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Orígenes de la devoción al Corazón de Jesús en España

José Manuel Zubicoa

Cristiandad, Barcelona, núms 508-509, junio-julio de 1973 (p. 164 - 167)


Bernardo de Hoyos ante el Sagrado Corazón

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La devoción al Sagrado Corazón de Jesús estaba guardada por Dios para los últimos tiempos. La Providencia tenía dispuesto que el Sagrado Corazón, el amor entrañable de Nuestro Señor Jesucristo a los hombres, se manifestara a todos al final. Algunas almas ya habían sido escogidas particularmente para participar del trato íntimo con Nuestro Señor en su Corazón, empezando por san Juan Evangelista; son conocidos los casos de Santa Gertrudis, san Juan Eudes y san Francisco de Sales; hay muchísimos otros

Pero lo que distingue las revelaciones del Sagrado Corazón a Santa Margarita María Alacoque -esteaño se cumplen 300 de su primera revelación- es el encargo de que se promoviera públicamente en la Iglesia esta devoción. Nuestro Señor quiere mostrar ya su Corazón a todos los hombres y fueron los jesuitas los escogidos por Nuestro Señor para extender esta devoción.

Al comienzo del siglo XVIII ocupa el trono español la dinastía borbónica. Felipe V, francés, mantenía correspondencia con el P. Gallifet, jesuita francés promotor de esta devoción. El confesor del rey era el también jesuita Guillermo Clarke. El P. Gallifet busca el apoyo diplomático de los monarcas para conseguir de la Santa Sede Oficio y Misa propios del Sagrado Corazón; en este sentido escribe a Felipe V en diciembre de 1725. Para extender esta devoción el P. Gallifet escribe además la obra titulada De cultu sacrosancti Cordis Dei Iesu y consigue que Felipe V costee la primera edición (1726). El P. Gallifet vuelve a insistir ante el monarca y su confesor, y, en marzo de 1727, Felipe V escribe al Papa Benedicto XIII solicitando Misa y Oficio propio del Sagrado Corazón para sus reinos; pero esta carta no llegó jamás a manos del Pontífice...

Los apóstoles del Sagrado Corazón en España

Nuestro Señor escogió también en España apóstoles de la devoción a su Sagrado Corazón. El primero de ellos fue el P. Agustín de Cardaveraz, S. I. Había nacido en Hernani (Guipúzcoa) el 28 de diciembre de 1703; el 20 de agosto de 1721 fue recibido en el noviciado de Villagarcía de la Compañía de Jesús;

sus Directores fueron los Padres Loyola y Calatayud. Durante el curso 1726-1727, en su primer año de teología en el colegio San Ambrosio de Valladolid, lee el libro del P. Gallifet y se convierte a esta devoción. Recibe muchas inteligencias y favores del Sagrado Corazón, que le eleva a los más altos grados de la mística: el 11 de septiembre de 1729 Jesús le introduce en su Corazón y, 18 días después celebra los desposorios místicos con Nuestro Señor y desde entonces se apellida "de Jesús". Se trata de un gran místico español del siglo XVIII, hoy casi completamente desconocido. Se dedicó a las misiones populares y fue, por tanto un hombre de acción apostólica centrado en la extensión del culto al Sagrado Corazón; él pronunció el primer sermón acerca de esta devoción en España, el 11 de junio de 1733, víspera del día del Sagrado Corazón, en Bilbao.

Otro místico no tan absolutamente desconocido fue el P. Bernardo Francisco de Hoyos, S. I., nacido en Torrelobatón (Palencia) el 21 de agosto de 1711; el 11 de julio de 1726 entró en la Compañía, también en el noviciado de Villagarcía de Campos. También fue elevado a los más altos grados de la mística: el 15 de agosto de 1730, Nuestro Señor celebró con él los desposorios místicos. La devoción al Sagrado Corazón la conoció por medio del P. Cardaveraz, que le hizo leer la obra del P. Gallifet. Al conocerla se ofrece al Sagrado Corazón para cooperar en lo que pueda a la extensión de su culto (3 de mayo de 1733); en los días siguientes, Nuestro Señor le elige para extender por su medio esta devoción. El 14 de mayo del mismo año, fiesta de la Ascensión, durante una visión del Sagrado Corazón pide a la Santísima Trinidad la fiesta del Sagrado Corazón en especial para España y recibe de Nuestro Señor la gran promesa: "Reinaré en España, con más veneración que en otras muchas partes". El día del Corpus del mismo año (4 de junio), se le da a entender que la solemnidad del Sagrado Corazón llegará a ser en la Iglesia la más célebre o venerable después de la del Corpus (lo mismo se le da a entender el 23 de junio de 1734, víspera del Corpus). Se consagra al Sagrado Corazón con la fórmula de san Claudio de la Colombière y tiene unos coloquios con san Pedro en los que éste le asegura que uno de sus sucesores establecería la fiesta del Sagrado Corazón en la Iglesia universal (esto se cumplió en tiempos del beato Pío IX). El día de san Ignacio de 1733 el Santo fundador le dice que la Providencia dispuso que fuera la Compañía la promotora del culto al Sagrado Corazón y que por medio de los jesuitas se conseguiría la implantación de la fiesta; que san Ignacio y san Francisco de Sales estaban encargados de este apostolado por medio de sus hijos e hijas; que el Señor le escogía aél (Hoyos) como instrumento mediato con sus Directores (los padres Calatayud y Loyola).

Sus trabajoa apostólicos

En agosto de 1733 recluta colaboradores y les invita a consagrarse con la fórmula de san Claudio. Sus primeras empresas fueron las misiones populares del P. Calatayud, en las que exhorta a esta devoción, y una obra de divulgación escrita por el Hermano Escolar Juan Lorenzo Jiménez, condiscípulo de Bernardo. Otros medios que emplearon enseguida fueron, por una parte interesar a los prelados para que intercedieran ante el Papa para la concesión de la Misa y Oficio del Sagrado Corazón. Muchos se asociaron a la propagación del culto, a la cabeza de todos, el cardenal Belluga, entonces en Roma, que siempre fue protector de este apostolado. Por otra parte interesar al rey: el P.Loyola era entonces Rector del colegio de Segovia y visitaba en La Granja al confesor real, el P. Clarke, al que habló del asunto para que lo recomendara a FelipeV. Además, el P. Loyola tradujo el libro del P. Gallifet, que se publicó corregido y aumentado por el P. Hoyos en 1734 en Valladolid, con el título de Tesoro Escondido. El P. Calatayud daba por esta época misiones populares por el reino de Murcia, y, en octubre de 1733, funda en Lorca la primera Congregación del Sagrado Corazón que hubo en España. El Ayuntamiento de aquella ciudad la tomó bajosu protección y escribió al Cardenal Belluga para que alcanzase del Papa indulgencias, que fueron concedidas. Por la misma época, septiembre-noviembre de 1733, el P. Cardaveraz recorría los pueblos de Vizcaya dando misiones.

Durante el año siguiente, 1734, se dedican a difundir ejemplares del Tesoro escondido. El arzobispo de Burgos, Mons. Don Manuel de Samaniego y Jaca, (que antes había sido Arzobispo de Tarragona) colabora en esta empresa mandando ejemplares a todos los obispos españoles y pidiéndoles que escribieran al Papa solicitando la fiesta del Sagrado Corazón para España. Todos ellos lo hacen, y el arzobispo envía al cardenal Belluga todas estas cartas para que las hiciera llegar al Papa.

También mandan ejemplares de este libro a muchos misioneros de la Compañía, a religiosos de otras órdenes y congregaciones y a muchos sacerdotes seculares. Así se propagó la devoción al Sagrado Corazón por la provincia jesuítica de Castilla, por España y por las Indias españolas.

El P.Hoyos, que se había ordenado de sacerdote el 2 de enero de 1735 con dispensa de edad pontificia, hizo traer de Roma estampas del Sagrado Corazón y las hizo llegar a los príncipes (el futuro Fernando VI y su esposa Bárbara de Braganza); a continuación se dedicaron a distribuir por correo muchos millares de ejemplares. Otros medios que emplearon para extender la devoción al Sagrado Corazón fueron la fundación de Congregaciones por los misioneros (Calatayud, Cardaveraz...): se fundaron centenares de Congregaciones del Sagrado Corazón en pueblos y ciudades. Además el P. Loyola, a petición del P. Hoyos compuso una novena al Sagrado Corazón que, corregida por los Padres Calatayud, Cardaveraz y Hoyos se imprimió en Salamanca y se envió a los obispos, a la corte, a los misioneros, etc.

El día del Sagrado Corazón de 1735 finalizó la primera novena pública al Sagrado Corazón que se celebró en España; tuvo lugar en el Colegio San Ambrosio de Valladolid, aprobada por el obispo a instancias del P. Hoyos, ante una imagen del Sagrado Corazón.

Este mismo año se publicó la segunda edición del Tesoro escondido en Barcelona a expensas del arzobispo de Tarragona, D.. Pedro de Copóns y Copóns. El dominico Fray José García de Zalla publicó en Zaragoza el Compendio de la verdadera devoción al Sagrado Corazón: una prueba más de que si fueron los jesuitas los promotores por elección de esta devoción, no lo fueron en exclusiva, sino que por su medio se suscitaron apóstoles entre los religiosos de las otras órdenes y entre los sacerdotes seculares.

El 29 de noviembre de 1735 muere el P. Bernardo de Hoyos y el P. Cardaveraz es puesto al frente por el Sagrado Corazón. Hizo comenzar a traducir al P. Loyola la biografía de Santa Margarita María A1acoque escrita por Mons. Languet; esta traducción se publicó en Salamanca en 1738, al mismo tiempo que aparecía en Pamplona otra traducción de la misma obra realizada por José Antonio de Guirior. El P. Loyola empieza a escribir también la Vida del P. Hoyos por encargo del P. Miranda.

El 8 de junio de 1736 se funda la primera Congregación del Sagrado Corazón en Cataluña, en el colegio de los jesuitas de la Seo de Urgel por el obispo Simeón de Guinda. Como hemos visto ya trabajaba en este apostolado el arzobispo de Tarragona D..Pedro de Copóns al que secundaban los Obispos de Lérida, Vich, Gerona y Tortosa. También en Madrid se fundó una Congregación del Sagrado Corazón (26 de setiembre de 1736) de la que fueron congregantes los reyes, príncipes, infantes y miembros de la nobleza.

El P. Cardaveraz seguía dedicado a las misiones por Vizcaya y Guipúzcoa propagando la devoción al Sagrado Corazón. La primera Congregación del Sagrado Corazón de Vascongadas se había fundado en Elorrio el 29 de mayo de 1727.

El P. Calatayud en 14 meses de misión en Asturias fundó 102 Congregaciones. En Andalucía promovieron el culto los misioneros Padres Pedro de Salazar y Francisco de Oviedo, jesuitas. En todas partes colaboraban muchos sacerdotes y religiosos como los Mercedarios Francisco Miguel de Echevert y Francisco García (de Huesca).

En 1738 tiene lugar el II Concilio de Tarragona que a propuesta del arzobispo Pedro de Copóns pide para España al Papa Clemente XII la concesión de la misa y oficio del Sagrado Corazón. El III Concilio de Tarragona (1745) repite al Papa Benedicto XIV las preces en el mismo sentido. Dos años después tiene lugar la petición de Fernando VI, que siguió a las de Felipe V (1727, que no llegó a manos del Papa, y 1735 a instancias del cardenal Belluga), María Beatriz Leonor de Este, reina de Inglaterra, segunda esposa de Jacobo II, destronada y exiliada en Francia (1697), Augusto II de Polonia (1726) y María Leczinsca, reina de Francia, esposa de Luis XV (1740) y precedió a las de Augusto I y Estanislao I de Polonia (1762 y 1763) y a la de María I de Portugal (1778).

El P. Cardaveraz se retiró a Loyola en 1755 después de veinte años de misionar por toda Guipúzcoa, gran parte de Vizcaya y muchos pueblos de Navarra y Alava. El 3 de abril de 1767 fue expulsado de España con todos los jesuitas. Murió en Castel San Giovanni (Italia) el 18 de octubre de 1770.

El Despotosmo Ilustrado, enemigo del Sagrado Corazón

Benedicto XIV se había opuesto personalmente, cuando era promotor de la fe, a las peticiones de Felipe V y del II Concilio de Tarragona, y se opuso también a las de Fernando VI y del III Concilio de Tarragona. En 1758 le sucede Clemente XIII partidario personal de extender el culto, pues había sido uno de los fundadores de la Archicofradía del Sagrado Corazón de Roma. La mayoría de los obispos españoles enviaron sus solcitudes entre 1763 y 1764. En 1765 se presenta ante la Sagrada Congregación de Ritos el memorial del abogado Alegiani pidiendo para Polonia y España en cuanto reinos la fiesta del Sagrado Corazón; acompañan al memorial 23 cartas de arzobispos, obispos y cabildos españoles. Pero la Congregación de Ritos sólo admite como peticionarios a los obispos de Polonia y a los archicofrades de Roma, no al reino ni a los obispos de España.

El motivo se nos revela en una carta de Manuel de Roda, Ministro de Carlos III ante el Papa, al marqués de Grimaldi, Secretario español de Estado: en ella relata cómo ha presionado al Prefecto de la Congregación de Ritos para que ignorase la petición española debido a que el Rey Carlos III no había autorizado, ni "protegido" las súplicas de "muchedumbre de obispos y cabildos de las catedrales". Los jesuitas fuera del poder (habían perdido el puesto clave de confesor real, uno de cuyos detentadores, el famoso P. Francisco de Rábago, S. I., había sido, por cierto, Rector del Colegio de San Ambrosio de Valladolid y tenido por súbdito al P. Hoyos) y próximos a la expulsión, veían sus empresas perseguidas en bloque: el Gobierno de Carlos III, "gente incrédula y vendida", según el P.Uriarte, colocaba y combatía en una misma línea la devoción al Sagrado Corazón con el probabilismo, el molinismo y otras cosas que defendían los jesuitas (y con otras que se les acusaba de defender, como la teoría del regicidio). En un informe de Fray Joaquín de Eleta, confesor de Carlos III, dirigido al marqués de Grimaldi y fechado el 22 de febrero de 1765, se acusa de "traición" a los jesuitas por haber promovido ante Clemente XIII la petición para el Reino de España de la fiesta del Sagrado Corazón. En una comunicación de Grimaldi a Roda (ya Secretario de Gracia y Justicia) con fecha 9 de septiembre de 1765, se le ordena de parte del rey que reprenda y advierta a los obispos y cabildos peticionarios y que se les escriba mandándoles no hacer súplica alguna a la Santa Sede sin especial licencia real.

Lo cierto es que la devoción al Sagrado Corazón es lo más contrario al racionalismo político de la Ilustración, que se comenzó a implantar en España en el siglo XVIII y se desarrolló en el liberalismo del XIX y en el neoliberalismo del xx; mientras que la devoción al Sagrado Corazón, llevada a sus últimas consecuencias, desemboca en la proclamación de la Realeza social de Nuestro Señor Jesucristo, en el reconocimiento de que no puede haber paz más que reinando el Sagrado Corazón de Jesús en la sociedad.

Desterrados los jesuitas, no quedó por el Gobierno que no se destronara juntamente al Sagrado Corazón de Jesús del corazón de los españoles.

En tiempos de Carlos IV siguió el mismo estado de cosas y aún se agravó en lo que nos afecta: un Decreto de la Inquisición de Corte de 10 de junio de 1770 prohíbe el libro titulado Compendio de la verdadera devoción al Sagrado Corazón (se trata de la obra del dominico P. Zalla) "por tener proposiciones temerarias y malsonantes, y por introducir en la Iglesia un culto nuevo, con un espíritu de devoción capaz de seducir a los ignorantes e inducirlos a error". Al mismo tiempo se prohibía un folleto impreso en Barcelona, titulado "Novena y Corona del Corazón de Jesús Sacramentado". Las cartas Teológico-apologéticas del exjesuita J uan Manuel de Zepeda fueron también "archivadas" por la censura en 1789 por versar "acerca de la devoción del Corazón de Jesús contra el actual obispo de Pistoya" (Scipion Ricci) y por decir que los de Port Royal son peores que los francmasones y los libertinos.

Por fin, en tiempos de FernandoVII y mediante su solicitud, Pío VII concedió para los reinos de España el Oficio y Misa del Sagrado Corazón (7de diciembre de 1815). El 29 de mayo anterior, Fernando VII había revocado la pragmática sanción de Carlos III de 2 de abril de 1767 y todas las leyes y órdenes subsiguientes, readmitiendo así a la Compañía de Jesús, recién restablecida por el mismo Pío VII, en sus dominios.

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REVELACIONES DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS AL P. AGUSTIN DE CARDAVERAZ, S. I.

"En las comuniones y en la oración me decía y dice Su Majestad muy regaladas palabras... :

"Unas veces me decía:

«Hijo mío, no temas»;

"otras, me dice o me muestra la gran pena que aflige a aquel su divino Corazón porque no le dan lugar los hombres para que les comunique sus dones...;

"otras veces me da a entender:

«Quiero que veas mi divino Corazón»;

"y luego abre aquel benignísimo Corazón, lleno de inmensas misericordias y yo quedo abrasado de amor y de dolor, entendiendo sus beneficios y nuestros pecados (agosto de 1727).

** *

"Y de ahí a poco, como con ademán de quien llama, me hizo Su Majestad mirar a Sí, y, estando deleitándome con su hermosura inefable vi que con sus divinas y poderosas manos abría su divino pecho y llaga del costado, hasta descubrirse claramente su divino Corazón, volcán de amor infinito y relicario riquísimo de la Trinidad Beatísima y habiéndose también abierto aquel sagrario de la divinidad el benignísimo Jesús me dijo, con muestras de inefables caricias, que entrase a descansar en Él:

«Hijo, entra en este mi Corazón, y descansarás en él a tu gusto».

"Yo estaba suspenso, y Su Majestad me metió luego con sus manos en aquel amorosísimo centro de eternas delicias" (11 de septiembre de 1729).

* **

"Las formas en que se me ha representado, han sido: unas veces la vista de un Corazón proporcionado a su sagrado Cuerpo en la estatura en que le estoy viendo, pero al descubrírmelo me daba un conocimiento altísimo y luz para entender cómo aquel Corazón era trono singularmente propio y como asiento consagrado de su divinidad.Varias veces le he visto echar, como propiamente un volcán divino, llamaradas de sagrado fuego que subían y se extendían por todo, como a impulsos o movimiento de un corazón de una persona viviente que naturalmente respira.

"Otras veces, ha sido mostrándome su Santísimo Corazón, todo lleno de congojas y angustias mortales, como cercado, metido y anegado en un mar de penas y amarguras, diciéndome al mismo tiempo de presente las estrechuras y agonías en que en otro tiempo se vio Su Majestad... también está Su Majestad mal satisfecho y muy quejoso de muchas almas religiosas y de no pocos de los nuestros, por una especie de indiferencia,i nacción y tibieza en orden a dar este modo de alivio y gusto a su Santísimo Corazón, procurando de todos modos, siendo los medios de nuestro santo instituto tan conformes a sus divinos designios para que su amor sea conocido y, del modo posible a nuestra facilidad, agradecido.

"Otras veces, más manifiestamente me ha mostrado ansias amorosas, mostrándome su divino Corazón como consumido y exhausto con la sed ardentísima correspondiente a su amor, y con unas ansias que le oprimen de muerte por comunicarse más y más a nuestros corazones; y de esta sed que no se puede saciar sino con el reconocimiento agradecido y amor posible de los nuestros y de ver la sequedad y dureza insensible más que de piedras de parte de los hombres, le resultan aquellas penas y congojas que forman un mar amargo y triste de sus crueles tormentos. Da voces su Corazón afligidísimo, como gime entre los deseos, amor y dolor; pero no son oídas estas voces, gemidos y suspiros de los oídos encantados de los mundanos. Pero, ni por eso se entibia su amor un punto, antes parece que crece más, o a lo menos, más se muestra hacia fuera. Otras veces he experimentado otro favor semejante, porque, abriéndome aquel tesoro y relicario de la divinidad, me lo ha mostrado como un golfo dilatadísimo y sin término o como un remedo de la gloria, dándome a conocer que aquel Corazón divino es el centro de todas nuestras delicias y el trono del descanso de los nuestros...

"Otras veces se me ha mostrado en forma de majestuosísimo Señor y Rey supremo de la gloria al modo que, cuando humanado por nuestro amor andaba acá en la tierra: y, dándome con un golpe de luz repentina y clarísima en los ojos del alma, me ha mos trado una severidad incomparable, como de quien justamente está airado y enojado contra los mortales...

"Me da clara noticia, y algunas veces me ha dado a entender al modo que acá, cuando un confidente comunica con otro sus secretos, que, si no fuera porque el mismo amor de este su divino Corazón le ha contenido y contiene, hubiera ejecutado grandes castigos en el mundo, según el rigor de su divina justicia. Veo lo que este soberano Señor de la Majestad me dice: que, aunque envía sobre los mortales algunas temporadas, con especialidad, algunas calamidades y miseria, efectos de su suave yamorosa providencia, pero todo esto es a fin de que los miserables que gimen debajo de su peso, abran los ojos y se conviertan a Su Majestad. Su Corazón todo amoroso no le sufre castigar con mano más pesada, como merecían, a los mismos: que, como amorosa madre, los ama tanto que los trae enmedio de su Corazón, después que le costaron tantos dolores, penas y agonías...

"... Esto es lo que me enseña mi amor Jesús; esto es lo que dice este amor hermoso por esencia: Yo quisiera pelear en todas mis batallas, yo quisiera triunfar en todas mis conquistas por amor: que mi amor venza, que mi amor reine, que mi amor goce en pacífica posesión los humanos corazones. No tanto quiere pelear mi amor, no tanto vencer mi amor, cuant oganar los corazones por amor, rendirlos con amor y poseerlos en amor (año1736).

 

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REVELACIONES DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS AL P. BERNARDO DE HOYOS, S. I.

"El Padre N. [Agustín de Cardaveraz, S. I.] en carta que recibí el miércoles pasado [29 de abril de 1733] me pedía le trasladase la institución de la fiesta del Corpus y la revelación y dificultades que para ello hubo, como lo refiere el P. Gallifet en el tomo De cultu Cordis Dei Iesu: para lo que saqué de la librería este tomo el domingo [3 de mayo de 1733]. Yo, que no había leído jamás tal cosa, empecé a leer el origen del culto del Corazón de nuestro amor Jesús y sentí en mi espíritu un extraordinario movimiento, fuerte, suave y nada arrebatado ni impetuoso, con el cual me fui luego al punto delante del Señor Sacramentado a ofrecerme a su Corazón, para cooperar cuanto pudiese, a lo menos con oraciones, a la extensión de su culto.

"No pude echar de mí este pensamiento hasta que, adorando la mañana siguiente al Señor en la Hostia consagrada, me dijo clara y distintamente, que quería

«por mi medio extender el culto de su Corazón sacrosanto para comunicar a muchos sus dones por su Corazón adorado y reverenciado» [4 de mayo de 1733];

"y entendí que había sido disposición suya especial que mi hermano el P.N. (Agustín de Cardaveraz, S. I.) me hubiese hecho el encargo, para arrojar con esta ocasión en mi corazón estas inteligencias. Yo, envuelto en confusión, renové la oferta del día antes aunque quedé algo turbado viendo la improporción del instrumento y no ver medio para ello. Este efecto fue de la naturaleza; de la gracia fue sola la confusión y resignación. Todo el día anduve con notables afectos al Corazón de Jesús, y ayer [5 de mayo de 1733], estando en oración, me hizo el Señor un favor muy semejante al que hizo a la primera fundadora de este culto, que fue una hija de Nuestro Santo Director [san Francisco de Sales], la V. M. Margarita Alacoque, y lo trae el mismo autor.

"Mostróme su divino Corazón todo abrasado en amor y condolido de lo poco que se le estima. Repitióme la elección que había hecho de este indigno siervo suyo para adelantar su culto [5 de mayo de 1733] y sosegó aquel generillo de turbación que dije, dándome a entender que yo dejase obrar a su Providencia, que ella me guiaría; que todo lo tratase con V. R.; que sería de singular agrado suyo que esta Provincia de su Compañía tuviese el oficio y celebrase la fiesta de su Corazón, como se celebra en tan innumerables partes".
(Carta al P. Loyola de 6-5-1733)

***

"El domingo pasado [10 de mayo de 1733], inmediato a la fiesta [de la aparición] de nuestro San Miguel, después de comulgar sentí a mi lado a este santo Arcángel que me dijo cómo extender el culto del Corazón de Jesús por toda España y más universalmente por toda la Iglesia, aunque llegará el día en que esto suceda, ha de tener gravísimas dificultades; pero que se vencerán: que él, como Príncipe de la Iglesia, asistirá a la empresa: que en lo que el Señor quiere se extienda por nuestro medio también ocurrirán dificultades; pero que experimentaremos su asistencia.

"...por una admirable visión imaginaria se me mostró aquel divino Corazón de Jesús, todo arrojando llamas de amor... Agradecióme el aliento con que le ofrecí hasta la última gota de mi sangre en gloria de su Corazón: y para que yo experimentase cuán de su agrado es esta oferta por 1o mucho que se complacía en los deseos solos que yo tenía de extenderla por el mundo, cerró y cubrió mi miserable corazón dentro del suyo, donde, por visión intelectual admirable, vi los tesoros y riquezas del Padre depositadas en aquel sagrario; el deseo y como ímpetu que padecía su Corazón por comunicarlas a los hombres; el agrado en que aprecien aquel Corazón conducto soberano de las aguas de la vida...

"Dióme a entender que no se me daban a gustar las riquezas de este Corazón para mi solo, sino para que por mi las gustasen otros. Pedí a toda la SantísimaTrinidad la consecución de nuestros deseos; y, pidiendo esta fiesta en especialidad para España, en que ni aun memoria parece hay de ella, me dijo Jesús:

«Reinaré en España, y con más veneración que en muchas otras partes)» (14 de mayo de 1733, fiesta de la Ascensión del Señor).

"Aquí oí, interiormente, una voz suavísima que me dijo ahora lo que en otro tiempo a aquella gran sierva del Señor (la V. M. María de la Encarnación):

«Pídeme cualquier cosa que quieras por el Corazón Santísimo de mi Hijo y te escucharé y te lo concederé»,

"y, sin libertad, pedí la extensión del Reino del mismo Corazón sagrado en España y entendí se me otorgaba; y con el gozo dulcísimo que me causó esta noticia, quedó el alma como sepultada en el Corazón divino...

"Muchas y repetidas veces he sentido estos asaltos de amor en estos días, dilatándose tanto en deseos mi pobre corazón que piensa extender en el nuevo mundo el amor de su Sagrado Corazón y todo el universo se le hace poco". (15 de agosto de 1733).

***

"...Quedando toda el alma en aquel paso de sepultura interior se expresaba con el Eterno Padre con un lenguaje de fuego, presentándole el corazón soberano de su Unigénito y pidiéndole con las mayores veras concediese ya a su Iglesia este favor que en ella se solemnizase públicamente el culto de este corazón divino... Entendí también que toda la celestial corte postrada ante el trono de la Santísima Trinidad pedía lo mismo que yo suplicaba, diciendo que ya era tiempo se descubriesen a la Esposa las riquezas y finezas de su divino Esposo. Aquí por un modo muy alto, conocí que el Padre Eterno expedía el decreto en que condescendía con los deseos de toda aquella soberana corte".
(1 de noviembre de 1733).

***

"Veía, amado Padre, en aquel Corazón sacratísimo una como batalla en que combatían de parte a parte el dolor y vivísimo sentimiento que, como generoso tenía aquel Sagrado Corazón previendo tanta ingratitud y el amor que, venciendo y, si se puede decir así, como atropellando por tan justos motivos de indignación, se resolvía a afrentar con su fineza nuestra maldad; y, al dirimirse este combate entre el dolor y el amor, fue aquel levantar los ojos al cielo de Jesús, a que acompañó un dulcísimo suspiro o una respiración ardiente, un divino esfuerzo, en que el amor se mostraba vencedor: al modo que el corazón de cualquier hombre, combatido de afectos encontrados, busca el desahogo en la acción de levantar los ojos al cielo y suspirar, cuando se acaba el conflicto. En aquel punto determinó Jesús con nuevas finezas reparar las injurias del Sacramento augusto, con abrir su Corazón y manifestar a la Iglesia este tesoro soberano. Y, así como instituir la Eucaristía a vista de sus agravios fue un redoble imponderable del amor de Jesús que resplandece en este divinísimo misterio, y muestra la grandeza de este beneficio, así la determinación de descubrir su mismo Corazón para que en él se encuentre el modo de reparar las injurias del mismo Sacramento fue en aquel paso una fineza de tan altos quilates de amor que puede formar otro sacramento de amor, pues es una de las mayores que ha hecho el Señor a su Iglesia después de la del Sacramento. Y aquí entendí que la fiesta del Corazón después de la del Corpus sería la más venerable en la Iglesia". (23 de junio de 1734).

•••

«Sufrirás a imitación mía todas las cosas; todo lo harás en silencio con el fin de la gloria divina de establecer el Reino de mi Sacratísimo Corazón en el corazón de los hombres a quienes quiero manifestarme por tu medio». (29 de juniode 1734).

* * *

"Vi entre resplandores de gloria a nuestro muy amado hermano y primer condicípulo del Corazón Sagrado, san Juan evangelista, acompañado de nuestro dulcísimo director, SanFrancisco de Salesy de nuestro glorioso PadreSanIgnacio. Estando yo asombrado de la santidad que entendí resplandecía en estos tres santos, se me declaró como éstos eran los tres a cuya cuenta corrían las glorias del Corazón Sagrado de Jesús: del Santo Evangelista por haber sido privilegiado en descansar sobre el Corazón Sagrado, donde se le descubrieron sus excelencias, y desde entonces tenía este amante apóstol particular devoción con aquel Corazón de su Maestro, en que bebió las luces y las llamas de su amor; de nuestro Santo Director en su Orden y de nuestro Santo Padre en su Religión por haber sido estos dos santos dos amantes divinos que más al vivo copiaron en sus corazones el ardor seráfico del evangelista; san Francisco de Sales en lo dulce, que fue el distintivo de su amor; san Ignacio, en lo fuerte, que fue la divisa de su caridad ardiente.

"Luego me miró nuestro Santo Padre con dulces y benignos ojos como insinuándome la complacencia que tenía en aquellos sus hijos --entendí con especialidad en mis Padres-- que cooperaban a este asunto gloriosísimo de propagar las glorias del Corazón Sagrado que era peculiar a la Compañía de Jesús y a la Orden de la Visitación; como, al contrario pidiéndole por aquellos sus hijos, que, o con buen celo o por otros motivos, oponían dificultades a esta idea, conocí lo que al Santo le desagradaba esto, en la severidad y como indignación que a este tiempo vi en sus majestuosos ojos". (31 de julio de 1734).

** *

"El día de nuestro Santo Padre se me dio a entender como por su medio dispensaba este día a sus hijos el Corazón de Jesús particulares gracias y vi en el mismo Sagrado Corazón la complacencia que tiene en el Santo y en su religión entre otros títulos, por este de ser escogida para promover este culto, de lo que tuvo noticia nuestro Padre san Ignacio entre los secretos fines a que le declaró el cielo fundaba esta religión; y nuevamente entendí la complacencia de nuestro Padre san Ignacio en que sus hijos se empleen en asunto tan de la gloria de nuestro Capitán Jesús y tan propio de su Compañía·. (P. Loyola, Vida del P. Hoyos, L. III, c.13).

* * *

"Me pareció que el buen Jesús tomaba mi alma y la presentaba ante el tribunal de la Santísima Trinidad diciendo a su Eterno Padre:

«Esta alma, Padre mio, he escogido para que esté totalmente consagrada a los desagravios de mi Corazón, y para que aplaque vuestra justa indignación ofreciéndoos a Mí mismo en sacrificio; para lo cual la he honrado con el sacerdocio».

El Eterno Padre, con expresión de grande majestad y amor, aceptó la oferta y como aprobó la elección declarándome lo elevado de este designio para que había sido escogido y prometiéndome su poder para que mi obligación se desempeñase. El Verbo divino, en cuanto Dios, me declaró quería formar en mí una imagen de aquel Corazón que unió consigo mismo hipostáticamente, prometiéndome comunicarme algo de la paciencia de aquel su Corazón pacientísimo. El Espíritu Santo me dio a entender quería por mi medio infundir en muchas almas algo de aquel divino amor del Corazón sacrosanto, esfera de este fuego sagrado".
(10 de enero de 1735, octava de su primera Misa).

 

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ACTAS DEL II CONCILIO DE TARRAGONA (1738) SOLlCITANDO AL PAPA CLEMENTE XIIL LA EXTENSION PARA ESPAÑA DEL CULTO ECLESIASTICO DEL SAGRADO CORAZON

Está tomada esta traducción de los arts. II y IV de los
Apuntes históricos sobre la devoción al Sagrado Corazón de Jesús en España desde el año 1733 al 1741,
que publicó el P. Fita en El Mensajero (XVII,313-325; XVII,73-86).

"El precitado Ilmo. y Rmo. Sr. Arzobispo expuso y propuso a este sagrado Concilio (se dice en sus Actas) las cosas siguientes, conviene a saber:

-Que, en atención a que el Rey N. Señor tenía suplicada a Su Santidad la gracia de la concesión del rezo y misa del sagrado Corazón de Jesús para estos sus reinos de España, y que al mismo fin habían pasado también sus rendidas súplicas a Su Beatitud muchos de los Sres. prelados, y que, experimentándose cuán piadosa y fervorosamente va extendiéndose el culto y veneración de los fieles en estos reinos, y especialmente en este nuestro Principado de Cataluña, a esta tan loable devoción, no debiéndose dudar que, obteniéndose la concesión referida del rezo y misa, sería medio el más conducente y eficaz para establecerse, con mayor progreso y consuelo de los fieles, este devoto y piadoso culto; le parecía que sería muy propio y correspondiente al celo del sagrado Concilio el interesarse concurriendo con sus reverentes preces a Su Santidad, a fin de obtener esta gracia de la Santa Sede.

"Decreto. -Luego de haberse formulado esta exposición y proposición, dicho Ilmo. y Rmo. Sr. Arzobispo, con aprobación del dicho sacro Concilio, decretó que se hiciese una representación a Su Santidad acerca de lo expresado y contenido en dicha exposición, alegando los motivos y razones que allí se contienen y expresan.

"Sigue la representación hecha por vigor de dicha resolución, y dirigida a N. Smo. Sr. el Papa (Clemente XII).-

Beatísimo Padre: Reunidos en pleno sínodo, según costumbre, y deseosos de cumplir con la solicitud pastoral, que nos manda no solamente velar sobre la custodia de nuestra grey(1), sino también salir a la defensa y cuidar del acrementamiento de la honra de Dios, rogamos con el mayor encarecimiento a Vuestra Santidad se digne hacer extensivo a estos reinos de las Españas el culto eclesiástico del oficio y misa del santísimo Corazón de N. S. Jesucristo, persuadidos como estamos de que nada podría con mejor eficacia contribuir a la mayor gloria de Dios y salud de las almas. ¿Qué cosa, en efecto, más provechosa para los fieles se hallará, ni más agradable ni más acepta a nuestro Dios, que un culto especial de veneración tributado al sacratísimo Corazón de su Hijo amado, en quien Él puso todas sus complacencias (Matth. III,17; XVII,5; II Petr. 1,17)? Rehusó el Eterno Padre las hostias y oblaciones de la vieja ley: adaptó a su Hijo un cuerpo humano, en el cual el Corazón de por sí ofreciese la víctima, u ofreciese consigo mismo su propio cuerpo en olor de suavidad: y así fue como el Hijo desde el primer instante de su Encarnación clamó al Padre: Dios mío, quise; y en medio de mi Corazón tengo tu ley (Ps. XXXIX,7-9; ad Hebr. X,5-9). Y, en verdad, fuerza nos es confesar que están obligados los nuestros al amantísimo Corazón del Hijo de Dios: porque nos amó antes que le quisiésemos (I Ioann. IV,10.); porque aunque después de muerto por nosotros, borró las culpas, o nos ha expiado con su sangre (Cfr. Ioann. XIX, 34; Apoc. 1,5); porque de su pábulo sabrosísimo nos alimenta diariamente en el sacramento de su cuerpo, aun a trueque de recibir las injurias de hombres desalmados, que no disciernen sacrílegos el cuerpo del Señor (I ad Cor XI,29); y,en resolución, porque, si bien está en los cielos sentado a la diestra del Padre, no por eso deja de difundir benignísimamente por la llaga de su abierto costado las riquezas de su amor sobre toda la tierra, intercediendo sin cesar por nosotros cabe del mismo Padre (Ad Rom. VIII,34). Bueno es, por lo tanto, y razón será que nuestros corazones, heridos con las heridas de tanto amor, y atraídos, arrastrados, por los estrechos lazos de tanta caridad, se presten a honrar de todas las maneras este dulcísimo Corazón, y a venerarlo con nuevas y exquisitas invenciones, ya que las suyas también él hizo notorias a los pueblos (I Paralip. XVI,8), para más y más obligar nuestros corazones e inflamarlos desu llama divina. Ea, pues, Padre Santo, acoged bondadoso y recordad las piadosas preces de nuestro Católico Monarca, y las devotas súplicas de casi todos los prelados españoles, que en igual sentido y desde ha largo tiempo fueron elevadas a esa Santa Sede (Véanse arriba: los años de 1734 y 1735, donde se encontrará la razón y el tiempo de estas devotas súplicas de casi todos los prelados españoles). Hallen eco en vuestra audiencia, y cima en vuestra anuencia, los fervorosos deseos de los pueblos, que asaz se explican con tantos altares erigidos y tantas fiestas en los más de los lugares, o casi doquiera, solemnizadas en honor del Corazón sagrado. Nosotros, por nuestra parte, también os lo suplicamos en virtud de las razones que llevamos expuestas; y os lo suplicamos, seguros de que atenderéis las oraciones unánimes y ruegos vehementísimos de todos lo sque formamos este santo sínodo: todo el cual postrado a los pies de Vuestra Santidad, implora de vuestra mano paternal, juntamente con esta gracia, la bendición apostólica.- Dios óptimo máximo guarde dilatados años a Vuestra Santidad para el felicísimo régimen de su pueblo.-

Tarragona, 13 Noviembre de 1738.-

Bmo. Padre, de Vuestra Santidad humilde y obedientísimo hijo,

-el Concilio ProvincialTarraconense.

-PedroArzobispo, Presidente.- En lugar + del sello.-

Por mandado de dicho sagrado Concilio Provincial,

-Ignacio Casanova, Notario y Secretario"( Está tomada esta traducción de los arts. II y IV de los Apuntes históricos sobre la devoción al Sagrado Corazón de Jesús en España desde el año 1733 al 1741, que publicó el P. Fita en El Mensajero (XVII,313-325; XVII,73-86).).

(l)Matth. III,17; XVII,5; II Petr. 1,17.

(2)Ps. XXXIX,7-9; ad Hebr. X,5-9

(3)I Ioann. IV,10.

(4)Cfr. Ioann. XIX, 34; Apoc. 1,5.

(5)I ad Cor XI,29.

(6)Ad Rom. VIII,34.

(7)I Paralip. XVI,8.

(8)Véanse arriba: los años de 1734 y 1735, donde se encontrará la razón y el tiempo de estas devotas súplicas de casi todos los prelados españoles.

(9) Está tomada esta traducción de los arts. II y IV de los Apuntes históricos sobre la devoción al Sagrado Corazón de Jesús en España desde el año 1733 al 1741, que publicó el P. Fita en El Mensajero (XVII,313-325; XVII,73-86).

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EL DISCURSO APOLOGETlCO DE CEBALLOS

Fray Fernando de Ceballos nació en Espeja (Cádiz) el 9 de septiembre de 1732; entró monje jerónimo el 27 de marzo de 1758 en el Monasterio de San Isidro del Campo y Llegó a ser General de los Jerónimos de España. Fue autor de numerosas obras entre las que destaca La Falsa filosofía... crimen de Estado en la que refutaba enérgicamente las teorías filosóficas y políticas del racionalismo desde Descartes a la Ilustración pasando sobre todo por Spinoza. El último tomo de esta obra tuvo que publicarlos en Lisboa ante la persecución e intolerancia de los ministros de CarlosIV (año1800). Este mismo año publicó, también en Lisboa, su Discurso apologético por la devoción al Sagrado Corazón de Jesús del que ofrecemos una selección de fragmentos. Según Uriarte los graves disgustos ocasionados por la persecución de que fue objeto por el Gobierno deMadrid aceleraron su muerte ocurrida el 1 de marzo de 1802.

Especialmente en la devoción al Sagrado Corazón de Jesús tropieza el espíritu de Satanás Tales y tan refractarios son los que, después de tantas aprobaciones de Pontífices por la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, afectan todavía (con una nariz amarilla y torcida) que ellos saben algo más que Roma y que su crítica vale algo más que la de la santa Iglesia. Guardémonos pues de tales espíritus tan satisfechos de sus propias luces, como ignorantes de la segura doctrina. Su parcialidad es también manifiesta en esta causa de la adoración y culto al Sagrado Corazón de Jesús. Han visto conceder este mismo culto al Santo Corazón de María, al corazón de Santa Teresa y a muchos de los instrumentos de la sagrada Pasión con oficio particular y día señalado a su festividad; y ¿por qué no reclaman contra todas estas fiestas particulares, y solamente el Corazón de Jesús es hecho blanco y señal de su contradicción? Esta manifiesta parcialidad y la antecedente contumacia muestran que en este ejercicio de devoción late alguna piedra o escollo en que tropieza cae y se ofende el espíritu de Satanás que siempre resiste al provecho de los verdaderos fieles de Jesucristo.
(Fray Fernando de Ceballos: Discurso apologético por la devoción al Sagrado Corazón de Jesús. Lisboa. 1800. Págs. 5-6).
Raíz de las envenadas contradicciones a esta útil devoción ...no dejará cualquiera de ver claramente la amarga raíz de que nacen tan envenenadas contradicciones a la útil devoción del Sagrado Corazón de Jesús; y es el mismo principio del deísmo estático, donde aparentándose el empeño de arribar a una piedad purísima y a un amor desinteresado, se desprecian todos los ejercicios de piedad en que procuran los fieles el humilde arrepentimiento de sus pecados y la intercesión de nuestro mediador Jesucristo, de su Santa Madre y demás santos.
(Ib. Pág. 3).
Los espíritus sanos no condenan las devociones que la Iglesia aprueba Es una señal del mal espíritu de los anticordícolas la rebeldía y la parcialidad con que atacan esta devoción del Sagrado Corazón de Jesús más ha de un siglo. Cuando la prudencia y sagacidad humana se detienen al arribo de alguna devoción nueva, no dura la contradicción sino mientras que la Santa Iglesia la examina y el tiempo la descubre. Pero una vez examinada, controvertida y aprobada por la Iglesia no hay algún espíritu sano que se atreva a condenarla y morderla. Así aconteció a todas las devociones y ejercicios de piedad que tenemos los cristianos.
(Ib.).
Origen de la devoción al Sagrado Corazón: dolor de los verdaderos cristianos al ver tan mal correspondida la obra del amor de Jesucristo, la Eucaristía Todos estos errores que se acertaban contra la adoración del Sacramento de la Cena, y el de los jansenistas que procuraban malignamente apartar a las almas de la frecuente comunión con el pretexto de que la recibiesen con más temor y preparación, atrajo sobre el Sacramento de nuestros altares un diluvio de profanación, de sacrilegios y de las abominaciones que no se pueden referir. Los verdaderos cristianos lloraban con lágrimas interminables así el desvío y tibieza de los fieles, como los sacrílegos insultos de los herejes. Pesaba la imponderable ingratitud de unos, y el ciego furor de los otros contra el misterio que había sido la obra del amor y de la sabiduría de un Dios hombre. Contemplan la ingratitud y el íntimo dolor que (hablando a estilo humano) sentiría el Corazón o Alma de Jesucristo al verse tan mal correspondido de aquellos que habían comido con Él tan dulces bocados. Esto causaba en las almas otro dolor semejante; y de aquí comenzó a despertarse esta contemplación de las injurias e ingratitudes que llovían sobre el finísimo Corazón de Jesucristo.
(Fray Fernando de Ceballos: Discurso apologético por la devoción al Sagrado Corazón de Jesús. Lisboa. 1800. Págs. 10 - 11).
El quietismo y el jansenismo despreciador de la humanidad de Jesucristo se oponían a la devoción al Sagrado Corazón En contrapunto crecía por el mismo tiempo el fanatismo de los deístas estáticos y falsos místicos guiados por Molinos, Lavadie, Madame van Schurman y la Guyon que despreciaban y apartaban sus ojos de cuanto es relativo a la humanidad de nuestro Salvador... Toda esta contradicción nacía de la misma ilusión que era no considerar jamás a Jesucristo ni como paciente en la cruz, ni como injuriado en la Hostia pacífica del Misterio de su Carne y Sangre. De aquí nació la maligna censura de la devoción y contemplación del Corazón de Jesucristo por los agravios que recibía en su Sacramento de amor. Jamás hubo en la Iglesia alguna verdadera devoción que haya sido tan resistida y probada como ésta. Tuvo tan grandes protectores como murmuradores por el curso de un siglo entero. Mas, a pesar de la maligna crítica de éstos segundos, creció el celo de los primeros por desagraviar a Jesucristo, o a su amoroso Corazón dándole mayor culto que pudiera la impiedad acumular agravios contra la fineza de su Sacramento.
(Fray Fernando de Ceballos: Discurso apologético por la devoción al Sagrado Corazón de Jesús. Lisboa. 1800. Págs. 11 - 12).
Los enemigos de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, como Nestorio, dividen a Cristo El principio fundamental o la base de estos fanáticos era asentar que todas las cosas corpóreas y hasta la Humanidad de Jesucristo era un objeto indigno no solamente de nuestra adoración, sino también de nuestra contemplación. Molinos no se asombró de llamarles spurcum et turpe. El arzobispo Fenelon tampoco tembló al proferir aquella proposición que la vista o memoria de Jesucristo aunque se perdiera por 18 años o por más largo tiempo no hará alguna falta para que los nuevos místicos o estáticos llegasen a lo sumo de la perfección. Los cuákeros y la Van Schurman con los lavadistas, mitigando la dureza del error antecedente, resucitaban a Nestorio y a las dos personas que aquél fingió en Jesucristo. Así fingían dos Cristos. Al espiritual o divino hacían tiernas jaculatorias, y al humano y corporal lo arrojaban de sí y de su memoria como cosa carnal y sensible: turpe et spurcum.
De este perverso principio parten todos los dichos sectarios a condenar como un crimen cualquiera devoción sensible y llaman así a cualquier veneración o respeto que se tiene a las reliquias de los santos y a todo lo que es visible o de la esfera de los sentidos; como las santas imágenes, todas las señales de nuestra religión, la misma Carne y Sangre de Jesucristo.
(Fray Fernando de Ceballos: Discurso apologético por la devoción al Sagrado Corazón de Jesús. Lisboa. 1800. Págs. 44 - 45).

De aquí tomaremos escarmiento y nos cautelaremos de las censuras que los falsos místicos dan con mucho aparato de celo a las santas devociones que quieren hacer horribles con los nombres de carnales que abrazan significaciones equívocas.
(Fray Fernando de Ceballos: Discurso apologético por la devoción al Sagrado Corazón de Jesús. Lisboa. 1800. Pág. 48).

Los falsos místicos destruyen la piedad y todos los cultos sensibles y quieren suprimir todas las fiestas de Dios Tal es la tela que Satanás ha urdido por las manos de esos espíritus de error que comprendo bajo el nombre de deístas estáticos para destruir la piedad desde sus primeros rudimentos y hacer cesar en la Iglesia todos los cultos sensibles, todas las devociones y ejercicios, que se ordenan a Jesucristo humanado, a su Carne y Sangre y a todos los santos;según aquello que dijeron otros impíos: hagamos cesar todas las fiestas de Dios en la tierra.
Escipión Ricci, obispo de Pistoya, acusa a los adoradores del Sagrado Corazón de nestorianos cuando él es nestoriano Ahora debo mostrar otra observación sobre la pastoral del Sr. Ricci. Después que él distingue en risto un Corazón de carne y otro símbólico y espiritual, del mismo modo que Barklay, Keith y van Schurman distinguían los dos Cristos corporal y espiritual, carga sobre las almas devotas del Corazón de Jesús y las calumnia por esto de nestorianas. No sé si este señor Obispo había leído u oído decir cuál fue el principal error de Nestorio. Pues sepa que consistió en hacer dos Cristos, o en fingir en Cristo dos personas, una divina y otra humana. Con esto negó a la dichosa Virgen Madre la dignidad de Madre de Dios; por todo esto pudiera yo hacer del pésimo patriarca de Constantinopla el patriarca y cabeza de los molinistas [se refiere a los seguidores de Molinos, los molinosistas], lavadistas, y de Sr. Ricci con todo ssus anticordícolas y deístas estáticos. Pero lo célebre es que dicho Sr. Ricci llama nestorianos a los devotos y sinceros adoradores del Sagrado Corazón de Jesús que, sin hacer jigote de la Carne y Cuerpo de Jesucristo, le adoramos unido a su Cuerpo y Éste con su Santa Alma unido a la Divina Persona del Verbo... le responderíamos sin algún temor y duda que el Corazón de carne de Jesucristo es siempre adorable con el mismo culto de latría que el mismo Jesucristo y que todo su Cuerpo y cualquier parte de su Cuerpo. Porque así en todo como cada parte, habiendo sido informada por el Alma de Cristo estuvo y estará siempre unida con el Cuerpo y Alma a la Divina Persona del Verbo y subsiste por Ella y es penetrada por la unción de dicha Divinidad de donde merece el culto de latría que se da a Dios y a Jesucristo que es el mismo Dios. Si el Sr. Obispo niega o duda esta verdad, está en el coro de los nestorianos y negará a Nuestra Señora el ser Teotocos o Madre de Dios.
Por su naturaleza es la devoción apropiada para estos tiempos de frialdad y de bruma Para estos tiempos de frialdad y de bruma me parece que, atendiendo únicamente a la naturaleza de esta devoción del Corazón de Jesús y a los ejercicios de que se ocupa, merece ser promovida con todos los estímulos que tiene la religión para calentar a los tibios.
La devoción al Sagrado Corazón de Jesús es la devoción a su amor Confesamos sinceramente que el término último a que se ordena esta devoción y sus ejercicios no es puramente el Corazón físico de Jesucristo, aunque adorable con culto de latría como la Persona de Jesucristo, sino como silla o asiento u hogar donde creemos racionalmente que se pasan los más finos sentimientos de amor y de la ingratitud con que los cristianos, nosolamente los herejes sino también los fieles y justos, respondemos a los infinitos beneficios que Jesucristo nos hace en el Sacramento del altar.
La finalidad de esta devoción es la reparación Porque ya dije y repito que el fin no era adorar solamente la carne ni del Corazón, ni de todo Jesucristo, sino también y principalmente condolerse de las injurias que la Carne de Jesucristo y todo Él recibe en ese Sacramento y hacen un dolor y una herida insondable en su finísimo Corazón
El deber de consolar al Corazón de Jesús Si el mismo Jesucristo pronunció en su Evangelio sentencia de fuego eterno sobre los que no ejercieren las obras de misericordia, visitar al enfermo, dar de comer al hambriento, consolar al triste, etc., ¿qué suplicio será suficiente al hombre duro que no consuela en su tribulación al Corazón de su Criador y Salvador? o, consolar al triste, etc., ¿qué suplicio será suficiente al hombre duro que no consuela en su tribulación al Corazón de su Criador y Salvador?
Llorar en el Corazón de .Jesús los pecados públicos del reino es señal de predestinación En el capítulo 9 de Ezequiel y en el 7 del Apocalipsis de San Juan, se ve que un ángel es mandado discurrir por las calles y plazas de Jerusalén pasando a cuchillo a todos los habitantes, hombres y mujeres, viejos y mozos, niños e infantes, sin perdonar a otro alguno que aquellos que se dolían y lloraban las abominaciones que se hacían en medio de la ciudad... De este lugar ha deducido el Venerable Fray Luis de Granada que el llorar los pecados públicos del Reino y todos los que se cometen en medio de la Iglesia es una señal de predestinación... Esta profecía de Ezequiel y de San Juan según alguno Padres y Doctores piadosos miraba a los últimos siglos de la Iglesia. Y ¿quién negará que pueden ser los que se congregan a llorar y condolerse con Jesucristo en su Corazón los que previno Ezequiel y San Juan en su Apocalipsis? De suerte, que bien mirada esta devoción y sus ejercicios son un desagravio de su venerable Sacramento.
(Fray Fernando de Ceballos: Discurso apologético por la devoción al Sagrado Corazón de Jesús. Lisboa. 1800)
Esta devoción se dirige a consolar a Jesús de aquello que le aflige en su mismo Corazón: la desgracia de los pecadores que rechazan su amorosa Redención Pues ahora bien (dirán los enemigos del culto del Corazón de Jesús) luego es superflua esta devoción su instituto yculto porque para ese mismo fin están instituidas ya las Congregaciones del Santísimo Sacramento. Éstas no son más que un público desagravio que dan los fieles a la Carne y Sangre de Jesucristo por los ultrajes e improperios que toleró en su Pasión y tolera por los herejes y pecadores...

Y en efecto, la tragedia dolorosa de Jesucristo se recuerda cada día en ese augusto misterio de la Cena y aquellos ultrajes e improperios que toleró en su Pasión y tolera por los herejes y pecadores.

Y en efecto, la tragedia dolorosa de Jesucristo se recuerda cada día en ese augusto misterio de la Cena y aquellos ultrajes que recibió el Señor en su Pasión los compadecen y desagravian las Cofradías del augusto Sacramento y los continuos cultos y adoraciones que rinden a su Carne y Sangre. Pero esto no es ahora de lo que se queja el divino Corazón de Jesús, porque esta Muerte y Pasión más le alegró que le entristeció y, según la doctrina de San Ambrosio (serm. 114) de San León Magno (serm. 10 de Salmoc. III), más bien convida a las hijas de Sión a que le aplaudan que a que se contristen y lloren; porque aquel día de su Muerte y Pasión fue el día de la alegría de su Corazón... Lo que se proponen considerar y llorar las Congregaciones del Corazón de Jesús es aquello propio porque se contrista y aflige el mismo divino Corazón. Esto es la infelicidad de los pecadores en quienes por su propia malicia se pierde el fruto de la Redención.

La devoción al Corazón de Jesús es lo que sana nuestro espíritu La utilidad es un contraste donde se prueba si la piedad o la devoción nace del espíritu de Dios o del espíritu de error o de nuestra imaginación. Dios no inspira sino cosas útiles y no proyectos vanos, curiosos, altos y áridos. Yo soy vuestro Salvador (dice Jesucristo por Isaías) que no os enseño sino cosas útiles (Isaías, cap. 6) ...
Saludables efectos de esta devoción en nuestros corazones Pero llegándonos más cerca de nuestro asunto, no sólo es utilísimo el trato con este adorable Corazón por sus riquezas espirituales, sino también por sus medicamentos específicos contra las enfermedades de nuestro espíritu.

En este ejemplo de la Magdalena podemos confiar que serán curados los dichos síntomas de nuestro corazón por el de Jesucristo que siempre arde y humea sobre las llamas de su infinito amor a los pecadores. Este incendio es el que puede deshacer el hielo y la coagulación de todo corazón duro; su dulzura les penetra de suavidad y de unción; su dolor les toca de compunción; y su insensibilidad e indolencia cede a la virtud de ese Corazón que ahuyenta todo mal espíritu y nos hace dueños de nosotros mismos...

Apliquémonos pues a oír esta palabra que habla dentro de nosotros ese ardiente Corazón y no le amaremos menos que la Magdalena

En la escuela del Corazón de Jesús se aprende fácilmente a alcanzar el dolor de los pecados El segundo síntoma que causa la devoción del Corazón de Jesús en nosotros es suavizar la aridez y rigor de la impenitencia. ¡Qué deseado ha sido este don de la compunción de los pecados por todos los fieles y santos! David expresaba sus ansias en un Salmo diciendo: "¡cuándo pondré en mi alma consejo y un dolor durable en mi corazón!" (Salmo12) y en otro lugar se complace de haberlo hallado diciendo: "Ya he hallado la tribulación y el dolor..." Pues en esta escuela del Corazón de Jesús se aprende un medio fácil para llegar a la contricción y compunción de los pecados
(Fray Fernando de Ceballos: Discurso apologético por la devoción al Sagrado Corazón de Jesús. Lisboa. 1800)
Esta devoción nos libra del engaño de la brillantez exterior del mundo Sacamos otra muy principal (utilidad) y es volvernos a la posesión de nuestro corazón y de nosotros mismos, que nos había robado la posesión de Satanás. Mas esta dichosa posesión en que nos repone el Sagrado Corazón, es tan firme que, según decía el ángel a Tobías, jamás vuelve el diablo a quitarla. Es una verdad que Satanás quita a los pecadores la posesión de sí mismos y de su corazón cuando les postra en la culpa a que los provoca. El mal espíritu es quien se hace tirano y toma la posesión de nosotros y de nuestras cosas por medio de botín o de despojo... Lo que veo es muy conforme a la Santa Escritura en muchos lugares donde nos enseña a conocer esta misma verdad. ¡Ah,Jerusalén, decía Oseas, te has hecho como una paloma engañada que no tiene corazón! Y Jeremías reprendía al pueblo de Israel y le llamaba insensato, porque abandonado a sus pecados andaba y vivía sin corazón. De aquí nace la insensatez o insensibilidad del pecador que ni se conoce a sí mismo, ni se siente a sí mismo, ni siente los males públicos, ni los de sus prójimos. Éste es el estado presente del mundo. ¿Cuántas miserias nos tocan de todas partes?, ¿cuántas calamidades nos rodean?, ¿cuántos peligros nos amenazan? Pero insensibles a todo nos creemos todavía dichosos y nos jactamos de felices, de ilustrados, de libres de engaños yde preocupaciones. Embobados con una brillantez exterior, con un lujo que promete abundancia donde no hay sino carestía y miseria, ostenta alegría donde no hay sino verdadera tristeza y secreto despecho; embobados así y llamados afuera no sentimos ni advertimos lo que realmente sucede ni prevemos lo que está para suceder.
La devoción al Sagrado Corazón nos d auna disposición habitual para recibir digna y frecuentemente la Eucaristía Porque es notable la precipitación con que muchos cristianos llegan a comulgar y a celebrar la Cena del Señor. Ninguna razón ha sido eficaz para hacer a éstos más detenidos y más considerados del terrible negocio que tratan; y me ha parecido que, si se llegaran por esta devoción al Corazón de Jesucristo, formarían uns disposición habitual para llegarse a los altares con los sentimientos que requieren tan admirables misterios. Se pondrían también sobre una regla, de la cual no los sacarían ni el error de aquellos que disuaden a los fieles la frecuente comunión para que desmayen en el camino de Dios, ni tampoco el otro error contrario que allana tanto los altares con una temeraria confianza, que en nada se estorban para entrar y salir en ellos. Pues esta singular utilidad, entre otras muchas, se saca de la meditación del Corazón de Jesucristo en el Sacramento de la Cena..

Ved en conclusión cómo tenemos en el tesoro del Corazón de Jesucristo hecha toda la costa para llegar dignamente a la cena: el reverente alejamiento del publicano, la viva fe del centurión, la humilde importunidad de la cananea, la aproximación amorosa de la Magdalena y el embriagamiento y dejación de sí propio en el pecho del Señor que hizo en la Cena el joven discípulo. Y de allí nos manan finalmente todos los medicamentos necesarios para celebrar con utilidad la Pascua del Señor. Éstaesladevociónverdaderadeldivi-noCorazóndeJesucristo,especialmenteenestostiempospeligrososdeimpiedad,deendurecimiento, desequedadydeaquelfríodelantedelcualdiceelProfetaquenadiepodrásostenerse

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LA SUPRESION DE LA COMPAÑIA DE JESUS EN 1773 (Frag. de la Historia de la Compañia de Jesús del P.Ricardo GarciaVlIIoslada

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