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El cardenal Parolin afirma en la ONU que es lícito y urgente el uso de la fuerza para defender a los inocentes bajo la responsabilidad del Consejo de Seguridad

Es hora ya de honrar y agradecer a todos los que han cumplido con su deber de ir a la guerra
Es un tema clásico el de las condiciones para que una guerra sea justa. Hay que tener en cuenta además el deber de la guerra cuando es justa y necesaria, porque el pecado de omisión nunca es admisible. Y es hora ya de honrar y agradecer a todos los que han cumplido con su deber de ir a la guerra y no digamos los a los que han muerto o han sufrido heridas, mutilaciones y enfermedades por cumplir su obligación, dada por Dios por ley natural de luchar cuando se debe.

«Los que se dedican al servicio de la patria en la vida militar son servidores de la seguridad y de la libertad de los pueblos. Si realizan correctamente su tarea, colaboran verdaderamente al bien común de la nación y al mantenimiento de la paz» (Catecismo de la Iglesia Católica de 1992, nº 2310).

«Los que, por servir a la patria, forman parte del ejército, piensen que con ello sirven a la seguridad y a la libertad de los pueblos, y que, al cumplir lealmente su deber, cooperan eficazmente al establecimiento de la paz» (Concilio Vaticano II, Gaudium et Spes, nº 79).

«El bien común implica, finalmente, la paz, es decir, la estabilidad y la seguridad de un orden justo. Supone, por tanto, que la autoridad asegura, por medios honestos, la seguridad de la sociedad y la de sus miembros. El bien común fundamenta el derecho a la legítima defensa individual y colectiva» (CIC nº 1909).

La Orden Militar de Calatrava y San Raimundo de Fitero

El 15 de marzo es el día de san Raimundo de Fitero (Navarra) fundador de la Orden Militar de Calatrava

San Raimundo de Fitero fue el abad cisterciense fundador del monasterio de Fitero (Navarra) y fundador de la Orden Militar de Calatrava, la más antigua de las Órdenes Militares de España, fundada en enero de 1158 para conseguir gente que se comprometiera a defender Calatrava, posición avanzada junto al Guadiana, que estaba en peligro ante la invasión almohade, y después de Calatrava toda España y toda la Cristiandad.

El compromiso era para luchar en inferioridad hasta una muerte casi segura. Como tuvieron la gloria de padecer muchos de los primeros caballeros monjes calatravos.

Los almohades constituían un nuevo movimiento de radicalismo islámico invasor procedente del Norte de África, como anteriormente los almorávides, ya debilitados por su fracaso ante posiciones avanzadas de resistencia cristiana como lo venía siendo Calatrava. Había sido reconquistada en 1147 en la época de Alfonso VII el Emperador lo que significaba llegar ya a la línea del Guadiana y tener Toledo protegida con esta posición avanzada. Alfonso VII había concedido la defensa de Calatrava a la Orden del Temple en 1150. Pero el ímpetu almohade desde 1147 precisamente estaba sometiendo en la España islámica a los reinos de las segundas taifas para unificar todos los esfuerzos musulmanes y borrar del mapa a los reinos cristianos.

Los templarios consideraron indefendible Calatrava y renunciaron a seguir guarneciéndola, y así se lo notificaron en 1158 al rey de Castilla Sancho III el Deseado, sucesor de Alfonso VII.

Enterado del gran peligro que corría la plaza casi desguarnecida, y acuciado por el también monje Diego Velásquez, Raimundo se ofreció al rey para defender Calatrava. Llevó de Fitero una tropa formada por monjes de su monasterio junto con campesinos y artesanos y consiguió defender la plaza rechazando a los almohades en ese año 1158. Se trata de Calatrava la Vieja (Carrión de Calatrava, Ciudad Real).

El rey Sancho III le concedió el dominio del lugar y allí Raimundo fundó el mismo año 1158 la Orden de Calatrava que fue aprobada por el papa Alejandro III, por bula de 25 de septiembre de 1164, cuando ya había muerto su fundador.

En 1195 tuvo lugar batalla de Alarcos, lugar próximo a Ciudad Real, en la que los cristianos sufren una terrible derrota a manos de los almohades. Como consecuencia, se perdió Calatrava la Vieja y murieron los caballeros que la defendían.

Pero en 1212, después de la batalla de las Navas de Tolosa en la que realizaron una gran aportación los caballeros de Calatrava, se reconquistó el lugar del antiguo monasterio-fortaleza y se levantó allí una ermita en honor de Nuestra Señora de los Mártires (hoy Carrión de Calatrava, emplazamiento de Calatrava la Vieja).

San Raimundo de Fitero estuvo al frente de la Orden de Calatrava como abad durante los cinco primeros años. Murió en 1163 en Cilleruelo (Toledo) y allí fue enterrado.

Al principio rigió en la Orden la regla del Císter hasta que se estableció el primer Maestre, al ser confirmada la fundación de la Orden de Calatrava por dicha bula de Alejandro III de 1164.

En 1217 se construyó el Convento de Calatrava la Nueva (hoy Calzada de Calatrava, Ciudad Real), lugar al que se trasladan los archivos de la Orden y las reliquias de los anteriores defensores desde Calatrava la Vieja (Carrión de Calatrava actualmente).

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No se conoce con seguridad el lugar del nacimiento de san Raimundo de Fitero, según García Lahiguera, bien pudiera ser que fuese hijo de alguno de los guerreros que reconquistaron Tarazona en 1120. Fue canónigo de aquella catedral. Y de canónigo de Tarazona pasó a monje cisterciense del monasterio de Nuestra Señora de Scala Dei, en la Gascuña. De ahí derivará la fundación del Monasterio de Fitero, pero después de estar instalado en otros lugares con el siguiente itinerario:

Cuando el abad de Scala Dei, Bernardo, quiso fundar en España, eligió como abad a Durando, y como prior a Raimundo. El nuevo monasterio fue fundado en el monte Yerga en 1139 por concesión de Alfonso VII. En 1140, les donó el rey la villa de Nienzabas. En 1144, tras la muerte de Durando, fue elegido Raimundo abad de Nienzabas. En 1146, el rey Alfonso VII el Emperador donaba al monasterio la Serna de Cervera y los Baños de Tudesón, los actuales Balnearios de Fitero.

Como tal abad, asistió san Raimundo, con los otros abades de la Orden, al capítulo general del Cister. Allí se encontraba el Sumo Pontífice, monje de igual hábito, Eugenio III, que puso bajo su potestad directa el monasterio de Nienzabas: "Eugenio, obispo siervo de los Siervos de Dios, a los amados hijos Raimundo, abad de Santa María de Nienzabas, y a sus monjes, así presentes como futuros... Le recibimos debajo de la potestad del bienaventurado San Pedro y nuestra... A los quince de las Kalendas de octubre, año de la Encarnación del Señor, de mil y ciento y cuarenta y ocho, de nuestro Pontificado en el tercero."

En ese mismo año 1148, trasladó el monasterio a Castejón. Como abad de Santa María de Castejón, aparece Raimundo en la donación que, aún en vida de su padre el emperador, hizo a su monasterio el futuro rey de Castilla Sancho III el Deseado, del castillo de Tulungén y asimismo aparece en la concesión de otras mercedes hechas por el rey Sancho VI el Sabio de Navarra.

Por fin se instaló el monasterio en una heredad, llamada Fitero (por el nombre de un montículo denominado Hitero —hito o mojón— que hoy conserva su nombre Piedrahitero) donada en 1150 por don Pedro Tizón y su mujer doña Toda, de Tudela, abuelos del gran arzobispo, navarro de nacimiento, don Rodrigo Jiménez de Rada. Así se fundó el monasterio de Santa María de Fitero y fue su primer abad San Raimundo.

Este monasterio de Santa María de Fitero fue suprimido en 1834 por los liberales al imponer la desamortización.

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Fitero celebra la festividad de su patrón San Raimundo Abad

DIARIO DE NAVARRA. PACO ROMERA. FITERO Lunes, 16 de marzo de 2009

Fitero celebró ayer la festividad de su patrón San Raimundo. La solemne ceremonia litúrgica que tuvo lugar en el monasterio de la villa ribera reunió a más de 700 personas.

Media hora antes del inicio de la misa, todas las autoridades invitadas a la celebración fueron recibidas en el ayuntamiento por la corporación municipal, encabezada por su alcalde, Pachi Yanguas Fernández.

Entre los asistentes se encontraban, entre otros, el presidente del Gobierno de Navarra, Miguel Sanz Sesma, el consejero de Relaciones Institucionales, Alberto Catalán Higueras, la alcaldesa de Pamplona, Yolanda Barcina, el senador José Cruz Pérez Lapazarán, el parlamentario Faustino León Chivite y el secretario general del PSN, Roberto Jiménez, además de alcaldes y concejales de localidades vecinas.

Las autoridades formaron un cortejo que desfiló desde la casa consistorial hasta el templo fiterano al ritmo que marcó la banda de música del maestro Eugenio Irigaray.

En la puerta del templo les aguardó el párroco Javier Goitia, quien, a modo de bienvenida, les dio a besar la reliquia del patrono de Fitero.

En recuerdo de San Raimundo

Fue el propio Goitia el encargado de oficiar la misa junto con los sacerdotes fiteranos Julián y Joaquín Guarás y con Jesús Jiménez.

El párroco centró su homilía en la figura de San Raimundo. "Vivía en el anonimato, era humilde y poco amigo de grandezas, pero también era potente, sabio y muy prudente, aspectos que posibilitaron que el primer obispo de la Tarazona reconquistada le llamara para organizar la diócesis", explicó Goitia, quien añadió que "su capacidad quedó demostrada por la amistad que mantuvo con los reyes de los reinos limítrofes, sobre todo con el de Castilla". "Fue capaz de levantar este monasterio; de llevar adelante la orden militar de Calatrava; y de sufrir traiciones y rencillas hasta llegar a ser despachado miserablemente de este lugar. Pero lo más importante es que obedeció siempre la voluntad de Dios", concluyó el párroco.

Las fiestas que Fitero ha celebrado en honor a su patrón comenzaron el viernes, 13, y concluyeron ayer domingo, 15, con un programa que, además de la citada ceremonia litúrgica, incluyó una corrida de toros para los diestros Vicente Barrera, Miguel Abellán y Sánchez Vara. Los actos finalizaron con un encierro infantil y un toro de fuego.

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