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Confesionalidad, Reino de Dios y proselitismo

Canals decía que, siendo Jefe de Estudios del Instituto Balmes de Barcelona, declaraba exentos de la asignatura de Religión a los alumnos que manifestaban que no eran católicos. Fue catedrático de ese centro en 1958. El Estado era entonces confesionalmente católico y aparte de eso era una dictadura.

La tolerancia es una virtud y como tal es propia de un Estado confesionalmente católico consecuente.

En cambio, en un Estado confesionalmente aconfesional, la sana laicidad que se nos predica es una utopía, y lo que hay es laicismo cada vez más puro y duro.

En cuanto al famoso problema que se han creado de demostrar que repudian el proselitismo, recordemos que lo que predicaba Jesús, el Verbo hecho carne, y mandó predicar a sus discípulos, es el Reino de Dios, que es un bien para todos y cada uno de nosotros. Su ansia de hacernos llegar ese bien por su infinito amor Le llevó a Jesús a entregarse hasta a la muerte en medio de los más atroces sufrimientos físicos, morales y espirituales. No necesita tener seguidores y partidarios para engrandecerse. Jesús es Dios y ya lo tiene todo, la felicidad infinita en su vida de amor con las otras divinas personas de la Trinidad Santísima. También sus discípulos, sobre todo los sacerdotes y religiosos, tienen como misión y objetivo, a veces muy ofuscado por predicarse a ellos mismos, hacernos llegar ese bien divino, el Reino de Dios, del que Jesucristo es el Rey. Este Reino que pedimos en el padrenuestro, ha llegado y llega a su plenitud en muchas almas individualmente. Este Reino de Cristo está ya incoado, iniciado, en la Santa Iglesia Católica Jerárquica y llegará a su plenitud social por la acción del propio Jesús, cuando elimine Él con su segunda venida los cada vez más dominantes poderes anticristianos y se cumpla la esperanza de la Iglesia que proclamó el Concilio Vaticano II:

"La Iglesia, juntamente con los profetas y con el mismo Apóstol, espera el día, que sólo Dios conoce, en que todos los pueblos invocarán al Señor con voz unánime y le servirán hombro con hombro" (Nostra aetate, 4).

Ciertamente no hay que añorar el confesionalismo inconsecuente del pasado. En cambio hay que esperar con ansia y con deseo el cumplimiento de la esperanza de la Iglesia expresada por el Concilio Vaticano II (Nostra aetate, 4) de la plenitud social del Reino de Cristo, en la que no sólo le invocarán a Dios todas las naciones, sino que consecuentemente todas le obedecerán.

La confesionalidad católica ha de ser consecuente para ser verdadera, es decir ha de llevar consigo obrar en consecuencia. Este es el significado de lo que proclama la Iglesia en Nostra Aetate, 4:
"La Iglesia, juntamente con los profetas y con el mismo Apóstol, espera el día, que sólo Dios conoce, en que todos los pueblos invocarán al Señor con voz unánime y le servirán hombro con hombro".
Lo que es proclamar con toda seguridad la confesionalidad de todos los pueblos y que obrarán en consecuencia obedeciendo a Dios en el futuro, la Cristiandad futura.

Jesucristo quiere a toda costa reinar en cada alma porque ese es nuestro bien

Aceptar el reinado de Jesús es ser víctima de su amor