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Consagración de Navarra al Sagrado Corazón en junio de 2010

http://www.iglesianavarra.org/2010/06/renovacion-de-la-consagracion-al-corazon-de-jesus/

El arzobispo de Pamplona y obispo de Tudela, don Francisco Pérez realizó su propósito de consagrar al Corazón de Jesús la Diócesis de Pamplona-Tudela, toda Navarra, el 19 y 20 de junio de 2010. La consagración tuvo lugar en Tudela en la tarde del sábado, 19 de junio de 2010; en la tarde del domingo, 20 de junio de 2010, en Pamplona. Durante la misa de consagración en Pamplona, don Francisco Pérez bendijo la estatua de bronce de 6 metros de altura erigida en el recinto del Seminario Diocesano y costeada con las aportaciones de los fieles. La consagración fue precedida por la celebración solemne de la oración de vísperas en la parroquia de San Miguel y por una gran procesión que recorrió la ciudad hasta el monumento al Sagrado Corazón de Jesús. En la procesión participaron la Adoración Nocturna, los auroros de Navarra, los niños de primera comunión, los monaguillos, las cofradías y asociaciones religiosas, así como autoridades civiles, militares y académicas, un centenar de sacerdotes y miles de fieles.

En su homilía, don Francisco Pérez dijo lo siguiente:

“Queridos hermanos:

””1.- Hoy es un día de alegría puesto que el Amor de Dios revitaliza nuestras vidas y ese amor divino nos invita a ser partícipes activos de su misma vida. Él nos precede y de ahí que le hemos proclamado como nuestro Pastor. El salmo nos sitúa ante el cuidado de un pastor que lleva su rebaño por “verdes praderas, conduce hacia fuentes tranquilas y repara las fuerzas”. El cuidado de Dios por nosotros es único y generosísimo. Nos ofrece lo mejor de Sí y nos regala dones en abundancia. Por esto el Corazón de Jesucristo nos sostiene a todos y nos sustenta, nos hace partícipes de su Reino. En el Padre nuestro decimos: “Venga tu Reino”. “Pedimos que se haga presente en nosotros el reino de Dios, del mismo modo que suplicamos que su nombre sea santificado en nosotros. Porque no hay un solo momento en que Dios deje de reinar, ni puede empezar lo que siempre ha sido y nunca dejará de ser. Pedimos a Dios que venga a nosotros nuestro reino que tenemos prometido, el que Cristo nos ganó con su sangre y su pasión, para que nosotros tengamos después parte en el reino de Cristo, como Él nos ha prometido, con aquellas palabras: Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo” (San Cipriano).

””Todo lo que este reino comporta lo desvela a los sencillos y humildes. “Sólo el corazón humilde puede entrar en el Sagrado Corazón de Jesús, conversar con Él, amarle y ser amado de Él” (Santa Margarita María de Alacoque). Si alguien quiere ponerse por encima de Dios, Jesucristo los denomina sabios y entendidos; estos no comprenderán el sentido que tiene el reino de Dios porque creen en sus propios reinos: reinos efímeros y aparentemente consistentes, reinos de lucha por el dominio y el poder, reinos de frustración al final. “A pesar de toda oposición, este Divino Corazón eventualmente triunfará. Dichosos los que han sido instrumentos para establecer su Reinado” (Santa Margarita). El reino que libera al ser humano es el Reino de Dios. Del Corazón de Cristo nace una fuente de agua viva y esa agua quita la sed, de tanta sed, que hay en la humanidad: de falta de amor, de paz, de justicia, de solidaridad… pero, sobre todo, de todo aquello que significa la realización personal que madura en tanto en cuanto hay: “firmeza en la fe, humildad en la conducta, respeto en las palabras, rectitud en las acciones, misericordia en las obras, moderación en las costumbres, el no hacer agravio a los demás y tolerar lo que nos hacen a nosotros, el conservar la paz con nuestros hermanos; el amar al Señor de todo corazón, amarlo en cuanto Padre, temerlo en cuanto Dios; el no anteponer nada a Cristo, ya que él nada antepuso a nosotros; el mantenernos inseparablemente unidos a su amor” (San Cipriano). Este es el sentido de la consagración que hoy hacemos al Sagrado Corazón: que nunca perdamos la unión con Jesucristo y desechemos nuestras seguridades y nuestros egoísmos asociándonos a su Amor Misericordioso para fiarnos de Él y ofrecerle toda nuestra vida, sin reservas. Para ser fieles a su amor gratuito y de misericordia, además de la Capilla de adoración perpetua abriremos otra Capilla penitencial donde, durante toda la jornada, habrá confesores, amén de los que hay en las parroquias, en los horarios previstos. Sólo quien se acerca a Cristo y su misericordia recibirá gracias abundantes.

””Vivir en el amor de Dios es estar junto a su cruz con fortaleza y confianza. “No os espanten los muchos contratiempos que se os ofrecerán en establecer el reinado de este amable Corazón; las contrariedades son prendas seguras de que todo pertenece a Dios, puesto que sus obras se llevan a ejecución, por lo común, entre contradicciones y trabajos” (Santa Margarita).

””2.- Que surja en nuestro interior un deseo y una petición: “Señor que no se haga lo que yo quiero sino lo que tú quieres”. Nadie puede darnos mayor seguridad que Jesucristo puesto que él nada necesita de nosotros y todo nos lo da: nos sosiega, nos alivia, nos saca del agobio, nos descansa, nos alienta, nos fortalece, nos anima. Si aprendemos de Él a vivir con humildad, nos asegura que seremos felices; si nos guiamos por Él, nos hace libres; si acudimos con confianza, nos ilumina; si somos generosos con Él, nos llena de gracias infinitas. De ahí que nos diga: “¡Venid a mí!” y de modo especial a los que están cansados, atormentados, sufrientes, desilusionados… Él siempre da sosiego y alivio. Hoy de nuevo nos invita y nos ofrece su Amor, un amor auténtico sin ningún interés, sólo porque nos ama inmensamente y desinteresadamente.

””Queremos vivir unidos al Corazón de Cristo y sentirnos aliviados a fin de ser signos de esperanza para los demás. ¿Cuántos enfermos que ofrecen sus sufrimientos al Corazón de Cristo se sienten reconfortados?¿Cuántos que sufren moralmente por alguna circunstancia personal o familiar y encuentran razón para seguir luchando?¿Cuántos que están desanimados de la vida encuentran un Amigo que nos les falla?¿Cuántas futuras madres que encontrándose en la encrucijada para cometer el gravísimo pecado del aborto deciden ‘dar a luz’ al hijo de sus entrañas? Por eso queremos abrir una Casa de Acogida a madres gestantes para que luchen por la cultura de la vida y aprecien al hijo que llevan en su seno que ya tiene un corazón semejante al corazón humano de Cristo. ¿Cuántos jóvenes que buscan la felicidad efímera en opciones egoístas deciden entregarse al Señor buscando el Reino de Dios y eligen el camino del sacerdocio o de la vida religiosa o del sacramento del matrimonio? Promoveremos las vocaciones en la Diócesis al amparo del amor de Cristo. ¿Cuántos matrimonios que su vida se dirigía al fracaso han confiado en el Corazón de Cristo y siguen felizmente su fidelidad de esposos? Lucharemos por la educación de los novios y por la unidad en la familia que tanto está presente en el Corazón de Dios. ¿Cuántos ancianos desesperados por la soledad encuentran la compañía, que más le anima y alegra, en el regazo amoroso de Cristo Amigo? Trataremos de atender a los mayores y a los enfermos llevándoles este amor que siempre alivia. ¿Cuántos niños que ante las dificultades de sus padres se sienten amparados por la ternura de Jesucristo que les hace felices? Aportaremos lo mejor para que la niñez y la juventud encuentren en el Corazón de Cristo la verdadera educación, libertad y alegría. ¿Cuántos misioneros que ante la dureza de su entrega encuentran alivio y esperanza en el Corazón de Cristo y esto les ayudan a ser más generosos? Estaremos al lado de ellos con nuestra oración y solidaridad como cercanía de este amor generoso de Cristo.  ¿Cuántos servidores de la ‘res pública’ que aturdidos por tantos problemas que les asaltan encuentran sosiego, paciencia, ilusión y sacrificio por llevar adelante a aquellos proyectos de mayor humanización, bienestar familiar y social? Apoyaremos todas las iniciativas que ayuden a vivir la cultura de la vida, de la solidaridad y de la paz que está tan presente en el Corazón de Cristo. ¿Cuántos gestos de solidaridad, para los pobres y necesitados, que esperan encontrar manos amigas y corazones abiertos, como expresión concreta del amor del Corazón generoso de Cristo, hallan sentido a su vida superando el desamparo y la marginación? Potenciaremos todo lo posible la labor que se hace desde Cáritas Diocesana para que los pobres encuentren el calor humano que emana del Corazón de Cristo.

””Estamos aquí para ser testigos cualificados de este amor de Dios manifestado, en un corazón humano, en el costado abierto de Jesucristo. Su imagen nos evoca hasta dónde nos amó el Señor. Queremos ser portadores de este amor por todas partes y por ello y para ello deseamos ofrecernos con generosidad a fin de que Jesucristo siga vivo y presente en cada uno de nosotros y entre nosotros. Consagrarnos a Él quiere decir: acoger su amor y darlo, desde nuestro corazón, a los demás; aceptar su voluntad y vivir nuestra vocación con alegría y generosidad; servir a todos llevándoles la alegría de ser hijos de un mismo Padre.

””Roguemos a María que nos enseñe a ser discípulos fieles de su Hijo Jesucristo y que todos los Santos de nuestra tierra salten de alegría por ver a esta Iglesia de Pamplona-Tudela gozar de la ternura, dulzura y misericordia que Cristo nos muestra desde su Corazón. Que llene el corazón de todos los navarros y nos dé razones para creer, para esperar y para amar. Os invito que entronizando, en vuestras casas, el Corazón de Jesús podáis consagraros a Él. ¡Sagrado Corazón de Jesús en vos confío! ¡Oh corazón divino! A ti me adhiero y en ti me pierdo. Sólo de ti quiero vivir, por ti y para ti!

Al final de la misa se realizó la exposición mayor del Santísimo en la custodia, y de rodillas ante la Sagrada Hostia, don Francisco Pérez realizó la solemne consagración de Navarra al Sagrado Corazón de Jesús mediante la lectura, junto con todos los asistentes, del siguiente texto de consagración, utilizado por Juan Pablo II el 1 de febrero de 1986 y adaptado por el propio arzobispo de Pamplona y obispo de Tudela, don Francisco Pérez para esta consagración del 20 de junio de 2010:

“Señor Jesús, Redentor de los hombres, nos dirigimos a tu Corazón con humildad y veneración, con el deseo de darte gloria y honor. Te damos gracias porque te has acercado a nosotros para compartir nuestra condición humana en todo excepto en el pecado.
Te alabamos por el amor que has revelado en tu Corazón traspasado por nosotros y hecho fuente de alegría y manantial de vida eterna.
Perdona nuestra poca fe, nuestras ingratitudes. Conviértenos a ti y ayúdanos a proclamar tu misericordia a los hombres y mujeres de nuestro tiempo. Unidos en tu nombre, el más grande de todos, nos consagramos a tu Sagrado Corazón en el que habita la plenitud de la divinidad y de la caridad.
Te presentamos nuestro deseo de responder a la continua manifestación de tu misericordia. Rey del amor y príncipe de la paz, reina en nuestros corazones, en nuestras familias, en nuestra Diócesis de Pamplona-Tudela, en Navarra y en el mundo entero. Nos ofrecemos nosotros mismos, todo lo que somos y tenemos. Haznos instrumentos de tu amor, de tu paz.
Alabanza a ti, Hombre-Dios, víctima inocente, cordero inmolado, puerta del Corazón del Padre, Hijo eterno del Dios vivo. Alabanza a ti que vives y reinas desde toda la eternidad y para siempre con Aquél-que-es. Amen”.