HISTORIA DE ESPAÑA
Historia Universal

La Guerra de Sucesión de España (1701-1715)

Cataluña en la guerra de Sucesión

LD 2013-08-25

Cataluña fue uno de los territorios de España más deseados en la guerra de Sucesión por ambos pretendientes y sus aliados. En la segunda mitad del siglo XVII, Cataluña había sido invadida varias veces por Francia. Hubo tropas francesas en esta región hasta la Paz de Ryswick (1697). El nuevo monarca era francés y ello podía ocasionar descontentos.

Como ya hemos visto en otro artículo, el primer español que rindió homenaje al duque de Anjou como rey de España fue el embajador de Carlos II ante Luis XIV, el catalán Manuel de Sentmenat, marqués de Castelldosríus. Felipe V confiaba tanto en él que en 1704 le nombró virrey de Perú. Una vez incorporado a su puesto, en 1707, envió abundante oro y plata a su rey para sostener la guerra.

Felipe V entró en su nueva patria por Irún en enero de 1701 y en Madrid el 18 de febrero. En mayo le juraron las Cortes de Castilla en el Monasterio de los Jerónimos. Como no había cumplido aún los 17 años y estaba soltero, se planeó su matrimonio, y la escogida fue la princesa María Luisa Gabriela de Saboya, cuya hermana mayor estaba casada desde 1697 con el duque de Borgoña, primogénito del Gran Delfín y hermano mayor de Felipe. Además, Luis XIV esperaba ganar un aliado, el duque de Saboya, pero éste acabó uniéndose a la Gran Alianza.

La boda por poderes se celebró en Turín en septiembre de 1701 y la reina consorte de España, la primera de origen italiano, de sólo trece años de edad, marchó a su nuevo país. El plan original era recibir a la muchachita en el puerto de Barcelona, y allí se desplazaron Felipe V y su corte.

El historiador catalán Pedro Voltes escribe en su biografía de Felipe V que en las poblaciones catalanas que atravesaba el rey recibía continuos agasajos, "más copiosos que en otros reinos, porque las poblaciones eran más numerosas y ricas".

Además, se convocaron Cortes, que se prolongaron hasta el 14 de enero de 1702. Felipe V juró las Constituciones catalanas en el salón del Tinell el 14 de octubre de 1701, con lo que, según las leyes y costumbres, los catalanes le aceptaban como su soberano. En esas Cortes, Felipe V concedió nuevos privilegios, que provenían de la voluntad real y del positivismo jurídico, no de la tradición inmemorial. Por ejemplo, se estableció un Tribunal de Contrafacciones, en el que se enjuiciarían las decisiones reales antes de aplicarlas en Cataluña.

El ministro Melchor de Macanaz dijo sobre los nuevos privilegios concedidos:

Lograron los catalanes cuanto deseaban, pues ni a ellos les quedó que pedir ni al rey cosa especial que darles, y así vinieron a quedarse más independientes del Rey que el Parlamento de Inglaterra.

Entre medias, el plan de llegada de la reina había cambiado. El viaje se hizo por tierra. En noviembre de 1701, Felipe la recibió en Figueras, donde se ratificaron los votos y se celebraron las primeras fiestas. El joven matrimonio se desplazó a Barcelona, donde los catalanes les recibieron el 8 de noviembre con entusiasmo.

En abril de 1702 Felipe V embarcó sin su esposa, a la que dejó como regente en Barcelona, en dirección a Nápoles, para negociar con el papa Clemente XI el apoyo a su causa y atraerse a la aristocracia napolitana. María Luisa marchó a Zaragoza, donde también se convocaron Cortes, y luego se trasladó a Madrid.

En esos años, la mayoría de los catalanes eran leales súbditos de Felipe V, pero el archiduque Carlos y sus aliados planeaban atacar Barcelona y ocuparla. Contaban con el último virrey de Cataluña nombrado por Carlos II, Jorge de Hessen-Darmstadt, que había llegado en 1695 a la región, al frente de tropas imperiales para combatir a los franceses.

Los austracistas catalanes pactan con los ingleses

Un primer intento de desembarco de tropas anglo-holandesas en Barcelona, en mayo de 1704, fracasó porque ningún catalán se unió a los invasores. Entonces se realizó el primer bombardeo de Barcelona en la guerra. En su regreso a Lisboa, esa flota capturó el castillo de Gibraltar para Carlos III. Un grupo de catalanes austracistas (nobles, comerciantes y propietarios) traicionó a sus paisanos y se puso de acuerdo con enviados ingleses de la reina Ana para elaborar el Pacto de Génova, en junio de 1705.

En agosto de 1705, se intentó un nuevo desembarco, con la novedad de la presencia del archiduque; esta vez tuvo éxito. En septiembre comenzaron los bombardeos y las batallas. Hessen-Darmstadt murió en un asalto al fuerte de Montjuich, y el 9 de octubre el virrey Francisco Fernández de Velasco rindió la plaza de Barcelona con la autorización de la Generalidad y el Ayuntamiento.

En uno de los folletos que se imprimieron en Barcelona como parte del cambio de bando, aparecía esta copla:

Carlos Tercero es rey Verdadero

de toda España, que empieza a Reinar

en Cataluña

y España empuña,

contra los Gallos [los franceses], que quieren cantar

El archiduque Carlos celebró Cortes entre el 5 de diciembre de 1705 y el 31 de marzo de 1706, y en ellas aceptó los límites al poder real negociados por los anteriores procuradores con Felipe V: revalidó el Tribunal de Contrafacciones y aceptó que Cerdeña, Sicilia y Nápoles, que en 1556 la Corona había separado del reino de Aragón para formar el Consejo de Italia, regresasen a la jurisdicción de aquél. A cambio, las Cortes le juraron como rey de España. Un juramento que sucedía a otro emitido en 1701 a favor de Felipe V, pero sin tropas de ocupación.

Dos bodas reales en Cataluña

Barcelona se convirtió en la capital de la España carolina, hasta el punto de que acogió la boda del archiduque. El 1 de agosto de 1708, el Habsburgo contrajo matrimonio en la basílica de Santa María del Mar con la princesa alemana Isabel Cristina de Brunswick-Wolfenbüttel. De esta manera, en Cataluña se celebraron las bodas de ambos pretendientes.

Cuando Carlos III se marchó de Barcelona para recibir la corona imperial como Carlos VI dejó como regente de su menguante reino español a su esposa. En las negociaciones de la paz en Utrecht, las autoridades catalanas quisieron estar presentes para salvarse de las esperables represalias por su traición. Sorprende la ingenuidad de las elites catalanes: pedir amparo a los ingleses, los mismos que se habían apoderado de Menorca y Gibraltar vulnerando los pactos de la Gran Alianza y vejaban a sus habitantes, también españoles.

El 19 de marzo de 1713, la reina Isabel Cristina, ascendida a emperatriz, zarpó de Barcelona. El último sitio de Barcelona por los borbónicos, mandados por el duque de Berwick, se desarrolló entre julio de 1713 y el 11 de septiembre de 1714.

El último bando, firmado por el conseller en cap Rafael Casanova y el comandante supremo militar general Antonio de Villarroel el 11 de septiembre, contenía esta frase, que demuestra que los catalanes austracistas no combatían por la independencia nacional, sino por un rey de España.

"Todos como verdaderos hijos de la Patria, amantes de la libertad, acudirán a los lugares señalados, a fin de derramar gloriosamente su sangre y su vida por su Rey, por su honor, por la Patria y por la libertad de toda España".

No acudieron los voluntarios que pedían ambas autoridades para seguir resistiendo y éstas rindieron la plaza.

Los catalanes que vivieron esa guerra pronto se olvidaron de ella. Rafael Casanova recibió un indulto, regresó a Cataluña y volvió a ejercer la profesión de abogado; murió en paz en 1743. El principal perjudicado fue Antonio de Villarroel y Peláez, militar de padre gallego y madre asturiana, que comenzó la guerra como partidario de Felipe V y la concluyó al servicio del archiduque y de los Tres Comunes de Cataluña. Fue jefe del Ejército de Cataluña y de la plaza de Barcelona durante el sitio. El rey al que había jurado lealtad y luego traicionado le hizo encarcelar primero en Alicante y luego en La Coruña, donde murió en 1725 abandonado por los catalanes a los que había defendido.

Cuando en octubre de 1759 Carlos III, hijo de Felipe V, desembarcó en Barcelona proveniente de Nápoles, fue aclamado en las calles con el siguiente grito:

¡Viva Carlos tercero, el verdadero!

La creencia de que la guerra de Sucesión fue una desgracia para Cataluña y que los catalanes combatían por una Cataluña confederada es una manipulación elaborada a finales del siglo XIX.

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Los catalanes juraron por rey a Felipe V

2012-09-09

La mitología catalanista sobre la Guerra de Sucesión olvida que las Cortes catalanas de 1701 juraron por rey de España a Felipe V, de quien obtuvieron nuevos privilegios, y que el primer desembarco de los aliados del archiduque Carlos fue un fracaso.

La designación por Carlos II del duque de Anjou como su sucesor (sin intervención de las Cortes de los reinos de España), que ocurrió en el día de Todos los Santos de 1700, y la proclamación de éste como rey se produjeron en absoluta paz. Fueron los acontecimientos posteriores los que condujeron al estallido de la Guerra de Sucesión, que comenzó en el verano de 1701 en Italia.

El Duque de Anjou, que fue presentado en Versalles por su abuelo, Luis XIV de Francia, como Felipe V de España, entró en su nueva patria por Irún en enero de 1701 y en Madrid el 18 de febrero. En mayo le juraron las Cortes de Castilla en el Monasterio de los Jerónimos.

Entre los asuntos de los que tenía que ocuparse estaban su matrimonio y el halago a los catalanes, muy hostiles a los franceses debido a dos invasiones en el siglo XVII, en la guerra hispano-francesa de 1635-1659 y en la guerra de los Nueve Años (1688-1697). La princesa escogida fue María Luisa Gabriela de Saboya, de poco más de doce años de edad, cuando su marido tenía diecisiete. Se decidió que la niña llegase a España por el puerto de Barcelona, y allí se encaminó la corte, que salió de Madrid en septiembre.

Nuevos privilegios para los catalanes

El historiador catalán Pedro Voltes escribe en su biografía de Felipe V que en las poblaciones catalanas que atravesaba el Rey recibía continuos agasajos, "más copiosos que en otros reinos, porque las poblaciones eran más numerosas y ricas".

Al poco de llegar se abrieron Cortes, que se prolongaron hasta el 14 de enero de 1702. Felipe V juró las Constituciones catalanas en el salón del Tinell el 14 de octubre de 1701, con lo que, según las leyes y costumbres, los catalanes le aceptaban como su soberano.

En esas Cortes, Felipe V concedió nuevos privilegios, que provenían de la voluntad real y del positivismo jurídico, no de la tradición inmemorial. Por ejemplo, se estableció un Tribunal de Contrafacciones, en el que se enjuiciarían las decisiones reales antes de aplicarlas en Cataluña.

El marqués de San Felipe, cronista del reinado del primer Borbón, escribió:

Por tantas gracias y mercedes que se concedieron se ensoberbeció el aleve genio de los catalanes.

Y el ministro Melchor de Macanaz añadió:

Lograron los catalanes cuanto deseaban, pues ni a ellos les quedó que pedir ni al rey cosa especial que darles, y así vinieron a quedarse más independientes del Rey que el Parlamento de Inglaterra.

En abril de 1702 Felipe V embarcó sin su esposa en dirección a Nápoles, para negociar con el papa Clemente XI el apoyo a su causa y atraerse a la aristocracia napolitana.

Las causas de la Guerra de Sucesión –para muchos historiadores y militares la primera guerra mundial de la historia– son muy variadas, y por supuesto en Cataluña no se reducen a la defensa de un sentimiento nacional independentista. En Cataluña había francofobia generada en el siglo XVII, miedo a la penetración del mercado textil francés en España –en su perjuicio–, deseo de impedir que la corte de Madrid participase en el gobierno de la región, lealtad a las leyes tradicionales y preocupación ante los cambios que introduciría el nuevo monarca.

El primer bombardeo de Barcelona, hecho por ingleses

El archiduque Carlos contó en su favor con el último virrey de Cataluña nombrado por Carlos II, Jorge de Hessen-Darmstadt, que había llegado en 1695 a la región, al frente de tropas imperiales, para combatir a los franceses; con la labor de agentes ingleses y holandeses que agitaban los pueblos con rumores y con la torpeza del virrey borbónico Francisco de Velasco, que ya había ocupado ese puesto bajo Carlos II por poco más de un año.

Pese a lo anterior, un primer intento de desembarco de tropas anglo-holandesas en Barcelona, en mayo de 1704, fracasa porque ningún catalán se unió a los invasores. En esas fechas se realizó el primer bombardeo de Barcelona en la guerra. En su regreso a Lisboa, esa flota atacó y capturó el castillo de Gibraltar.

Al año siguiente, en agosto de 1705, se intentó un nuevo desembarco, con la novedad de la presencia del archiduque Carlos; esta vez se tuvo éxito. En septiembre comenzaron los bombardeos y las batallas. Hessen-Darmstadt murió en un asalto al fuerte de Montjuich, y el 9 de octubre el virrey Velasco rindió la plaza de Barcelona con la autorización de la Generalidad y el Ayuntamiento.

Dos juramentos distintos en tres años

Con el pretendiente en Barcelona, rodeado de bayonetas, cañones y velas inglesas, las elites catalanas pasaron de declararse felipistas a ser austracistas.

El archiduque Carlos celebró Cortes entre el 5 de diciembre de 1705 y el 31 de marzo de 1706, y en ellas aceptó los límites al poder real impuestos por los anteriores procuradores a Felipe V: revalidó el Tribunal de Contrafacciones y aceptó que Cerdeña, Sicilia y Nápoles, que en 1556 la Corona había separado del reino de Aragón para formar el Consejo de Italia, regresasen a la jurisdicción de aquél. A cambio, las Cortes le juraron como rey de España. Un juramento que sucedía a otro emitido en 1702, pero sin tropas de ocupación.

Durante el sitio de Barcelona por el ejército borbónico en 1706, otras Cortes invalidaron los acuerdos de las primeras del siglo XVIII. Cabe comprender la reacción de Felipe V cuando concluyó la guerra, y los ingleses y el archiduque Carlos se desentendieron de los catalanes austracistas.

Otro de los aspectos ocultados por el catalanismo es que numerosos catalanes fueron leales a Felipe V, y no sólo personas individuales, sino ciudades enteras. Javier Barraycoa, autor de Historias ocultadas del nacionalismo catalán, explica que Cervera fue felipista y sus rivales, Anglesola, Guisona y Agramunt, fueron austracistas hasta el punto de conspirar para que Carlos III no le concediera el título de ciudad. Fraga fue felipista contra Lérida y Monzón. Berga y Mora del Ebro, rivales en casi todo, lo fueron también en la guerra: la primera se proclamó a favor de Felipe V y la segunda del archiduque. Como pasó en el resto de España: una guerra civil por la persona del soberano.

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HISTORIA DE CATALUNYA (El gran fraude)

25 divendres gen 2008

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Traducción castellana del Bando que Rafael Casanova y Antoni Villarroel mandaron pregonar por todas las calles de Barcelona el 11 de Septiembre de 1714:

«Se hace saber a todos generalmente, de parte de los tres Excelentísimos Comunes, considerando el parecer de los Señores de la Junta de Gobierno, personas asociadas, nobles, ciudadanos y oficiales de guerra, que separadamente están impidiendo que los enemigos se internen en la ciudad; atendiendo que la deplorable infelicidad de esta ciudad, en la que hoy reside la libertad de todo el Principado y de toda España, está expuesta al último extremo de someterse a una entera esclavitud. Notifican, amonestan y exhortan, representando así a los padres de la Patria que se afligen de la desgracia irreparable que amenaza el favor e injusto encono de las armas franco-españolas, haciendo seria reflexión del estado en que los enemigos del Rey N.S., de nuestra libertad y Patria, están apostados ocupando todas las brechas, cortaduras, baluartes del Portal Nou, Sta. Clara, Llevant y Sta. Eulalia.

Se hace saber, que si luego, inmediatamente de oído el presente pregón, todos los naturales, habitantes y demás gentes hábiles para el ejercicio de las armas no se presentan en las plazas de Junqueras, Born y Plaza de Palacio, a fin de que unidos con todos los Señores que representan los Comunes, se pueda rechazar los enemigos, haciendo el último esfuerzo, esperando que Dios misericordioso, mejorará la suerte.

Se hace también saber, que siendo la esclavitud cierta y forzosa, en obligación de sus cargos, explican, declaran y protestan los presentes, y dan testimonio a las generaciones venideras, de que han ejecutado las últimas exhortaciones y esfuerzos, quejándose de todos los males, ruinas y desolaciones que sobrevengan a nuestra común y afligida Patria, y extermine todos los honores y privilegios, quedando esclavos con los demás españoles engañados y todos en esclavitud del dominio francés; pero así y todo se confía, que todos como verdaderos hijos de la Patria, amantes de la libertad, acudirán a los lugares señalados, a fin de derramar gloriosamente su sangre y su vida por su Rey, por su honor, por la Patria y por la libertad de toda España

Y finalmente dicen y hacen saber, que si después de una hora de publicado el pregón, no comparezca gente suficiente para ejecutar la ideada empresa, es forzoso, preciso y necesario llamar y pedir capitulación a los enemigos, antes de llegar la noche, para no exponer a la más lamentable ruina de la Ciudad, para no exponerla a un saqueo general que profane los Santos Templos, y al sacrificio de niños, mujeres y a los religiosos. Y para que a todos sea generalmente notorio, que con voz alta, clara e inteligible sea publicado por todas las calles de la presente ciudad.

Dado en la casa de la Excelentísima Ciudad, residiendo en el Portal de S. Antonio, presentes los mencionados Excelentísimos Señores y personas asociadas, a 11 de Septiembre, a las 3 de la tarde, de 1714».

Fuentes: Publicado en el libro Los Fueros de Cataluña de José Coroleu y José Pella Forgas, abogados del ilustre Colegio de Barcelona, editado en Barcelona en 1878; el Bando, auténtico y completo, vio la luz en el 2º Tomo de la Historia del memorable sitio de Barcelona, de Ed. Bruguera.

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La causa de la guerra: "Ya no hay Pirineos"

LD 2013-08-16

Para marcar la nueva época que se iniciaba en Europa, se usan las célebres frases: "Qué alegría. Ya no hay Pirineos. Se han hundido y nosotros formamos una sola nación". Su autoría no está clara. Según el diplomático Miguel Ángel Ochoa, la pudo pronunciar en el acto de acatamiento al nuevo rey celebrado en Versalles el 16 de noviembre de 1700 uno de estos dos personajes: Luis XIV o el embajador español, el catalán Manuel de Sentmenat, marqués de Castelldosríus.

En Viena se proclamó como rey de España al archiduque Carlos, pero las demás cortes reconocieron a Felipe V. El consenso lo rompió Luis XIV cuando empezó a actuar como lo llevaba haciendo todo su reinado: avasallando los tratados y las soberanías. Obtuvo para Francia el asiento de negros en las Indias, es decir, el tráfico de esclavos, y otras concesiones comerciales; colocó guarniciones francesas en los Países Bajos españoles, amenazando a Holanda; y mantuvo los derechos del joven Felipe V (nacido en 1683) a la corona de Francia, mediante un pronunciamiento del Parlamento de París en febrero de 1701, por lo que podía ocurrir que ambos reinos se uniesen en uno.

Las hostilidades comenzaron en el verano de 1701 entre Francia y Austria en el norte de Italia, mientras el nuevo rey, que había entrado en España por Irún en enero, empezaba a jurar ante las Cortes de algunos de sus reinos, como Castilla, Aragón y Cataluña.

El 7 de septiembre de 1701, se constituyó la Gran Alianza en La Haya, formada por Inglaterra, las Provincias Unidas, el Imperio, Hannover y Prusia.

En 1702, Felipe V había marchado de Barcelona a Italia, donde combatían ejércitos franceses y austriacos, para atraerse al papa Clemente XI y a los napolitanos. El 17 de abril desembarcó en Nápoles y regresó a España en enero de 1703.

Portugal recibe al archiduque Carlos

El ducado de Saboya y Portugal se adhirieron a la Gran Alianza en 1703. Para persuadir al rey portugués Pedro II fue decisiva la labor de Juan Tomás Enríquez de Cabrera, el último almirante de Castilla, que era partidario del archiduque Carlos y había huido de España, como numerosos aristócratas y funcionarios, a Portugal. Fue la más sonada defección de la corte de Madrid y en castigo Felipe V suprimió su título.

Otro factor fue el Tratado de Methuen, que convirtió al país en un satélite económico de Inglaterra. Con Portugal como aliado, los enemigos de los Borbones disponían de una inmensa base para operar en la Península Ibérica. A Portugal se le prometió Galicia.

El almirante de Castilla aconsejó a Viena que Carlos III se trasladase a las bocas del Tajo. El 7 de marzo de 1704 llegó a Belén el príncipe Habsburgo en el velero inglés Royal Catherine, escoltado por una imponente flota anglo-holandesa. Ese año, los aliados comenzaron una ofensiva terrestre (Ciudad Rodrigo, Badajoz, Alcántara y Ayamonte) y naval en dirección este. Sólo obtuvo éxito la flota, mandada por el almirante George Rooke y el príncipe de Darmstadt, antiguo virrey de Cataluña que se había pasado al bando austracista; aunque fracasó en el desembarco en Barcelona, conquistó en agosto la plaza de Gibraltar.

Al año siguiente, otra flota zarpó de Lisboa, esta vez con el archiduque a bordo y con destino Barcelona, y en esta ocasión el desembarco y el bombardeo de la ciudad condujeron a su rendición en agosto. El archiduque se asentó en Barcelona y sublevó los reinos de Aragón, salvo Jaca y Tarazona, y Valencia.

En febrero de 1706, Felipe V encabezó un ejército desde Madrid, a la vez que su abuelo enviaba otro por La Junquera y una flota a Barcelona desde Tolón. Los aliados les derrotaron en Barcelona y ahuyentaron la flota. El joven Borbón se refugió en Pamplona.

En la frontera portuguesa, los aliados vencieron a los borbónicos y penetraron en Extremadura y Castilla la Vieja. El archiduque se dirigió desde Zaragoza a Madrid, donde entró en junio de 1706 y se hizo proclamar rey. El Te Deum lo celebró el cardenal Portocarrero, ministro de Carlos II que había trabajado a favor de la candidatura del duque de Anjou y al que luego éste había despreciado. La Gran Alianza tocaba la victoria con los dedos: controlaba Italia; había infligido una derrota descomunal al ejército francés en la batalla de Blenheim; y, en un movimiento de pinza, partiendo de Portugal y Cataluña, había colocado a su pretendiente en Madrid.

Sin embargo, Felipe V, apodado «El Animoso», no se rindió. Carlos tuvo que dejar Madrid por problemas de suministros y marchó a Valencia. En octubre Felipe regresó a su capital.

Las batallas de Almansa y Villaviciosa

El 25 de abril de 1707 se libró una de las pocas batallas decisivas de la guerra: la de Almansa, en la que el duque de Berwick venció a los aliados. Los borbónicos penetraron en el reino de Valencia y llegaron hasta Tortosa y la línea del Ebro.

En 1708 Felipe perdió Menorca, Orán y Cerdeña y su abuelo fue vencido en la batalla de Oudenarde, en Flandes, y perdió Lille y Gante. Además, el papa trasladó su reconocimiento como rey del Borbón al Habsburgo y el archiduque contrajo matrimonio en Barcelona. Luis XIV recibió una oferta de paz tan humillante, que exigía que obligase a Felipe a renunciar al trono, que él y su nieto la rechazaron.

En 1710, Felipe V lanzó una ofensiva en dirección a Cataluña, pero le derrotó el archiduque y tuvo que abandonar Madrid de nuevo por Valladolid. En septiembre volvió a entrar su rival en la capital. La situación volvía a ser desesperada, pero en diciembre Felipe y el duque de Vêndome vencieron en Brihuega y Villaviciosa. A raíz de esta última batalla, toda España, salvo Cataluña y Baleares, reconocieron a Felipe V como rey.

En 1711 y 1712, los ejércitos borbónicos tomaron las ciudades catalanas de Gerona, Solsona, Balaguer y Cardona.

Antes el trono de Viena que el de Madrid

Los años transcurrían y no se producía ninguna victoria o derrota que obligase a uno de los bandos a rendirse. La causa decisiva fue un acontecimiento dinástico, tal como era el origen la Guerra de Sucesión.

En 1705, falleció Leopoldo I y le sucedió su hijo mayor, José, que desde 1690 era Rey de Romanos, es decir, el sucesor del emperador. El nuevo monarca era el hermano mayor del archiduque Carlos. Pero en 1711 una epidemia de viruela mató no sólo al Gran Delfín Luis, primogénito de Luis XIV, sino, también a José I. Como éste sólo tenía dos hijas, el trono imperial pasó a Carlos III. Entonces, los aliados cambiaron de proyecto. Se podía repetir la unión del Imperio y de España en una sola persona, como había ocurrido en 1520 al ser coronado como emperador Carlos I de España.

A este factor, el embajador Miguel Ángel Ochoa une otros tres: el triunfo electoral de los tories en Inglaterra frente a los belicosos whigs que elevó al cargo de primer ministro a Robert Harley; las citadas victorias de Villaviciosa y Brihuega; y el fracaso de los aliados en romper la solidaridad entre los Borbones.

El archiduque no vaciló en abandonar Barcelona y marchar a Viena para reinar como el emperador Carlos VI hasta 1740. Además, rompió la promesa que le hizo a su padre y su hermano de permitir que las hijas de éste reinasen antes que las suyas, de modo que forzó la aprobación de una Pragmática Sanción en 1713 que derogaba la Ley Sálica. Sin embargo, la archiduquesa María Teresa sólo accedió al trono después de otra guerra de sucesión, en la que Felipe V se alineó en su contra junto con Francia, Prusia y Baviera.

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