Crónica del siglo XXI
La crisis económica iniciada en 2007

Adiós ladrillo

Comienzo de la crisis económica mundial de 2007

Origen de la crisis de 2007

Cronología de la crisis de las hipotecas de alto riesgo subprime en EEUU desencadenante de la crisis iniciada en 2007

El precio de la vivienda en España ha bajado más del 26 por ciento desde el comienzo de la crisis en 2007

La crisis de las hipotecas basura se inició en agosto de 2007 y las economías occidentales se acercan a la recesión en 2008

M.J. ALEGRE COLPISA. MADRID. Domingo, 10 de agosto de 2008

Se cumple un año de la crisis de las hipotecas basura norteamericanas y en tan corto plazo las economías occidentales se han precipitado en el agujero negro de la desaceleración económica y están próximas a la recesión.

La dilatada etapa de expansión quedó bruscamente atrás, porque a la extrema sequía que la desconfianza provocó en los mercados internacionales del dinero, se sumó la especulación en los de materias primas, que disparó los precios del petróleo y de los alimentos básicos. A la carestía del coste de la vida y el drástico recorte de financiación se añadió, en países como España, Irlanda o el Reino Unido, el reventón de la burbuja inmobiliaria, que había sido soporte básico del crecimiento.

Las primeras noticias de que algo malo estaba ocurriendo en el mundo financiero se sucedieron, con cuentagotas, en el arranque del pasado verano. El banco neoyorquino Bearn Stearns fue el primero en anunciar a los partícipes de dos fondos de inversión que debían despedirse de recuperar su dinero. Suscriptores de créditos hipotecarios de escasas garantías habían dejado de pagar, agobiados por la subida de tipos en Estados Unidos -entre 2004 y 2007 el tipo de referencia pasó del 1% al 5,35% anual- y por la fuerte depreciación de sus propiedades inmobiliarias.

El 3 de agosto de 2007, la desconfianza se extendió por todos los mercados occidentales. Muchas instituciones norteamericanas habían "empaquetado" sus préstamos basura en forma de productos de inversión para colocárselos a todo tipo de entidades, y casi nadie podía sentirse a salvo. Por fortuna, el sistema financiero español, volcado en la fortísima demanda de crédito nacional o en sus negocios en América Latina, no había adquirido esos activos tóxicos. Pero el francés BNP, entre otros, anunció la suspensión de tres fondos expuestos.

Los malos augurios se vieron confirmados cuando el 9 de agosto de 2007 el Banco Central Europeo inyectó 94.800 millones de euros en el flujo monetario de la zona euro.

Crisis mundial

Fue la primera de una larga serie de intervenciones, porque el interbancario -donde las entidades se prestan unas a otras- se había secado por completo. La Reserva Federal y el Banco de Japón tomaron medidas similares, lo que no impidió el desplome de las bolsas mundiales. Ni que, en septiembre de 2007, el Banco de Inglaterra tuviera que acudir en auxilio del Northern Rock, un banco al que sus clientes reclamaban el reembolso de sus ahorros.

Desde entonces, la actividad de los mercados financieros no se ha recuperado. La falta de transparencia era una característica de los nuevos productos, de manera que muchas instituciones los compraron y colocaron entre sus clientes sin conocer exactamente la naturaleza del riesgo que asumían, lo que se tradujo en un goteo de pérdidas a medida que las entidades tuvieron que sacar a la luz el impacto.

Como un huracán que lo arrasa todo, el impacto alcanzó en EE UU a un conjunto de aseguradoras que habían buscado mayor rentabilidad utilizando como cobertura los activos tóxicos.

En paralelo al choque financiero, las economías occidentales se han ido resintiendo por las secuelas de las turbulencias en otros mercados, la escalada de los precios de las materias primas y la rápida subida del crudo. La norteamericana se encuentra al borde de la recesión, pese a sucesivas bajadas de los tipos de interés.

En la zona euro, la española -a salvo del impacto de las hipotecas basura y con un sistema bancario de acreditada solvencia- ha entrado en una fase de fuerte deterioro, porque el hundimiento del sector de la construcción, las restricciones financieras, la subida de los tipos de interés en esta área monetaria y la consiguiente paralización de la actividad han hecho mella en el consumo doméstico, el negocio de las empresas, las cuentas públicas y, lo peor de todo, también en el empleo.

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