HISTORIA DE ESPAÑA

La exportación de lana en las Cortes de Castilla

Aparece ya regulada la exportación de lana en las Cortes de Castilla de 1462 durante el Reinado de D. Enrique IV, según dice Colmeiro:

“En materia de comercio suplicaron los procuradores que no se hiciesen ferias y mercados francos sin licencia y autoridad del Rey; que fuesen castigados los regatones que, comprando para revender, encarecían las provisiones y vituallas con menosprecio de cualesquiera tasas, gracias al favor de los grandes y caballeros, de los señores del Consejo y de los alcaldes y alguaciles de la Corte; que nadie se atreviese a impedir el tráfico libre de los granos dentro del reino; que nadie tampoco sacase cosas vedadas, especialmente pan y ganados; que no se permitiese sacar más de las dos tercias partes de las lanas, reservando la otra tercia para la provisión de los naturales; que se prohibiese la entrada del vino «por no ser necesaria según la muchedumbre que dello hay», y se procurase la observancia rigorosa de las leyes relativas a la igualación de los pesos y las medidas.”

En las Cortes de Castilla de 1551, reinando D. Carlos I, el porcentaje de tanteo de la lana es ya superior en un tercio:

“La fabricación de los paños, cuyo asiento eran las ciudades de Toledo, Córdoba y Cuenca, y sobre todo Segovia, floreciente al principio del siglo XVI, empezó a declinar poco después, según se colige de los cuadernos de las Cortes de Valladolid de 1537 y 1542. En estas de Madrid de 1551 dijeron los procuradores que el obraje de los paños no estaba en tal perfección como convenía, «porque los veedores que van a las casas de los que los labran no tienen entera libertad, ni desechan los que han de desechar por mal labrados», y suplicaron que hubiese una casa de veeduría en donde los examinasen y no pasasen los malos por buenos. También representaron la necesidad de poner coto a los fraudes que se hacían por eludir la ley que concedía a los fabricantes el derecho de tanteo en la mitad de las lanas que se hubiesen de sacar del reino, y ordenaba que nadie sino ellos pudiese comprar pastel, rubia, añinos, rasuras, ni los otros materiales necesarios para el obraje de los paños, para que no se encareciesen pasando por tantas manos. Los procuradores pensaban como el vulgo; mas la Princesa resistió la corriente impetuosa de la opinión y defendió los miserables restos de libertad que conservaban las artes y oficios.”

“Florecía el arte de la seda en varias ciudades, y principalmente en Toledo y Sevilla. Los procuradores entendieron que la seda en madeja o en otra forma debía entrar y no salir, para alimentar los telares con la abundancia y baratura convenientes. Erraron el camino; pero acertaron al pedir que no se cumpliese una ordenanza de los regidores de Murcia poniéndole tasa, «sino que libremente cada uno compre y venda la seda al precio que pudiere.» Estaba prohibido comprar paños en las ferias para revenderlos, de lo cual resultó mayor carestía, porque los tratantes iban a comprarlos a las casas de los que los labraban o los atajaban en los caminos. Los procuradores pidieron una nueva ley más severa contra los revendedores de paños y sedas, de modo que nadie pudiese comprar tejidos de una u otra calidad, «sino el que los hubiere menester para su uso, o mercaderes para los vender por varas para los gastar, y no a otros mercaderes para lo tornar a vender.» Tampoco les pareció bien que se vendiesen los paños por junto, sin declarar el vendedor cuantas varas tenía.”