Educación sexual

Élites mediáticas pretenden alarmar por el nacimiento del habitante número 7 mil millones del planeta, aunque otros advierten de la subpoblación y el envejecimiento

Por Tom McFeely, NUEVA YORK, 28 de octubre de 2011 (C-FAM) http://www.c-fam.org/ Traducido por Luciana María Palazzo de Castellano

El lunes, 31.10.2010, la población mundial cruzará el umbral de los 7 mil millones, según el Fondo de Población de la ONU (UNFPA, por sus siglas en inglés). De acuerdo con los artículos publicados en los últimos días por muchos medios de comunicación, este acontecimiento es motivo de grave preocupación y resalta la necesidad de aumentar los servicios de «planificación familiar» para poner un freno al crecimiento demográfico.

No obstante, otros responden que este alarmismo respecto del control poblacional carece de fundamento. Haciendo referencia a los niveles de fecundidad por debajo del nivel de reemplazo que prevalecen en un número cada vez mayor de países, insisten en que el problema demográfico que se avecina no es la superpoblación. En su lugar, si continúan las tendencias actuales, la comunidad mundial adolecerá de sociedades asoladas por poblaciones en rápida reducción y de la presencia de excesivamente pocos jóvenes.

En una editorial publicada por el Financial Times, el Director Ejecutivo del UNFPA, Babatunde Osotimehin, dijo que «las partes del mundo que dan cuenta de menos de un quinto de la producción económica verán el 73 por ciento del incremento poblacional previsto para 2050».

Otros medios destacados, entre ellos el New York Times, el Washington Post y el periódico británico The Guardian, también publicaron artículos alarmistas vinculados al hito de los «7 mil millones» del UNFPA. En su artículo para el New York Times, Joel Cohen, Director del Laboratorio de Poblaciones de las universidades de Columbia y Rockefeller, admite que el índice de crecimiento de la población mundial ya descendió drásticamente, que hay pocas pruebas que respalden las nefastas predicciones de que el mundo enfrenta una hambruna inminente o el colapso económico por superpoblación, y que el mundo está a punto de experimentar una «próxima revolución de envejecimiento» como consecuencia de las actuales tendencias demográficas. No obstante, Cohen postula que la combinación de demasiados grupos familiares con el exceso de consumo amenaza el bienestar económico y ecológico del planeta a más largo plazo.

Mientras que la perspectiva del control demográfico predominó en muchos informes de los medios, algunas publicaciones brindaron visiones opuestas. Reuters, por ejemplo, advirtió que el próximo problema demográfico es el de la subpoblación, no el de la superpoblación. Al escribir para la revista Foreign Policy, Phillip Longman, autor de The Empty Cradle: Why Falling Birthrates Threaten World Prosperity and What to Do About It (La cuna vacía: por qué los índices de natalidad decrecientes amenazan la prosperidad mundial y qué hacer al respecto), se sirvió de los propios datos demográficos de la ONU para argumentar a favor de que «un tsunami de canas arrasará el planeta».

Podría establecerse una serie de políticas para ayudar a las sociedades, «a ajustarse, al menos parcialmente, a la marea de cambios en la demografía mundial», observa Longman. «Pero no cuenten con eso. Realizar semejantes cambios globales requeriría una amplia comprensión de la gran paradoja del siglo: puede que el planeta esté lleno hasta los topes, pero la mayor parte de esta población nueva está constituida por personas que ya han nacido. Entonces, prepárense para un planeta que está mucho más atestado — de gente vieja».

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Alarmismo ante los 7.000 millones de habitantes desmentido reiteradamente por los hechos ante el menguante crecimiento de la población mundial y su envejecimiento

2011-10-31 (basado en LD)

El lunes, 31 de octubre de 2011, la población mundial alcanzará los 7.000 millones de personas según la antinatalista Agencia de población de la ONU. Según el Reloj de la Población Mundial de la Oficina del Censo de los EEUU la población mundial ese día es 6.971.993.450; faltan todavía más de 28 millones y no se alcanzarán hasta marzo de 2012 los 7.000 millones de habitantes en el mundo.

El Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA en inglés) ha lanzado una costosa campaña alarmista.

Pero las tasas de crecimiento van menguando. Se ha tardado 12 años para pasar de 6.000 a 7.000. Y también para pasar de 5.000 a 6.000 y de 4.000 a 5.000.

Pero 1.000 millones sobre 4.000 es el 25% (de 1975 a 1987).

Y 1.000 millones sobre 5.000 es el 20% (de 1987 a 1999).

Y 1.000 millones sobre 6.000 es el 16'66 % (de 1999 a 2011).

La década de mayor crecimiento poblacional fue la de los 70 -con una tasa de más del 20%-, seguida de cerca por los años 60. Pero en la década del 2000 la tasa fue de del 13,3%.

La población urbana supera a la rural

A partir de 2007 la proporción de la población mundial que vive en ciudades ha superado a la población rural.

Alarmismo

El mediático economista Jeffrey Sachs, director del Earth Institute y autor del popular libro El Fin de la Pobreza. En una reciente columna afirmaba que "las consecuencias de un mundo abarrotado con 7 mil millones de personas son enormes. Y a menos que la población mundial se estabilice durante el siglo XXI, las consecuencias para la humanidad podrían ser sombrías".

Inspirado en el economista clásico británico Thomas Malthus (1766-1834), muestra gran pesimismo respecto a la capacidad de proveer a la creciente población de alimentos, ropa, vivienda y energía, en un contexto de deterioro medioambiental donde las consecuencias del cambio climático están siendo, y serán en el futuro próximo, muy perniciosas para el planeta. "La llegada a los 7 mil millones de personas es causa de profunda preocupación global", sostiene.

Pero, ¿es el crecimiento de la población una amenaza para el bienestar material?

La recurrente falacia de Malthus

La voz de alarma más famosa la dio Malthus alrededor de 1800, cuando predijo hambrunas y desastres porque según él la población crecía mucho más de lo que lo hacían los alimentos.

Sin embargo, lo que ocurrió fue, precisamente, lo contrario: la capacidad productiva de las sociedades modernas ha sobrepasado amplísimamente el aumento de la población gracias a la mayor productividad y al avance tecnológico multiplicado por la población creciente que es la que produce y la que compra.

A pesar de ello, las últimas décadas han sido muy fecundas en este tipo de previsiones, debidas a personalidades como el biólogo Paul R. Ehrlich, autor del famoso libro The Population Bomb (1968), o el Club de Roma con la publicación del archiconocido Los Límites del Crecimiento (1972). El Banco Mundial tampoco se quedó atrás, y en 1988 el a la sazón presidente del organismo declaraba lo siguiente:

Las sociedades en las que la población está creciendo tan rápido deben aceptar que muchas -quizá la mayoría- de estas nuevas vidas vivirán poco y en pobreza y malnutrición. Con las tasas de crecimiento poblacional actuales [de finales de los 80], las muy necesarias mejoras en niveles de vida no se pueden alcanzar, los recursos públicos para servicios necesarios no dan más de sí y el medio ambiente está gravemente dañado.

En realidad, sin embargo, lo que ha sucedido desde 1988 ha sido un crecimiento económico sostenido de los países en vías de desarrollo que ha propiciado la salida de la pobreza de millones de personas, la reducción en la mortalidad infantil, una mayor esperanza de vida y mejores condiciones sanitarias y educativas.

La histórica apuesta entre Ehrlich y Simon

Pero eso no es todo. Y es que, la visión pesimista sobre la población encabezada por Ehrlich fue contrastada con una visión mucho más optimista en una apuesta. El contrincante fue el economista Julian Simon, quien ya había respondido a la tesis de Ehrlich en diversos medios sosteniendo justamente lo contrario: que es, precisamente, el ser humano, con su creatividad e inteligencia innata, el recurso más escaso -el libro The Ultimate Resource fue su obra más conocida-.

Esta apuesta consistía en predecir la subida o bajada de precios de un conjunto de materias primas entre 1980 y 1990. Dado que Ehrlich creía que la escasez de recursos iba a ser cada vez más intensa, apostó por que los precios subirían. Simon, muy escéptico de estas ideas, apostó por lo contrario, y acertó. A pesar de que la población creció en más de 800 millones de personas, todas las materias primas elegidas para la apuesta cayeron de precio, y algunas de ellas significativamente.

Pese a las afirmaciones de Jeffrey Sachs y otros, el crecimiento de la población no parece ser uno de los problemas más urgentes e importantes de la humanidad. Así, como afirman en The Guardian, "el excesivo foco de atención en la población es una peligrosa distracción del problema auténtico, que no es cuántos somos sino cómo usamos el planeta y compartimos sus recursos".

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Los Gobiernos rechazan el intento de un funcionario de la ONU de poner el aborto entre los derechos humanos

Por Timothy Herrmann, NUEVA YORK, 28 de octubre de 2011 (C-FAM) http://www.c-fam.org/
Traducido por Luciana María Palazzo de Castellano

Esta semana, en la sede de las Naciones Unidas, los gobiernos desestimaron la declaración de un funcionario de alto nivel de la ONU según la cual el aborto es un derecho humano, y llegaron al punto de reprenderlo por exceder su mandato.

El Relator Especial sobre el Derecho a la Salud, Anand Grover, presentó su informe a los delegados del Tercer Comité de la ONU, en el que vincula el aborto irrestricto con el derecho al grado máximo de salud física y mental que se pueda lograr. Declaró con firmeza su intención de redefinir el «derecho a la salud» en convenciones y tratados de la ONU para que incluya el aborto.

La delegada de Suazilandia indagó acerca del motivo por el cual el Relator Especial desatendió su mandato al informar únicamente sobre la salud reproductiva, ignorando un sinnúmero de otros intereses en materia de salud, como el hambre y las enfermedades. La representante criticó la idea de que el Relator Especial incluyera un derecho al aborto «inexistente» dentro del derecho a la salud. El delegado de la Santa Sede insistió en que no existe un derecho al aborto en el derecho internacional, y que el Relator Especial no tuvo en cuenta las convenciones que «protegen el valor inherente y la dignidad de la persona tanto nacida como por nacer».

El gobierno de Egipto rebatió los «intentos sistemáticos» del Relator Especial «de reinterpretar convenciones acordadas internacionalmente», a fin de redefinir el derecho a la salud de acuerdo con sus propias interpretaciones. En particular, el portavoz egipcio estaba preocupado por el modo en el que el sr. Grover excedió su mandato con el objeto de ofrecer «nuevas perspectivas» sobre el derecho a la salud en relación con la mortalidad materno-infantil.

El gobierno chileno destacó que es esencial reconocer el derecho a la vida de todos los seres humanos. Su declaración fue de especial interés, dados los antecedentes del país respecto de la legalización del aborto. Este fue legal en Chile hasta 1989. Tras su penalización, la mortalidad materna descendió.

La experiencia chilena pone en entredicho los mismos fundamentos del informe del Relator Especial. Contradice la afirmación de que la mortalidad materna es mayor en aquellos estados donde el aborto está penalizado. En Guyana, donde el aborto es legal e irrestricto desde 1995, el índice de mortalidad materna es treinta veces superior al de Chile.

Honduras ratificó la declaración chilena. Las constituciones de ambos países protegen la vida desde el momento de la concepción. (La delegada de Uganda dijo a los observadores, tras la sesión, que quería censurar el informe, pero que había perdido la voz a causa de una enfermedad.)

En respuesta, el Relator Especial discrepó de manera desafiante del hecho que el aborto legal estuviera fuera de su mandato, y sostuvo que la muerte de «44.000» mujeres por año a causa de abortos ilegales estaba directamente relacionada con el derecho a la salud. Este número, no obstante, es muy polémico y, según muchos especialistas, no es comprobable y no está corroborado. Datos de la Organización Mundial de la Salud, frecuentemente citada en informes de la ONU, indican que la mayoría de las muertes maternas son producto de hemorragias, eclampsia e infecciones, y son perfectamente tratadas por servicios perfeccionados de atención sanitaria, no mediante el aborto.