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Las normas de circulación obligan en conciencia

El aviso del peligro de multa a causa de los nuevos radares en la calzada refuerza nuestra frágil voluntad de cumplir la ley de Dios que manda obedecer a las autoridades y las leyes. Junto al motivo fundamental para ello de no ofender a Dios ya que es tan bueno y amoroso con nosotros, y junto al otro motivo de no olvidarnos de lo que habrá que penar en el purgatorio por tantas transgresiones incluidas las de las leyes de circulación, ahora tenemos este aviso, que además deja claro que no podemos permitirnos ir a un diez por ciento más del límite, que es cuando cae la multa con los radares anteriores. Y eso como deber de conciencia. La cual como portavoz de Dios en nuestra alma nos exige no simplemente evitarnos la multa.  

Así lo manda Dios por medio de san Pablo:

«Es preciso someterse, no sólo por temor al castigo, sino también en conciencia» (Rm 13,5).

Lo recuerda la Iglesia en el Catecismo de 1992, nº 2238 y siguientes, dentro de los deberes del cuarto mandamiento. Además de estos, los textos de la palabra de Dios que más hacen al caso y que cita ahí el Catecismo son:

«Sométanse todos a las autoridades constituidas, pues no hay autoridad que no provenga de Dios, y las que existen, por Dios han sido constituidas. De modo que, quien se opone a la autoridad, se rebela contra el orden divino, y los rebeldes se atraerán sobre sí mismos la condenación. En efecto, los magistrados no son de temer cuando se obra el bien, sino cuando se obra el mal. ¿Quieres no temer la autoridad? Obra el bien, y obtendrás de ella elogios, pues es para ti un servidor de Dios para el bien. Pero, si obras el mal, teme: pues no en vano lleva espada: pues  es un servidor de Dios para hacer justicia y castigar al que obra el mal. Por tanto, es preciso someterse, no sólo por temor al castigo, sino también en conciencia» (Rm 13, 1-5).

 «Sed sumisos, a causa del Señor, a toda institución humana. Obrad como hombres libres, y no como quienes hacen de la libertad un pretexto para la maldad, sino como siervos de Dios» (1 P 2, 13.16.).  

Y en el nº 1916 del Catecismo, la Iglesia plantea estos deberes éticos como una conversión renovada sin cesar.

14.02.2014