.....INDEX.

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Véase:

Orígenes de la devoción al Corazón de Jesús en España

Los provinciales jesuitas vasco-navarros expulsos (1767-1773)

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Recuerdos y legado del padre Agustín de Cardaveraz

Cristiandad, Barcelona, núms 875-876, junio-julio de 2004, pág. 3

LUIS COMAS ZAVALA

Su estancia en Bilbao (1731-1734)

EL día 16 de agosto de 1731, llega el padre Agustín de Cardaveraz, S. I., a su primer destino: profesor de gramática en el colegio de San Andrés de Bilbao. Viene de Valladolid, donde durante el último año, en la casa profesa de san Ignacio (hoy parroquia de San Miguel) ha pasado la tercera probación, bajo el instructor padre Tobar, S.I., combinando este período con algunas actuaciones en misiones populares.

Ha recibido toda su formación jesuítica en tierras castellanas. Ahora vuelve a su tierra vascongada, donde permanecerá hasta el 3 de abril de 1767, fecha de la expulsión de los jesuitas de España, por orden del rey Carlos III. Tras breves destinos en Bilbao, Pamplona, Azcoitia y posteriormente en Oñate, se instala en Loyola. Realiza un fecundo ministerio apostólico, primero como misionero popular, principalmente en Guipúzcoa y Vizcaya, y posteriormente, con la salud ya más quebrantada, como director de tandas de ejercicios espirituales en Loyola, al tiempo que escribe pequeños libros en euskera para el bien espiritual del pueblo.

Este santo misionero popular jesuita recibe, desde su infancia, grandes dones místicos. Narra estas experiencias espirituales en las «Cuentas de conciencia», redactadas por orden de sus directores espirituales padre Juan de Loyola, S.J., y padre Pedro de Calatayud, S.J. También en algunas cartas dirigidasal venerable Bernardo de Hoyos, S.J.

En Valladolid conoce la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, gracias a la lectura del libro del padre Joseph Galliffet, S.J. De cultu Sacrosancti Cordis Dei et D.N. Jesu Christi en variis christiani orbis provinciis iam propagato (Roma, 1726). Han pasado cincuenta años desde las apariciones del Sagrado Corazón de Jesús a santa Margarita M.ª de Alacoque, en Paray-le-Monial, y todavía es desconocida esta devoción en España. El padre Agustín de Cardaveraz penetra en su sentido, así como comprende su oportunidad para los tiempos de frialdad que se detectan en la Europa cristiana. Recibe, como extraordinario don del Señor, algunas experiencias místicas que le confirman en esta devoción. El 11 de septiembre de 1729, tres meses antes de su ordenación sacerdotal, recibe la gracia de la primera visión del Sagrado Corazón de Jesús, que «con sus divinas y poderosas manos, abría su divino pecho y llaga del costado hasta descubrir claramente su divino Corazón, volcán de amor infinito y relicario riquísimo de la Trinidad beatísima».

Su entrega al amor misericordioso de Dios, representado en la imagen del Sagrado Corazón de Jesús, será el «tesoro escondido» que comunica a las almas durante su ministerio sacerdotal, lo que le convierte en un propagador incansable de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús en tierras vascongadas. Además, dentro de los inescrutables planes de Dios, es instrumento providencial para la misión que el Sagrado Corazón de Jesús encomienda al venerable Bernardo de Hoyos: extender en España esta devoción y culto.

El padre Agustín de Cardaveraz llega a Bilbao penetrado del tesoro del Sagrado Corazón de Jesús. Durante su breve estancia en la villa (1731-34) deja una profunda huella y siembra la semilla de esta devoción, que más tarde, dará frutos abundantes. En las líneas de este artículo, trataremos de mostrarlo.

Colegio e iglesia de San Andrés.

En 1552, visita Bilbao el segundo prepósito general de la Compañía de Jesús, san Francisco de Borja. Su estancia es breve pero muy celebrada, pues viene precedido de una gran famade santidad. Según el padre Cienfuegos, «clamaba toda la nobleza para que se detuviera a fundar colegio de la Compañía, porque lo mereciera así villa tan famosa». Pero esta fundación no resulta tarea nada fácil debido a la oposición de los conventos, del clero y del vecindario, influenciado por los tradicionales celos clericales. De hecho, no se plantea la construcción del colegio hasta 1600, año en el que muere en Alcalá de Henares, don Domingo de Gorgolla, quien deja en su testamento una renta, con destino a un colegio de los jesuitas en Bilbao.

En 1604, llegan a Bilbao los primeros jesuitas, cuatro padres y dos hermanos, que se alojan en la iglesia y casa asilo de los pobres de la Magdalena, sito en el actual Portal de Zamudio, junto a la cárcel de la villa. Tras una serie de incidentes, comienza la construcción del colegio en un solar colindante, derribándose la iglesia y casa asilo. En 1624 terminan las obras y comienza a funcionar el colegio de San Andrés.

A la iglesia del colegio, de estilo barroco, acuden numerosos fieles. El culto llega a su máximo esplendor con motivo del nombramiento de san Ignacio de Loyola como patrono de Vizcaya, en 1682. Desde entonces, cada año, allí acuden las autoridades para dar culto al que, en nombre del pueblo, han elegido como patrón y protector de Vizcaya. En esta iglesia, cada bienio, en el día de san Ignacio, se ratifica el solemne juramento de defender el dogma de la Inmaculada, por los diputados de los bandos oñaciano y gamboíno.

Con la llegada del padre Agustín de Cardaveraz, la devoción al Sagrado Corazón de Jesús significa un nuevo impulso a la vida religiosa del templo. Durante los tres años que permanece en la comunidad de Bilbao, el padre Cardaveraz trabaja muchísimo en la propagación de esta devoción, tanto en la cátedra como en la dirección espiritual de las diversas clases de personas que se acercan a su confesionario. Igualmente, en la predicación de sermones muy fervorosos y en las tareas de las misiones apostólicas.

El 25 de diciembre de 1733 escribe al venerable Bernardo de Hoyos: «Aquí procuro dar esta misma noticia del Corazón de Jesús y su culto, a varias personas, para que lo encomienden a Su Majestad, y se extienda en todos los cristianos su culto y devoción, sin decirles más en particular». En la actualidad, aún se conserva una huella o testigo de este quehacer apostólico del padre Cardaveraz: un altar dedicado al Sagrado Corazón de Jesús, de estilo rococó. Notable su composición a base de espejos y, como motivo ornamental, unos girasoles que se vuelven hacia el Corazón de Jesús, situado en el centro. Este retablo fue respetado, por su indudable valor artístico e histórico, cuando se ordenó retirar del culto el signo del Corazón, separado de la imagen.

Es el primer altar erigido en Vizcaya en honor del Sagrado Corazón de Jesús.Tras la actividad apostólica del padre Cardaveraz, perdura otro fruto: la fundación de la Congregación del Sagrado Corazón. Esta devoción continúa en el templo, aún después de dejarlo los jesuitas, expulsados en 1767. En 1871, en esta iglesia, se funda el Apostolado de la Oración para toda la villa. Testigo de esta fundación es un hermoso óleo que presidíala sala de juntas y que hoy se conserva en el archivo parroquial. Representa a Cristo, abriendo su pecho para mostrar su corazón ardiendo de amor por los hombres. A lo largo de los años, muchos bilbaínos han formado parte de esta milicia de oración al Sagrado Corazón de Jesús.

En abril de 1767, al ser expulsados los jesuitas, se cierran las puertas del colegio y de la iglesia de San Andrés, con gran pesar de muchos, que habían encontrado allí la inspiración de su vida cristiana. Pronto se busca un nuevo destino a estas dependencias. El colegio se dedica a casa de pupilaje con aulas y habitaciones para maestros de las primeras letras, latinidad y retórica. Posteriormente, albergará el Registro Civil y la Audiencia Provincial. Y en la actualidad, desde 1970, aloja el Museo Histórico deVizcaya.

En la iglesia, separada del colegio por una pared divisoria, se instala la parroquia de los Santos Juanes. El anterior templo de dicha parroquia, situado junto al hospital, muy cerca del río Nervión, que a menudo se desborda, inundándolo, presenta un estado ruinoso. Se aprovecha la expulsión de los jesuitas para reubicar la parroquia en la iglesia del colegio de San Andrés. Esta iglesia ya no pertenecerá nunca más a los jesuitas. En nuestros días, sigue siendo parroquia de los Santos Juanes, situada en la calle de la Cruz. Tanto su arquitectura como ciertos detalles de su interior, por ejemplo el altar dedicado al Sagrado Corazón de Jesús, denotan su origen jesuítico.

Octava de Corpus: 11 de junio de 1733

En el casco viejo bilbaíno, cerca del río Nervión, se encuentra otro templo: la emblemática iglesia de San Antón, que junto al puente del mismo nombre, ya destruido, se muestra en el escudo de Bilbao. Hasta 1896, un edificio anexo al templo alberga al Ayuntamiento de la Villa y en la segunda planta a una institución típicamente bilbaína, el Consulado. Limitada por la ría, el templo, el edificio anexo y los soportales de la Ribera se encuentra la plaza Vieja, sobre la que más tarde se construye el mercado de la Ribera. Pero, en tiempos del padre Cardaveraz, esta plaza es el centro de la vida del municipio, así como escenario de sus principales festejos, incluidas las corridas de toros.

Una de las fiestas más celebradas es el Corpus Christi, así como su octava. Es usual en esos años que el Ayuntamiento de la Villa encargue el sermón a un predicador. En 1733, para la fiesta de la octava, el 11 de junio, recibe este encargo el padre Agustín de Cardaveraz. Por este motivo, escribe a Valladolid, al venerable Bernardo de Hoyos, con un encargo que éste mismo narra en una carta dirigida al padre Loyola:

«El P. Agustín en carta que recibí el miércoles pasado (29 de abril), me pedía le trasladase la institución de la fiesta del Corpus, y la revelación y dificultades que para ella hubo, como lo refiere el P.Galliffet en el tomo «de Cultu Cordis Iesu» para lo que saqué de la librería este tomo el domingo (3 de mayo). Yo, que no había oído jamás tal cosa, empecé a leer el origen del culto del Corazón de nuestro amor, Jesús, y sentí en mi espíritu un extraordinario movimiento fuerte, suave y nada arrebatado ni impetuoso, con el cual me fui luego al punto delante del Señor Sacramentado a ofrecerme a su Corazón, para cooperar cuanto pudiese, al menos con oraciones, a la extensión de su culto.

»No pude echar de mí este pensamiento hasta que, adorando la mañana siguiente al Señor en la hostia consagrada, me dijo clara y distintamente que quería por mi medio extender el culto de su Corazón sacrosanto, para comunicar a muchos sus dones por su Corazón adorado y reverenciado, y entendí había sido disposición suya especial que mi hermano, el P. Agustín, me hubiese hecho el encargo, para arrojar con esta ocasión en mi corazón estas inteligencias...».

Este encargo supone el comienzo de la misión del venerable Bernardo de Hoyos, como mensajero del Corazón de Jesús. El padre Agustín de Cardaveraz es el intermediario escogido.

El 11 de junio de 1733, en la iglesia de San Antón de Bilbao, el padre Cardaveraz pronuncia el primer sermón sobre la devoción al Sagrado Corazón de Jesús en España, como lo testimonia una placa colocada en la portada principal del templo

Ciento cincuenta años más tarde

En 1767, los jesuitas son expulsados de España por orden del rey Carlos III y unos años después, en 1773, el papa Clemente XIV, por el breve Dominus ac Redemptor, suprime la Orden en toda la Cristiandad. El breve de supresión, para surtir su efecto, debía ser legalmente promulgado, pero tanto Federico II en Prusia como Catalina en Rusia lo impiden, por lo que la Compañía de Jesús sobrevive en estas dos naciones.

Muy pocos años después, sobre Europa y las dinastías se dejan sentir los efectos de una terrible tempestad revolucionaria, dejando en pos de sí, ruinas y lecciones imborrables. El papa Pío VII, humillado y encarcelado por Napoleón, al quedar libre, regresa a Roma y dispone, en 1814, por la bula Sollicitudo omnium Ecclesiarum la restauración completa de la Compañía de Jesús. En España, la acción de Fernando VII de restablecerla viene pronto acompañada de nuevas persecuciones y tribulaciones. Se vuelve a disolver durante el trienio liberal. Y ocurre otro tanto en 1835, en 1854 y en 1868 a consecuencia de nuevas acciones revolucionarias.

Debido a estos avatares históricos, los jesuitas no regresan a Bilbao hasta los tiempos de la Restauración borbónica, concretamente a fines de 1879, al abrir una residencia en el casco viejo de la Villa, en el número 1 de la plazoleta de Santiago, junto a la actual catedral. Enseguida aprecian que su ausencia durante más de cien años no ha sido óbice para obtener frutos de la semilla plantada por el padre Cardaveraz; lo que les anima a seguir adelante con nuevos planes apostólicos.

«El Mensajero del Corazón de Jesús»

En 1865, el doctor José Morgades y Gili, canónigo penitenciario de la catedral de Barcelona, pide a su obispo, monseñor Pantaleón Montserrat, la aprobación del Apostolado de la Oración en la diócesis barcelonesa y el correspondiente permiso para la traducción y publicación del libro Apostolado de la Oración, del padre Enrique Ramière, S.J., del Manual del Apostolado de la Oración y de la revista mensual El Mensajero. El obispo aprueba las peticiones y cada mes, el doctor Morgades difunde por España la traducción del Mensajero francés que, desde 1861, viene publicando el padre Ramière.

En aquellos momentos, los jesuitas están proyectando fundar un centro de estudios superiores en su provincia de Castilla. Conocen que en el PaísVasco existe, desde hace tiempo, el mismo anhelo y que, en Oñate, se ha hecho un primer intento. El País Vasco se encuentra, en aquella época, dentro de la jurisdicción jesuítica de la provincia deCastilla.

Por otro lado, cuando el doctor Morgades es preconizado obispo de Vich, él desea que los jesuitas se hagan cargo de la dirección del Apostolado de la Oración y de la publicación y difusión de El Mensajero. Y en este sentido, apremia a los superiores de la Compañía para que se decidan a ello.

La decisión sobre ambos proyectos, la Universidad y el Apostolado de la Oración, van a confluir en el mismo lugar y tiempo. En vísperas de la conmemoración del ciento cincuenta aniversario del primer sermón sobre la devoción al Sagrado Corazón de Jesús en España, pronunciado por el padre Agustín de Cardaveraz, en la iglesia de San Antón de Bilbao, el prepósito general de los jesuitas, padre Beckx, toma la decisión de construir en Bilbao la Universidad de Deusto, dedicada a los Sagrados Corazones de Jesús y María, y aprueba, al mismo tiempo, el traslado a dicho lugar, de la Dirección Nacional del Apostolado de la Oración, así como la publicación de la revista mensual El Mensajero del Corazón de Jesús. En junio de 1883 se fecha el tomo primero de la segunda serie (que es la que se publica en Bilbao; la anterior es la de Barcelona). A partir de ese momento, la revista se compone con originales propios y sólo reproduce los documentos de la dirección central de la obra.

Triduo del 11 al 13 de junio de 1883. Sermón del padre Enrique Ramière S. I. en Bilbao

Los jesuitas desean conmemorar el ciento cincuenta aniversario de la predicación del padre Cardaveraz, como un acontecimiento religioso importante para Bilbao y al mismo tiempo, revestir de carácter más público, la instalación en la Villa del Centro y Dirección Nacional del Apostolado de la Oración, lo que trae consigo la publicación en Bilbao de la revista. Por eso se organiza un triduo los días 11, 12 y 13 de junio de 1883, que se celebra en la parroquia de los Santos Juanes. Los jesuitas no tienen todavía una iglesia capaz propia y escogen la que antes fuera suya y en la que ejercitó su ministerio el padre Cardaveraz.

»... Antes de entrar en el templo, hallaban las personas piadosas y aun las que, ocupadas en sus negocios, transitaban por la calle, un anuncio vivo, digámoslo así, que les llamaba la atención. Encima de la puerta de la iglesia había un hermoso cuadro, bastante grande, del Corazón de Jesús, rodeado de muchísimas flores naturales e iluminado con mecheros de gas y cazoletas de aceite». Está presente el padre Enrique Ramière, S.J., que pronuncia un sermón memorable sobre el Apostolado de la Oración. Es su último sermón en castellano, pues muere al año siguiente, el 3 de enero de1884.

La primera piedra de la Universidad de Deusto

El 13 de junio, fecha en la que termina el triduo, tiene lugar, de forma más privada, el inicio de otro de los planes previstos. Lo cuenta también el Mensajero en su crónica: «el día 13, último del triduo, a las cinco de la tarde fue colocada la primera piedra del colegio dedicado a los Corazones de Jesús y de María que se va a erigir en la anteiglesia de Deusto, en el sitio llamado la Cava, a pocos pasos de la ría y lindante con el tranvía a LasArenas». El padre Francisco de Sales Muruzábal, provincial de Castilla, por delegación especial que le confiere el obispo de Vitoria, don Mariano Gómez, pone la primera piedra del colegio o universidad católica.

Al lado, en una caja de plomo, junto al pergamino en el que se consigna el acontecimiento, se incluyen «los tres primeros pliegos de este primer número de la segunda parte, únicos que estaban impresos entonces», según nos narra en su crónica el Mensajero.

En el primer curso académico, 1886-87, el rector es el padre Luis Martín, que posteriormente sería prepósito general de la Compañía de Jesús. Pero la figura más destacada, en estos más de cien años de vida de la Universidad, es un humilde hermano portero, que llega allí en 1888 y atiende el servicio de la portería hasta su muerte, el 9 de septiembre de1929: el beato Francisco Gárate.

Nacido en un caserío, muy cerca de la casa torre de Loyola, «el mensaje de santidad que nos ha legado es sencillo y límpido, como sencilla fue su vida de religioso inmolado en la portería de un centro universitario de Deusto», como dice el papa Juan Pablo II en la homilía de su beatificación. El padre Arrupe, que lo conoció siendo estudiante, decía de él: «... Para todos tenía el hermano una palabra oportuna, un gesto, una sonrisa, una solución caritativa; siempre abierto, acogedor, benéfico, obsequioso con todos. Pero siempre también con sencillez y naturalidad; nada de maneras artificiales o ñoñas, y mucho menos todavía credulidad ingenua y bonachona. Lo intuían perfectamente los jóvenes, cuando decían del portero de Deusto: “El hermano Finuras es un santazo, pero es también ... un vivo”».

La Universidad de Deusto evoca también, para los miembros de Schola Cordis Iesu, el paso por sus aulas de nuestro fundador. Desde 1892, durante tres años, el joven Ramón Orlandis y Despuig estudia Derecho civil y Filosofía y Letras, antes de su entrada en la casa de probación de Santa María de Veruela, el 12 de julio de 1895. En su «Ego» (escrito que redactan los candidatos al ingresar en el noviciado) escribe: «Mi vocación comenzó el año milochocientos noventa y tres, y durante algún tiempo vacilé; por fin, habiéndome aconsejado y bien examinado el asunto, confirmado en mi vocación, fui admitido a la Compañía de Jesús...». Este tiempo coincide con su estancia en Bilbao.

En una época más reciente, la Universidad de Deusto nos trae también el recuerdo de otra figura muy entrañable: el padre Juan Manuel Igartua, S.J., colaborador de esta revista y muy vinculado a todos los afanes de Schola Cordis Iesu. Bajo su dirección se establece la sección de Schola Cordis Iesu de Bilbao, el 4 de junio de 1982. Con motivo de su fallecimiento, el 14 de septiembre de 1992, la revista CRISTIANDAD dedica un número a su memoria (núm. 734-737). En él se recuerda que en Deusto «pasó los veintidós últimos años de su vida de jesuita, como director espiritual de almas, profesor de religión y escritor fecundo de libros y revistas de espiritualidad». Su labor apostólica estuvo centrada en la devoción al Sagrado Corazón de Cristo Rey y tanto desde el puesto de director nacional del Apostolado de la Oración, que ocupó antes de su estancia en Deusto, como en el apostolado a través de los libros, se le puede considerar un continuador de la obra del padre Enrique Ramière, S.J.

Las promesas del Sagrado Corazón de Jesús

Los tiempos que nos tocan vivir no son tan gloriosos como los que hemos recordado, pero el legado del padre Agustín de Cardaveraz persiste en nuestros días. Los devotos del Sagrado Corazón de Jesús esperan el cumplimiento de las promesas que él manifestó a santa Margarita M.ª de Alacoque y al venerable Bernardo de Hoyos, al tiempo que recuerdan el anuncio de grandes dificultades para la aceptación de su reinado de amor sobre los hombres y la sociedad.

Vivimos una época marcada por la secularización y el laicismo de la sociedad. El hombre se ha alejado de Dios y ha decidido expulsar a Cristo de la vida social. Pero, por otro lado, se percibe que vive en la angustia y el desasosiego, debido a las incertidumbres y problemas que le plantea su vida cotidiana. Ante esta situación, es apremiante anunciar que no habrá paz ni individual, ni familiar, ni social, ni internacional si no se vuelve a Cristo. Son de máxima actualidad las palabras de Pío XI, en la encíclica Quas primas: «En la primera encíclica proclamamos claramente no sólo que un gran cúmulo de males había invadido la tierra porque la mayoría de loshombres se habían alejado de Jesucristo y de su ley santísima, así en su vida y costumbres como en la familia y en la gobernación del Estado, sino también que nunca resplandecería una esperanza cierta de paz verdadera entre los pueblos, mientras los individuos y las naciones negasen y rechazasen el imperio de Nuestro Salvador».

Precisamente alrededor del año de la proclamación de la festividad de Cristo Rey, 1925, se levanta en Bilbao, al final de la Gran Vía, en una plaza que es actualmente una encrucijada de caminos, el monumento al Sagrado Corazón de Jesús. Sobre un basamento y una columna de piedras de sillería que alcanza cuarenta metros, se alza una imagen del Sagrado Corazón de Jesús. Circundando la columna y al pie de la imagen está colocada una inscripción con las palabras de la promesa al venerable Bernardo de Hoyos: «REINARÉ EN ESPAÑA». Este monumento supone un testimonio del legado del padre Cardaveraz, así como de la esperanza cierta en elcumplimiento de la promesa del Señor.

Sobre la ladera de uno de los montes que circundan la capital bilbaína, el monte Avril, se alza una fundación que es instrumento de la acción misericordiosa del Sagrado Corazón de Jesús sobre los miembros más marginados y necesitados de la sociedad. Su sustento diario depende totalmente de la Providencia divina y se llama Institución Benéfica del Sagrado Corazón. Fue fundada, a mediados del pasado siglo XX, por el padre Arístegui y una nieta de la beata Rafaela de Ibarra. En la labor callada y abnegada de las religiosas y de los numerosos seglares colaboradores, se manifiesta una vez más la acción del Sagrado Corazón de Jesús.

Ellos son también herederos del legado del padre Cardaveraz. Al considerar todos estos recuerdos, así como el legado del padre Agustín de Cardaveraz, vuelve a nuestros labios, una vez más, la aspiración siempre anhelada: «Adveniat regnum tuum», con el deseo de que pronto se haga realidad.

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Las «Cuentas de conciencia», del padre Cardaveraz

Cristiandad, Barcelona, núms 875-876, junio-julio de 2004, pág. 8

IGNACIO M.ª AZCOAGA BENGOECHEA

El 28 de diciembre de 2003 se cumplió el tercer centenario del nacimiento de este insigne hijo de la localidad guipuzcoana de Hernani, predilecto y apóstol incansable de la devoción al Corazón de Jesús en el País Vasco, al que el papa Pío XII en el radiomensaje emitido con ocasión de la inauguración del monumento al Corazón de Jesús en San Sebastián calificó de «gran apóstol del Corazón de Jesús».

«Cuentas de conciencia»

Con esta ocasión, se ha publicado un libro titulado Cuentas de conciencia del padre Cardaveraz, con edición e introducción de J. Ignacio Tellechea Idígoras, editado por Fundación Universitaria Española y Universidad Pontificia de Salamanca (Madrid, 2003). En la introducción que el historiador guipuzcoano titula: «Un jesuita, místico, del siglo XVIII», dice que «¿jesuita y místico? Puede extrañar a quienes en la tradición espiritual de la Compañía de Jesús resaltan su carácter ascético y aun voluntarista... Extraño puede parecer también un místico del siglo XVIII, dominado por el culto a la razón e insensible hacia la mística».

Los escritos que Tellechea ha recogido en esta oportuna y magnífica obra proceden de los años de noviciado hasta el final de sus estudios de teología,y están perfectamente fechados: comienzan el año1723 y finalizan el año 1728; ocupan, por tanto, un breve espacio de tiempo de su vida, que duró 67 años. No obstante, son los años en los que Dios modela su alma, al modo divino, y le otorga una serie de gracias singulares y dones místicos, entre los que hay que destacar el haber sido uno de los escogidos por el Corazón de Jesús para darse a conocer física y místicamente y, mediante ello, formar el primer grupo de los grandes apóstoles de la devoción al Corazón de Jesús en España.

Esta cuidada obra que ha preparado Tellechea Idígoras, es un excelente regalo de cumpleaños en eltercer centenario de su nacimiento para quienes han conocido la persona del padre Agustín de Cardaveraz y magnífica ocasión para que sea conocido por los que aún no conocen al hombre de Dios, a quien tanto debe el País Vasco por su labor misionera y apostólica y puedan acceder, mediante su lectura, al alma de un gran místico.

Dice en la introducción y valga para suscitar el interés por leer esta obra: «Hay en los escritos de Cardaveraz trazos de la que podíamos llamar mística de la pasión de Cristo, reverberos de la nueva devoción al Corazón de Cristo anteriores a los del venerable Hoyos que sería su dirigido espiritual, percepciones hondas del amor de Dios y de la ingratitud y ceguedad de los hombres, ansias apostólicas de convertir a los humanos. Llama singularmente la atención la manifestación de Jesús niño o adolescente.

».De otro orden es la experiencia del mundo empecatado, víctima de sus pasiones, descrita largay morosamente, sin que tal vivencia afectase a sualma, sino que por el contrario la encendiese en de-seo reparador y apostólico. ... Y toda esta experiencia de Dios y de las almas no es fruto de lecturas o de razonamientos, sino percepción global e instantánea en toda su complejidad, intuición que no discurso, iluminación interior multicomprensiva, “sin trabajo nuestro” como dijo santa Teresa».

Referencias del padre Cardaveraz en CRISTIANDAD

No es desconocida la persona y obra del padre Cardaveraz para los lectores de esta revista. Así, en el año 1973, José Manuel Zubicoa en el número de junio-julio de 1973 (p. 166) en el artículo «Orígenes de la devoción al Corazón de Jesús en España», dice: «había nacido [el padre Cardaveraz] en Hernani (Guipúzcoa) el 28 de diciembre de 1703; el 20 de agosto de 1721 fue recibido en el noviciado de Villagarcía de la Compañía de Jesús; sus directores fueron los padres Loyola y Calatayud. Durante el curso 1726-1727, en su primer año de teología en el colegio de san Ambrosio de Valladolid, lee el libro del padre Galliffet y se convierte a esta devoción. Recibe muchas inteligencias y favores del Sagrado Corazón, que le eleva a los más altos grados de la mística; el 11 de septiembre de 1729 Jesús le introduce en su Corazón y, 18 días después celebra los desposorios místicos con Nuestro Señor y desde entonces se apellida «de Jesús». Se trata de un gran místico español del siglo XVIII, hoy casi completamente desconocido. Se dedicó a las misiones populares y fue, por tanto, un hombre de acción apostólica centrado en la extensión del culto al Sagrado Corazón; él pronunció el primer sermón acerca de esta devoción en España, el 11 de junio de 1733, víspera del día del Sagrado Corazón, en Bilbao».

El sermón aludido lo predicó en la iglesia de San Antón Abad de Bilbao, con la asistencia del ayuntamiento de Bilbao. De este acontecimiento nos queda la referencia dada por el propio padre Cardaveraz en la obra Jesu Cristo gure Jaunaren Biotz guciz santuaren devocio, ta bederatci urrena (Devoción y novena del Sacratísimo Corazón de Nuestro Señor Jesucristo). En esa obra escribe Cardaveraz: «Bilboco Uri noblean lenengo, nerequico, Jesusen Biotzaren Festa au Pulpituan aditcera emanzan, ta guero laster Españan» (En la noble ciudad de Bilbao en primer lugar, se dio a conocer en el púlpito esta fiesta al Corazón de Jesús por mí mismo y luego enseguida en España). El padre Ramière S.J., segundo fundador e impulsor del Apostolado de la Oración, 150 años más tarde, para conmemorar la efemérides, pronunció un sermón, en la parroquia de los Santos Juanes, titulado «El Apostolado de la Oración, apostolado del Corazón de Jesús». Según dice el propio padre Ramière al comienzo del mismo, la ocasión del sermón era: «Celebrar las alabanzas del Corazón de Jesús en la misma villa en que, por primera vez en España, ciento cincuenta años ha, se predicó la devoción a este amabilísimo Corazón; en la misma Iglesia donde tantas veces el seráfico padre Agustín de Cardaveraz fue favorecido con sus milagrosas comunicaciones; delante de los dignos descendientes de los fervorosos cristianos, que correspondieron con tanta fidelidad al evangélico celo del apóstol del Corazón de Jesús, padre Pedro de Calatayud». Aún en el año 1983 tuvo lugar un acto conmemorativo con la presencia del obispo de la diócesis de Bilbao.

Fue precisamente Cardaveraz quien dio a conocer la devoción al Corazón de Jesús al padre Bernardo de Hoyos, ya que le hizo leer la obra del padre Galliffet De cultu sacrosancti Cordis Dei Jesu al pedirle unos apuntes para el citado primer sermón sobre el Sagrado Corazón y después de ello fue elegido por el Corazón de Jesús de modo extraordinario para ser el primer apóstol de la devoción al Corazón deJesús de forma pública.

En el número de CRISTIANDAD de julio-agosto-septiembre-octubre de 1983 se reprodujeron unos artículos que el padre José Ramón Eguillor, S.J., había publicado en la revista Manresa para dar a conocer la persona y obra de este místico jesuita del siglo XVIII que titula «Escritos espirituales del P. Cardaveraz».

En cuanto a la semblanza espiritual, dice el padre Eguillor que «se puede resumir así:

1) Fue un gran asceta de los Ejercicios espirituales de san Ignacio.

2) Fue místico de primera categoría, comparablecon los más grandes.

3) Cuando se hallaba en las más altas cumbres de su mística y próximo ya a su ordenación sacerdotal, tuvo las primeras visiones del Sagrado Corazón de Jesús.

4) Además de su papel y de su labor personal, providencialmente se vio preparado para ...: colaborar con los superiores en la dirección espiritual del joven Bernardo de Hoyos...».

Después, el padre Eguillor transcribe algunos escritos que se encuentran entre un grupo de escritos denominados «cuentas de conciencia» que algunos directores espirituales pedían a sus dirigidos como en el caso del padre Cardaveraz, entre otros, el padre Loyola y el padre Calatayud. Trascribe primero un resumen autobiográfico que se encuentra en el archivo de Loyola; segundo la descripción que hace al padre Loyola de la primera visión del Corazón de Jesús, que tuvo lugar el 11 de septiembre de 1729; tercero, un resumen de gracias místicas; cuarto, una carta que escribió a los padre Loyola y Calatayud, el 7 de octubre de 1729 tres meses antes de su ordenación sacerdotal en la que relata el haber tenido una visión en la que el Corazón de Jesús le dejó pasar a su interior y donde dice «tuve altísimas inteligencias y entendí experimentalmente grandes misterios» y relata los dones místicos de que se vio colmado en aquella ocasión por virtud del Corazón de Jesús.

En el número de enero-febrero de 1991, con motivo de rememorar el cuarenta aniversario de la bendición de la imagen del Sagrado Corazón de Jesús del monte Urgull de San Sebastián, escribí un artículo titulado «El padre Cardaveraz y la devoción al Corazón de Jesús en el País Vasco». Entre otras cosas se dice en aquel artículo: «El padre Cardaveraz en junio de 1727 celebró por primera vez la fiesta del Sagrado Corazón y ese verano refiere, en sus escritos, visiones claras del mismo Corazón. Es de notar que en las primeras visiones el Sagrado Corazón se le aparece como adolescente o niño, lo cual tuvo una repercusión en sus misiones por el País Vasco, pues varias parroquias de Guipúzcoa y Vizcaya, como las de Idiazábal, Abalcisqueta, Santa María de San Sebastián y Marquina, representan al Sagrado Corazón como adolescente».

En el artículo se recogen datos de la incansable labor y los frutos de su misión apostólica por todo el País Vasco y así de 1735 a 1755 dio más de 150 misiones y fundó gran número de congregaciones y cofradías del Sagrado Corazón de Jesús: se conocen actas fundacionales de varios pueblos y de algunas como de la de Zaldibia se guarda el original en el archivo de Loyola. «La primera congregación del Sagrado Corazón, en Vizcaya, con bula e indulgencias de Roma, la fundó en el año 1738 en la villa de Elorrio; en Guipúzcoa, la primera fue la de Tolosa; y en Álava, la de Salvatierra».

Valgan estas referencias, que no son las únicas en las que aparece citado el padre Agustín de Cardaveraz para recordar y homenajear a quien tanto bien hizo con su labor apostólica y vida y muerte en olor de santidad.

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LOS VERDADEROS AMIGOS DEL CORAZÓN DE JESÚS (XIV)

Cristiandad, Barcelona, núms 875-876, junio-julio de 2004, pág. 10

Llegada a España de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús

JOSÉ-JAVIER ECHAVE-SUSTAETA

«Pidiendo esta fiesta (del Corazón de Jesús) Jesús me dijo: Reinaré en España, y con más veneración que en otras partes». (Bernardo deHoyos, 14 de mayo de 1733)

La devoción al Corazón de Jesús, la sintió ya san Juan reclinando su cabeza sobre el pecho del Señor en la santa Cena y ha estado siempre presente en la Iglesia, aunque reservada a la devoción y al culto privado. Así se la reveló el Señor a santa Gertrudis, a santa Magdalena de Pazzis, a san Juan Eudes y a otras almas y grupos escogidos por él, hasta que en la aurora de los tiempos modernos, a finales del siglo XVII, cuando la caridad de muchos comenzó a enfriarse por obra de la mala doctrina, el propio Jesús decidió descubrir los tesoros de su Corazón a la hermana Margarita María en Paray-le-Monial, manifestándole el apremiante deseo, que no podía ya contener, de dar a conocersu amor misericordioso a todos los hombres, pidiendo le correspondieran mediante la devoción a su Corazón.

Margarita María, enclaustrada en un convento deBorgoña, se quejó al Señor de que la misión que le encomendaba de dar a conocer al mundo la revelación de su amor, y de pedir al Papa la institución enla Iglesia del culto público a su Corazón, era supe-rior a sus fuerzas. Jesús la tranquilizó diciéndole queno reparase en sus parcos medios, ya que la obra laharía él, valiéndose de personas pobres y despreciadas, como ella, para que quedase patente que no eracosa del talento de los hombres, pero que encomendaba especialmente a su orden de la Visitación latarea de difundir la devoción a su Corazón, y a losjesuitas la de dar a conocer su valor: «Jesucristo meha hecho conocer de manera que no puedo dudar, que era por medio los padres de la Compañía de Jesús, que quería establecer por todas partes esta devoción».

Sólo un pequeño número de jesuitas conoció y tomó desde el principio como propio este precioso encargo: las revelaciones contenidas en los escritos de la hermana Margarita María, fueron avaladas por el santo Claudio la Colombière, y confiadas por éste a sus discípulos, los padres Croiset y Galliffet, quienes las difundieron con sus libros, propagándola un grupo de jóvenes jesuitas franceses que en el primer tercio del siglo XVIII habían extendido la devoción por toda Francia, y desde allí había pasado a Flandes, Austria, Italia, y hasta Canadá, Persia, China y a las islas de América. Pero habían transcurrido casi sesenta años desde las primeras revelaciones, y másde cuarenta desde la muerte de la mensajera Margarita María, y a España, a un centenar escaso de leguas de Paray-le-Monial, no había llegado ni noticia de tan trascendental acontecimiento.

¿Cómo pudo Dios permitir que se dilatase tanto la llegada a los españoles de la consoladora noticia del amor misericordioso de su Corazón?

Dice el padre Peñalosa, S.I., en 1734: «Pudiera discurrir que el infierno, barruntando el gran lugar que ha de tener en los corazones españoles el Corazón amable de Jesús, ha empleado todos los desvelos de su vigilante malicia para estorbar que llegue a nuestros oídos el eco dulce de tan importante devoción. Pero, por más esfuerzos que haga, por más que gire en torno de su astucia la envidia de esta antigua serpiente, espero que se ha de introducir, ¿qué digo introducir?, se ha de entronizar en España el Corazón adorable de Jesús». En carta de 12 de abril de 1734 el mismo padre alienta a los jesuitas de la provincia de asistencia española: «Si se echa tarde la semilla de esta devoción, no importa. El Señor mirará con benignidad nuestra tierra, dotándola de tan generosa fecundidad, que supla largamente las demoras del tiempo con la abundancia del fruto. Aunque España comience la últimaen su carrera, su alentado fervor podrá alcanzar, y por ventura pasar, con el favor divino, a los primeros». Siglo y medio después, el padre José Eugenio de Uriarte, S.I., lo confirma en la introducción de suprecioso libro Principios del Reinado del Corazón de Jesús en España: España será «trono del reinado, tardío sí, pero glorioso, tanto cuanto estable, de las dulzuras, de las gracias y del amor del Corazón de Jesús sobre la tierra».

El Corazón de Jesús empezó a darse a conocer en nuestra España por Agustín de Cardaveraz, director y maestro de Bernardo de Hoyos.

«¿Quién hubiera dicho en 1729 que aquella centellita que había dejado caer el Corazón de Jesús en el de Agustín de Cardaveraz, había de causar tanto incendio en nuestra patria?... Por este director y maestro de Bernardo de Hoyos empezó el reinado del Corazón de Jesús en España». (Padre Uriarte, S.I.)

El novicio guipuzcoano Agustín de Cardaveraz en el curso 1726-1727 estudiando teología en Valladolid, tuvo conocimiento del libro latino De Cultu recién publicado en Roma por el padre Galliffet sobre el culto al Sagrado Corazón de Jesús: «Me consolé mucho en el Señor cuando leí el tomo del padre Galliffet en San Ambrosio, y lo leí muchas veces». A partir de entonces el Corazón de Jesús le fue preparando para sus proyectos. “El 11 de septiembre (de 1729), cuenta Agustín, me hizo S. Majestad mirar a Sí... y vi que abría su divino pecho y llaga del costado, hasta descubrirse claramente su divino Corazón, volcán de amor infinito y relicario riquísimo de la Trinidad beatísima. Y habiéndose también abierto aquel sagrario de la divinidad, Jesús me dijo: «Hijo, entra en éste mi Corazón, y descansarás en él a tu gusto» ...estuve así perdido y hundido por un rato, y perdí luego de vista a mi Jesús al entrar en su Corazón; porque me pasó de su humanidad a la divinidad... me sumergí y perdí en el golfo inmenso de la divinidad, como cuando un pececillo se zambulle en el océano, sin poder hallar fondo ni término. Vi en aquellas divinas tinieblas e inmersión de la divinidad, altísimos secretos”. Pocos días después, el 25 de septiembre de 1729, escribe: “Tuve altísimas inteligencias y entendí experimentalmente grandes misterios, sobre todo referente a que «un soldado le abrió el costado y de continuo salió sangre y agua»”.

«Esta empresa la ha tenido reservada el amor de Jesús para sus jesuitas»

Agustín, que en diciembre de 1729 se ordenaba sacerdote en Valladolid, se queja a su amigo y director el padre Juan de Loyola de que la causa del Corazón de Jesús –«esta empresa tan gloriosa y heroica, que la ha tenido reservada el amor de Jesús para sus jesuitas»–, algunos compañeros no la secundan: «Nuestros jesuitas no todos están tan inclinados a estas congregaciones. Dichosos mil veces nosotros si, unidos a su adorable Corazón, cooperamos a una a sus amorosos designios... Una cosa hemos de rogar con todo afecto al Corazón de Jesús y es que su Majestad se apodere con su divino amor, suave y eficazmente, del de los de sus escogidos instrumentos, los jesuitas, pues conozco en su Majestad, que la indiferencia o tibia inacción de algunos de los nuestros, es en gran parte el impedimento a los amorosos designios del Corazón divino que se quiere comunicar y difundir en los de los otros. El demonio hace todos sus esfuerzos para que los nuestros no tomen con el debido celo el asunto, y si una vez logramos la felicidad de que nuestro amor Jesús gane de veras para Sí los corazones de muchos de los nuestros, que pueden y no hacen, se verán efectos prodigiosos en todos los fieles. Esto, esto hemos de rogar al mismo amor Jesús, que prenda de veras este divino fuego consumidor en los hijos de Ignacio, que después abrasarán a todos losdemás en sus ardores».

«Ruego a los santos ángeles que acompañan a los nuestros que no se consagran con todo empeño a dar esta complacencia tan justa y deseada a las ansias continuas que oprimen el Corazón de nuestro amor Jesús, que ya que no puedo pegar a los tales este fuego celestial, que ellos con su poder den asaltos y una santa batería a sus corazones; que despierten a los dormidos, que animen a los remisos, que den voces interiores a todos que les hagan experimentar cuan dulce cosa es amar a Jesús y estar eternamente en su Corazón para que todos a una se conjuren santamente a conquistar los de los fieles ignorantes, olvidados o ingratos, y dar este descanso al Corazón afligidísimo de Jesús... en una devoción que por su fin es la devoción de las devociones, pues ésta en esta vida es adorar a Jesucristo nuestro amor en el Santísimo Sacramento... Nuestro amor Jesús nos tenga eternamente en su divino Corazón. Azcoitia, y julio 8 de 1736.-. in sacro Corde Jesu. Jhs.- Agustín de Jesús.» (El padre Agustín había cambiado su nombre por el Agustín de Jesús)

En la octava del Corpus de 1733 el padre Cardaveraz predica en Bilbao el primer sermón que sobre el Corazón de Jesús se oye en España

El ayuntamiento de la Villa de Bilbao le encarga al padre Cardaveraz el sermón de la octava del Corpus, que predica el 11 de junio de 1733 ante la corporación en pleno, en su parroquia de San Antonio Abad, el primer sermón que sobre el Corazón de Jesús se oye en España. Hasta 1755 se ocupó en misionar los pueblos de Guipúzcoa y Vizcaya, predicando y fundando congregaciones del Corazón de Jesús. En 1738 fundó en Elorrio la primera, arraigada con tal éxito que escribe: «El viernes del Corazón de Jesús se hizo la fiesta espiritual más solemne que jamás se vio en aquel pueblo»

En 1755 se retiró enfermo a la casa de Loyola, dedicándose a dar Ejercicios. Su fama de santidad era tal que el famoso padre Larramendi, que convivía con él, decía: «Cuando el padre Agustín habla es menester ceder, porque este padre siempre habla por luces superiores». De Loyola no saldría sino para el destierro por la Pragmática de Carlos III el 3 de abrilde 1767, pasando a San Sebastián, donde le embarcaron con los jesuitas de Guipúzcoa y Navarra hasta El Ferrol, y de allí en dos convoyes, tras largas semanas de navegación y frustrada arribada a Civitavecchia, donde no fueron admitidos por el Papa para manifestar a Carlos III que no podía disponer por su cuenta de sus territorios. En invierno, atravesando los Apeninos, le residencian en Castel San Giovanni, junto a Bolonia, en los Estados Pontificios. Enfermó, nadie supo de qué, sin duda de dolor por ver a su patria como abandonada de la mano de Dios, y, apremiado por el deseo de poder descansar para siempre en el Corazón de su amor Jesús, murió a los 66 años, el 18 de octubre de 1770, rodeado de sus íntimos: los padres Calatayud, Idiaquez y Mendiburu. En su funeral se dijo de él que «había conservado pura la estola de la inocencia bautismal, llevando una vida más angélica que humana». En1908 sus restos fueron repatriados a España, conservándose en una arqueta en la basílica de San I-nacio de Loyola.

Agustín de Cardaveraz será el humilde eslabón de la fina cadena de confidentes y verdaderos amigos escogidos por el Corazón de Jesús para dar aconocer y promover, suave y pacientemente, su devoción a su Iglesia en España. Esta fina cadena la inicia Jesús con Margarita María, quien la transmitió a Claudio la Colombière, y éste a sus jóvenes oyentes de Lyon, Juan Croiset y José Galliffet. A través del libro de este último, la conoció Agustín de Cardaveraz, quien encargándole la transcripción de uno de sus pasajes, se la hizo conocer a su amigo Bernardo de Hoyos, quien sería ya el elegido del Corazón de Jesús para llevar a cabo su rápida difusión pública por toda España y América. Habían transcurrido sesenta años, parece mucha tardanza, pero así son los caminos de Dios.

«El Señor me dijo clara y distintamente, que quería por mi medio extender el culto de su Corazón» (Bernardo de Hoyos)

Agustín de Cardaveraz, salvo con su director, el padre Loyola, y luego con el padre Calatayud, había callado a los demás las gracias recibidas sobre la devoción del Corazón de Jesús, y ni siquiera le habló abiertamente de ella a su amigo y confidente Bernardo de Hoyos. Si había venido celebrando su fiesta desde 1726, lo hacía privadamente, sin pensar que tuviera la misión de extenderla por España. Pero los tiempos iban a cambiar, y en la primera quincena de mayo del año del Señor de 1733 el Corazón de Jesús iba a encargar al novicio jesuita Bernardo de Hoyos, que no había cumplido aun los veintidós años, estudiante de segundo curso de teología en Valladolid, el dar a conocer y promover en España el culto público de la devoción a su Corazón. «Todos los favores que Jesucristo, Señor nuestro, había hecho hasta entonces a Bernardo, se dirigían al culto de su Sagrado Corazón. Había llegado ya el tiempo de la amorosa providencia de Dios para descubrir a nuestra España la fuente divina e inagotable de sus gracias» (Padre Loyola).

Bernardo Francisco de Hoyos, nacido en Torrelobatón (Palencia) el 21 de agosto de 1711 había ingresado a los 15 años en el noviciado jesuita,y en la primavera de 1733 se hallaba estudiando teología en el colegio de San Ambrosio de Valladolid. Ni noticia tenía de la devoción al Corazón de Jesús, cuando el 3 de mayo de 1733... pero mejor será oír al propio Bernardo:

«El P. N. (Cardaveraz) en carta que recibí el miércoles pasado (29 de abril) me pedía le trasladase la institución de la fiesta del Corpus y la revelación y dificultades que para ello hubo (se refiere a las contradicciones que en el siglo XIII tuvo santa Juliana de Cornillón para el establecimiento de la fiesta del Corpus Christi, que Cardaveraz quería comparar con las que se oponían ahora a la introducción de la fiesta del Corazón de Jesús) como lo refiere el padre Galliffet en el tomo de Cultu Cordis Dei Jesu, para lo que saqué de la librería este tomo el domingo (3 de mayo). Yo que no había oído jamás tal cosa, empecé a leer el origen del culto del Corazón de nuestro amor Jesús, y sentí en mi espíritu un extraordinario movimiento fuerte, suave y nada arrebatado ni impetuoso, con el cual me fui luego al punto delante del Señor Sacramentado a ofrecerme a su Corazón, para cooperar cuanto pudiese, a lo menos con oraciones, a la extensión de su culto. No pude echar de mí este pensamiento hasta que, adorando la mañana siguiente al Señor en la hostia consagrada, me dijo clara y distintamente, que quería por mi medio extender el culto de su Corazón... y entendí que había sido disposición suya especial que mi hermano el P.N. (Cardaveraz) me hubiese hecho el encargo, para arrojar con esta ocasión en mi corazón estas inteligencias».

«Me mostró su divino Corazón todo abrasado en amor y condolido de lo poco que se le estima»

Bernardo escribe aún estremecido: «Todo el día anduve con notables afectos al Corazón de Jesús; y ayer (5 de mayo de 1733) estando en oración, me hizo el Señor un favor muy semejante al que hizo a la primera fundadora de este culto, la V.M. Margarita Alacoque. Mostróme su divino Corazón todo abrasado en amor y condolido de lo poco que se le estima. Repitiéndome la elección que había hecho de este indigno siervo suyo para adelantar su culto... y que sería singular agrado suyo que esta Provincia de su Compañía (de Castilla) tuviese el oficio y celebrase la fiesta de su Corazón como se celebra ya en tantas otras partes». (Vida y milagros del P. Hoyos, P. Loyola).

Al recibir el padre Agustín el escrito pedido y comprobar que iban cumpliéndose los planes, hasta entonces ocultos, del Corazón de Jesús, recibió también las quejas de Bernardo por no habérselos comunicado antes; y le respondió: «Descuido o cortedad de mi genio ha sido el no haberle comunicado antes de ahora este tesoro y mina riquísima del Corazón divinísimo de nuestro amor Jesús... Yo desde mi primer año de teología he celebrado según mi tibieza esta festividad al otro día de la octava (del Corpus), y desde que me ordené he procurado todos los viernes hacer especial mención mentalmente en el santo sacrificio de la Misa en honor de este misterio soberano. ¡Ojalá hubiera modo de extender este culto! Ya tengo apuntado en mi sermón de la octava, hablando de la institución solemne del Corpus, citando al P. (Galliffet) en ese tomo, cómo escribió sobre el culto y nueva festividad del divino Corazón, que es mañana en muchos reinos, aunque acá en España no la logramos aún».

«Vi el deseo y como ímpetu que padecía su Corazón por comunicar a los hombres los tesoros y riquezas del Padre depositadas en aquel sagrario»

Sigue Bernardo de Hoyos: «El domingo pasado (10 de mayo) inmediato a la fiesta (de la aparición) de nuestro san Miguel, después de comulgar sentí a mi lado a este santo Arcángel, que me dijo, cómo el extender el culto del Corazón de Jesús por toda España, y más universalmente por toda la Iglesia, aunque llegaría el día que esto suceda, ha de tener gravísimas dificultades, pero que se vencerán... «Después de esto se me mostró aquel divino Corazón de Jesús todo arrojando llamas de amor, de suerte que parecía un incendio de fuego abrasador... cerró y cubrió mi miserable corazón dentro del suyo, donde por visión intelectual admirable vi los tesoros y riquezas del Padre depositadas en aquel sagrario; el deseo y como ímpetu que padecía su Corazón por comunicarlas a los hombres... «Desde entonces he andado absorto y anegado en este divino Corazón; al comer, al dormir, al hablar, al estudiar, no parece palpa mi alma otra cosa que el Corazón de su amado, y cuando estoy delante del Señor Sacramentado, aquí es donde se desatan los raudales de sus dulcísimos favores, y, como este culto mira al Corazón Sacramentado como a su objeto, aquí logra de lleno sus ansias amorosas».

«Pidiendo esta fiesta para España me dijo Jesús: Reinaré en España, y con más veneración que en otras partes» (14 de mayo de 1733)

El 14 de mayo, día de la Ascensión, cuenta Bernardo como después de comulgar “tuve la misma visión referida al Corazón, aunque con la circunstancia de verle rodeado con la corona de espinas y una cruz en la extremidad de arriba, ni más ni menos que le pinta el P. Galliffet (en la lámina con que encabeza su libro). Convidaba el divino amor Jesús a mi corazón se metiese en el suyo por aquella herida: que aquel sería mi palacio, mi castillo y muro en todo lance. Y, como el mío aceptase, le dijo el Señor: “¿No ves que está rodeado de espinas, y te punzarán?”. Que todo fue irritar más mi amor que, introduciéndose en lo íntimo, experimentó eran rosas las espinas. Recogida toda el alma en este camarín celestial, decía “Este será mi descanso por los siglos de los siglos, aquí habitaré, porque lo he elegido” (Salmo 131,14). Pedí a la Santísima Trinidad esta fiesta en especial para España, en que ni aun memoria parece hay de ella, y me dijo Jesús: «Reinaré en España, y con más veneración que en otras muchas partes»”. (P. Loyola. Vida y milagros del P. Hoyos (1.III, c.I). El 12 de junio de este año 1733, viernes posterior a la octava del Corpus, Bernardo de Hoyos se consagraba al Corazón de Jesús con la fórmula del padre La Colombière, y el 29, día de renovación de sus votos, san Pedro le aseguraba que uno de sus sucesores (el beato Pío IX) establecería la fiesta en toda la Iglesia. El 31 de julio, después de la comunión, se le aparecen san Ignacio y san Francisco Javier, y el primero le habló muy despacio sobre la devoción al Corazón de Jesús, y le hizo saber como la Providencia quería dar a la Compañía la gloria de ver a sus hijos propagar su culto, obtener de la Iglesia la fiesta deseada, y encargarse de hacerla aprobar.

En la fiesta del 15 de agosto: «Vi el Corazón del Padre Eterno, esto es, su inmensa bondad en símbolo de corazón, como un globo inmenso de fuego, cuya infinita grandeza se extendía sobre toda la tierra, cielos y más allá de los abismos. Los inmensos resplandores y como inundaciones de luz que despedía, se recogían en el Corazón sacrosanto de Jesús... los benéficos rayos que esparcía, se iban como estrechando hasta recibirse toda su actividad en el Corazón amabilísimo de nuestra Madre María Santísima, que miraba en forma de sol brillante y hermoso el cual inmediatamente comunicaba a los hombres y a toda la tierra la multitud de rayos y luces que había recibido». «En la acción de gracias pedí la extensión del Reino del mismo Corazón sagrado en España, y entendí que se me otorgaba... dilatándose tanto en deseos mi pobre corazón que piensa extender en el Nuevo Mundo el amor de su amado Corazón de Jesús, y todo el universo se le hace poco» (28 de octubre).

«Tesoro escondido en el Sagrado Corazón descubierto a nuestra España»

Como quien tiene autoridad, el novicio Bernardo encomienda a sus amigos y superiores la puesta en práctica de su plan: publicar en castellano las mejores obras con que fundamentar la nueva devoción; propagarla mediante la predicación y reparto de libros, estampas y novenas; fundar congregaciones del Corazón de Jesús, y ganar para la causa a la jerarquía eclesiástica y la influencia de la Corte, para así hacer aprobar por Roma la misa y el oficio de su fiesta para España.

Encarga a su antiguo maestro de novicios padre Loyola que pida al padre Galliffet el reglamento de las congregaciones del Sagrado Corazón, y la autorización para traducir su libro. Desde entonces Galliffet estaría en contacto con Hoyos y sus confidentes. Loyola creyó mejor hacer una obra nueva, que terminaría pronto, y que Bernardo corrigió a su gusto. Fue remitida, y sorprendentemente aprobada en Roma, tras lo cual Bernardo obtuvo para el libro algo entonces impensable: el imprimatur, no sólo del provincial de Castilla, sino el del obispo de Valladolid don Julián Domínguez de Toledo, poco amigo de los jesuitas y de las devociones nuevas. Con tales aprobaciones Bernardo obtuvo indulgencias de varios obispos a los que vinculó así con la devoción, buscó fondos y se encargó de su impresión. Así apareció en octubre de 1734 el Tesoro escondido en el Sagrado Corazón descubierto a nuestra España, con breve noticia de su culto, propagado ya en varias provincias del orbe cristiano, dedicado al arzobispo de Burgos. Este piadoso arzobispo, don Manuel de Samaniego, a sugerencia del novicio Bernardo, envió un ejemplar a todos los obispos de España con una apremiante invitación personal a pedir a Roma para sus respectivas diócesis la misa y el oficio del Corazón de Jesús. «Creo que todos los que son vivos han dado su carta», escribe al padre Loyola. Envió luego sendos ejemplares al palacio real, a los príncipes don Fernando (VI) y doña Bárbara, de cuyas manos fueron pasando a la nobleza de la corte. El mismo año 1734 Bernardo encargó al padre Peñalosa la traducción al castellano de La devoción al Corazón de Jesús, del padre Croiset, que sería editado en Pamplona por cuenta de Juan Francisco Garisoain.

Los pecados de los hombres no bastan a apagar, sino que sirven para encender más el amor del buen Jesús por ellos

El 2 de enero de 1735 Bernardo de Hoyos, con dispensa de la edad por Roma, era ordenado sacerdote a los 23 años. En su primera misa, celebrada en honor del Corazón de Jesús, «como sacerdote propiamente suyo, consagrado y dedicado a su culto», oyó a Jesús decir a su Padre: «He escogido a Bernardo para que se consagre del todo a la reparación de mi Corazón, para que aplaque Vuestra justa indignación, ofreciéndome a Mí en sacrificio. Para esto le he honrado con el sacerdocio... Una vez en la misa me mostró mi amor Jesús su adorable Corazón todo abrasado en amor, y como en una grande opresión por las vivísimas divinas ansias que padecía y padece por comunicarse a los hombres. Entonces sentí un fuego extraordinario en el mío, que por una parte se licuaba de amor, y por otra se me partía de dolor... viendo que no puedo dar entero cumplimiento a los deseos de su divino Corazón, estampando a sagrado fuego un incendio general que abrase en su amor todos los corazones humanos, y como no los puedo abrasar a todos como yo quisiera en su amor».

Habiéndosele dado a conocer que «los pecados de los hombres no bastan a apagar, sino que sirven para encender el amor nobilísimo del buen Jesús, Bernardo no sabía ni podía formar discurso algunosin referirlo a las glorias del Corazón de Jesús», y cómo tenía impresa en su alma «la revelación que Jesús hizo a Margarita María de que quería que la imagen de su Corazón, perfectamente delineada, se expusiese a la vista de los fieles para que a la vista de tan amable objeto se ablandase la dureza de los corazones... El Sagrado Corazón me dio a entender que quería que se expusiese en España su imagen, como la que trae el padre Galliffet, que así se mostró el Corazón sagrado a la beata Margarita, y casi siempre se me ha descubierto a mí con las mismas insignias. Entendí había de enternecer muchos corazones este amabilísimo objeto» (Padre Loyola)

«¿Crees que todo esto es obra de los hombres? No, es obra de mi Padre, que se complace en mi Corazón»

Le quedaban sólo once meses de vida, y el ya sacerdote Bernardo de Hoyos los dedicó a extender la devoción, enviando por doquier estampas y novenas del Corazón de Jesús, que en gran número había hecho traer de Roma, con una plancha para poder imprimirlas también aquí. «Con la lámina que llegó de Roma se estamparon tantos millares, que al poco tiempo se inutilizó del todo, pero la devoción estaba ya tan ardiente que para contentarla fue preciso abrir nuevas láminas y traer otras semejantes de Roma. Como era fácil distribuir las estampas por el correo, se podía decir seguramente que apenas hubo lugar ni pequeña aldea en toda España donde no se adorase por este medio al Corazón de Jesús». El padre Calatayud lo confirmaba: «las estampas se reparten como pan bendito». Este misionero escribe al padre Prado en 1736 cómo Bernardo «fue el impulsor y el motor para que yo publicase esta devoción desde el púlpito, para que la insinuase a muchas comunidades de religiosas y la abrazasen muchas almas devotas... y para que yo fundase las congregaciones del Corazón de Jesús». Con autorización e indulgencias de su obispo, organizó Bernardo en San Ambrosio de Valladolid la primera novena pública al Sagrado Corazón, ante el Santísimo Sacramento expuesto, con comunión y preces reparadoras en el día de su fiesta de 1735. Y todo esto, humanamente hablando, era obra de un estudiante de teología de 23 años, que dos antes no conocía los hechos de Paray, ni había oído hablar siquiera de la devoción al Sagrado Corazón, y del que el padre Loyola dice que Jesús al elegirle: «Quería tomar por instrumento a una persona oculta, desconocida e inhábil». Bernardo se complacía en su miseria, pues el propio Jesús le había dicho: «¿Crees que todo esto es obra de los hombres? No, es obrade mi Padre, que se complace en mi Corazón». El 17 de octubre de 1735 se encomendaba en su misa a Margarita María, y como una premonición, dice: «Entendí cómo su muerte fue un recostarse dulcemente en el Corazón de su amado, dando en él el último aliento. Y a la vista de muerte tan deseable, ¡oh, buen Dios, qué asalto de amor tan fuerte sintió este mi pobre corazón, tocado de una santa envidia!». Poco debía esperar, pues al mes siguiente, el 29 de noviembre de 1735, tras repetir «¡Qué bueno es habitar en el Corazón de Jesús!» moría a los veinticuatro años Bernardo de Hoyos, el mensajero de la devoción al Corazón de Jesús en nuestra patria, dejando tan afirmada, que se pudo escribir: «En nuestra España, donde la devoción al Corazón de Jesús era del todo desconocida hasta mediados de 1733, ha hecho ya tan felices progresos, que sólo el amor infinito del Corazón de Jesús para con los corazones españoles pudiera dilatarla tanto. Se halla entronizada en los corazones soberanos, consagrada en el espíritu de los ilustrísimos prelados de nuestra ínclita nación, favorecida de innumerables comunidades religiosas de ambos sexos, y de cuantas piadosas almas tiene la dicha de haber conocido y experimentado la solidez y la dulzura del culto del Corazón de Jesús» (Padre Loyola).

En 1894 se abrió en Valladolid el proceso informativo de la causa de beatificación del padre Bernardo de Hoyos. Hace ya ocho años que la Congregación para las Causas de los Santos declaró sus virtudes heroicas. En estos últimos tiempos en que nuestra España se halla tan olvidada como necesitada de la misericordia del Corazón de Jesús, recordando cómo éste le dijo a Bernardo que «los pecados de los hombres no bastan a apagar, sino que sirven para encender el amor de su Corazón», debemos urgir ala Providencia a que acelere la hora en que ha de venir a cumplir su promesa que el venerable padre Hoyos nos anunció como un imperativo incondicionado, afirmación que acompaña a su imagen en tantos monumentos de ciudades, pueblos e iglesias; y que preside aun tantos hogares de familias españolas: «Reinaré en España», concreción del lema de nuestro Apostolado de la Oración: Adveniat Regnum tuum.

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Agustín de Cardaveraz

Biografía por Antonio Astorgano Abajo

http://dbe.rah.es/biografias/19971/agustin-de-cardaveraz

Hernani (Guipúzcoa), 28.XII.1703 – Castel San Giovanni, Bolonia (Italia), 18.X.1770. Jesuita (SI) expulso, misionero popular y escritor.

El primer biógrafo de Cardaveraz fue su director espiritual, Pedro Calatayud, quien escribió un compendio de su vida en el que asegura “no haber tratado persona de más sublime espíritu que la de Cardave­raz, cuyas virtudes morales y teologales, a su parecer, eran heroicas”. Desde entonces todos los biógrafos no han podido evitar el tono hagiográfico al tratar a este eminente jesuita vascólogo. El padre Julián Fonseca escribió un Compendio de la vida del padre Cardaveraz, “por encargo del célebre padre Francisco Javier de Idiáquez” (el Compendio original consta de dos partes: su vida y sus virtudes, pero el libro publicado sólo abarca la primera parte, su vida), del que se sirvió su contemporáneo y jesuita Juan Andrés Navarrete para redactar el décimo de los ex jesuitas biografiados en su De viris illustribus (vol. I, Bolonia, 1793), fuente fundamental de Hervás. En Loyola (Escritos de jesuitas del siglo XVIII) hay diversos documentos y estudios de Cardaveraz, además de la “documentación relativa a una posible causa de beatificación”.

Con no poca admiración, el vascófilo Hervás narra los años anteriores al ingreso de Cardaveraz en la compañía: “Nació de noble e ilustre familia descen­diente de Navarra, estudió la latinidad y, siendo de 13 años, la Virgen Santísima María, con aparición sensible, le favoreció e inspiró entrar en la Compañía de Jesús, en la que hasta el 20 de agosto de 1721 no consiguió la licencia paterna de entrar. La Santísima Virgen favoreció al niño Cardaveraz por haber hecho, en honor suyo, al Señor voto de perpetua virginidad, y desde el momento en que hizo este voto empezó a crecer en virtud y en gracia. Ayunaba todos los vier­nes y sábados de cada semana, y en ésta, a lo más una vez recibía el Sacramento Eucarístico. Estudió la filo­sofía en Pamplona y la jurisprudencia en Valladolid, en donde, por director de su conciencia, tuvo al espi­ritual jesuita Francisco Alvarado”.

Después de estudiar en los colegios jesuitas de San Sebastián y Pamplona, cursó Leyes (1720-1721) en la Universidad de Valladolid. En efecto, ingresó el 20 de agosto de 1721 en el noviciado de Valladolid (España) y, tenido el noviciado en Villagarcía, hizo la Filosofía (1723-1726) en Palencia, la Teología (1726-1730) en el colegio San Ambrosio de Valladolid, donde fue ordenado de sacerdote el 26 de diciembre de 1729, y la tercera probación (1730-1731) en el colegio San Ignacio de la misma ciudad.

Enseñó Gramática en el Colegio San Andrés de Bilbao (1731-1734) y Filosofía en el de la Anunciada de Pamplona (1734-1735), juntando en ambos sitios la docencia con el ministerio pastoral. Su salud se resin­tió y, tras un tiempo de recuperación en Hernani (ve­rano de 1735) por consejo médico, se le envió a la residencia de Azcoitia (Guipúzcoa), donde pasó un año de terribles desamparos interiores, que repercutieron en su quebrantada salud. En 1736 lo destinaron a Loyola, donde hizo los últimos votos el 2 de febrero de 1739 y permaneció (menos el período 1739-1741) hasta la expulsión de la Compañía (1767), los prime­ros casi veinte años, dando misiones por las poblacio­nes del País Vasco, y sus últimos doce años, centrado en escribir y dar ejercicios espirituales.

No cesó de promover la devoción al Corazón de Je­sús entre el pueblo y con su correspondencia epistolar con Bernardo Francisco de Hoyos (1711-1735), Juan de Loyola (1686-1762) y Pedro de Calatayud (1689-1773), en especial. En las misiones predicaba, sobre todo, las verdades eternas; arrastraba con su celo, que se mostraba irreprimible en especial en el acto de con­trición público. Los pueblos quedaban transforma­dos, renovada la frecuencia de los sacramentos y pacificadas las discordias. Como fruto, y para encauzar la perseverancia, solía dejar fundadas cofradías del Sagrado Corazón de Jesús, con un reglamento particu­lar, en que los fieles se comprometían a ciertas prácticas cristianas y a actos concretos de devoción.

Desde 1755 se intensificaron sus padecimientos físicos con fuertes dolores de cabeza y reumas agudos. Retirado en Loyola, daba ejercicios espirituales, siendo prácticamente el fundador de su amplia Casa de Ejercicios, y atendía a las confesiones y dirección espiritual. A veces se sentía invadido de amarguras, tedio y repugnancias interiores, alternadas de repente con luz, paz y gozos inefables.

Aceptó sereno el golpe de la expulsión, afrontando, débil y enflaquecido, las duras condiciones del exilio. El 3 de abril de 1767 salió con sus hermanos de Loyola y, tras pasar veintisiete días de prisión en San Sebastián, y ochenta y uno de viaje por mar, llegó a Calvi (Córcega), sin alojamiento ni víveres, el 18 de julio, donde permaneció durante un año. Al llegar a Génova, en septiembre de 1768 y permitírseles en­trar, llevaron a Cardaveraz para ser curado en la casa de la compañía. En todo este tiempo animaba a todos a confiar en Dios. Finalmente, vía Pisa y Floren­cia, llegó a su último destino, Castel San Giovanni, en el boloñés. Enterrado en la cripta de la parroquia, el 20 de febrero de 1794 los restos del padre Carda­veraz fueron trasladados desde la cripta al altar de San Francisco Javier, al lado del Evangelio de dicha parro­quia. En mayo de 1908 viajaron desde Bolonia hasta el santuario de Loyola, donde permanecen junto con muchos de sus escritos.

Hervás resume los tres años vividos en el destierro: “Coronó su apostolado viniendo a Córcega y a los Estados Eclesiásticos, en que vivió muerto al mundo y vivo solamente a Dios. Pasó alegre y gozoso a los eter­nos reposos a 18 de octubre 1770 en la aldea llamada San Juan, de la diócesis de Bolonia, y está sepultado en su iglesia colegial en urna cerrada con dos llaves, de las que una se dio al arcipreste de la dicha iglesia y la otra, enviada a Bolonia, se entregó a Lorenzo Uriarte [1712-1778], provincial entonces de los jesuitas de la que fue provincia de Castilla”. Luengo dice que “en su cadáver se tomó la precaución de enterrarle con caja y en particular sitio”. Lo define como “misionero celosísimo en las provincias de Cantabria y de una virtud muy singular” (Diario, t. XXVII, año 1793, págs. 457-463).

Las cartas y cuentas de conciencia autógrafas de Cardaveraz, conservadas en Loyola, son importantes para la historia de la mística. Por ellas se conocen de primera mano las muchas gracias celestiales recibidas desde que entró en la Compañía, así como su estrecha relación con los principales promotores de la devoción al Corazón de Jesús en la España de la primera mitad del siglo XVIII.

Conoció al padre Loyola en el noviciado cuando éste era socio del maestro de novicios, quien, siendo rector al mismo tiempo, le dejaba en gran parte el cargo de maestro a Loyola. Ya desde entonces, Cardaveraz se sentía movido a devoción al Corazón de Jesús y, de modo más especial, durante su teología en Valladolid, cuando Loyola le puso en contacto con Pedro Calatayud, entonces profesor de Sagrada Es­critura, para que le consultara sobre su espíritu. Car­daveraz influiría en la dedicación del padre Calatayud a las misiones populares y en sus actividades en favor de la devoción al Sagrado Corazón. Loyola le confió (desde 1726) al novicio Hoyos, para que lo guiara en los favores extraordinarios que recibía en la oración y, desde 1728, él mismo se dirigía con Cardaveraz.

Desde primero de Teología empezó a celebrar en privado la fiesta del Sagrado Corazón, probablemente por el conocimiento tenido entonces de las revelacio­nes de Paray-le-Monial (Francia), a través del libro de Joseph de Gallifet (1663-1749), De cultu Sacratissimi Cordis [...], publicado ese año en Roma (1726). En la espiritualidad de Cardaveraz tuvo gran relieve el sentimiento del pecado como ofensa a la misericordia divina, que, con particular fuerza infusa, le inflamaba de celo por la gloria de Dios en su apostolado y le impulsaba a ofrecer su propia vida como acto victimal.

Se le considera, cronológicamente, el primer após­tol del Corazón de Jesús en España, según la línea de culto iniciada por santa Margarita María de Alacoque (1647-1690) unos sesenta años antes. Su sermón del Sagrado Corazón en Bilbao (11 de junio de 1733) fue el primero predicado en España sobre este tema. Su intensa vida mística le confirmó siempre en la voca­ción apostólica.

Como valoración de sus contemporáneos valga la que dejó escrita Hervás: “El jesuita Cardaveraz era una de aquellas personas santas que parece haber es­cogido el Señor para difundir sus gracias. La inocen­cia de su vida fue singularísima, pues en toda ésta no perdió la gracia bautismal según el juicio de sus directores, entre los que el apostólico varón Pedro Calatayud lo fue por cuarenta años. Cardaveraz fue de pureza angélica, invencible en su paciencia y mortificación; como insensible en sus graves enfermeda­des y trabajos de celo y caridad ardentísima por la salvación de los prójimos: siempre afable y siempre humilde. Desde su niñez recibió singulares favores celestiales, que le fueron continuos por toda su vida. Después que los superiores le concedieron emplearse en el ministerio evangélico, toda su vida fue medita­ción, lección, o escritura de cosas sagradas y ministerio apostólico, en que mereció ser llamado Apóstol de Cantabria. En las misiones evangélicas se empleó hasta que su salud se lo permitió, y después se retiró a Loyola, en donde se ocupó dando a toda clase de per­sonas los ejercicios espirituales de San Ignacio”.

La obra literaria de Cardaveraz está íntimamente ligada a su actividad misionera entre los vascos, pues, “consagrado a los ministerios apostólicos en Cantabria, en el idioma de ésta, llamado comúnmente bascuence, escribió muchas obras espirituales, de las que algunas se publicaron en Pamplona”, según Hervás, quien re­seña siete obras (“de las que tengo noticia y que pongo con título en lengua española”), concluyendo que “imprimió otros opúsculos devotos y escribió en vas­cuence la Vida de S. Ignacio de Loyola, la cual, apro­bada para la impresión, quedó el 1767 depositada en la Secretaría del Supremo Consejo de Navarra”.

En Loyola (Escritos de jesuitas del siglo XVIII, cajas 30-32) se conservan, además de sus obras en caste­llano, las otras que compuso en euskera, lo que le dio un puesto de relevancia en la historia de esta lengua. Escribió sobre las reglas gramaticales del vascuence y, ante todo, devocionarios y hagiografías (sobre Isidro Labrador y su esposa, Luis Gonzaga y Estanis­lao Kostka), así como obras de espiritualidad, muy divulgadas, como los Ejercicios ignacianos con sus consideraciones y afectos, manuales de adoctrina­miento (Catecismo cristiano del jesuita Gaspar Astete, traducido en Bascuence) y de las prácticas cotidianas del cristiano, y para aprender y ayudar a bien morir (Método de ayudar a bien morir), y sobre el sacrificio de la misa y la sagrada comunión. Como seguidor del padre Larramendi, tuvo el mérito de introducir el uso sistemático del euskera en sus “predicaciones de pluma”, contribuyendo sobremanera a su difusión y revaloración, a pesar de que algunos puristas le achacan el ser poco depurado porque no desdeñaba el uso de voces románicas en sus trabajos.

Obras de Cardaveraz:

Christauaren Vicitza (Vida del cristiano), adapt. de J. Dutari, Pamplona, 1744;

Aita San Ignacioren Egercicioen gañean affectoac beren egemplo, ta dotrinaquin: edo Egeercicoen II en Partea. Jaincoaren Ministro Celosoai Jesusen Compañaco Aita Augustin Cardaberazec aqueñteca, ta dedicatcendiena (Ejercicios con sus consideraciones y afectos), Pamplona, 1761; 

Vallisolet. Positio super virtutibus S.D. Bernardi F. de Hoyos (Cartas a J. de Loyola), ed. de P. de Calatayud y B. F. de Hoyos, Roma, 1961, págs. 142-328; 

Eusqueraren Berri onac, eta ondo escribitzco [...] Erreglak (Las buenas nuevas del vascuence y sus reglas para bien escribir), Pamplona, 1761; 

Ondo iltzen icasteco ejerciociac (Ejercicios para bien morir), Pamplona, 1762; 

Jesus, Maria, ta Joseren Devocioa, Pamplona, 1763; 

Jvstven Ispillv Argvia (El espejo luminoso de los justos), Pamplona, 1764; 

Senar emazte santuac Necazari ezcondu, ta beste guciac, lurrean ceruco bicitza eguiteco ispillu eder biciac. S. Isidro achurlari, ta bere emazte Santa Mariaren bicitza, virtuteac, ata milagroac. Valmedianoco Marquesa Andre D.ª Maria Micaela Idiaquez, Xavier ta Loyola chotez ilustreari, etc. (Los santos marido y mujer, San Isidro y Santa María), Pamplona, 1766;

 Escu Liburua, cenean dauden Cristibaren eguneroco ejercicioac (Manual de los ejercicios cotidianos del cristiano), Tolosa, 1832; 

Euskl lan guziak (Obras completas euskéricas), Bilbao, 1973-1974 (eds. facs.), 2 vols.;

“Escritos espirituales”, ed. de J. R. Eguillor, en Manresa, 53 y 54 (1981 y 1982), págs. 321-326; y 269-277 y 367-374, respect.

Bibl.:

M. Luengo, Diario de la expulsión de los jesuitas de los Dominios del Rey de España, al principio de sola la Provincia de Castilla la Vieja, después más en general de toda la Compañía, aunque siempre con mayor particularidad de la dicha provincia de Castilla, t. IV, s. l., 1770, pág. 138; 

Biografías sacadas del “Diario” del P. Luengo, t. 2.º. Varones insignes de la Provincia de Castilla, s. f., págs. 55-64 (ms. en Archivo Histórico de Loyola [AHL]); J. de Fonseca, Vida del P. A. de Cardaveraz, s. l., 1770 (ms. en AHL) (Compendio de la vida del padre Agustín Cardaveraz, de la Compañía de Jesús, Madrid, Imprenta de Tejado, 1862);

J. Andrés Navarrete, De viris illustribus in Castella Veteri, vol. I, Bolonia, 1793, págs. 166-218;

C. Sommervogel, Bibliothèque de la Compagnie de Jesus, vol. II, Bruxelles-Paris, O. Schepens-A. Picard, 1890, cols. 729-732;

J. E. de Uriarte, Principios del Reinado del Sagrado Corazón en España, Bilbao, Ediciones Mensajero, 1912;

J. E. Uriarte y L. M. Lecina, Biblioteca de Escritores de la Compañía de Jesús pertenecientes a la antigua Asistencia de España, vol. II, Madrid, Imprenta de la Viuda de López del Horno, 1925, págs. 98-107;

A. Pérez Goyena, Ensayo de bibliografía navarra (1489-1910), vols. III-IV, Pamplona, Diputación Foral de Navarra, 1947;

G. González Pintado, Vida del P. Agustín de Cardaveraz, apóstol del Sagrado Corazón, San Sebastián, 1947;

L. Villasante, Historia de la literatura vasca, Bilbao, Sendo, 1961, págs. 141-146;

I. Tellechea, “Larramendi y Cardaveraz: censura y réplica inéditas sobre un libro de piedad”, en Anuario del Seminario de Filología Vasca Julio de Urquijo: International journal of basque linguistics and philology, 2, 1 (1968), págs. 3-32;

“Infancia del P. A. de Cardaveraz S.I. en San Sebastián”, en Boletín de estudios históricos sobre San Sebastián, 5 (1971), págs. 287-295;

I. Iparraguirre, “Agustín de Cardaveraz, hijo y apóstol de Guipúzcoa. Análisis de su práctica apostólica”, en Estudios vizcainos, 5 (1972), págs. 75-102;

L. Polgár, Bibliographie sur l’histoire de la Compagnie de Jesus 1901-1980, vol. 3/1, Roma, Institutum Historicum So­cietas Iesu, 1990, págs. 456-457;

M. Ruiz Jurado, “Cardaveraz, Agustín de”, en Ch. O’Neill y J. M.ª Domínguez (dirs.), Diccionario Histórico de la Compañía de Jesús, Roma-Madrid, Institutum Historicum Societatis Iesu-Universidad Pontificia de Comillas, 2001, págs. 650-651;

L. Hervás y Panduro, Biblioteca jesuítico-española, ed. de A. Astorgano, Madrid, Libris Asociación de Libreros de Viejo, 2007, págs. 167-169,

A. Astorgano Abajo, La Literatura de los jesuitas vascos expulsos (1767-1815), Madrid, Real Sociedad Bascongada de Amigos del País-Delegación en Corte, 2009, págs. 300-325.

Antonio Astorgano Abajo

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Agustín de Cardaveraz

https://www.santisimavirgen.com.ar/sacratisimocorazon/p_agustin_de_cardaveraz.htm

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Breve noticia 

            Aunque menos conocido, ordinariamente, que el anterior, es una de las grandes almas del Corazón de Jesús que han existido en el mundo. De él recibió el mismo P. Hoyos las primeras ideas de esta devoción; con él estaba tan unido en amistad, en ideales, en semejanza de espíritu y de favores divinos, que a primera vista no es fácil distinguir en sus escritos cuál de los dos es quien habla; él, por último, fue quien a la muerte de su joven compañero tomó por la fuerza de las cosas la bandera del Corazón de Jesús, y la paseó triunfante por las provincias del norte de la Península mientras con sus cartas movía a los demás al trabajo. 

            Nació este seráfico apóstol en Hernani el 28 de Diciembre de 1703, y entró en la Compañía el 20 de Agosto de 1721. Durante diez y nueve años (1.736-1.755) anduvo misionando toda Guipúzcoa, gran parte de Vizcaya y no pocos pueblos de la provincia de Álava, difundiendo por doquier el amor del Corazón de Jesús, y fundando centenares de Congregaciones en su honor. 

            Expulsado de España con los demás Jesuitas por orden de Carlos III, murió el 18 de Octubre de 1770 en Castel San Giovanni, cerca de Bolonia, con general opinión de santidad. 

            Las comunicaciones extraordinarias que recibía del Sagrado Corazón fueron muchísimas. Aduciremos algunos testimonios de esta alma privilegiada. 

Gran fragmento 

            Véanse algunos parrafitos de aquella carta de fuego que, a la muerte del P. Hoyos, dirigió a su Director el P. Juan de Loyola: 

            «El demonio hace todos sus esfuerzos para que los Nuestros no tomen con el debido celo el asunto; y si una vez logramos la felicidad de que nuestro amor Jesús gane de veras para Sí los corazones de muchos de los Nuestros, que pueden y no hacen, se verán efectos prodigiosos en todos los fieles». 

            Excusado es decir que lo afirmado aquí por el Padre acerca de los Jesuitas, porque de ellos trataba, se debe aplicar a los demás que pusieren las condiciones exigidas. 

            «¡Ay, y cuán divino y sólido consuelo me llena todo mi corazón, con la luz que me da este Señor en su Corazón Divino, al ver lo macizo que le agrada el celo de algunos y entre ellos el de V. R.! Quisiera ver a todos, y más a los que yo bien quiero y debo, en el estado felicísimo que a estos pocos...». 

            «Alentémonos, Padre mío, con lo que veo en este centro de nuestras eternas delicias: que este amor, caridad esencialísima y centro de toda la bondad, ha de ocultar y disimular las miserias en que cada día incurrimos. En este humo divino se han de consumir, con este bálsamo se han de curar, y con este baño han de sanar nuestras almas de sus dolencias». 

            «Buscar trazas y valerse de todos los medios imaginables para este fin, que tiene por premio viaculadas inefables bendiciones que, aunque conocidas en este Divino Corazón claramente, non licet homini loqui (no es lícito hablar al hombre)» (2 Cor. 12). 

            Al Padre, lo propio que a Santa Margarita, a pesar de conocer los tesoros aquí encerrados, no le era permitido descubrirlos por entero. 

            «Ahora, últimamente, quiso su amor infinito hacer alarde y ostentación gloriosa de sus misericordias y riquezas abriendo sus inagotables preciosidades, encerradas en el tesoro inestimable de su Corazón deífico y enamorado».

De nuevo la idea de riquezas, tesoros, etc., que tanto vimos en Santa Margarita. 

Deseos ardientes del Sagrado Corazón 

            «Otras veces, más manifiestamente, me ha mostrado ansias amorosas, mostrándome su Divino Corazón como consumido y exhausto con la sed ardetísima correspondiente a su amor, y con unas ansias que le oprimen de muerte por comunicarse mas y más a nuestros corazones». 

            Es ésta una de las ideas más frecuentes en el P. Cardaveraz y con mayor fuerza expresadas. 

            «Una vez sé que en la Misa me mostró mi amor Jesús su adorable Corazón, todo abrasado en amor y como en una grande opresión por las vivísimas divinas ansias que padecía y padece por comunicarse a los hombres. Quisiera cerrar los ojos, porque en estas ocasiones todo el corazón es ojos, como el carro de Ezequiel (1,18, l0 12), para no ver el sentimiento intimo que penetra el de mi amor Jesús, viendo yo que no puedo dar entero cumplimiento a los deseos de su Divino Corazón, estampando a sagrado fuego un incendio general que abrase en su amor todos los corazones humanos».

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