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La síntesis de fe y vida ante todo en sí mismo

La Iglesia no concede la aprobación a ninguna organización apostólica, aunque presente como objetivos el llevar a todos a la santidad o promover la ayuda a los más necesitados del mundo entero, si no antepone a esos loables objetivos el de la vida cristiana para conseguir la santidad de los propios miembros de esa organización.

La Iglesia, para beatificar a alguien, examina ante todo la santidad personal de la persona propuesta, la heroicidad de sus virtudes, y, sobre esta base, sus acciones exteriores, que son fruto y señal de su vida personal unida a Cristo.

La tarea de todo cristiano es realizar la síntesis de la religión y de la vida en sí mismo ante todo y, consiguientemente, porque el bien es difusivo, contribuir a su realización en su prójimo, en toda la sociedad y en todos los aspectos de la vida social y política. Debe configurar su vida con Cristo prioritariamente, y, en consecuencia, pero al mismo tiempo, procurar la misma configuración con Cristo en la vida de su prójimo y en todos los aspectos de la civilización y de la cultura de su época.

Así lo explicó el papa san Juan Pablo II en el discurso del Nou Camp de Barcelona del 7.11.1982, e insistió en ello en 1988:

"Como tuve ocasión de decir en nuestro inolvidable encuentro en el Nou Camp de Barcelona, también ahora quiero alentaros a que evitéis el espejismo en que se puede caer cuando se quiere cambiar la sociedad "cambiando sólo las estructuras externas o buscando únicamente la satisfacción de las necesidades materiales del hombre". Por el contrario, es necesario "empezar por cambiarse a sí mismo; por renovarse moralmente; por destruir las raíces del egoísmo y del pecado que anida en cada corazón" (Discurso del 7.11.1982, n. 5). Fruto de este cambio interior debe ser la solidaridad que hemos de realizar a través de acciones concretas en favor de los pobres y marginados que tenemos a nuestro alrededor".
(San Juan Pablo II: Discurso a los fieles de las diócesis catalanas, peregrinos en Roma para conmemorar el milenio de Cataluña, el 5.12.1988, n. 2. L'Oss. 11.12.1988).

No debe haber contradicción entre fe y vida personal de los creyentes, si no, no reaccionarán ante la degradación social:

"Cuando la fe no está suficientemente alimentada de la palabra de Dios, cuando existe contradicción entre lo que se cree y lo que se vive, los creyentes pierden la capacidad de influir en la sociedad. Se pierde, entonces, el valor necesario para reaccionar ante la degradación que daña el tejido civil, social y moral.
(San Juan Pablo II: Homilía en Nola el 23.05.1992. L'Oss. 12.06.1992).

La nueva síntesis personal y social

"Este clima cultural afecta no solamente a los no creyentes, sino también a los cristianos, que experimentan en su propio ser la división amenazadora entre su corazón y su mentalidad de creyentes y el pensamiento, las estructuras y las presiones de una sociedad basada en el agnosticismo y la indiferencia. Frente a este neopaganismo, la Iglesia en España ha de responder con un testimonio renovado y un decidido esfuerzo evangelizador que sepa crear una nueva síntesis cultural capaz de transformar con la fuerza del Evangelio «los criterios de juicio, los valores determinantes, los puntos de interés, las líneas de pensamiento, las fuentes inspiradoras y los modelos de vida de la humanidad» (Evangelii nuntiandi, 19)".
(San Juan Pablo II: Discurso a los obispos de las provincias eclesiásticas de Valencia y Valladolid en visita ad limina, el 23.09.1991; L'Oss. 27.09.1991).