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Aún falta el documento pontificio del papa Francisco, equivalente a la Humanae Vitae, sobre la Amoris Letitiae

Con la seguridad de que el Papa cuando hable como tal guardará la palabra de Dios y no renegará de su nombre

11.12.2016

Aún tiene el papa Francisco que hablar como Papa y rectificar la apariencia de que el kasperismo es su doctrina y que pretende imponerla como doctrina de la Iglesia. No sería la primera vez que el papa Francisco rectifica. Obrando sabiamente, ya en junio de 2016 el papa Francisco rectificó sobre cuántos matrimonios son nulos.

Aún tiene pendiente el papa Francisco su obligación ineludible de actuar como el beato Pablo VI, que cortó con la Humanae Vitae la apariencia de que se iba a dar por lícito en la Iglesia el uso de anticonceptivos en el matrimonio, puesto que durante años mantuvo abierta la comisión de altos eclesiásticos creada por san Juan XXIII para evaluar el uso de la píldora anovultoria, siendo así que la doctrina de la Iglesia dejaba claro, desde la época de Pío XI por lo menos, la ilicitud de todos los anticonceptivos antinaturales.

Como con la Humanae Vitae, la Iglesia y el mundo necesitan que el papa Francisco hable como Papa y rectifique la idea, en apariencia suscitada por la Amoris Letitiae, y enseñada a partir de esta apariencia por altos eclesiásticos, de que la Iglesia da por lícito que los divorciados se vuelvan a casar, que da por lícito casarse con un divorciado, que da por lícito que, pasado algún tiempo de convivir así, more uxorio, se puede recibir la confesión y la comunión sin cometer sacrilegio, sino que se recibe a Cristo; que la Iglesia da por lícito el matrimonio civil de los católicos divorciados y con divorciados, que lo equipara al matrimonio canónico y que no declara concubinato el matrimonio civil de los católicos.

De sabios es rectificar

El papa Francisco rectifica en junio de 2016 sobre cuántos matrimonios son nulos

De la misma manera, el papa Francisco debería rectificar al menos el capítulo VIII de la Amoris Laetitia (AL)

El beato Pablo VI mantuvo desde 1963 la comisión papal sobre el control de natalidad. La cambió por otra en la que dio entrada a teólogos y expertos partidarios de que la Iglesia autorizase la píldora anovulatoria, ampliamente utilizada desde 1960 e indebidamente recomendada por eclesiásticos a sus feligreses cada vez más. Pablo VI, en vez de recordar ya de una vez la doctrina de la Iglesia y condenar ya el uso de esa píldora, mantuvo todavía esa comisión y la sustituyó por otra de cardenales y obispos, manteniendo como asesores de esos dignatarios a los miembros anteriores, mientras se seguía anunciando que esa comisión era para tomar una decisión sobre la licitud de la píldora anovulatoria, cuando ya se sabía que era ilícita a la luz de la doctrina de la Iglesia.

Encima, las dos comisiones se declararon muy mayoritariamente a favor de que la Iglesia cambiase su doctrina y legitimase la utilización de la píldora; tanto la comisión de teólogos y otros expertos, como después la de cardenales y obispos. Esas cosas, (la doctrina verdadera) que Dios hacía que supiera la gente sencilla, estaban escondidas a los sabios y entendidos.

Cuando al final el Papa actuó como Papa, enseñó la doctrina católica y entonces lo hizo inspirado por el Espíritu Santo, como siempre hablan los Papas cuando enseñan como tales:

"En última instancia, el Papa se convenció de la verdad sobre las cuestiones debatidas, y también se convenció de que no tenía más alternativa que enseñar la verdad, lo que finalmente hizo".

Y finalmente publicó la Humanae vitae en 1968: «El hombre no puede hallar la verdadera felicidad más que en el respeto de las leyes grabadas por Dios en su naturaleza».

Cinco décadas después se elogia al beato Pablo VI como un héroe y se califica como profética la Humanae Vitae, pero entonces se retrasó durante cuatro o cinco años la reafirmación de la doctrina católica y se dejó pensar y que se dijera a la gente durante todos esos años que la doctrina se iba a cambiar y que se iba a autorizar por la Iglesia la píldora anovulatoria a los católicos. Esto hizo mucho mal.

Ahora se deja decir que la Iglesia permite comulgar a los divorciados vueltos a casar por lo civil. Decirlo está causando un mal inmenso.

No se deben ocultar en la historia de los santos sus pecados y defectos antes de llegar a ser santos. Así lo decía santa Bernadette. Los santos no los ocultaban. Véase lo que relataban san Pedro, el primer Papa, y san Pablo. O las Confesiones de san Agustín. No se debe seguir cultivando la hagiografía semipelagiana tan predominante y tan desprestigiada.

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Cuanto más sometido a la moral tanto mayor es el deleite del acto sexual, es decir, el de los esposos, el único que está dentro de la moral, el que se realiza dentro del amor irrevocable consagrado por el matrimonio. Así lo enseña en la Suma Teológica (S Th I, 98, 2 ad 3) santo Tomás de Aquino.

Por lo demás, pienso que de sabios es rectificar y que, por consiguiente, el Papa obraría sabiamente si realizase la indispensable rectificación al menos del capítulo VIII de AL, que un Papa realizará.
21.07.2016

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