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La Ascensión y la Parusía visible y gloriosa de Jesús, el Verbo hecho carne

Jesús, dejándose ver en el esplendor de su advenimiento, destruirá el reino del Anticristo:

Se manifestará el Impío, a quien el Señor = destruirá con el soplo de su boca, = y aniquilará con la Manifestación (2Tes 2,8).

Mirad, = viene acompañado de nubes: = todo ojo le verá, hasta = los que le traspasaron, = y = por él harán duelo todas las razas = de la tierra. Sí. Amén (Apoc 1,7).

La manifestación victoriosa de Jesucristo en su Parusía quitará por su base el poder anticristiano al evidenciar que no ha lugar al ateísmo. Y quedará arruinado el reinado del colectivo anticristiano por la visualización de la segunda venida de Jesucristo

La Ascensión de Jesús, el Verbo hecho carne, a los Cielos

Su retorno al Cielo quiso Jesús que fuese visualizado como ascensión, elevación sobre la superficie terrestre hasta desaparecer de la vista en lo alto entre las nubes, condescendiendo con la idea popular de que el cielo está físicamente arriba, encima del terreno que pisamos. La idea popular que identifica el cielo empíreo, morada de Dios, con el firmamento, e incluso con el cielo meteorológico. así aparece en el relato que hace san Lucas en sus dos libros.

Los que estaban reunidos le preguntaron:
«Señor, ¿es en este momento cuando vas a restablecer el Reino de Israel?»
El les contestó:
«A vosotros no os toca conocer el tiempo y el momento que ha fijado el Padre con su autoridad,
sino que recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que vendrá sobre vosotros, y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra».
Y dicho esto, fue levantado en presencia de ellos, y una nube le ocultó a sus ojos.
Y mientras estaban con los ojos clavados en el cielo mirando cómo se iba, de pronto se les presentaron dos varones con vestiduras blancas que les dijeron:
«Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando fijamente al cielo? Este que os ha sido llevado, este mismo Jesús, vendrá así tal como le habéis visto subir al cielo».
Entonces se volvieron a Jerusalén desde el monte llamado de los Olivos, que dista poco de Jerusalén, el espacio de un camino sabático.
(Hch 1,6-12).

Y mientras estaban con los ojos clavados en el cielo mirando cómo se iba, de pronto se les presentaron dos varones con vestiduras blancas, los cuales además 1es dijeron: Varones galileos, ¿qué hacés ahí plantados mirando fijamente al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido quitado de entre vosotros para ser elevado al cielo, así vendrá, de la manera que le habéis contemplado irse al cielo.

Los sacó hasta cerca de Betania y, alzando sus manos, los bendijo.
Y sucedió que, mientras los bendecía, se separó de ellos y fue llevado al cielo.
Ellos, después de postrarse ante él, se volvieron a Jerusalén con gran gozo.
(Lc 24,50-52).

La versión que viene al final del evangelio según san Marcos resulta aún más admirable, al decir que Jesús se sentó a la diestra de Dios, como por su prerrogativa. Y es que Jesús es el Verbo hecho carne:

Les dijo:
«Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación. El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará. Estas son las señales que acompañarán a los que crean: en mi nombre expulsarán demonios, hablarán en lenguas nuevas, agarrarán serpientes en sus manos y aunque beban veneno no les hará daño; impondrán las manos sobre los enfermos y se pondrán bien».
Con esto, el Señor Jesús, después de hablarles, fue elevado al cielo y se sentó a la diestra de Dios.
Ellos salieron a predicar por todas partes, colaborando el Señor con ellos y confirmando la Palabra con las señales que la acompañaban.
(Mc 16,15-20).

La Ascensión y la Parusía visible y gloriosa de Jesús, el Verbo hecho carne

Después de su resurreción, Jesús en su cuerpo glorioso no es visible si Él no quiere, pero a veces quiso y querrá:

Después de su pasión, se les presentó dándoles muchas pruebas de que vivía, apareciéndoseles durante cuarenta días
(Hch 1,3)

Y en especial Jesús quiso que los apóstoles vieran su admirable Ascensión:

Fue levantado en presencia de ellos, y una nube le ocultó a sus ojos
(Hch 1,9)

Y Jesús quiere ser visto en su glorioso retorno en la Parusía, como así lo anunciaron los ángeles a los apóstoles cuando la Ascensión:

Fue levantado en presencia de ellos, y una nube le ocultó a sus ojos.
Y mientras estaban con los ojos clavados en el cielo mirando cómo se iba, de pronto se les presentaron dos varones con vestiduras blancas que les dijeron:
«Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando fijamente al cielo? Este que os ha sido llevado, este mismo Jesús, vendrá así tal como le habéis visto subir al cielo».
(Hch 1,9-11).

¿Y cuando veáis al Hijo del hombre subir adonde estaba antes?...
(Jn 6,62)

Jesús mismo dice que su segunda venida será visible por los que habiten entonces la tierra:

Jesús seguía callado. El Sumo Sacerdote le dijo: «Yo te conjuro por Dios vivo que nos digas si tú eres el Cristo, el Hijo de Dios.»
Dícele Jesús: «Sí, tú lo has dicho. Y yo os declaro que a partir de ahora veréis al hijo del hombre sentado a la diestra del Poder y venir sobre las nubes del cielo (Dn 7,13)».
(Mt 26,63-64).

«Como el relámpago sale por oriente y brilla hasta occidente, así será la venida del Hijo del hombre».
(Mt 24,27).

El propio Jesús dice que todos los que habiten entonces la tierra Le verán venir entre las nubes en su segunda venida gloriosa con gran poder y majestad y que previamente aparecerá la cruz de Jesús en el cielo terrestre:

Entonces aparecerá en el cielo la señal del Hijo del hombre; y entonces se golpearán el pecho todas las razas de la tierra y verán al Hijo del hombre venir sobre las nubes del cielo con gran poder y gloria.
(Mt 24,30).

Así quiso Jesús que sus tres apóstoles escogidos le vieran en su gloria celestial, como Dios hecho hombre, como el Verbo hecho carne:

«Porque el Hijo del hombre ha de venir en la gloria de su Padre, con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno según su conducta» (Mt 16,27).
«Pues de verdad os digo que hay algunos, entre los aquí presentes, que no gustarán la muerte hasta que vean el Reino de Dios».
Sucedió que unos ocho días después de estas palabras, tomó consigo a Pedro, Juan y Santiago, y subió al monte a orar.
Y sucedió que, mientras oraba, el aspecto de su rostro se mudó, y sus vestidos eran de una blancura fulgurante,
y he aquí que conversaban con él dos hombres, que eran Moisés y Elías;
los cuales aparecían en gloria, y hablaban de su partida, que iba a cumplir en Jerusalén.
Pedro y sus compañeros estaban cargados de sueño, pero permanecían despiertos, y vieron su gloria y a los dos hombres que estaban con él.
(Lc 9,27-32).

San Pedro, testigo de vista da testimonio de haber visto a Jesús en su gloria celestial, cuando Él se la mostró visiblemente a los tres apóstoles en la Transfiguración:

Os hemos dado a conocer el poder y la Venida de nuestro Señor Jesucristo, no siguiendo fábulas ingeniosas, sino después de haber visto con nuestros propios ojos su majestad.
Porque recibió de Dios Padre honor y gloria, cuando la sublime Gloria le dirigió esta voz:
«Este es mi Hijo muy amado en quien me complazco».
Nosotros mismos escuchamos esta voz, venida del cielo, estando con él en el monte santo.
(2 Pe 1,16-18).

San Pablo habla constantemente del Día del Señor, la época que se iniciará cuando Él se manifieste, se haga ver:

El Señor mismo, a la orden dada por la voz de un arcángel y por la trompeta de Dios, bajará del cielo (1 Ts 4,16 )

Los que que = no obedecen = al Evangelio de nuestro Señor Jesús. Estos sufrirán la pena de una ruina eterna, alejados = de la presencia del Señor y de la gloria de su poder, = = cuando = venga = en aquel Día a ser glorificado en sus santos y admirado = en todos los que hayan creído - pues nuestro testimonio ha sido creído por vosotros.
(2 Ts 1,7s).

Seremos arrebatados en nubes, junto con ellos, al encuentro del Señor en los aires. (1 Ts 4,17).

Mirad, = viene acompañado de nubes: = todo ojo le verá, hasta = los que le traspasaron (Ap 1,7)

Y seguí viendo. Había = una nube = blanca, = y sobre la nube = sentado = uno como Hijo de hombre =, que llevaba en la cabeza una corona de oro y en la mano una hoz afilada.
Luego salió del Santuario otro Angel gritando con fuerte voz al que estaba sentado en la nube: = «Mete tu hoz = y siega, porque ha llegado la hora de segar; = la mies = de la tierra = está madura.» =
Y el que estaba sentado en la nube metió su hoz en la tierra y se quedó segada la tierra. (Ap14,14-16).

«¿Esto os escandaliza? ¿Y cuando veáis al Hijo del hombre subir adonde estaba antes?...» (Jn 6,61-62).

La manifestación victoriosa de Jesucristo en su Parusía quitará por su base el poder anticristiano al evidenciar que no ha lugar al ateísmo.

Esto propiciará la tarea de la recristianización mundial, por medio del Corazón Inmaculado de María, para llegar a la universalización de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús y de Su reinado, la Cristiandad futura.

Entonces, destruido el reinado del colectivo anticristiano por la visualización de la segunda venida de Jesucristo y generalizada la devoción a su Sagrado Corazón, todos creerán que Jesucristo es Dios y obrarán en consecuencia, también en la vida política, lo cual se producirá con toda seguridad, tal como fue anunciado y proclamado por el Concilio Vaticano II, como esperanza segura de la Iglesia:

"La Iglesia, juntamente con los profetas y con el mismo Apóstol, espera el día, que sólo Dios conoce, en que todos los pueblos invocarán al Señor con voz unánime y le servirán hombro con hombro" (Nostra aetate, 4).

Lo que es proclamar con toda seguridad la confesionalidad de todos los pueblos y que obrarán en consecuencia obedeciendo a Dios en el futuro, la Cristiandad futura

Esta confesionalidad consecuente de todos los pueblos y de su organización política regional, nacional y mundial será posible con los medios que aporta la Iglesia, y la aceptación de estos medios, en particular la autoridad de la Iglesia en materias morales como infalible, que es lo que define a los Estados confesionales.

De lo que se trata es de "la coherencia entre fe y vida, entre evangelio y cultura, recordada por el Concilio Vaticano II". Ser católicos y obrar en consecuencia, en la esfera privada y en la pública, individual y colectivamente, cada persona y la sociedad entera.

Jesucristo anunció el reino de Dios y efectivamente vino el reino de Dios que es su Iglesia, nuestra Santa Madre Iglesia Católica Jerárquica, como la denominaba san Ignacio de Loyola, y la Iglesia del siglo XXI celebra la fiesta solemne de Cristo Rey (leer más)

Vino el reino de Dios, proclamado e iniciado, incoado, mas todavía no consumado, universalizado, generalizado, asumido y profesado por la sociedad entera.

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La Acensión de Jesús a los Cielos es una prueba que dió Él, el Verbo hecho carne, de Su presencia real en la Eucaristía
(Jn 6,48-62)

«Yo soy el pan de la vida.
Vuestros padres comieron el maná en el desierto y murieron;
este es el pan que baja del cielo, para que quien lo coma no muera.
Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le voy a dar, es mi carne por la vida del mundo».
Discutían entre sí los judíos y decían: «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?»
Jesús les dijo: «En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros.
El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día.
Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida.
El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él.
Lo mismo que el Padre, que vive, me ha enviado y yo vivo por el Padre, también el que me coma vivirá por mí.
Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron vuestros padres, y murieron; el que coma este pan vivirá para siempre».
Esto lo dijo enseñando en la sinagoga, en Cafarnaúm.
Muchos de sus discípulos, al oírle, dijeron: «Es duro este lenguaje. ¿Quién puede escucharlo?»
Pero sabiendo Jesús en su interior que sus discípulos murmuraban por esto, les dijo: «¿Esto os escandaliza?
¿Y cuando veáis al Hijo del hombre subir adonde estaba antes?...
(Jn 6,48-62)


utEl Reinado de Jesucristo por la misericordia de su Sagrado Corazón...

La plena implantación del reinado de Jesucristo en el mundo

La segunda venida de Jesucristo tendrá como consecuencia, entre otras, el triunfo de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús. Y no al revés. No es a consecuencia de un triunfo debido a un proceso de crecimiento de la Iglesia como se producirá la consumación en la tierra del Reinado Social de Jesucristo por su misericordia y la consiguiente época profetizada de paz y prosperidad en la Iglesia (CIC 677, 673, 672, 675, 674). Este Reinado ha de venir ciertamente. Y será consecuencia de la segunda venida de Jesucristo, que producirá con su manifestación gloriosa la liquidación de la apostasía y el hundimiento del régimen anticristiano, que ahora ya domina y que aún llegará a imperar de forma total.

La segunda venida de Cristo, en gloria y poder, no será precedida, sino seguida por la conversión de Israel, porque será consecuencia suya. Aunque ya algo antes de la segunda venida de Jesucristo se producirá por su gracia misericordiosa la conversión de algunos judíos (Ap 3,9), en la época de la Iglesia de Filadelfia, nuestra época.

«Te voy a entregar algunos de la Sinagoga de Satanás, de los que se proclaman judíos y no lo son, sino que mienten; yo haré que "vayan a postrarse delante de tus pies" (Is 45,14), para que sepan "que yo te he amado" (Is 60,14)».
(Ap 3,9)

Tras la quiebra de la apostasía y el hundimiento del imperio anticristiano a consecuencia de la Parusía de Jesucristo, vendrá sin obstáculo el proceso de recristianización mediante el auge de la devoción a la Virgen María y de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús. El triunfo de estas devociones tras la segunda venida de Jesucristo traerá la implantación consumada del reinado social de Nuestro Señor Jesucristo en la Tierra como aseguran respectivamente san Luis María Grignon de Monfort y el padre Ramón Orlandis, SJ:

“La salvación del mundo comenzó por medio de María y por medio de Ella debe consumarse. María casi no se manifestó en la primera venida de Jesucristo (...) Pero, en la segunda venida de Jesucristo, María tiene que ser conocida y puesta de manifiesto por el Espíritu Santo, a fin de que por Ella Jesucristo sea conocido, amado y servido”
(San Luis María Grignion de Montfort, Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen María, cap. III titulado María en los últimos tiempos de la Iglesia).

"Como consecuencia del triunfo de esta devoción ha de venir la época profetizada de paz y prosperidad en la Iglesia, coincidente con el Reinado Social de Jesucristo"
(El padre Orlandis explicando la devoción al sagrado Corazón en la fiesta de Cristo Rey del 25 de octubre de 1942).

El reinado de Cristo Rey en cada alma, la dimensión personal del reinado del Sagrado Corazón, que es la primordial por cierto, se produce ya plenamente como consecuencia de la devoción al Sagrado Corazón. Y ésta sí que llega a su plenitud en las almas a las que Jesús se la concede ya en esta época anterior a su segunda venida.

La dimensión social del reinado del Sagrado Corazón llegará a su plenitud y consumación en el mundo tras la Parusía, la segunda venida gloriosa de Jesucristo, porque es consecuencia de la Parusía; y así será implantado su reino consumado en el mundo por la propia acción misericordiosa de Jesucristo, como es implantado por Él en cada uno de los que le aman.