Conversiones...CRISTIANDAD FUTURA... ...Hispanidad Futura.............

John Ching Hsiung Wu

María Lourdes Quinn Infocatólica 20.08.2010

http://infocatolica.com/blog/sarmientos.php/1008200627-la-conversion-del-chesterton#more9202

John Ching Hsiung Wu (1899-1986) adoptó el protestantismo unos 20 años antes de convertirse al catolicismo a los 38 años, tras leer “Historia de un alma” (enlace en inglés - aquí en español), la autobiografía de Sta. Teresa de Lisieux, Patrona de las misiones (1873-1897).

En su prefacio a “La ciencia del amor: un estudio de las enseñanzas de Teresa de Lisieux” (enlace en inglés) explica su conversión y la de su mujer: [traducción mía]

[I. Conversión propia]“Oí el nombre de Teresa de Lisieux por primera vez en el hogar de mi querido amigo, el Sr. Yuan Kia-hoang, un católico de gran celo. En el invierno de 1937, residía en la casa del Sr. Yuan, y me impresionó la forma en que los Yuans recitaban el Rosario en familia. Viendo un retrato de Sta. Teresa, le pregunté: “¿Es ésta la Virgen María?” Él me dijo que era la “Florecilla de Jesús”. “¿Quién es esta Florecilla de Jesús?”, le pregunté. Él se mostró sorprendido y dijo: “¡Qué! ¿Ni siquiera conoces a Sta. Teresa de Lisieux?”

“Entonces me dio un folleto en francés entitulado “Ste. Therese de l’Enfant-Jesus”, que contenía una corta narración de su vida y muchos ejemplares de sus pensamientos. En cierta forma, sentí que esos pensamientos expresaban algunas de mis más profundas convicciones sobre el cristianismo, las cuales justamente entretenía en esa época. Me dije a mí mismo: “Si esta santa representa el catolicismo, no veo ninguna razón por la cual no debería ser católico”.

“Siendo un protestante, estaba libre para elegir cualquier interpretación que se ajustara mejor a mi propia razón y su interpretación era precisamente la correcta para mí, ¡y eso me hacía católico! Cuando confié mi decisión al Sr. Yuan, casi se desmayó de alegría, porque, como me contó más tarde, había estado rezando por mi conversión ¡durante 10 años! Dios contestó sus oraciones en su propia casa. Y lo más extraordinario es que nadie podría haber previsto las circunstancias que me llevaron a vivir con esta familia en esos tiempos.


[II. Conversión de su mujer]

“Desde mi primer conocimiento de la dulce santa, mi amor por ella ha crecido. Ella me ha enseñado cómo amar a Jesús y cómo amar a nuestra Madre, la Ssma. Virgen. De la forma más milagrosa, ella convirtió a mi mujer.

“Un día, mi hijita, “la pequeña Teresa”, estaba enferma. El médico dijo que era un caso muy serio de pulmonía, y que tardaría al menos 9 días en recuperarse, un período de tiempo en el que tendríamos que tener sumo cuidado. Siendo un médico muy competente y honesto, no hay duda alguna que su diagnosis era la correcta. O sea que tuvimos miedo; especialmente porque mi mujer estaba a punto de dar a luz a otro niño, y si fuera a amamantar a la niña durante nueve días, probablemente desfallecería bajo el peso no sólo de la labor física, sino también de la prueba mental.

“Respecto a la niña, su fiebre era alta, y el médico nos dijo que era sólo el comienzo y que todo dependería de desarrollos futuros. Después de consultar a mi mujer, llamé al P. Maestrini, pidiéndole que viniera a nosotros y bautizara a la niña. Así lo hizo. Poco después, mi mujer se arrodilló ante Sta. Teresa con la bebé enferma en sus brazos, y rezó con profundo fervor. No podía oír sus palabras. Cuando se levantó, le pregunté lo que le había dicho a la santa. Ella respondió: “Oh, sólo le dije que Lan-hsien es demasiado difícil de criar; no estoy en condiciones de ser su madre, o sea que le rogué a Sta. Teresa que fuera su madre”.

“La siguiente mañana, el médico vino de nuevo y, tomándole la temperatura a la pequeña Teresa, encontró que ¡era menos de 100 grados [Fahrenheit]! ¡Había sido 105 el día anterior! Entonces examinó los pulmones, y encontró que ¡había desaparecido la pulmonía! Las únicas palabras que dijo fueron: “¡Maravilloso! ¡Maravilloso!”

“Le conté lo que había pasado y le pregunté si estaría dispuesto a certificar mi historia si fuera a escribirlo en detalle algún día. Dijo: “¡Claro que sí!” La historia es demasiada larga para contarla aquí. Lo que me interesa ahora es la historia de la conversión de mi mujer.

“Hace algún tiempo, mi mujer conoció a Madame H.H. Kung, y, al crecer su amistad, la nobleza de carácter de ésta última le impresionó profundamente y le abrió los ojos a las hermosuras del cristianismo; pero fue Sta. Teresa la que confirmó por completo su fe en Cristo. De mi parte, mi única función fue enseñarle el Catecismo. Nunca quise imponer mi propia Fe sobre mi familia, pero Dios nos ama tanto que Él se dignó en ser el Anfitrión de nuestro humilde hogar. En mi vida Dios ha hecho llover sobre mí honor tras honor; está fuera de mi poder corresponderle en el menor grado. Pero como si todas Sus demás bendiciones no fueran bastante, ¡Él me ha concedido el supremo honor de cenar con nosotros día tras día! Ahora he aprendido el arte de la oración de mi mujer. Simplemente Le digo a Jesús: “No soy capaz de pagar mi inmensa deuda a Dios; ¡págalo por mí!”.