razón humana es testigo de que no puede haber libertad ni en el hombre ni en el ángel ni en ninguna otra creatura. Si creemos además que Satán es el Príncipe de este mundo, que lucha constantemente contra el Reino de Cristo y se opone con todas sus fuerzas a que los hombres salgan de la cautividad, (a menos que el Espíritu de Dios le fuerce a lo contrario), entonces se vuelve evidente que no puede haber libertad. Finalmente, si creemos en el pecado original por el que nos hemos perdido... entonces no queda sino decir, que en el espíritu humano no hay nada que pueda tender hacia el bien, sino sólo hacia el mal"
(Final de De servo arbitrio, publicado en diciembre de 1525 por Lutero contra el De libero arbitrio de Erasmo).

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