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Francis Collins se convirtió en 1978

Alfonso V. Carrascosa Libertad Digital 18.12.2008

Francis Collins, uno de los padres del genoma humano, se convirtió en 1978 al cristianismo, leyendo el libro Mere Christianity (Mero cristianismo) de C. S. Lewis, que lo ayudó a convertirse. Collins explica que el argumento de Lewis, de que Dios es una posibilidad racional era algo "que no estaba preparado para oír. Estaba muy feliz con la idea de que Dios no existía y de que no tenía interés en mí. Y todavía al mismo tiempo, no podía alejarme".

Consejero del ex presidente Bill Clinton, trabaja 100 horas semanales (14 horas diarias, 7 días a la semana) y viaja en un mes lo que cualquier ciudadano medio de un país desarrollado viaja a lo largo de toda una vida. Francis Collins fue ateo hasta los 27 años, cuando siendo un joven médico le llamó la atención la fuerza de pacientes que en vez de quejarse a Dios, usaban su fe como fuente de fuerza y consuelo.

El científico considera que los milagros son una "posibilidad real" y descartó que la ciencia sirva para refutar la existencia de Dios debido a que está confinada al mundo "natural".

Director del Instituto Nacional Estadounidense de Investigación del Genoma Humano, reivindica que hay bases racionales para un Creador y que los descubrimientos científicos llevan al hombre "más cerca de Dios". Su libro, El lenguaje de Dios, presenta como superado y zanjado desde la fe el antiguo debate sobre la relación entre religión y ciencia. "Una de las grandes tragedias de nuestro tiempo es esta impresión que ha sido creada de que la Ciencia y la Religión tienen que estar en guerra". Para Collins, aclarar el genoma humano no creó un conflicto en su mente. En su lugar, le permitió "vislumbrar el trabajo de Dios". "Cuando das un gran paso adelante es un momento de regocijo científico porque tú has estado en esta búsqueda y parece que lo has encontrado", explica. "Pero es también un momento donde, al menos, siento cercanía con el Creador en el sentido de estar percibiendo algo que ningún humano sabía antes, pero que Dios sí sabía desde siempre". "Cuando has tenido por primera vez delante de ti estos 3,1 billones de letras del "libro de instrucciones" que transmite todo tipo de información y todo tipo de misterios acerca de la humanidad, eres incapaz de contemplarlo página tras página sin sentirte sobrecogido. No puedo ayudar, sino admirar estas páginas y tener una vaga sensación de que eso me está proporcionando una visión de la mente de Dios", ha reconocido.