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Anticonfesionalidad

No al laicismo como religión de Estado

Decía el padre Orlandis que en la situación actual de hipótesis no sólo hay que tolerar, sino acogerse (por desgracia demasiadas veces) a las libertades del liberalismo. (Y gracias). El problema es que los que nos tienen que proponer la tesis, en cambio, nos imponen la hipótesis como tesis. Y nos hablan de que "ya no pretendemos un confesionalismo trasnochado".

Los fundamentalistas del laicismo por su parte dicen que la Constitución española de 1978 impone la aconfesionalidad del Estado y que por eso no se puede ni siquiera mencionar a Dios.

Pero lo que dice esa Constitución es que ninguna confesión tendrá carácter estatal.

Tampoco el laicismo puede ser la confesión del Estado.

Podemos, pues, defender la libertad religiosa utilizando ese mismo artículo de la Constitución a la letra para profesar la vida católica incluso en lo público, frente a esos fundamentalistas del laicismo.

Y frente a los anticonfesionales semilaicistas, los del "ya no pretendemos un confesionalismo trasnochado", podemos proclamar como el Concilio Vaticano II con seguridad:

"La Iglesia, juntamente con los profetas y con el mismo Apóstol, espera el día, que sólo Dios conoce, en que todos los pueblos invocarán al Señor con voz unánime y le servirán hombro con hombro" (Nostra aetate, 4).
Lo que es proclamar con toda seguridad la confesionalidad de todos los pueblos y que obrarán en consecuencia en el futuro.