Explicaciones y desarrollos
Inicial

La farsa liberal y la transición al Frente Popular y a la farsa socialista

Contrariamente a lo que dice errónemanete Moa, los liberales suplantaron y traicionaron al pueblo español, que se sublevó en 1808 en defensa de España por sus ideas tradicionales religiosas, patrióticas y monárquicas. El constante rechazo popular al liberalismo no fue motivado como dice Moa erróneamente por haber venido con la invasión napoleónica. El pueblo español luchó contra los liberales en 1823 sin desdeñar la ayuda de las tropas francesas de los Cien Mil Hijos de San Luis, como luchó contra los franceses revolucionarios en 1793 cuando aún no habían venido como invasores, en una guerra que fue inmensamente popular, como lo demuestran multitud de hechos tales como la declaración de guerra del valle de Roncal a la República Francesa y la entrega de alhajas familiares por parte de los que no eran fronterizos y no podían luchar personalmente. Entregar dinero al gobierno es mucho, y más para una guerra.

Tampoco fue motivado el constante rechazo popular al liberalismo principalmente por las atrocidades de la Revolución Francesa como dice Moa erróneamente. El constante rechazo popular al liberalismo fue motivado principalmente por la negación del liberalismo al acatamiento de la autoridad de Dios contenida en la doctrina de la soberanía nacional; concretada esa negación en el rechazo por el liberalismo de la autoridad de la Iglesia sobre la moralidad de las leyes y demás decisiones y actos de los políticos, puesto que la proclamación del pueblo como soberano se concreta en la proclamación de los parlamentarios representantes del pueblo como dueños de esa soberanía, que es absoluta, porque no acata ninguna autoridad sobre la de ellos en materia de moralidad de sus decisiones. El parlamentarismo liberal es así mucho más absolutista que el del despotismo ilustrado, que era la máxima expresión de la desvirtuación de la monarquía tradicional por el absolutismo monárquico.

La confesionalidad católica que se incluyó en la Constitución de Cádiz de 1812 de una forma además reiterada exageradamente quedaba inoperante e inconsecuente por la doctrina de la soberanía nacional y su aplicación práctica del parlamentarismo, como después han sido incosecuentes todas las formas de Estado confesional posteriores. Confesionalidad católica desactivada, inconsecuente e inoperante en la España del XIX y del XX

Los liberales pactaron con el gobierno absolutista de Fernando VII y apoyaron la imposición más absolutista del rey más absolutista, que fue la proclamación como sucesora de su propia hija, pretendiendo cambiar la Ley de Sucesión sin la aprobación de las Cortes, sin convocarlas siquiera, y dejando a España ante más de cien años de guerras civiles y de algo peor aún, como ha sido el liberalismo y sus regímenes y los que los han sucedido, y todo ello en beneficio de su propia familia.

La implantación del liberalismo ha sido a base de guerras civiles, pronunciamientos golpistas, falseamiento de las elecciones, imposición y eliminación de constituciones monopolizadoras y excluyentes, todo ello en nombre del pueblo, eso sí, al que se proclama como Pueblo Soberano con mayúscula para poder detentar los que se dicen representantes del pueblo un poder mucho más absoluto, suplantando al pueblo, haciéndole morir y haciéndole matar para triunfar ellos y quedarse con todo el poder excluyendo al pueblo mediante la miseria política del sufragio censitario y del falseamiento de las elecciones, ampliado en la época de la Restauración, que careció de legitimidad de origen y de ejercicio, contrariamente a lo que dice Moa erróneamente también. Además, el liberalismo dejó en la miseria material al pueblo con el jornalerismo masivo de las desamortizaciones, de la apropiación de las tierras de los señoríos y de la incapacidad e ineptitud de los gobiernos liberales para llevar a España a la industrialización. Los campesinos, asentados antes como aparceros en las tierras de la Iglesia desamortizadas, y que además utilizaban las tierras comunales, habían sido desalojados y convertidos masivamente en jornaleros o braceros (campesinos sin tierras). Fue una antirreforma agraria, en la que los liberales quitaron la tierra a los que la trabajaban para dársela a los que se enriquecieron con la revolución liberal. En 1860 hay 2'35 millones de jornaleros, que es casi la mitad de la población activa (4'8 millones de personas). Tienen cada día el problema del hambre de sus familias, sin solucionarlo todos los días. Además de las consecuencias humanas, las consecuencias económicas son catastróficas para España, porque la población, si tiene un mínimo de recursos, es el primer factor de desarrollo económico, tanto por la producción como por el consumo, pero, durante 100 años, más de un tercio de la población en España no tendrá recursos.
Cuando la gente ha tenido ese mínimo, ha sido creativa de riqueza para sí y para el conjunto de la sociedad española (en la segunda mitad del siglo XX).

Y los dueños del poder, los liberales dejaron en la miseria cultural del analfabetismo al pueblo. El analfabetismo es masivo después de décadas de revolución liberal hecha en nombre del progeso del Pueblo Soberano y después de un siglo de la Ilustración impuesta en nombre de la cultura, diciendo que era para sacar al pueblo de la superstición. En la época de dominio liberal, en cada estadística hay más de 11 millones de analfabetos. En 1877, son más del 72 por ciento los analfabetos; en 1900, todavía son más del 63 por ciento los analfabetos.

Aún hay casi dos millones de jornaleros en 1931, que, junto con los familiares a su cargo, son casi la tercera parte de la población.
Luego, están los recién escapados del hambre del jornalerismo al peonaje industrial sin cualificación con la emigración, a costa del desarraigo y de ser víctimas de las lacras sociales urbanas y de ser descristianizados y utilizados como carne de cañón por los demagogos y los revolucionarios. Miseria económica (jornalerismo, hambre). El hambre del jornalerismo creado por la desamortización de la revolución liberal, alabada porque fue contra la Iglesia, pero utilizado ahora el malestar desesperado del hambre de los jornaleros para hacer la nueva revolución contra los liberales. Miseria cultural (analfabetismo). Miseria social: el desarraigo del medio urbano, mucho más descristianizado por el liberalismo, que a los que, con la emigración a la ciudad, escapaban del hambre los ponía en peligro de la miseria moral con las nuevas lacras: el alcoholismo, la prostitución y la manipulación por los demagogos. Miseria política: la utilización de los problemas de la gente por la demagogia de los republicanos, de los dirigentes socialistas y de los dirigentes anarquistas para triunfar ellos. La utilización del pueblo como carne de cañón, haciéndole morir y haciéndole matar para triunfar ellos y para llevar a la gente a la miseria religiosa y humana del ateísmo.

Las guerras carlistas son la resistencia popular a la imposición del liberalismo. Contrariamente a lo que dice errónemanete Moa, el centralismo impuesto por los liberales y combatido por los carlistas no refuerza a España, sino que fue el caldo de cultivo de los nacionalismos antiespañoles y separatistas, originados por la aplicación de la doctrina de la Soberanía Nacional sembrada por los liberales a otros pueblos que proclamaban como Nación. No fueron esos nacionalismos antiespañoles y separatistas creados por el carlismo, sino por los que los liberales conseguían que dejaran de ser carlistas.

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Pío Moa acierta en la explicación de algunas de las cosas fundamentales de la historia de la II República y de la Guerra de España de 1936, pero no en todas. Sin mencionar algunos pequeños errores de detalle, que no desmerecen sus aciertos.

Los monárquicos alfonsinos con Alfonso XIII al frente accedieron en 1931 a la toma del poder por el comité revolucionario republicano que se autonombró como gobierno, pero este consentimiento no les convierte en autores del golpe de estado, contra lo que dice equivocadamente Moa, ni excluye de la autoría del golpe de estado a los republicanos, también contra lo que dice equivocadamente Moa. Esa complicidad de los monárquicos alfonsinos es la continuación y consecuencia de los pactos iniciados en 1832 entre los monárquicos fernandinos y los liberales que hablaban en nombre del Pueblo con mayúscula desde las Cortes de Cádiz, el pacto entre el Trono y la Revolución contra el pueblo con minúscula fiel al Altar y a la Patria.

Es el golpe de Estado de los republicanos en 1931 al destronar a Alfonso XIII y derribar la monarquía lo que suprime la constitución de 1876.
Esa constitución estaba ya siendo violada desde el sistema (de la Restauración) por los que falseaban las elecciones, los políticos de la "vieja política". No es que sea violada sólo porque no haya elecciones desde 1923 y porque el parlamento sea cerrado entonces. Y los antisistema de la conjunción republicano-socialista y del anarquismo también venían intentando mediante la insurrección armada, no sanear el sistema, sino acabar con el sistema, con la constitución de 1876 y con la monarquía. Por eso sus lamentos de que la constitución fue violada en 1923, no son simplemente lágrimas de cocodrilo, sino ataques victimistas con la complicidad ingenua de una gran parte de los intelectuales para derribar a Alfonso XIII y la monarquía también y no para reponer la constitución de 1876.

Más grave es el error de don Pío Moa al decir que "la república nació así con legitimidad suficiente". El golpe del 14 de abril de 1931 incluye que Maciá, caudillo de la Esquerra Republicana triunfante en Cataluña, proclamó en Barcelona el mismo 14.04.1931, antes de la proclamación de la república en Madrid, la "República Catalana como Estado integrante de la Federación Ibérica" (TECLEAR AQUÍ PARA OÍR Y LEER SUS PALABRAS"). No legitimaba esa toma del poder por la república que naciera "como un proyecto de democracia liberal", como dice Moa. Su deslegitimación quedó confirmada en realidad al no reprimir la violencia contra la Iglesia iniciada el 11 de mayo de 1931 con la quema de conventos, iglesias, obras de arte y de cultura religiosas. Así se hacía cómplice de la persecución a la Iglesia, agravada por las medidas legales y constitucionales implantadas por los gobiernos y los parlamentarios republicanos. La persecución a la Iglesia adquiría así la dimensión de ser realizada desde las instituciones y el aparato del Estado republicano. La Iglesia estaba constituida en España por la inmensa mayoría de la sociedad. La sociedad era intensamente confesional y se le superponía un Estado aconfesional y anticonfesional. esto no era democracia, pero sí era la genuina expresión de lo que se llama la democracia liberal. El pretexto era desde el XIX proclamarse anticlericales los liberales, con lo que acusaban de clericalismo a los católicos consecuentes. Y hoy es denominar teocracia o clericocracia al Estado confesional, como hace el propio Moa. Éste es enemigo del anticonfesionalismo y los liberales moderados del final del XIX y del primer proyecto constitucional de la II República permitían que los católicos lo fuesen siempre que no se comportasen como tales en la política. Moa acusa a los católicos consecuentes de creer "que el catolicismo es una ideología política, interpretable según sus intereses partidistas". Moa confunde la democracia con el liberalismo, él cree que la democracia sólo es posible siendo liberal, contra toda la evidencia histórica de todas las etapas del liberalismo en España desde las Cortes de Cádiz, que han sido la negación de la democracia. (Y en el extranjero desde las revoluciones del XVIII).

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Los liberales moderados querían sólo separar la Iglesia del Estado, pero reconociendo la existencia sociológica de hecho de la Iglesia y estableciendo cauces de colaboración entre la Iglesia y el Estado. Este "modelo" aparecía en el proyecto de constitución de la II República presentado por la comisión redactora y apoyado por la Agrupación al Servicio de la República y por la Institución Libre de enseñanza. Permitía la existencia de los católicos siempre que no se comportasen coherentemente como tales en política. Es el ideal liberal de que los católicos no actúen de acuerdo con su fe en que la Iglesia tiene una autoridad infalible en materia de ética o moral y no sólo de fe. Y que la actuación en política no debe estar al margen de las normas objetivas de ética o moral, ni por parte de los políticos, ni del pueblo a la hora de elegirlos democráticamente. Y si no, no es democracia, no hay democracia, sino democracia liberal. Y sin moral o ética desemboca en la tiranía. Lo es. (Véase Política y ética).

Las normas de ética o moral son cognoscibles con la luz natural de la razón, pero no infaliblemente, como lo evidencian las polémicas sobre asuntos de pura decencia. Y son cumplibles, factibles, pero aún mucho menos indefectiblemente, como sabemos todos y cada uno por nuestra triste experiencia cotidiana. Y además el que no obra como piensa, acaba pensando tan mal como obra.

La Iglesia tiene los medios para que sea posible ese comportamiento conforme a las normas objetivas de moral o ética: la autoridad divina para enseñar con certeza infalible las normas de ética o moral y la gracia para que sea posible cumplir esas normas. (Véase tecleando aquí Lo que aporta la Iglesia)

El que no puede creer en Dios ni en que la Iglesia tiene una autoridad divina para enseñar con certeza infalible las normas de ética o moral no puede pretender que los que sí tenemos esa fe actuemos como si no. Y si no podemos, que lo propugnemos. Ni puede pretender que por llamarnos partidarios de la teocracia o de la clerocracia nos va a callar, o nos va a poner a la defensiva y a renunciar a nuestra fe consecuente para congraciarnos con él. Como los que nos insultan de fascistas.

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Contrariamente a lo que dice Moa, fue la II República, concebida inicialmente como democracia liberal, y no sólo los partidos izquierdistas la que persiguió y no sólo injurió a la Iglesia. (LEER MÁS)

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En 1936 los requetés carlistas combatieron a los separatistas con la misma eficacia ideológica y militar que al Frente Popular. Fueron el núcleo más eficaz de los nacionales en ambos aspectos. Le dieron carácter de cruzada por Dios y por España a la guerra de 1936 a la que los militares, incluido Franco, querían limitar a una operación para encauzar traumáticamente la república mediante una dictadura.

La característica ideológica general de los nacionales es el carácter de cruzada "por Dios y por España" de su lucha, porque
esta aportación del carácter de cruzada que le dan los requetés a la guerra va siendo secundada por los combatientes y partidarios de la zona nacional y
es asumida y encabezada por el propio general Franco, aunque en su manifiesto de sublevación había proclamado que él lo hacía para realizar "por primera vez y en este orden la trilogía libertad, fraternidad e iguladad".
Y el general Mola, liberal como era, tenía como objetivo inicial de su plan, secundado por los militares comprometidos en el alzamiento, restablecer el orden en la República, implantando una dictadura republicana.
En su acuerdo con los carlistas, Sanjurjo impone a Mola que acepte que los requetés carlistas luchen utilizando la bandera de España, que la II República - a diferencia de la I República- había declarado que era monárquica, regalándoles así la bandera de España a los monárquicos.
Esta bandera bicolor, rojigualda, la enarbolan de hecho los requetés como bandera de España, lo mismo que hacen resonar la Marcha Real como himno de España despertando una gran emoción en todos los que lo escuchan. Ambos símbolos de la patria van siendo utilizados también por los demás combatientes sucesiva y generalizadamente y acabarán por ser también reestablecidos oficialmente como bandera de España e himno de España, cuando los mandos militares de los nacionales así lo asumen: el 15.08.1936 oficialmente por el general Queipo de Llano en Sevilla, la capital de su zona, y por decreto de la Junta de Defensa Nacional del 29.08.1936, que aparece con la firma del general Cabanellas en el Boletín Oficial de dicha Junta del 30.08.1936. Ambos generales habían sido declaradamente republicanos. A diferencia de Franco, que fue, eso sí, leal a la república hasta el asesinato de Calvo Sotelo, y que, cuando al final se unió al Alzamiento, se sublevó enarbolando la bandera tricolor de la II República. Además, Franco aseguraba varias semanas después del Alzamiento que esa bandera tricolor era su única bandera, según sus declaraciones a la prensa portuguesa que se pudieron ver en la exposición de 2008 en el Círculo de Bellas Artes de Madrid sobre los corresponsales extranjeros en la Guerra de España de 1936.

De forma inmediata al final de la guerra se produce una revitalización religiosa promovida desde la sociedad por iniciativas personales, no por el Estado.
El propio Azaña se convirtió al final de su vida refugiado en Francia y recibió los sacramentos de la Confesión y de la Extremaunción, administrados por el obispo de Montauban, poco antes de morir el 3 de noviembre de 1940, como publicó en México su cuñado Rivas Chérif.
La reanudación del proceso de descristianización vendría después, al configurarse el régimen de Franco como entrocado, no con la Cristiandad sino con "Occidente", con la "civilización occidental" basada en el liberalismo. "Occidente" es la suplantación de la Cristiandad descristianizada progresivamente por la implantación en ella del liberalismo. Franco se dejará llamar por sus aduladores "Centinela de Occidente". Los príncipes carlistas serán más fieles al vaticanismo que a la tradición católica española del carlismo. En el clero predominará la democracia cristiana, después derivará en taranconismo que negará y renegará de su apoyo a los nacionales durante la guerra de 1936. Mucho antes, los tecnócratas, Fraga y el propio Franco dejan de conectar con la guerra como cruzada, con lo cual los franquistas suplantan a los nacionales. La proclamación de los XXV años de Paz, reemplaza a la conmemoración de la Victoria. ¿Por qué Zp va a dejar de utilizar la paz para renunciar a la victoria sobre la ETA?

Faltan eslabones en la transición. Los franquistas hacen la transición desde la dictadura de Franco a la democracia liberal (1962-1982). Pero antes fue la suplantación de los nacionales por los franquistas (1937-1962). Franco ni siquiera estaba al mando cuando los nacionales llevaban meses sublevados y luchando. Mucho menos fue el jefe, ni el organizador de la sublevación de los nacionales. La renuncia a la Victoria es algo más que simbólico vistas hoy las consecuencias. Por algo los militares dicen que nada reemplaza a la victoria. Hoy se pueden ver esas consecuencias, cuando, después de la primera transición a la democracia liberal, vino la segunda transición mirando a 1931 y ahora ya llevamos desde el Pacto del Tinell (2003) en la transición hacia el Frente Popular de 1936. Ese Pacto suscrito por los socialistas incluye el compromiso de excluir al PP de todo acuerdo en toda España, preludio de la vuelta al Frente Popular de 1936 , convirtiendo el "antifascismo" de entonces en sinónimo ahora de anti PP como aglutinante del Frente progrepijorrojo del antinacional-laicismo actual.

"La victoria es fecunda, cuando al hacer la guerra se sabía con precisión lo que se buscaba y ganada la victoria militar no se olvida el objetivo fundamental y primordial. Si hay de hecho muchas guerras victoriosas infecundas, es porque se hicieron sin el debido conocimiento de los fines, sin el debido ideal, y ello suele demostrar que la guerra fue injusta. Si fuese verdad que no se ha logrado todo lo que debía lograrse, sería en gran parte gracias a un boicoteo tenaz de la victoria, y al olvido consciente y calculado de los fines de ella, y a la tolerancia para sembrar las ideas de sus enemigos. La victoria no puede hacer interiormente religioso al que no quiera serlo. Si es victoria católica, ni siquiera se puede presionar o violentar a nadie para que sea católico, ya que la fe la quiere Dios como obsequio libre. Pero la victoria católica puede y debe crear un ambiente favorable al catolicismo" (P. Pacios contra L. Aranguren en Punta Europa, 1955).

Franco no es el salvador de la religión católica ni de España, sino el que se hizo con el poder en la guerra, lo retuvo e hizo involucionar a España desde el Alzamiento nacional y la Cruzada de los nacionales al Movimiento de los franquistas y luego a su lugar en Occidente y en la Europa del europeísmo, todo ello bajo su dictadura.

Los eslabones de la transición son como mínimo:

La suplantación de los nacionales por los franquistas (1937-1962): se inicia con el Decreto de Unificación de 1937 que impone la FET (después el Movimiento) bajo la jefatura impuesta del propio Franco y culmina en 1962 con la solicitud de entrada en la CEE, la futura UE, la Europa del europeísmo, enemiga y suplantadora de la Europa de la Cristiandad. El europeísmo se basa en el liberalismo. Y en cambio la Europa de la Cristiandad, a la que pertenece España desde su génesis, se basa en la cristianización de la civilización clásica grecolatina y la entrada de nuevos pueblos en esta civilización cristianizada. Si se habla de entrar en Europa es porque España a lo que no pertenece es a la Europa del europeísmo. Mientras que la Hispanidad es la europeidad de la Cristiandad triplemente intensificada como militante y combatiente en Las Navas (1212), en Muhlberg (1563) y en Lepanto (1571) y expansiva por las Indias de Oriente y Occidente.

El europeísmo será desde 1962 la herramienta de la transición hacia el liberalismo desde el franquismo.

Etapas del franquismo:

(1962-1982) La transición a la democracia liberal bajo los franquistas. Los franquistas hacen la transición desde la dictadura de Franco a la democracia liberal: con Suárez y el nuevo "decreto" de unificación de la UCD hasta 1981-1982 (23F1981).

1982-2004 La transición hacia 1931: tanto Aznar como Rajoy, se "definen" como admiradores de Azaña; uno detrás del otro. Es un indicador de la marcha hacia la República de 1931 que se proclamen azañistas los jefes de la derecha, que por otra parte se dicen centristas, señal inequívoca de su derechismo, porque los izquierdistas no se denominan centristas.

2004 Se inicia la transición hacia 1936, hacia el Frente Popular, con la llegada al poder de Zp apoyado en toda la coalición anti PP formada con el pacto del Tinell del 14 de diciembre de 2003, como el antifascismo fue el aglutinante del Frente Popular. En 2005 Zp se proclama rojo, con lo que convalida esta denominación para una de las dos zonas de la Guerra de España de 1936, la zona del Frente Popular, como Zona Roja y deja para los insumisos al zapaterismo la denominación de los nacionales, aunque no existe territorialmente zona nacional, sólo hay Zona Roja.

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La guerra de España fue una Cruzada "por Dios y por España", no sólo para acabar con el terror persecutorio marxista, sino para sanear la sociedad permitiéndola ser cristiana.

La dictadura de Franco se limitó al anticomunismo y desvirtuó la Cruzada, sustituyéndola por un poder personal que se acercó a Occidente, que es la suplantación de la Cristiandad por su versión descristianizada por el liberalismo.
Pero la dictadura de Franco reducida al anticomunismo impedía en gran parte que sufriese el terror marxista la población española, en especial los asalariados. Y sin el terror podían trabajar y así hicieron el desarrollo. Y sin el terror el marxismo no pudo hacer nada, porque sin el terror no es nada el marxismo.

Franco se dejaba llamar por sus aduladores "Centinela de Occidente". Hizo en 1962 que su gobierno firmara la solicitud de entrada en la hoy llamada UE, entonces las Comunidades Europeas, en las que la doctrina Birckelbach exigía para ser miembro tener un sistema liberal con partidos políticos. Es la conexión con el europeísmo que marca el inicio de la transición. El europeísmo ha sido el vehículo de la transición. La Europa del europeísmo es contraria a la Europa de la Cristiandad. El núcleo del europeísmo es el liberalismo enemigo de la Cristiandad, porque propugna la separación, no la autonomía de la vida política en lo técnico respecto a la autoridad de la Iglesia, a la que debe estar vinculada como autoridad infalible en la moral, que es obligatoria para todos incluidos los políticos. La Cristiandad es el conjunto de Estados que acataban en la moral la autoridad de la Iglesia en virtud de su fe en la divinidad de Jesucristo, lo cual proclama la Iglesia en el Concilio Vaticano II que se producirá plenamente en el futuro de forma universal: "La Iglesia, juntamente con los profetas y con el mismo Apóstol, espera el día, que sólo Dios conoce, en que todos los pueblos invocarán al Señor con voz unánime y le servirán hombro con hombro" (Nostra aetate, 4).
Lo que es proclamar con toda seguridad la confesionalidad de todos los pueblos y que obrarán en consecuencia en el futuro.

Intentar desmarcarse de la dictadura de Franco los eclesiásticos en los años 70, rechazando su vinculación a la Cruzada, era lo mismo que hacían los gobiernos de Franco. Pero declararse enemigos de la guerra era oponerse a lo que apartó la hegemonía del terror sobre la población, abrirle de nuevo el camino.