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La guerra necesaria hoy para detener la persecución religiosa en Oriente medio y África

El joven Akash Bashir se abraza al asaltante que llevaba la bomba al interior de la iglesia y muere para salvar a los fieles que asistían a misa el domingo 17 de marzo de 2015

InfoCatólica (ANS) 21/03/15

Tiene un nombre y un apellido el guardián – héroe que el domingo pasado en Lahore (Pakistán) ha impedido que el autor kamikaze del grupo «Jamaat ul Ahrar» entrara en la iglesia católica de San Juan, abarrotada de fieles para la misa. Se llamaba Akash Bashir y era un joven antiguo alumno de la escuela profesional salesiana situada en el barrio de mayoría cristiana de Yuhannabad.

Se abrazó al asaltante, haciendo de escudo con su cuerpo; él perdió la vida pero salvó la de otras muchas personas.

Se ha confirmado su identidad el 17 de marzo, a medida que se va aclarando la dinámica del atentado. Akash Bashir, en calidad de «guardia de seguridad» se encontraba con un compañero suyo en el portón de la iglesia controlando la entrada.

Cuando el kamikaze se ha acercado a la entrada, buscando la manera de pasar violentamente a los dos jóvenes guardas, lo ha detenido; advirtiendo la carga explosiva que escondía debajo de una cazadora, lo ha abrazado y la explosión le ha separado la parte inferior del cuerpo. Gracias a él el balance de víctimas no ha sido tan terrible como los asaltantes habrían previsto.

Entre tanto, no cesa el clima de violencia e inseguridad en la ciudad. Ayer, después de los funerales, algunas manifestaciones han degenerado en violencia por parte de grupos de jóvenes emotivamente indignados: en las calles, violencia salvaje y vandalismo que a duras penas han podido ser controladas por las fuerzas especiales militares conocidas como «Rangers».

Estas manifestaciones violentas están haciendo ahora más precaria la seguridad de los cristianos. En la mañana del 17 de marzo, un grupo compacto de musulmanes, animados por los altavoces de mezquitas vecinas, ha entrado en el barrio cristiano, ha tomado la vía principal y apenas ha podido detenerlo las fuerzas del orden antes de que entrase en contacto con el grupo cristiano, alineado en la parte opuesta.

La escuela salesiana permanecerá cerrada hasta que no se garantice totalmente su seguridad; algunos jóvenes ni siquiera pueden volver actualmente a sus casas, a causa de los continuos desórdenes y de la violencia callejera.

«Al ser minoría cristiana, hay momentos en que nuestra única esperanza está en la ayuda de Dios y de su Madre María», comentan los Salesianos en Lahore.