.......Explicaciones y desarrollos..

Hawking cree en 2010 que el Universo se creó por sí mismo de la nada por creación espontánea

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Viejos argumentos para una nueva batalla: el caso de Stephen Hawking

Eduardo Arroyo 3.09.2010 http://www.elsemanaldigital.com/blog.asp?idarticulo=109265

Dios y el origen del Universo vuelven a estar en primera línea del debate científico. Y es que el físico saca nuevo libro en el que él mismo se desmarca de sus tesis anteriores.

Hawking ha vuelto a poner en el dispadero el debate sobre Dios y el Universo.

El físico Stephen Hawking sacará a la venta su próximo libro– The grand design (El gran diseño)- el 9 de septiembre, una semana antes de la llegada del Papa al Reino Unido. La tesis del libro no puede ser más provocadora: Dios no es necesario para explicar el origen del Universo. Con esta idea Hawking se desmarca de su tesis de 1988, que decía que la célebre teoría –todavía por formular- capaz de unificar toda las fuerzas físicas equivaldría a conocer "la mente de Dios". Por entonces el físico británico creía plenamente compatibles la investigación científica con la religión. Hoy parece que no es así y el artículo de Hannah Devlin en The Times (2.9.2010), que publica un extracto de la obra, dice que el libro puede ser más perjudicial para la religión por que no tiene el estilo talibán del fanático Richard Dawkins y su The God Delusion.

Hawking se une así a la moda conocida como "nuevo ateísmo", encarnado fundamentalmente por anglosajones como Richard Dawkins, Christopher Hitchens, Daniel C. Dennett y Sam Harris, fundamentado principalmente en torno a la teoría de la evolución. Las ideas de Hawking apoyan conclusiones parecidas desde la física y son el frente de batalla de una lucha ideológica de enorme alcance que se lleva librando en el mundo occidental desde hace trescientos años, si bien ahora con argumentos más técnicos y, en ocasiones, más fundados. Básicamente, la idea de Hawking consiste en rebatir lo que se denomina el "principio antrópico"; es decir, la serie de finos ajustes presentes en el mundo físico gracias a los cuales es posible la vida en el planeta tierra. En España los medios se hacen eco de un ejemplo propuesto por Hawking sobre la órbita de un planeta en 1992. Si esto es todo el argumento carece de peso, dado que las llamadas "coincidencias antrópicas" son llamativas por lo numerosas que son y, en su conjunto, confieren al mundo una complejidad difícilmente justificable por el mero azar. La idea de que existe una complejidad en la naturaleza y de que esta complejidad tiene un sentido –esto es, que la naturaleza está ordenada- es el principal enemigo a batir en esta guerra.

Pero, lamentablemente, el asunto que ahora nos ocupa tiene mucho de mediático y, dada la significativa visita del Papa Ratzinger, todo esto tiene un sospechoso tinte antirreligioso. Muy lejos de los medios, y sin el boato de Hawking, Anthony Flew, un histórico filósofo del ateísmo anglosajón, se retractó de sus posturas de siempre para asumir la existencia de Dios, un Dios que se desprendía, para él, de la razón y de la reflexión de toda una vida. Nada de esto, al revés de lo sucedido con Hawking, trascendió a los rotativos mundiales. Por otro lado, astrónomos reputados que no gustan de los medios, como el norteamericano Guillermo González, ha establecido con claridad el "principio antrópico", en oposición a las tesis ahora sostenidas por Hawking. Naturalmente, cuando se habla de esto no se pone el rimbombante sustantivo de "la ciencia" sino que es precisamente esto lo que se pone en cuestión y se arrojan dudas acerca de la calidad científica de los argumentos "políticamente no correctos".

Todo esto tiene una razón de ser que, lejos de ser científica, es filosófica e ideológica. Y es que, en realidad, vivimos en un mundo edificado sobre los fundamentos antirreligiosos de la Ilustración. Es pues el ateísmo la ideología dominante, aunque no sea más que de una manera tácita. Por eso, en los medios de comunicación, el fanatismo siempre es identificado con la religión y ésta se halla permanentemente a la defensiva y bajo sospecha. Por eso también los "ateos de guardia" Richard Dawkins y Phillip Pullman, entre otros, pueden tener la cara dura de obviar las relaciones entre ateísmo y los crímenes de masas perpetrados en medio mundo por los regímenes marxistas.

Sorprendentemente, y en contra de la creencia popular, la ciencia no es ajena a las influencias políticas y hoy día el ideario Ilustrado ha configurado una ciencia de la que extrae consecuencias filosóficas a su medida, en medio de la que la religión tiene que buscar, en el mejor de los casos, un acomodo precario, pero siempre disculpándose de mil manera.

Ahora Hawking aduce argumentos en el fondo viejos, desechados en medios que se ocultan y se descalifican sencillamente porque no están de acuerdo con lo establecido. Y por eso son tiempos éstos en que, más que nunca, debe apelarse al afán de saber de la gente. ¿Leer The grand design de Stephen Hawking? Sin duda sí. Pero también contrastar sus fuentes con eso que se denigra y se intenta excluir de las opiniones aceptadas. Léase The privileged planet de Guillermo González y, si puede, consulte los blogs de Uncommon Descent o el hispano Ciencia Alternativa. Total, puestos a hablar de "diseño", no solo Stephen Hawking tiene algo que decir. De hecho ahora lo está diciendo en un momento en que lo que puede decir suena más bien a campaña propagandística, una campaña que tiene en el fondo por único fin respaldar la ideología dominante.

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DN AGENCIAS. Londres Jueves, 2 de septiembre de 2010

El científico británico Stephen Hawking ha afirmado en su nuevo libro, 'The Grand Design' o 'Magnífico Diseño' --que saldrá a la venta el próximo 9 de septiembre de 2010--, que el Universo "se creó por sí mismo de la nada" y que el Big Bang fue una "consecuencia inevitable" de las leyes de la Física.

En el manuscrito, coautorizado por el físico norteamericano Leonard Mlodinow, Hawking enumera una nueva serie de teorías sobre la creación del Universo. "Porque existe una ley como la gravedad, el Universo puede y podría crearse por sí mismo de la nada. La creación espontánea es la razón por la que es redundante el papel de un creador del mismo", apunta.

Anteriormente a la publicación de este libro, Hawking ha escrito que, de acuerdo con las leyes de la Física, no es muy difícil creer que Dios intervino en el Big Bang. "Si desciframos la teoría completa se descubrirá el último triunfo de la razón humana. Hasta entonces debemos tener en cuenta la importancia de Dios", ha puntualizado.

Así, indica que no es necesario invocar a Dios para que el Universo comience a crearse y que el descubrimiento de 1992 de un planeta orbitando otra estrella diferente al Sol ayudó a deconstruir la visión del padre de la Física, Isaac Newton, de que el cosmos nació del caos pero fue creado por Dios.

"Esta afirmación surge de las condiciones que se registran en nuestro sistema planetario, un sólo Sol, la afortunada combinación entre la distancia entre la Tierra y la masa solar, así como que la Tierra fue cuidadosamente diseñada para albergar la vida humana", ha puntualizado.

Hawking tiene 68 años y consiguió el reconocimiento internacional con la edición de su libro 'A Brief History of Time' ('Una breve historia del tiempo'), de 1988, que narra los orígenes del Universo, y además es reconocido por su investigación en los agujeros negros, las cosmología y la gravitación cuántica.

Desde 1974 trabaja por unificar las dos piedras angulares de la física moderna, la Teoría General de la Relatividad de Einstein, y la Teoría Cuántica.

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Aportaciones de los lectores:

José María 02/09/2010 13:41 h.

EINSTEIN:
«A todo investigador profundo de la naturaleza no puede menos de sobrecogerle una especie de sentimiento religioso, porque le es imposible concebir que haya sido él el primero en haber visto las relaciones delicadísimas que contempla. A través del universo incomprensible se manifiesta una Inteligencia superior infinita».

Ch. DARWIN:
«Jamás he negado la existencia de Dios. Pienso que la teoría de la evolución es totalmente compatible con la fe en Dios. El argumento máximo de la existencia de Dios, me parece, la imposibilidad de demostrar y comprender que el universo inmenso, sublime sobre toda medida, y el hombre, hayan sido frutos del azar».

COPÉRNICO:
«¿Quién, que vive en íntimo contacto con el orden más consumado y la sabiduría divina, no se sentirá estimulado a las aspiraciones más sublimes? ¿Quién no adorará al Arquitecto de todas estas cosas?».

T. A. EDISON:
«Mi máximo respeto y mi máxima admiración a todos los ingenieros, especialmente al mayor de todos ellos, que es Dios».

HATHAWAY (padre del cerebro electrónico):
«La moderna física me enseña que la naturaleza no es capaz de ordenarse a sí misma. El universo supone una enorme masa de orden. Por eso requiere una Causa Primera, grande, que no está sometida a la segunda ley de la transformación de la energía y que, por lo mismo, es sobrenatural».

W. VON BRAUN:
«Por encima de todo está la gloria de Dios, que creó el gran universo, que el hombre y la ciencia van escudriñando e investigando día tras día en profunda adoración».

A. M. AMPERE:
«¡Cuán grande es Dios, y nuestra ciencia, una pequeñez!».

I. NEWTON:
«Lo que sabemos es una gota, lo que ignoramos, un inmenso océano. La admirable disposición y armonía del universo no ha podido salir sino del plan de un Ser omnisciente y omnipotente».

K. F. GAUSS:
«Cuando suene nuestra última hora, será grande e inefable nuestro gozo al ver a Quien en todo nuestro quehacer sólo hemos podido columbrar».

G. MARCONI:
«Lo declaro con orgullo: soy creyente. Creo en el poder de la oración y creo no sólo como católico, sino como científico».

C. LINNEO:
«He visto pasar de cerca al Dios eterno, infinito, omnisciente y omnipotente, y me he postrado de hinojos en adoración».

E. SCHRÖDINGER (premio Nobel de Física, creador de la Mecánica Ondulatoria):
«La obra maestra más fina es la hecha por Dios según los principios de la mecánica cuántica».

K. L. SCHLEICH (célebre cirujano, descubridor de la anestesia local):
«Me hice creyente por el microscopio y la observación de la naturaleza, y quiero, en cuanto esté a mi alcance, contribuir a la plena concordia entre la ciencia y la religión».

J. KEPLER:
«Si Dios es grande, grande es su poder, grande su sabiduría. Alabadle, cielos y tierra. ¡Mi Señor y mi Creador! La magnificencia de tus obras quisiera yo anunciarla a los hombres en la medida en que mi limitada inteligencia puede comprenderla».

Sir Fred HOYLE (gran astrónomo y matemático):
«El universo de las galaxias se dilata, y se crea continuamente en el espacio nueva materia para mantener constante la densidad media del universo, y esto exige la existencia de un Creador».

A. S. EDDINGTON (astrónomo y matemático inglés):
«Ninguno de los inventores del ateísmo fue naturalista, sino filósofos mediocres. El origen del universo presenta dificultades insuperables, a no ser que lo consideremos sobrenatural».

J. Von LIEBIG (químico y fisiólogo alemán):
«La grandeza e infinita sabiduría del Creador la reconocerá realmente sólo el que se esfuerce por extraer sus ideas del gran libro que llamamos naturaleza».

E. WHITTAKER, (investigador y catedrático de la Universidad de Edimburgo):
«Cuando se investiga profundamente sobre el origen del universo, no hay más opción que convertirse al catolicismo».

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Efe/InfoCatólica 02/09/10

El científico británico Stephen Hawking afirma en un nuevo libro que la física moderna excluye la posibilidad de que Dios crease el universo. El Big Bang, la gran explosión en el origen del mundo, fue consecuencia inevitable de las leyes de la física, argumenta Hawking en su libro, del que hoy adelanta algunos extractos el diario The Times. Hawking rechaza que haya tenido que intervenir Dios en la creación, porque el Universo puede haber surgido del caos sólo por las leyes de la naturaleza.

Hawking renuncia así a sus opiniones anteriores expresadas en su obra 'Una Breve Historia del Tiempo', en la que sugería que no había incompatibilidad entre la existencia de un Dios creador y la comprensión científica del universo.

“Si llegamos a descubrir una teoría completa, sería el triunfo definitivo de la razón humana porque entonces conoceríamos la mente de Dios”, escribió en aquel libro, publicado en 1988 y rápidamente convertido en un éxito de ventas.

El Universo puede haber surgido sin Dios

En su nuevo libro, titulado en inglés 'The Grand Design' ('El Gran Diseño') y que sale a las librerías el 9 de septiembre, una semana antes de la visita del Papa a Gran Bretaña, Hawking sostiene que la moderna ciencia no deja lugar a la existencia de un Dios creador del Universo. En esa obra, escrita al alimón con el físico estadounidense Leonard Mlodinow, Hawking rechaza, según el adelanto periodístico, la hipótesis de Isaac Newton según la cual el Universo no puede haber surgido del caos gracias sólo a las leyes de la naturaleza sino que tuvo que haber intervenido Dios en su creación.

Según Hawking, el primer golpe asestado a esa teoría fue la observación en 1992 de un planeta que giraba en órbita en torno a una estrella distinta de nuestro Sol. “Eso hace que las coincidencias de las condiciones planetarias de nuestro sistema –la feliz combinación de distancia Tierra-Sol y masa solar– sean mucho menos singulares y no tan determinantes como prueba de que la Tierra fue cuidadosamente diseñada (por Dios) para solaz de los humanos”, escribe Hawking.

Es probable que existan otros universos. La teoría-M

Según Hawking, que fue hasta el año pasado profesor de matemáticas de la universidad de Cambridge, puesto que ocupó en su día el propio Newton, es probable que existan no sólo otros planetas, sino también otros universos, es decir un multiuniverso. En opinión del científico, si la intención de Dios era crear al hombre, esos otros universos serían perfectamente redundantes.

En su libro, Hawking no excluye la posibilidad de que haya vida también en otros universos y señala que la crítica está próxima a elaborar una teoría de todo, un marco único capaz de explicar las propiedades de la naturaleza. Eso es algo, recuerda 'The Times', que han estado buscando los físicos desde la época de Einstein, aunque hasta el momento ha sido imposible reconciliar la teoría cuántica, que da cuenta del mundo subatómico, con la de la gravedad, que explica la interacción de los objetos a escala cósmica.

Hawking aventura que la llamada teoría-M, proposición que unifica las distintas teorías de las supercuerdas, conseguirá ese objetivo. “La teoría-M es la teoría unificada con la que soñaba Einstein. El hecho de que nosotros, los seres humanos, que somos tan sólo conjuntos de partículas fundamentales de la naturaleza, estemos ya tan cerca de comprender las leyes que nos gobiernan y rigen el universo es todo un triunfo”, escribe el astrofísico.

El conocido biólogo ateo Richard Dawkins se felicitó de la conclusión a la que parece haber llegado su colega Hawking: “Es exactamente lo que afirmamos nosotros. No conozco los detalles de la física, pero es lo que he sospechado siempre”.

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Francisco José DelgadoSi alguien tiene tiempo y conocimientos de inglés, le animo a leerse esta conferencia de Hawking en la que dice exactamente todo lo contrario: http://www.damtp.cam.ac.uk/strings02/dirac/hawking/
No es de hace tanto tiempo; la dictó en 2002, en el centenario del nacimiento de su profesor, Paul Dirac.
En la conferencia recorre en la historia las teorías que han ido buscando responder al modelo determinista newtoniano del universo, que en el fondo es el aristotélico. Esta opción le lleva a creer que de hecho existe una teoría unificada que explicaría la realidad, pero se encuentra de frente con el teorema de Goedel, que hace matemáticamente imposible que el universo se explique a sí mismo.
La frase final de la conferencia: "What we need, is a formulation of M theory, that takes account of the black hole information limit.bUt then our experience with supergravity and string theory, and the analogy of Goedels theorem, suggest that even this formulation, will be imcomplete." Da a entender que tal teoría unificada sería siempre incompleta.

¿Qué es lo que ha vuelto a hacer cambiar de idea a este físico? No lo sabemos, aunque tal vaivén de opiniones no deja en muy buen lugar su quehacer científico. 02/09/10 7:43 PM

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P. Carreira: «Negar el comienzo es anticientífico y decir que el universo existe 'porque sí' es ridículo y pueril»

ElComercio/InfoCatólica 25/08/10

El P. Manuel Carreira S.J. físico, filósofo y teólogo, explica en una entrevista que Galileo Galilei «no pasó un minuto en la cárcel, nadie le tocó un pelo ni lo excomulgó y murió profesando su fe, asistido por una hija religiosa, y con bendición papal». En la entrevista, publicada en el diario El Comercio, el profesor de Comillas, se refiere también a la teoría del diseño inteligente de la creación del mundo, y a la Sábana Santa, tema del congreso que se celebrará en Lima, Perú, a partir del 31 de agosto.

Manuel Carreira S.J. Doctor en Física, filósofo y teólogo, es miembro del Observatorio Astronómico del Vaticano, profesor de la Carroll University, Cleveland (EE.UU.) y de la Universidad de Comillas (España). En Lima participará en el II Congreso sobre la Sábana Santa que se inaugura el 31 de agosto en la Universidad de Lima. 

–¿Fe y mentalidad científica son incompatibles? 

La ciencia solo puede hablar de cómo actúa la materia. No puede decir nada de teología, de ética, de arte, de derechos y deberes, de relaciones humanas. No puede hablar de lo que no puede comprobar con un experimento. Ni siquiera puede decir por qué existe el universo ni si este y la vida humana tienen sentido. Por su parte, la fe no dice nada de cómo actúa la materia ni de si el universo es o fue caliente o frío; solo habla del plan de Dios para nosotros. Por eso, es imposible el conflicto si cada modo de conocer se mantiene en su campo y su metodología. Muchos científicos han sido y son creyentes. Yo hice mi tesis doctoral con el Dr. Cowan, descubridor del neutrino (con Reines), hombre sinceramente católico y practicante. Si quieren saber lo que la Iglesia enseña al respecto, lean la encíclica “Fe y razón” de Juan Pablo II. Ciencia y fe no se oponen, se complementan. 

–¿La opinión de un católico no está sesgada por su ser confesional en temas como el aborto o la manipulación genética? ¿Es así en el mundo científico? 

La Iglesia puede y debe insistir en la dignidad de la persona humana, oponiéndose a tratar a un ser humano como una cobaya de laboratorio para experimentaciones de tipo nazi. La actuación biológica o médica solo es lícita para bien del paciente, que nunca puede ser una mera “cosa útil” para otro. Esto lo afirman grandes científicos que se han opuesto a la clonación, el aborto, la eutanasia. En la Academia Pontificia de las Ciencias están los científicos asesores del Papa en esas materias: no se habla por prejuicios. 

Yo nunca he encontrado rechazo alguno por mis posiciones en congresos internacionales, en Europa y América, aunque me ven como sacerdote. Si alguno ha querido descalificarme por eso, ha sido solamente en España, y ha quedado muy mal el que lo intentó.

–El caso de Galileo se lo enrostran a la Iglesia cuando quiere aproximarse al mundo científico. ¿Qué opina de este caso?

Galileo era creyente, no pasó un minuto en la cárcel, nadie le tocó un pelo ni lo excomulgó y murió profesando su fe, asistido por una hija religiosa, y con bendición papal. En su época no había realmente física ni pruebas de que la Tierra se moviese (la prueba experimental se anunció en 1838). Sus supuestas pruebas eran inválidas y otros astrónomos se las negaron. Su idea correcta era que la Biblia no enseña ciencia y quería que los teólogos cambiasen la interpretación del texto según su teoría. Los teólogos se equivocaban en pensar que la Biblia enseña astronomía, pero estaban en lo correcto en decir que mientras no hubiese pruebas, Galileo debía presentar sus ideas como teoría y no pedirles cambios de opinión. En ambos casos, se excedía el campo propio para ir al ajeno. Nosotros, hemos aprendido esa lección y debe haber mutuo respeto.

–Ud. ha dado conferencias sobre la Teoría del Diseño Inteligente y el principio antrópico, una síntesis entre un Dios creador y el big bang. ¿Cómo se sostienen estas teorías?

La ciencia es limitada: tuvo que aceptar que el universo no es eterno, comenzó en un estado de alta densidad y temperatura (el big bang) para el cual hay pruebas experimentales: hemos encontrado las cenizas y el resplandor de aquella hoguera. Pero no puede decir “por qué hay algo en lugar de nada” (Wheeler). 

Hablar del paso de nada a algo es el concepto de creación que la ciencia no puede manejar: hace falta un Creador no material. Esto lo responde la filosofía, de acuerdo con la teología. Pero los detalles del comienzo no los dice la fe ni deben tomarse del Génesis, que es una parábola de contenido filosófico, no un texto de astronomía. Negar el comienzo es anticientífico y decir que el universo existe “porque sí” es ridículo y pueril. 

–Participará en el Congreso sobre la Sábana Santa en Lima. ¿Por qué es provocador este lienzo que se guarda en Turín?

El lienzo de Turín es un objeto arqueológico, no es fe. Da información histórica que determina su uso y su procedencia: envolvió a un crucificado al estilo romano, con las características detalladas en la pasión de Cristo; no hay otro candidato histórico. Es una provocación para la mente porque no podemos explicar esa imagen, con características tridimensionales y de detalle, con exactitud anatómica y biológica que solo se descubrieron en 1898 cuando se fotografió por primera vez. Soy físico y sigo intentando razonar cómo pudo formarse. Todavía no hay una solución completa.

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¿Conoce usted al padre del Big Bang?

06/04/10

Por eso resulta tan interesante la lectura de biografías como la de Georges Lemaître. Pues en ellas se pone de manifiesto que la combinación del pensamiento cristiano con el científico impide esa decadencia del amor a la sabiduría -la inquietud filosófico-científica- en el mero tecnicismo.

Ediciones Encuentro acaba de publicar la que, hasta donde yo sé, posiblemente sea la primera biografía española del sacerdote y físico belga Georges Lemaître, pionero en la exploración de las implicaciones cosmológicas de la teoría general de la relatividad de Einstein, y estudioso también de otros campos de la física, como el de los rayos cósmicos.
El libro al que me refiero se titula «La Historia del Comienzo», y ha sido escrito por el profesor de física Eduardo Riaza Molina, que ha conseguido presentar al público un texto ameno, breve -poco más de cien páginas- y apto para ser leído de un tirón incluso por aquellos lectores menos familiarizados con los temas de ciencias.

En mi opinión, estamos ante un trabajo que no debería pasar desapercibido. Y ello por varias razones:

En primer lugar porque la biografía del padre Lemaître representa un ejemplo patente de cómo el compromiso cristiano puede armonizarse con el desarrollo de una actividad científica fecunda. Desde luego que la figura del científico cristiano no es excepcional. Al contrario, casi todos los iniciadores de la ciencia moderna fueron personas de profundas convicciones cristianas. (Y este hecho dista mucho de ser una casualidad, como han puesto de manifiesto, sin ir más lejos, los detallados estudios de Stanley Jaki sobre el origen del movimiento científico). Pero la gran difusión de la filosofía materialista en las universidades europeas y americanas a partir del siglo XIX podría dar pie a la cuestión de si, en este nuevo ambiente, a veces no poco hostil, resulta todavía posible edificar un pensamiento sólidamente religioso y científico a la par. Pues bien, la biografía del padre Lemaître muestra a las claras que tal combinación es posible, sin que ninguno de los dos componentes tenga que quedar ensombrecido.

Pero es que no sólo es posible, sino que el resultado es admirable. Pues ocurre que vivimos tiempos en los que el espíritu verdaderamente universitario de aspirar a un saber global, de enfrentarse con todo rigor a las grandes preguntas sobre el mundo y el hombre, y de hacer de la propia vida un servicio a la búsqueda de la sabiduría comienza a resultar un bien escaso. Más que escaso. Lo que abunda en su lugar es una especialización en cuestiones parciales, que son desarrolladas con habilidosa técnica, pero la mayor parte de las veces a costa de atrofiar en los que se dedican a tales actividades toda curiosidad intelectual que vaya más allá del ámbito cada vez más reducido de la propia especialidad. Este desarrollo está convirtiendo las universidades en meras escuelas avanzadas de formación profesional, perfectamente compatibles con la progresiva extensión de una nueva forma de barbarie: la barbarie del especialismo, de la que ya nos advirtió hace tiempo -y por lo que se ve sin mucho éxito- Ortega.

Por eso resulta tan interesante la lectura de biografías como la de Georges Lemaître. Pues en ellas se pone de manifiesto que la combinación del pensamiento cristiano con el científico impide esa decadencia del amor a la sabiduría -la inquietud filosófico-científica- en el mero tecnicismo. En el prólogo al libro que estoy comentando, el catedrático de física Fernando Sols Lucia sugiere que la obra bien podría haberse titulado «El amor a la verdad». Y me parece una observación acertadísima: Lo que realmente caracteriza la biografía de Lemaître, lo que caracteriza la biografía de tantos otros científicos cristianos, también de nuestro tiempo (como puedan ser Ellis, Heller, Page o Polkinghorne), es el amor a la verdad, y la búsqueda de la verdad sobre el cosmos. Una búsqueda a la que se entregan con la confianza de hallarse ante la obra del Logos, y por tanto ante una naturaleza dotada de racionalidad honda, pero al menos en parte accesible al hombre: un libro escrito por el Creador -por usar la metáfora de Galileo que constituye el lema, de raíz teológica, de toda la física moderna-.
Ahora bien, ¿ayuda en algo esta actitud de Galileo y de Lemaître, de amor y búsqueda de la verdad, al progreso científico? ¿O resulta un mero accesorio del que puede prescindirse una vez que tenemos la ciencia bien encarrilada, siguiendo los cauces marcados por el desarrollo del método experimental?

A mi modo de ver, la actitud natural de los científicos cristianos, representada en la biografía de Lemaître no sólo es útil, sino que resulta decisiva para mantener la vitalidad de la investigación científica. Pues cuando se pierde la perspectiva del universo como creación del Logos, se inicia una dinámica de creciente pesimismo en relación con la capacidad humana de obtener conocimientos verdaderos sobre el mundo. Y, paso a paso, se va cambiando el ideal de descubrimiento por el ideal de construcción de los fenómenos para su dominio técnico. Entrando en esa dinámica -y en parte ya se ha entrado en ella, y el estado actual de la universidad tiene mucho que ver con ella- la empresa científica de la descripción del mundo corre serio peligro de ser sustituida por una ciencia concebida como ficción útil. Y cualquiera que haya estudiado, por ejemplo, el desarrollo de la astronomía alejandrina, conoce los efectos profundamente anquilosadores para el pensamiento de esa forma de ciencia.

Por eso resulta tan necesario reflexionar sobre personajes como Georges Lemaître -el llamado «padre del Big Bang», a causa de su decisiva contribución al desarrollo del actual modelo cosmológico estándar-. Ya que esta reflexión nos ayuda a entender que la ciencia no surgió por casualidad en un ambiente cristiano. Y nos lleva también a sospechar que sin ese ambiente, y sin científicos de la hechura de Lemaître, tal vez resulte inevitable su decadencia en una técnica huera.
Vayan, pues, mis felicitaciones a Eduardo Riaza por su oportuno trabajo. Y mi encarecida recomendación de su biografía de Lemaître. Estimado lector, ¿conoce usted al padre del Big Bang? ¿no? Pues ahora tiene la oportunidad.

Francisco José Soler Gil, Technische Universität Dortmund