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La conversión de Azaña

El propio Azaña se convirtió al final de su vida refugiado en Francia y recibió los sacramentos de la Confesión y de la Extremaunción, administrados por el obispo de Montauban, poco antes de morir el 3 de noviembre de 1940, como publicó en México su cuñado Rivas Chérif y recogió el jesuita Gabriel M. Verd: La conversión de Azaña, «Razón y Fe», núm. 1.058 (dic. 1986), 420-434.

Refugiado en el sur de Francia tras huir de España en 1939 antes de terminar la guerra, Azaña pidió ver al obispo de Montauban, al enterarse de que que acababa de tomar posesión. El obispo, Pierre-Marie Théas, le visitó efectivamente y, años después, en 1952, siendo obispo de Tarbes-Lourdes, relató los encuentros y reveló que Azaña murió en paz con Cristo.

En octubre de 1940 el obispo Pierre-Marie Théas de Montauban visitó varias veces a Azaña a petición del propio Azaña. En la primera visita, el 18 de octubre de 1940, Azaña le rogó que volviese: "Vuelva a visitarme todos los días". Monseñor Théas refleja la pesadumbre de Azaña: "hablamos de la revolución, de los asesinatos, de los incendios de iglesias y conventos. Él me hablaba de la impotencia de un gobernante para contener a las multitudes desenfrenadas".

Y luego lo decisivo. En una ocasión, según refiere el obispo: “queriendo conocer los sentimientos íntimos del enfermo, le presenté un día el crucifijo. Con sus grandes ojos abiertos, luego húmedos de lágrimas, se fijó detenidamente sobre el Cristo de la cruz. Lo arrancó de mis manos y lo besó con amor, por tres veces, y decía cada vez: “Jesús, piedad, misericordia”.

Prosiguió monseñor Théas: "¿desea usted el perdón de los pecados?", y Azaña asintió. "Recibió con plena lucidez el sacramento de la Penitencia, que yo mismo le administré".

No ocurrió lo mismo con la Comunión: "Cuando hablé a los que le rodeaban de la administración de la Comunión, en forma de Viático, me fue denegado con estas palabras: ‘¡Eso le impresionaría!’. Mi insistencia no tuvo resultado", lamenta monseñor Théas.

Sin embargo el obispo presenció el momento del fallecimiento de Azaña, el 3 de noviembre de 1940. Según recoge el padre Verd la viuda de Azaña refirió que hizo avisar al monseñor Théas por medio de la religiosa que le servía de enlace: "ya por la noche viéndole morir, por encargo mío salieron en búsqueda de la monja, y ésta, cumpliendo mis deseos igualmente, vino acompañada del obispo. Minutos después, nuestro enfermo expiraba".

Tampoco se le pudo enterrar en lugar católico, por imposición de la embajada del gobierno laicista de México que pagó del entierro de Azaña.

Pero como concluye monseñor Théas: “Este hombre tenía fe. Su primera educación cristiana no había sido inútil. Después de los errores, los olvidos, las persecuciones, la fe de su infancia y de su juventud, volvía a orientar los últimos días de su vida”.

Aunque había dicho que España había dejado de ser católica, él no dejó de ser católico al final.